Escapada Arqueológica. Episodio 3. Zona Arqueológica Ek-Balam

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Partimos de la Hacienda Chichén alrededor de las 9:00am después de un check-out amigable pero desordenado. Nos dieron muchas notas del restaurante, mini-bar, bar y spa lo cual alargó innecesariamente el proceso de salida.
Tomamos la carretera libre en dirección a Valladolid para luego tomar la desviación a Tizimín (la zona arqueológica de Ek-Balam se encuentra entre Valladolid y Tizimín).
Copito durmió durante todo el trayecto a pesar de que no era hora de su siesta por lo que pensamos que en Ek-Balam tendríamos a nuestro hijo corriendo entre templos y juegos de pelota muy al estilo Apocalypto. No fue así. En cuanto nos bajamos de la camioneta pudimos sentir el tremendo bochorno que nos esperaba más adelante.
Uff. Enough said.
Caminamos junto con Copito a la entrada. Pagamos. Recordé que para llegar a las principales estructuras tendríamos que caminar por un sendero de aproximadamente 500 metros. ¿Qué son unos cuantos metros cuando se han caminado kilómetros por Europa y Estados Unidos?. Pues son los 500 metros más calurosos que he caminado en toda mi vida.
En el trayecto vimos a los tricicleteros que transportaban por una módica cuota a los turistas que deseaban visitar el Cenote Xcanche. Deseé que nos pudiesen transportar a nosotros también al sitio arqueológico pero no era posible. “Damn INAH” pensé.
El Arco de entrada nos dio la bienvenida. Llegamos sudorosos pero llegamos. Admiramos su bella arquitectura, dejamos pasar a los turistas que deseaban tomar la foto perfecta que seguramente presumirán en Facebook. Copito caminó por el arco junto a su papá, bajó con seguridad las paredes inclinadas y nos dirigimos a la Acropolis.
Arco de entrada

Arco de entrada

Caminando por Juego de Pelota

Caminando por Juego de Pelota

Juego de Pelota

Juego de Pelota

Le había prometido a Mr. Viking que en Ek-Balam todavía podía subir a las estructuras. Y así lo hizo. Con todo y su vástago en brazos subió como si nada los pequeños escalones de la alta estructura. Esos noruegos sí que saben escalar. Claro, ellos tienen montañas y los yucatecos solo tenemos el Puuc.
Acrópolis de Ek-Balam

Acrópolis de Ek-Balam

Copito y su padre admiraron las fauces del monstruo jaguar y la belleza del Arte Maya en relieve. Un verdadero agasajo para los ojos. Imaginábamos qué bellas debieron haber sido las antiguas ciudades mayas cuando sus estructuras estaban cubiertas con estuco y color.
Arte Maya

Arte Maya

Mr. Viking decidió subir hasta la cúspide del edificio mientras Copito y yo nos refugiábamos del sol bajo el techo construido para proteger el estuco del “Trono”. El custodio del edificio al ver que estábamos inmoviles en la sombra nos comentó “no me quiero mover tampoco por el calor”. Ya somos tres.
Admirando las fauces del jaguar

Admirando las fauces del jaguar

Bajamos ya que el mayor de la familia hubo saciado su necesidad de altura y le dijimos “hasta luego” a Ek Balam. Nos dimos cuenta que nuestro pequeño apocalypto  estaba realmente agotado cuando ya no quiso caminar más y quiso ser cargado cual Chaac Mool hacia la salida. Un vaso de lechita, un litro de agua y dos frías… coca-light nos reanimaron de inmediato. Partimos hacia nuestra ciudad esperando tener muchas más escapadas pronto.
**Gina

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