Escapada arqueológica. Episodio 1. Hotel Hacienda Chichen and Yaxkin Spa

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Una mañana de agosto le propuse a Mr. Viking escaparnos al día siguiente a Chichen Itzá. Sabía que para disfrutar mejor el sitio necesitaríamos visitarlo muy temprano por lo que decidimos escoger un hotel en la zona. Abrí mi sitio favorito de reservas online y empezamos a revisión de hoteles.
“Mayaland, 90 dólares. Villas Arqueológicas 70 dólares. Ox Can, 200 dólares” le decía a Mr. Viking mientras tomaba una de sus múltiples tazas de café. En nuestros viajes yo soy siempre la que escoge y reserva el hotel, en base a la ubicación, precio y reseñas. Esta vez sin embargo, Mr. Eide se entusiasmó al escuchar el nombre del siguiente hotel: “Hacienda Chichen & Yaxkin Spa, 94 dólares”.
“¡Ese!… es una Hacienda”. Ese sería entonces. La oportunidad de quedarse en una de las haciendas más antiguas de la región es algo que un extranjero muy yucateco no podía dejar pasar.
Revisé su sitio de internet: piscina para refrescarse durante las tardes de 40 grados, restaurante, bar, spa, jardín orgánico. Todo lo necesario para que Copito y sus padres pasaran dos noches alejados del bullicio y calor de Mérida.
Empacamos la ropa suficiente, bloqueador, repelente, muchos pañales, carreola jogger y el cargador back pack para que Copito no tuviese que caminar por largo tiempo en el sitio arqueológico.
Al día siguiente salimos alrededor de las 11.30am desde Mérida. Llegar a Chichen Itzá es muy cómodo y fácil. Se toma la carretera a Cancun y a la altura de Katunil se decide continuar en la autopista (de cuota) o en la libre. Esta vez tomamos la libre porque queríamos que Copito durmiera su siesta en el trayecto y porque parar a comprar nuestras acostumbradas coca-light, jícamas, botanas, galletas etc. en las tiendas locales es toda una tradición. Afortunadamente nuestro enérgico hijo sucumbió a las arrulladoras vibraciones del automóvil y despertó ya casi llegando a Pisté (población ubicada a 5 km del sitio arqueológico).
Llegamos al hotel cerca de 1:30pm. Un joven nos ayudó con nuestro poco equipaje y fuimos recibimos por el manager en turno. El check-in fue rápido y amigable. Mientras yo llenaba los formularios en entrada, Mr. Viking perseguía a un Copito lleno de energia y listo para descubrir un nuevo ambiente. Nos dieron tres cocteles de bienvenida (sin alcohol) y aunque Copito probó el suyo, yo acabé tomándolo de sorbito a sorbito (“bad mamma”).
Nuestra habitación fue la Pollock 9. Compartíamos una pequeña terraza con la habitación 10 la cual durante la primera noche estuvo desocupada. La habitación tenía dos camas dobles por lo cual sabíamos que Copito tendría que dormir en una cama mayor que lo acostumbrado. Corrimos prontamente la cama a la pared y exploramos brevemente la habitación. Oh-oh, no hay tina. Otro reto más con Copito, quien tiene una aversión hacia la regadera. No problem, es solo por dos días. Como leí una vez por ahí, si quieres las mismas comodidades de tu casa cuando viajas entonces mejor quédate en tu casa.
Historical building

Edificio histórico

El calor estaba en su cúspide y nuestros cuerpos pedían ir a la piscina, sin embargo, el estómago de Mr. Viking (a quien no lo engañas con papitas y galletas) pedía primero un buen plato de comida yucateca. Nos apresuramos a ir al restaurante ubicado en el edificio histórico de la hacienda y mientras almorzábamos nos deleitábamos la vista con los hermosos jardines del lugar.
Jardines de la hacienda

