Bergen en días comunes y corrientes

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Sería un poco redundante escribir sobre las caminatas diarias que la Yucafamily realizó en Bergen después de nuestro regreso de Ytre Sula y Cracovia. Nuestra meta siempre era la misma: caminar por lo menos 10 kilómetros al centro de la ciudad o bien, de montaña a montaña. En una ocasión llegamos a los 15 kilómetros incluyendo subidas y bajadas de dos montañas de altura moderada aunque he de confesar que nos resultaba muy fácil debido a que eran senderos citadinos de asfalto. Como Copito no podía caminar el mismo número de kilómetros, él fue ayudado por su antigua carreola por trayectos aunque pronto nos daríamos cuenta que este sería el último viaje para este medio de transporte. Pies y energías infantiles han aflorado al máximo en los últimos meses.

Aquí les dejo un collage de fotos de nuestras caminatas por la bella Bergen.

**Gina

 

Escuchando mis pensamientos en Ytre Sula

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Llegar hasta la isla de Ytre Sula, en donde la hermana menor de Mr.Viking estaba construyendo su nueva casa, fue parte de la aventura de experimentar la tranquila vida rural de Noruega. Desde Bergen, nos fuimos en caravana por casi dos horas hasta el poblado de Rutledal en donde esperamos al ferry de mediano tamaño que nos llevaría a la Isla de Sula. De ahí, cruzamos un puente hasta la Isla de Steinsundøyna y otro más hasta la Isla de Rånøyna en donde finalmente tomamos un pequeño ferry hasta la Isla de Ytre Sula. Todo este recorrido nos tomó más de tres horas, entre carretera, esperas de ferry e interminables curvas cerradas en carriles para un solo vehículo. Mr. Viking demostró una vez más, ser el conductor más experimentado que conozco llevándonos y trayéndonos sanos y salvos como lo ha hecho siempre.

Los paisajes como siempre eran dignos de muchos WOW. O como le dicen los traductores más tradicionales: GUAU. Pasamos parte de la carretera E39, cuyos paisajes me habían hecho suspirar la primera vez que visité Noruega. Mi primera impresión se mantuvo ocho años después y me da la impresión que Noruega es un paraíso en donde la Madre Naturaleza todavía reina sobre nosotros los pequeños humanos. Incluso los caminos de asfalto se rinden hacia la inmensidad de los paisajes y lo que tomaría dos horas en otros países, en Noruega toma cinco pero con muchas recompensas visuales. Un horizonte espléndido se esconde después de cada puente, de cada túnel y de cada curva. Únicamente bastaba mirar hacia todos los puntos para descubrir una nueva razón de asombro: ríos caudalosos, cascadas estruendosas, montañas nubosas y bosques infinitos que sin duda, son la mejor muestra de la armonía entre los noruegos y su naturaleza.

Incluso hubo un momento en el que la acción más cotidiana de este mundo, cargar gasolina, se convirtió en una oportunidad para admirar un tranquilo lago y un poblado sumergido en la profundidad de un valle. Me imaginaba qué se sentiría caminar todos los días gozando tal belleza en lugar de edificios y calles congestionadas de automóviles y peatones.

Los paisajes de Ytre Sula son tan extraños como su nombre. Las formaciones rocosas parecían salidas de alguna mente imaginativa y fantasiosa. En la mía, los cerros de piedra gris no eran sino los antiguos trolls petrificados pues incluso durante mis largas caminatas me parecía ver los perfiles de sus rostros. Tal vez en la noche despertaban para jugar pues me resultaba extraño que hubiera tantas rocas solitarias de gran tamaño en los lugares menos imaginados. ¿Tal vez eran sus pelotas?.

