En el país del sol naciente

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Japón. Nippon. Nihon. Japan.

Tierra de las luces neón, el sushi, el shinkansen, el manga, el anime, las flores de cerezo, bellos templos y míticas montañas. Lugar en donde toda clase de dicotomías (pasado y futuro, silencio y ruido, religión y ateísmo) se toman de la mano y dan lugar a un país con la población más ordenada, limpia, respetuosa y puntual que nos haya tocado conocer.

El trato japonés siempre fue amable más no amigable. Siempre hubo muchas sonrisas y muestras de cariño, en particular hacia el pequeño Copo de Nieve, pero ninguna conversación, salvo con mi querida amiga japonesa quien habla perfectamente español. La barrera del idioma en su máxima expresión.

Nuestro japonés se limitaba a unas cuantas frases útiles y, a por lo menos, doce platillos típicos. Copo de Nieve aprendió también algunas palabras aunque con una fungió como un digno embajador de México y Noruega: ¡KONICHIWA! (hola). Esta palabra derritió unos cuantos corazones y nos abrió las puertas a un lado que quizás no hubiésemos logrado conocer sin él: el lado familiar, cariñoso y tierno que los japoneses tienen hacia los niños. Copito jugó con todo niño japonés que conocía y se acercó a todos los bebés hablándoles en su no tan perfecto español. Unas cuantas señoras lo abrazaron y algunos señores le tocaron sus mejillas y su cabecita. Las muchachas eran más osadas y le tomaban fotos. A Copo no le importaba, a él le gusta ser amado.

Viajamos en la segunda mitad de febrero y tenemos cero arrepentimiento de la fecha escogida. Viajar en la época más frío del año tiene sus ventajas:

1) Los boletos de avión que pagamos (uno de ellos fue pagado con millas de Aeromexico) fueron más económicos que cualquier vuelo a Europa debido a que era temporada baja tanto en México como en Japón.

2) El horario de salida fue a las 00:30am por lo cual Copito durmió 11 de las 14 horas del vuelo. No hay mejor regalo para todos los pasajeros que un niño pequeño durmiendo en un avión.

3) La temporada baja se traduce en hoteles baratos y con buena disponibilidad.

4) Las atracciones y el transporte no estaban rebozando de gente (excepto durante la hora pico en los trenes de Tokyo, la cual evitamos a toda costa y exhortamos a todos los viajeros que no sean osados y la eviten). Durante la temporada de sakura (flores de cerezo) los lugares se inundan con hordas de turistas y los hoteles son reservados por los operadores de tours con un año de antelación. Ni qué decir del Golden Week japonés en mayo cuando incluso los trenes balas (shinkansen) se saturan de viajeros.

5) En Febrero hay mucho frío. Sí, pero no más que NYC o Bergen en las misma épocas. Además  el invierno en Japón es seco y únicamente nos tocó un día de lluvia durante todo nuestro viaje.

6) Su servidora no es mujer de shorts y playeras. Me gusta la ropa invernal aún cuando mi parka pese y tenga que llevar ropa interior térmica para todos los miembros de la familia. Creo que mi odio hacia el calor y la precipitación fueron decisivas para decidir la fecha de viaje.

El hotel en Tokyo fue cuidadosamente seleccionado por su servidora. Sabíamos que aterrizaríamos en el Aeropuerto de Narita, el cual está alejado del centro de la ciudad o mejor dicho, está en otra ciudad. Para llegar a Tokyo existen muchas opciones como trenes, un autobús y taxis aunque este último medio es excesivamente caro. Originalmente queríamos hospedarnos cerca de la estación de trenes de Tokyo pues el tren Narita Express hace parada ahí y sabíamos que realizaríamos viajes fuera de la ciudad durante las cinco noches de hospedaje en Tokyo.

Cuando empecé a ver el costo de los hoteles de esa zona sufrí de un pequeño infarto: ¡ninguna habitación doble costaba menos de 300 USD!. Cambié la zona de búsqueda a Shinjuku, la estación de trenes más concurrida del mundo, en donde también hace parada el Narita Express. Ahí abundaban las opciones: desde hoteles cápsula hasta hoteles rascacielos pertenecientes a las grandes cadenas hoteleras. Los precios variaban mucho pero al menos  había hoteles más económicos. Finalmente elegí el hotel más cercano a la estación: Hotel Sunroute Plaza Shinjuku, ubicado a dos cuadras de la entrada de la estación JR (Japan Railways).

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Habitación con piso de tatami en Hotel Sunroute Plaza Shinjuku

En Shinjuku convergen varias lineas de metro, trenes de diferentes compañías, autobuses y comercios de todo tipo: restaurantes, tiendas departamentales, de conveniencia, souvenirs, electrónicos etc. Ríos de gente inundaban las calles aledañas aunque nunca de manera caótica. El orden y el respeto hasta en las calles más llenas.