Jardines de la hacienda

El restaurante no es económico. Los precios variaban de entre 80 a 350 pesos mexicanos por platillo. La cerveza alrededor de 40 pesos. El tequila reposado 100 pesos. La atención de los meseros fue un poco fría para lo que estamos acostumbrados y un poco lenta para tomar la orden incluso de bebidas. Esos pequeños detalles no mermaban la exquisitez de la comida y la belleza del entorno. Disfrutamos de una sopa de lima y un plato de cochinita pibil y nos dirigimos a la alberca.
Solito en la piscina

Solito en la piscina

Copito disfrutó, jugó, saltó, en fin, lo que todo niño hace en el agua. Nos sentimos inmensamente feliz tan solo de verlo tan juguetón y sonriente. Esa tarde únicamente nos acompañaba una pareja de adultos mayores a quienes Copito les decía hola con las manos cada vez que le dirigían la palabra. Como ya era de esperarse, nuestro retoño refunfuñó y pataleó cuando lo sacamos de la piscina. Él no entendía que ya era hora de bañarse y ponerse guapos para la cena. Él solo quería su adorada piscina.
El menú de la cena era similar a la de la tarde, salvo que ahora incluían una selección de platillos fusión. Durante las dos cenas probé dos diferentes ensaladas que contenían pollo y fueron de mi total agrado. Tenían una excelente presentación y un sabor delicioso. Al día siguiente un trío yucateco amenizó la noche ante la mirada atónita de un Copito quien jamás había visto en vivo una guitarra. El trío le llamó el “pequeño príncipe maya”.
Cena en restaurante

Cena en restaurante

La hacienda de noche

La hacienda de noche

Ricas Leon negra

Ricas Leon Negra

Al día siguiente, después de la visita a Chichen Itzá (de la cual escribiré más adelante), caminamos por toda la hacienda y sus jardines. Vimos a los empleados retirar las hojas caídas en los pasillos así como de mantener impecable las áreas comunes. Sin duda su trabajo se notaba.

Visitamos la antigua capilla y sus anexos, los cuales sinceramente no creo que hayan estado abiertos al público. Las vigas de madera lucian bastante dobladas y habían grietas peligrosas por doquier. Mr. Viking estaba regocijándose pues es amante de lo spooky mientras que yo sólo recordaba las últimas casonas que habían colapsado recientemente en el centro de Mérida. Ni tarda ni perezosa salí del lugar no sin antes preguntarle a Mr. Viking si había tomado buenas fotos del lugar.
Area para el relax

Area para el relax

Pasamos una tarde llena de tranquilidad

Pasamos una tarde llena de tranquilidad

Copito creyendo que todo es para trepar

Copito creyendo que todo es para trepar

Más de los bellos jardines

Más de los bellos jardines

Antigua entrada

Antigua entrada

Capilla

Capilla

Capilla

Capilla

Caminos solitarios

Caminos solitarios

Jardines impecables

Jardines impecables

También visitamos el área de agricultura ecológica el cual consistía en frutas, vegetales y hierbas utilizadas en la cocina y en el Spa, el área de sartenejas (agujeros en las rocas que eran utilizadas para el aprovisionamiento de agua) y los senderos entre la selva los cuales habían sido abiertos con el fin de que los huéspedes observen la flora y fauna de la región. Disfrutamos mucho caminar por tan verdes caminos y escuchar los misteriosos sonidos que solo la naturaleza puede brindar.
Uno de los senderos para apreciar la flora y fauna

Uno de los senderos para apreciar la flora y fauna

Una belleza de árbol

Una belleza de árbol

Entre chayas

Entre chayas

Un K´anché

Un K´anché

Agricultura ecológica

Agricultura ecológica

Por último quisera agregar que el único que probó el Spa fue Mr. Viking cuyo cuerpo fue amasado y consentido por dos señoras mayas después de cargar los 14 kilos de su primogénito por Chichén Itzá. Le dio el visto bueno.
**Gina

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