La sencillez de la vida cotidiana se apoderó de la Yucafamily durante los cinco días de estancia en Ytre Sula. Nos hospedamos en una cabaña dando al mar y cada mañana, la familia extendida nos visitaba. Platicamos, bebimos y comimos mucho y no recuerdo haber extrañado el Internet salvo en las mañanas cuando quería leer el periódico online. Copito jugó con sus primas todos los días y se volvió un experto en montar su recién adquirido monopatín. También demostró ser un explorador nato del medio ambiente pues para mi asombro era mil veces mejor que yo subiendo los cerros y encontrando el mejor lugar para pisar. Aún en las pendientes más inclinadas Copito parecía un Legolas lleno de gracia y elegancia mientras que su madre batallaba como un Gimli en las irregularidades del terreno. “¡Tú puedes, mami!” me alentaba cada vez que veía mi dificultad para subir. Sin duda, un momento bochornoso para la Gina adulta pero lleno de orgullo para la Gina mamá.

Dos de las mañanas, Mr. Viking se llevó de pesca a Copito, quien disfrutó mucho esa actividad e inclusive obtuvo una presa. También realizaron una trampa para cangrejos, que fueron nuestra cena poco después. Igualmente, visitamos los pocos núcleos poblacionales de apenas una docena de casas. En Ytre Sula hay aproximadamente 240 habitantes esparcidos en un territorio de 35 kilómetros cuadrados así que lo que más les sobra a la gente es espacio.

Dos de los días caminé solitariamente por la isla. Tomé mi teléfono, mi fiel cámara, mi rompevientos y algo de dinero dispuesta a caminar, por lo menos, 10 kilómetros. Mi meta fue siempre superada con creces pues el clima maravilloso y la peculiaridad del paisaje me hacían olvidar la distancia recorrida. Imaginaba cosas maravillosas, recordaba todas las experiencias únicas que había vivido en los últimos años aunque también aparecieron algunos eventos tristes en mis pensamientos. La soledad durante estas caminatas fue necesaria para escucharme a mí misma aunque esta reflexión incluyera aspectos negativos. Sin embargo, al final no sentía ninguna pesadumbre emocional. Al contrario, me sentía muy satisfecha y feliz de haber llegado a mi objetivo y ser recibida por muchos besos y abrazos de mi familia quienes se mostraban deseosos de conocer mis andanzas por la isla.

Antes de dirigirnos a Bergen, hicimos una breve parada en la isla de Sula en donde caminamos parte del sendero Ramnenipa junto con la tía de Copito. Ella nos comentó que en el barnehage (preescolar) se le da mucha importancia al ejercicio físico y sus hijas menores de cinco años ya habían realizado el recorrido de 5 kilómetros durante una salida escolar. Nosotros no pudimos llegar al final pues teníamos que apresurarnos para llegar al ferry hacia tierra firme. Los estómagos de los vikingos estaban deseosos de recibir los hot-dogs, waffles, hot cakes con brunost y helado que vendían en la cafetería del ferry y que, aunque usted no lo crea, sabían muy delicioso después de un largo día de regreso a casa. Y fue así que le dijimos “hasta luego” a las Islas de Solund.

**Gina

Bergen en verano: Mt.Ulriken

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Cuando no llueve en Bergen la ciudad es un paraíso para explorar. Calles hermosas y tranquilas, siete montañas para caminar, parques en donde hacer picnic, etc. Grandes bosques dividen las zonas de la ciudad así que el color verde abunda por doquier lo que siempre es una fuente de regocijo. Desafortunadamente, la lluvia se apodera de la ciudad casi tres cuartas partes del año por lo que aconsejo a cualquier visitante que siempre vaya prevenido para esas condiciones. Es como si los dioses hubieran dicho que una ciudad no puede tenerlo todo (gente bella, calles limpias, paisajes espectaculares….) y la hayan castigado con tanta precipitación. En fin, los descendientes de los vikingos son gente fuerte y resistente y ninguna lluvia les evita salir a jugar, a hacer ejercicio o a actividades más banales como ir de compras.

