Ville de Québec

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En nuestro tercer día decidimos dar una visita de pisa y corre a la ciudad de Quebec, capital de la región del mismo nombre. Salimos temprano por la mañana pues según el GPS tardaríamos un poco menos de tres horas en llegar a nuestro destino y sabíamos que nos pararíamos en el camino para comer algo ligero y llenar nuestra venas de café.

Llegamos a Quebec alrededor de las 11:00am después de las tres horas estimadas. El GPS nos había indicado erróneamente el camino en dos ocasiones pero afortunadamente la carretera estaba excelentemente indicada y en esta ocasión, no permitimos que la tecnología nublara nuestros instintos provenientes de la vieja escuela de viajes (¡mapas y letreros de la carretera!).

Estacionamos el automóvil bajo el hotel Hilton, a tan solo unas cuadras del Vieux Quebec, la zona fortificada y principal atracción de la ciudad. Desconocíamos si en el Viejo Quebec hay estacionamientos públicos pero no quisimos entrar al embotellamiento que se formaba en las estrechas calles de la zona. Entramos por la Porte Saint-Jean y continuamos por la calle que lleva el nombre del mismo santo.

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Porte Saint-Jean

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Rue Saint-Jean

El Viejo Quebec es el distrito histórico de la capital. Comprende dos zonas: la Haute-Ville (ciudad alta) y la Basse-Ville (ciudad baja). En la zona alta se encuentran las calles comerciales como la Rue Saint-Jean, Sainte-Anne and De Buade, algunos monasterios e iglesias y el Ayuntamiento. La zona está coronada por el bellísimo Châteu Frontenac, el hotel más fotografiado del mundo cuya inspiración se encuentra en los castillos del Valle de Loira. Desde la Dufferin Terrace, enfrente del hotel, pudimos apreciar una hermosa vista del río St. Lawrence.

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Río St. Lawrence

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Châteu Frontenac

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Yucafamily en la Dufferin Terrace

Tomamos el funicular del Vieux Quebec hacia la zona baja. Fue un viaje bastante corto para los 3CAD que costó y que más tarde deseamos tomar en la dirección opuesta. En la Basse-Ville visitamos la Petit-Champlain Quartier, una hermosa zona llena de color y ricos olores. En la Rue Petit-Champlain, una de las calles más antiguas de Norteamérica, compramos unos riquísimos vinos de frutas que Abuela Clos y yo disfrutamos más tarde en la habitación de Montreal. También ahí almorzamos en un restaurante que probó nuestra paciencia esperando los alimentos aunque, en su defensa, éstos estuvieron deliciosos y Copito fue feliz coqueteando con las carismáticas meseras.

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Rue Petit-Champlain

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Mural en la Rue Petit-Champlain

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Rue Petit-Champlain

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Petit-Champlain Quartier

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Petit-Champlain Quartier

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Petit-Champlain

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Petit-Champlain

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Petit-Champlain

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Châteu Frontenac desde la Basse-Ville

La influencia francesa es evidente en todo el distrito de Petit-Champain. Caminar ahí me hacía recordar nuestras largas caminatas en el Viejo Lyon y los colores de las pequeñas calles de Avignon. En la Place Royale, Samuel de Champlain, erigió su Abitation, el cual sirvió como fuerte, almacén, puerto de comercio y residencia cuando llegó a Quebec en 1608. En esta plaza también se encuentra Notre-Dame-de-Victoires (1688), la iglesia de piedra más antigua al norte de México.  Cerca de la Place Royal encontramos el enorme mural llamado Fresque des Québécois el cual narra la historia de la Ville de Québec rindiendo homenaje a sus personajes más importantes.

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Notre-Dame-de-Victoires en la Place Royal

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Fresque des Québécois

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Fresque des Québécois

Para regresar a la zona alta decidimos, inocentemente, caminar cuesta arriba. ¡Menos mal que las calles de Québec son tan bellas y hay mucho que ver por doquier!. Las calles eran bastante inclinadas para nuestras piernas acostumbradas a los planos paisajes yucatecos. Aún así, disfrutamos paseando entre la gente y de las vistas que poco a poco iban apareciendo en el horizonte (como una especie de premio a nuestra agotadora caminata).

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Vista desde nuestra caminata cuesta arriba

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Escultura de Francois Laval (primer obispo de Québec) enfrente de la Bureau de Poste, Viejo Québec

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Un edificio que no recuerdo su nombre

Una vez que recuperamos el aliento, continuamos nuestro recorrido por la Rue de Trésor, una especie de calle-galería al aire libre en donde justamente el tesoro eran los mismísimos cuadros que los artistas exhibían. Al final de la calle encontramos la catedral y basílica de Notre-Dame de Québec, una de las iglesias más antiguas de Canadá (1647) a donde entramos a admirar su arquitectura neoclásica.

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Notre-Dame de Québec

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Interior de Notre-Dame de Québec

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Caminado por Québec

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Musée de l’Amérique française, antiguo Seminario de Québec

El último lugar que visitamos fueron las murallas de la ciudad, las cuales son las únicas fortificaciones sobrevivientes al norte de México. Subimos por la Porte Saint-Jean, construida en 1694 y demolida y reconstruida muchas veces hasta llegar a la actual que data de 1939. Finalizamos en la Porte Kent, construida en 1879 y nombrada así en honor al padre de la Reina Victoria, el duque de Kent.

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Bajando las murallas de la ciudad

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Vista de la ciudad desde la muralla

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Muralla de Québec City

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Vista desde las murallas

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Porte Kent

Un poco después de las 6:00pm partimos de nuevo hacia Montreal. Fuimos bendecidos por un clima excelente a pesar de que los pronósticos habían vaticinado lluvias intensas en toda la región de Québec. Cuentan por ahí, que el clima soleado es consecuencia del amor no correspondido entre el astro rey y cierta señora de la tercera edad (ejem, ejem, Abuela Clos) que gusta de esconderse de sus rayos. El verdadero Rey Sol (no tú, Luix XIV), prendado de su desdén, la sigue por todas las latitudes a las que ella va, incluso en un Londres otoñal o un Québec con pronóstico de tormenta.

Copito acabó rendido después de tanta caminata por el Viejo Québec. No habíamos ni siquiera avanzado diez metros en el automóvil cuando sus ojitos se cerraron por las tres horas que duró el trayecto de regreso. Incluso se perdió de ver desde la carretera una inmensa tienda de autobuses escolares que el tanto adora.

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Copito fumigado

Esa noche brindamos nuevamente por los primeros tres años de vida de Copo de Nieve en la comodidad de nuestra habitación. Esta es la cuarta ocasión en la que la Yucafamily se hospeda en una suite con cocina equipada y definitivamente es la manera más económica de viajar en familia pues se reduce consideradamente el costo de la alimentación sobre todo en países cuyos impuestos son altísimos como Canadá y Francia.

Al día siguiente disfrutaríamos de nuestro último día en Montreal, consintiendo a Copito y su adición por los transportes. Pero esa es otra historia…

**Gina

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