La ubicación del hotel fue excelente para la exploración de la ciudad y más allá de ella. Desde la estación de JR se podía accesar a la linea Yamamote que conecta en un círculo las principales estaciones de Tokyo incluyendo Harajuku, Shibuya, Shinagawa y la estación de Tokyo. Para llegar a la estación central (Tokyo) era más conveniente la línea JR anaranjada llamada Chuo Rapid que conecta en 15 minutos a la estación de Shinjuku con Tokyo. Y desde la estación central se conecta…. ¡todo Japón!.

La segunda ciudad que visitamos fue Takayama, en los Alpes Japoneses, en donde nos quedamos tres noches. Elegimos hospedarnos en un ryokan o casa de huéspedes tradicional japonés llamado Hodakaso Yamanoiori. Una experiencia inigualable para cualquier visitante de Japón. Este tipo de establecimiento se distingue por sus pulcros pisos de tatami, comida tradicional para el desayuno y la cena, puertas corredizas, camas tipo futon, un jardín y aguas termales de uso compartido llamados Onsen.

El ryokan se encontraba a unas tres cuadras de la estación de trenes y autobuses de Takayama y a un kilómetro de la calle más turística de la ciudad. Una ubicación perfecta para conocer la ciudad y sus alrededores.

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Habitación en el ryokan

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Desayuno tradicional japonés. ¡Qué delicia!

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Kanpai!

Finalmente, en Kyoto nos quedamos siete noches. Originalmente queríamos dividir nuestro tiempo entre Osaka y Kyoto pero viendo la facilidad con la que era transportase desde Kyoto a diferentes ciudades optamos por rentar un estudio en una casa de huéspedes  llamada Villa Court Karasuma Nanajo. Como siempre, la ubicación cerca de la estación fue clave en nuestra elección al igual que su precio módico. El estudio tenía cocina equipada, sala y comedor y una habitación enorme con tres camas. Además contaba con lavadora/secadora algo muy importante para quienes nos gusta viajar lo más ligero posible.

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Habitación en el guest house Villa Court Karasuma Nanajo

Un mes antes de nuestra partida compramos en línea nuestros pases de tren de Japan Railway (Japan Rail Pass). El sitio de internet que utilizamos fue http://www.jrpass.com pero hay muchas más opciones de compra. La agencia nos envió en tan solo cuatro días nuestros pases los cuales fueron la mejor inversión de nuestro viaje.

El Japan Rail Pass es un pase de tren que permite tomar todos los trenes y autobuses pertenecientes a la compañía nacional (Japan Railways o JR) incluyendo los famosos trenes bala o shinkansen. Unicamente dos categorías del shinkansen no están incluidas en el pase: los trenes Nozomi y los Mizuho aunque para beneplácito del viajero la diferencia entre un Nozomi y un Hikari (que esta incluido en el JR pass) es mínima. El Nozomi realiza menos paradas entre los trayectos y es por ello que el tiempo de viaje es menor.

El Japan Rail Pass nos permitió realizar muchos viajes fuera de las ciudades en donde nos hospedábamos utilizando los trenes normales y shinkansen. Desde Tokyo pudimos visitar Nagano en tan solo dos horas y Saitama en una hora. Desde Kyoto visitamos Himeji,  Nara e Hiroshima.

Optamos por comprar un pase de 14 días para los tres miembros de la familia aun cuando los niños menores de seis años viajan gratis en las piernas de un adulto. ¡Sabíamos que a Copito no le gustaría estar en nuestros brazos durante esos trayectos!. Como él mismo dice, él ya es “niño grande” y quiere un asiento solo para él.

El pase lo activamos después de visitar la ciudad de Tokyo pues para moverse en ella bastaba con pagar individualmente los metros y trenes. El costo del trayecto oscilaba entre 140 a 180 yenes, salvo el tren que comunica la isla de Odaiba con el resto de Tokyo que costó 230 yenes. No queríamos complicarnos con las diferentes tarifas y compañías de trenes y metros así que desde el primer día compramos un tarjeta IC recargable llamada Suica con 4,000 yenes para los adultos (Copito viajaba gratis). Al ingresar al metro se coloca esta tarjeta en el lector hasta escuchar un sonido y se repite el procedimiento al salir. ¡Voila! La tarifa se descuenta de la tarjeta.

La tarjeta Suica es aceptada no solamente en los trenes sino en las maravillosas tiendas de conveniencia como Family Mart y Lawson, por lo que sabíamos que en caso de no gastar los 4,000 yenes depositados podríamos gastarlos ahí o pedir un reembolso en cualquier estación de JR. Algunas maquinas expendedoras y museos también aceptaban el pago por medio de Suica así no tuvimos problema en gastar esa cantidad. En Kyoto, compramos en la estación la tarjeta ICOCA que era lo mismo que Suica para la región occidental de Japón. Esta nos sirvió para movernos en autobuses y metros no pertenecientes a JR una vez ya activado el Japan Rail Pass.

En los siguientes días escribiré con más detalle sobre lo que hicimos durante los 19 días que pasamos en el país del sol naciente. Mientras tanto les dejo una foto que tomamos de un macaco de las nieves con más sueño que Gina con jet-lag.

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¡Cuánto sueño! (Jigokudani Monkey Park)

**Gina

 

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