Afortunadamente, ese jueves no llovía. El cielo lucía muy gris pero los pronósticos meteorológicos solo amenazaban con llovizna ligera en la tarde. Fuimos entonces a la estación del teleférico del Monte Ulriken, una de las siete montañas de Bergen dispuestos a pasar una mañana en los dominios de los trolls. Nosotros habíamos tomado prestado un automóvil a la familia de Mr. Viking pero los visitantes pueden llegar a la estación tomando un autobús turístico desde la oficina de turismo en el centro. Ignoro si en esta misma oficina se pueden comprar los boletos para el teleférico pero en la estación se pueden adquirir a través de máquinas expendedoras.

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El teleférico (cable car) a Ulriken

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Vistas desde el cable car

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Vistas desde Ulriken

En esta ocasión tuvimos mucha más suerte que la vez anterior y aunque el cielo no era azul ni el sol brillaba, al menos se podía apreciar el horizonte citadino. Tampoco comimos nada en el restaurante que se encuentra en la cima y más bien, nos dedicamos a jugar en las nuevas áreas que construyeron para los niños. Me parece excelente que cada día haya más opciones lúdicas para los más pequeños de la familia y que éstas promuevan el ejercicio y retos físicos más exigentes como el equilibrio y la coordinación.

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Pequeño patriota

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Jugando en sogas de equilibrio

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“Ufffff ya me cansé”

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Jugando en plena naturaleza salvaje

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En la cima de Ulriken

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“Esto luce muy divertido” dijo Copito

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“¡Y lo es!”

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Ejercitando sus bracitos

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Felices por una visita más a la montaña

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¡Feliz!

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Ahí se puede comer pero esa mañana había mucho frío

Una vez satisfecha nuestra necesidad de aire puro bajamos de vuelta a la civilización. En nuestra próxima visita a Bergen, Mr. Viking me ha prometido que me acompañará a la caminata Vidden que va del Monte Ulriken al Monte Floyen el cual seguramente debe ser una experiencia llena de vistas memorables y ejercicio garantizado. Mientras tanto, en el 2016 nos esperaba un largo fin de semana con toda la familia en las Islas de Solund y era hora de hacer maletas y comprar lo necesario para la travesía. Pero esa es otra historia…

**Gina

 

Bergen en verano: Mt. Floyen

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Según mis registros fotográficos y mi bitácora de viaje, los primeros dos días en la casa de los abuelos en Bergen no hicimos nada más que ser consentidos. Es decir, comimos, bebimos y dormimos todo lo que quisimos. También hicimos cosas cotidianas como ir a centros comerciales y conseguir las réplicas de medio de medios de transporte que tanto le gustan a Copito y que son prácticamente imposibles de conseguir en México. Lo que a continuación les quiero relatar es lo sucedido durante nuestro tercer día en Noruega.

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Soy niño grande y ya alcanzo el booster de mis primos

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Uno de los muchos puentes en los alrededores de Bergen

Habíamos planeado tramitar la renovación del pasaporte noruego de Copito en Knarvik, un poblado cercano debido a que los diarios locales advertían de filas interminables en las oficinas de Bergen. Para nuestra sorpresa y prueba a nuestra cordura y salud mental cuando llegamos a Knarvik la fila parecía INTERMINABLE. Era peor que las filas de los supermercados en Navidad, peor que las de Zara en una rebaja y peor que los tumultos en el metro de la Ciudad de México. Ok, no para tanto pero ya captan la idea. Traté de ser positiva y leí unas cincuenta páginas del libro que había llevado, platiqué con una señora que quería practicar su español, caminé con Copito por los alrededores pero al cabo de un par de horas y viendo que el número de los turnos avanzaba a paso de tortuga perdí las esperanzas. ¡A ese paso, nos atenderían en cinco días!. Decidimos entonces abortar la misión y obtener el pasaporte otro día ya sea en Noruega o en la Embajada de Noruega en la Ciudad de México.

Era una tarde de verano y el sol lo sabía. Brillaba tímidamente en el cielo pero al menos no llovía como lo hace el 90% del año en Bergen. Nadie en su sano juicio quería quedarse en casa o en el interior así que nos dirigimos a la atracción más visitada de la ciudad: Mount Fløyen. Ya habíamos visitado Mt. Floyen en varias ocasiones pero como les relaté la vez anterior, podría visitarlo miles de veces sin aburrirme de las extraordinarias vistas de la ciudad.

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Nos bajamos antes del paradero para decirle hola a Bryggen

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Bryggen, Patrimonio de la Humanidad

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Algunos edificios del centro de Bergen de camino al funicular a Floyen

En esta ocasión nos enfrentamos a otra nueva fila: la del funicular para subir a Mt. Floyen. Esta era la primera vez que subíamos la montaña en temporada de cruceros (junio-septiembre) cuando por lo menos 3,000 personas visitan la ciudad diariamente. Aún así, la fila me pareció bastante organizada y avanzaba con relativa rapidez. En menos de 45 minutos ya nos encontrábamos disfrutando de la gloriosa vista en la cima en compañía de mucha gente mayor proveniente de los barcos.

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oh-oh primera vez que vemos fila en el funicular al Mt. Floyen

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La mayoría eran cruceristas

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Esperando abordar el siguiente funicular

Era la primera vez que visitábamos Floyen en verano con Copito y el ambiente era muy diferente a las veces anteriores. Eran vacaciones y muchos niños se encontraban jugando en parque ubicado detrás del restaurante. Éste también se encontraba abierto aunque no tenía tantos comensales como me lo imaginé en un día tan bello. Supongo que los cruceristas consideran carísimo tomarse una cerveza de 80 coronas por más hermosa que sea la vista y es que para cualquiera que no sea de Escandinavia, los precios de esta región del mundo parecen salidos de una novela de terror.

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Desde el mirador de Mt. Floyen

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Vista de la ciudad de Bergen

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Los vikingos

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Cuando el hambre llega no hay poder ni precio que los detenga

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Yucafamily en Floyen 2016

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Cruceros y más cruceros

Como era de esperarse, el wafle y el jugo que había comido en la cafetería hicieron de las suyas en el torrente sanguíneo de Copito. Rebosaba de energía y, desde luego, insistió en pasar un tiempo en el parque en compañía de muchos niños noruegos y extranjeros. Jugó, jugó y jugó que es lo mejor que sabe hacer. Es realmente hermoso ver como los niños juegan sin ninguna distinción de raza, religión, nivel socioeconómico o nacionalidad. Copito les dirigía algunas palabras en español aunque ninguno lo entendiera pero eso no les impedía perseguirse y hacer turnos en las resbaladillas y en los columpios. Incluso se llamaban para jugar en el sube y baja a pesar de la barrera del idioma.

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Parque de Floyen

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Era hora de jugar

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Parque en la cima del Monte Floyen

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Practicando para ser un gran escalador

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En los parques no hay distinciones de nacionalidad: ¡todos juegan!

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¡Qué miedo! un troll

Caminamos de vuelta al centro de Bergen para seguir disfrutando del buen clima de la tarde. La primera parte fue un camino pavimentado de muy fácil pendiente en donde muchos noruegos estaban haciendo ejercicio  a esas horas de la tarde (4:00pm). Como siempre, me sorprendió la tenacidad de los habitantes del norte para hacer ejercicio en el exterior llueva, truene o haya mucho viento. Había personas de la tercera edad, monumentales mujeres, vikingos de corazón, mamás con carreolas, niños preescolares, en fin, todos dispuestos a estirar sus piernas y acelerar el corazón.

Paseamos un poco por las calles menos concurridas del centro, en donde solo la gente local se encontraba relajándose después del trabajo. A esa hora, todos los cruceristas ya se habían ido y Bergen adquirió de nuevo ese ambiente provincial que tanto atrae a todos los visitantes.

En alrededor de una hora, ya nos encontrábamos en Bryggen, en el corazón de la ciudad, en donde los adultos nos tomamos una cerveza y Copito fue recompensado con un muffin. Y así fue como concluyó nuestro primer día turístico en la ciudad natal de Mr. Viking.

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Una iglesia antigua en el centro de Bergen

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Típicos edificios del centro de Bergen

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Restaurante mexicano en Bergen

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Noruegos quejándose de Nouega

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Estación central de Bergen

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El parque de la ciudad

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Alguien estaba muy feliz con su muffin

**Gina

Amsterdam: NEMO science museum

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Al día siguiente del paseo a los molinos de viento, fue turno de consentir al científico que todos llevamos dentro. Habíamos visto el enorme edificio del museo NEMO desde el primer día. Era imposible no fijarse en él, con su brillante color esmeralda y su terraza lleno de gente tomando el sol a todas horas. Ese edificio exudaba modernidad desde lo lejos lo cual no era para nada chocante con las edificaciones mucho más antiguas del resto de Amsterdam. Era una construcción innovadora para los más jóvenes de la familia: pensado y dedicado a ellos y a su aprendizaje en forma lúdica y experimental.

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El NEMO science museum desde el mar

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Vista de camino al museo

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Decidimos hacer ejercicio y subir todos los escalones

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Maravillándonos con los barcos del Museo Marítimo

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¡Viva! ya casi en la entrada, nomás nos faltan otros 50 escalones

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Era un bello día para estar en la azotea del NEMO

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ENERGETICA, la azotea gratuita del NEMO

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Copito generando energía al girar esos artefactos

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Ahora sí, a descansar un segundo

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Jugando en la azotea del NEMO

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¿Me puedo bañar aquí?

El NEMO science museum vale con creces los 15 euros de la entrada. Es un museo de primer mundo con cinco pisos llenos de actividades para niños y niños de corazón. Copito disfrutó en particular los primeros dos, dedicados a la física y la química general. Los otros dos pisos trataban sobre el cuerpo y mente humana, temas que todavía no despertaban tanto interés en él. El último piso, la azotea del museo, se llama ENERGETICA y el el paraíso de los pequeños curiosos que gustan de cansarse subiendo y bajando los miles de escalones y creando energía con el movimiento de sus cuerpos, del aire y del agua. Toda una experiencia a lo Big Bang Theory.

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Jalando con todas sus fuerzas

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Jugando y aprendiendo con imanes

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Generando energía

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Yo también quise probar mi fuerza

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Y el niñote también…

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Prestando atención

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¿Qué planeta conquistar?

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Energía

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La pelota es sostenida por el aire

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¡Era difícil!

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Cómo llegar al razonamiento científico

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Desde pequeños pueden aprender

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Sus amigos los números

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El globo terráqueo de la verdad

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Para que los pasajeros no se quejen de hacer curvas en las rutas aéreas

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Un museo lleno de color

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Simulador de automóviles

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Una selfie de la Yucafamily

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Mucha luz

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Auto eléctrico

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Una actividad muy simple y adictiva: pegar triángulos en el tablero

Después de nuestra visita de aproximadamente tres horas visitamos la fabulosa tienda del museo en donde deseé entender holandés pues había muchos libros para despertar la curiosidad científica en los niños. También había muchos juguetes educativos de los cuales escogimos un cohete hecho de metal e imanes con el que Copito se entretuvo todo el resto del viaje.

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Museo marítimo enfrente del NEMO

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Un bello barco réplica del Museo Marítimo

Había terminado la primera parte de nuestra visita a los Países Bajos. En Noruega ya nos esperaban farmor y farfar con todos sus manjares, cerveza Hansa y lechita de chocolate. Pero antes, nos faltaba una última espera en el aeropuerto de Schipol que afortunadamente ha entendido que áreas de juego significa niños contentos y padres relajados. Unas horas más tarde le dijimos hallo a nuestra querida familia noruega.

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¡Es un avión de juguete, papá!

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¿Qué habrá adentro?

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Vista desde la terraza del aeropuerto de Schipol

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¡Eso había dentro del avión de juguete!

**Gina

Los molinos de viento de Zaanse Schans

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Una vez ya empapados de la vida rural de los Países Bajos, era hora de seguir nuestro recorrido a uno de los lugares más icónicos del país: la población con nombre impronunciable de Zaanse Schans. La guía nos advirtió que debido a la fama que gozan los molinos de viento nos encontraríamos con mucha más gente que en las otras dos poblaciones anteriores. Y no se equivocó pues junto con nuestro autobús estaban estacionados por lo menos otros diez y muchísimos automóviles particulares.

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Entrando a Zaanse Schans

La propuesta de la guía fue que viéramos una demostración de cómo se fabrican los zuecos tradicionales y después visitar uno de los molinos abiertos al público. Al principio no me agradó mucho la idea pues siempre he sentido que esas paradas comerciales que hacen en los tours son fastidiosas y rara vez ofrecen algo que valga la pena comprar. Afortunadamente, el joven que nos dio la explicación de la manufactura de los zuecos fue muy breve y para beneplácito de mis ojitos, muy guapo y carismático por lo que le presté la atención debida.

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Un guapo explicando la fabricación de zuecos

Los zuecos se han usado en los Países Bajos desde hace más de 700 años. Son fabricados en madera para proteger al usuario de cualquier cosa afilada en el campo y también para mantener seco el pie en las actividades de pesca. La mayoría de los zuecos son hechos a máquina, como las que usó el joven en su presentación, y pintados a mano. Hoy en día la mayor parte de la producción de zuecos es para el turismo y solo una pequeña parte para las actividades relacionadas al campo.

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Zuecos a la venta

Hora de dejar al guapo trabajando y visitar alguno de los molinos de viento.

Aunque Zaanse Schans pueda parecer un museo al aire libre y algunos sitios de internet así lo promocionen, en realidad es un área residencial que alberga el mayor número de molinos de viento todavía en funcionamiento en este país. Los molinos muelen hoy en día especias, madera, aceite y pigmentos, como el que nos tocó visitar. El nombre del molino fue muy acertado para la Yucafamily: De Kat (el gato) y por cuatro euros permitían visitar sus interiores y la cima.

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Muestra de la antigua vida rural holandesa

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Muy pintoresco

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Los molinos abiertos al público

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Algunas casas también estaban abiertas al público

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En el primer molino cortaban madera

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El molino del gato por dentro

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Hermosa vista desde el molino

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Un poco más de cerca

Copito subió como un gran atleta las empinadísimas escaleras aunque mi mayor preocupación nunca ha sido subirlas ¡sino bajarlas!. Por supuesto que en la mente de un niño se resuelve un problema a la vez y en cuanto subió estaba más enfocado en no caerse en el espacio que había entre las maderas del suelo. Afortunadamente, todos llegamos sanos y salvos a la cima para gozar de una vista espectacular de los gigantes de madera. Estos paisajes rurales han sido y serán fuente de paz e inspiración para muchos artistas y pensadores y en esos momentos, para una pequeña familia yucateca en el extranjero.

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Muy empinadas las escaleras del molino

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Desde arriba del molino

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Un niño feliz posando

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¡Quiero ir a todos! dijo Copito

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Copito y su madre le dijeron adiós a los molinos

A la hora acordada, todos las personas del tour nos reagrupamos en el estacionamiento para partir hacia Amsterdam. En tan solo cinco horas habíamos conocido tres poblaciones muy interesantes y estábamos muy felices y satisfechos aunque muriendo de hambre. La guía nos recomendó ir a comer al Red Light District, cuya oferta es mucho más que chicas saludando a través de vidrieras. Escogimos el primer restaurante cuyo host trató amablemente a Copito mientras revisábamos el menú en la entrada. Nuestro lema es que si es amable con los niños es amable con todos los comensales y nunca nos equivocamos.

Esa tarde, seguimos recorriendo a pie el centro de Amsterdam y descubriendo nuevos caminos para llegar al hotel. Nos aventuramos a ir un poco más al Este, hasta un tranquilo parque llamado Oosterpark en donde dejamos que Copito drenara toda su energía restante. Ahora sí, hora de dormir soñando en quesos y molinos de viento que al día siguiente nos esperaba la ciencia y la tecnología del NEMO.

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Caminando por Amsterdam

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Cerca del Jardín Botánico

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De camino al Oosterpark

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Oosterpark

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Dos vikingos en el Oosterpark

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Natura Artis, el zoológico que después visitaríamos

**Gina

El Waterland holandés: Edam

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Seguramente, querido lector, que lo primero que le viene a la mente cuando ve o escucha   la palabra Edam es QUESO. Rico y delicioso queso. Más aún si usted es de las cálidas tierras yucatecas en donde el queso Edam forma parte de nuestra gastronomía (véase, pruébese y saboréese: queso relleno, marquesitas, pasteles ¡y hasta helado!). Pero antes de que sus antojos lo obliguen a dejar de leerme, permítame relatarle la visita de la Yucafamily a las tierras del queso de bola.

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¿Es un barco o un sueco?

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Escenas de la fábrica de quesos

No tardamos mucho en llegar a una fábrica de queso con la cual la compañía de tours Grayline tiene convenio. La guía preguntó si al grupo le gustaba el queso a lo cual un entusiasta Copito gritó “Síiiiiiiii”. Para él, ir a una presentación de quesos era tan emocionante como estar en Disneyworld, más aún si podía probarlos después de tanta verborrea de los adultos.

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Esta señora nos explicó con detalle la elaboración de los quesos

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¡En inglés y en español!

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La degustación de quesos, la parte favorita de cierto pequeñín

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Posando alegremente con la conductora del autobús

Después de unos 30 minutos en la fábrica de quesos, seguimos hacia Edam, una pequeña población muy encantadora y tranquila cuyas calles aún conservan sus empedrados y fachadas de siglos pasados. Pasamos por casitas habitadas por personas de la tercera edad que incluso parecían posar para las fotos y mostraban el lado más bonito de sus casas llenas de coloridas flores.

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Escenas pacíficas en Edam

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Canales de Edam

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Todo respiraba paz en Edam

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Casas antiguas de Edam

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¿Nos aguantará a todos ese puente?

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Edam, Países Bajos

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¿Distinguen al minino?

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¿Será que nos protejan de la lluvia?

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Una calle llena de color

La guía nos explicó que durante los sábados del verano se coloca un mercado de quesos como el que había en tiempos pasados, claro que ahora, el objetivo es atraer turistas más que vender quesos duros. Y aunque pueda resultar lleno de cliché, la población parecía estar orgullosa de su pasado quesero pues por doquier podíamos ver algo referente a este alimento: en las tiendas de souvenirs, en el pequeño museo, en la antigua Casa de Pesas etc. A esas horas de la media mañana estas referencias solo nos abrían el apetito aunque sabíamos que todavía nos faltaba por visitar uno de los lugares más emblemáticos de los Países Bajos:  los molinos de viento de Zaanse Schans.

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A tomar el sol, estilo holandés

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Una bella casita

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En la Casa de Pesas, en donde pesaban los quesos

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Antigua Casa de Pesas

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¿Qué creen que pesaban? ¡Quesos por supuesto!

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Bellos reflejos

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Iglesia en Edam

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Un gordito promocionando el museo

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Nuestra Señora de Edam 

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Canales de Edam 

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Ayuntamiento de Edam

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Museo de Edam

Continuará…

**Gina