Tokio moderno: Santuario Meiji y Shibuya

Deja un comentario Estándar

Llegamos al hotel en Shinjuku alrededor de las 10:00am. Habíamos aterrizado aproximadamente a las 6:30am y pasado los filtros de migración y aduana sin ninguna complicación. Hora y media después ya estábamos a bordo del tren Narita Express no sin antes perdernos un poco en el aeropuerto debido pues a la salida no había ninguna indicación hacia dicho tren. A unos cuantos minutos de haber aterrizado aún no sabíamos que el Narita Express (NEX) forma parte de la compañía  JR (Japan Railways) y es necesario bajar hacia los andenes de la estación en el el aeropuerto.

También habíamos recogido en el aeropuerto nuestro WI-FI de bolsillo (pocket wi-fi) rentado previamente a través de esta página: https://www.japan-rail-pass.es. Tener internet durante toda nuestra estancia nos permitió buscar con mayor rapidez las rutas de transporte, horarios de los trenes, información sobre los lugares y, por supuesto, que Copito pudiera ver Netflix versión nipona.

Copito de Nieve era totalmente feliz. Como buen Tetsudou Otaku (fan de los trenes) gozó cada uno de los 90 minutos del recorrido. Sus ¡WOW! no paraban incluso cuando el paisaje en el camino fue aburrido y más bien pasábamos zonas industriales. En algún momento del camino, vislumbramos la gran torre Tokyo Skytree que se erigía dominante en el horizonte urbano. “¡WOW!, quiero subir!” exclamaba. “¡WOW!, otro tren… ¡WOW! mira rieles…¡WOW! qué rápido…”. Así todo el trayecto.

Debido a que la habitación aún no estaba lista, dejamos nuestras mochilas en la consigna de equipaje del hotel y salimos apresuradamente a conocer la urbe más grande del mundo. Había frío pero hasta ahí. Nada que nuestros abrigos no pudieran combatir. Mi inocente mente pensó que esa sería la temperatura durante todo nuestro viaje y no pude ocultar mi satisfacción.

Nuestro primer tren fue la línea Yamanote hacia Harajuku, a unas cuantas estaciones de Shinjuku. La limpieza y orden en las estaciones captaron mi atención desde el primer momento. Para abordar el tren los japoneses hacen fila en los lugares indicados. Nadie empuja, nadie se sale de la fila, nadie habla en los trenes. De hecho, se indica que los celulares se pongan en modo silencio. Ciertos vagones son únicamente para mujeres en la hora pico (7:30-9:30am) así como para menores y sus acompañantes. También había asientos asignados para personas de la tercera edad, con alguna discapacidad, mujeres embarazadas y personas con niños pequeños.

En la estación de Harajuku, Mr. Viking fue envestido con el título de “Señor Todopoderoso del GPS,” y a partir de ese momento tuvo la responsabilidad de guiarnos a través de las calles sin nombre de las ciudades. No voy a mentir y decirles que nunca nos perdimos. Claro que lo hicimos muchas veces pero perderse también forma parte de viajar y de perderle el miedo a preguntar a un extraño.

Nuestra primera parada fue el Santuario Meiji ubicado dentro del bosque Yoyogi, a lado de la estación Harajuku. Una enorme puerta Torii, símbolo sintoísta de la entrada a lo sagrado, le brinda al visitante un impactante recibimiento.

DSC_1550

Puerta Torii

DSC_1560

Una larga y pacífica caminata en el parque para llegar al santuario

El santuario Meiji fue erigido en honor a los espíritus del emperador Meiji y su esposa, la emperatriz Shoken. El emperador Meiji reinó de 1867 hasta su muerte en 1912 y es el antecesor de Akihito, actual emperador de Japón. La subida al poder del emperador Meiji marcó el final del Japón feudal y el inicio de la revolución industrial nipona. Entre otras cosas, el Emperador Meiji trasladó la capital de Kyoto a Tokyo (antes llamada Edo), y puso fin al gobierno de los Shogun (Shogunato) restaurando así el poder imperial.  Hollywood retrató de manera dramatizada y romántica el periodo de rebeldía de algunos caballeros Samurai en la película The Last Samurai (2004). En realidad, los samurai, que habían estado al servicio de los shogunes por siglos, se oponían a los cambios del Emperador pues deseaban conservar su alta posición social. Otros caballeros samurai apoyaron las reformas del Emperador Meiji y se integraron a su nuevo gobierno. Es decir, nadie fue ni tan honorable, ni tan villano en la historia como lo retrata el Hollywood épico.

En el camino al santuario encontramos los barriles de sake que los productores donan cada año al precinto. Enfrente de ellos se encuentran los barriles de vino de la Borgoña donados en honor al Emperador Meiji, quien estrechó los vínculos de Japón con Francia. De hecho, al Emperador le gustaban la ropa y comida occidentales y, en particular, el delicioso vino francés con el que disfrutaba su cena y sus momentos de soledad.

DSC_1566

Barriles de sake

DSC_1567

Barriles de sake

DSC_1574

Barriles de vino de la Borgoña

Llegamos al santuario y Copito se acercó sigilosamente a un bebedero en cuanto vio a la gente reunirse alrededor del elemento vital. Era nuestro segundo acercamiento a un elemento del Sintoísmo, la segunda religión con mayor número de fieles en Japón. Leímos en el letrero que el bebedero sirve para purificar las manos y la boca antes de ingresar al santuario principal. Copito observó a las demás personas verter agua sobre sus manos y tomar un poco de ella en la boca para después escupirla en el canal. “Quiero yo también” dijo mientras tomaba uno de los vasitos vertedores. A partir de esa experiencia, siempre buscó los bebederos para limpiar sus manitas y su boca y al final de nuestro viaje se había convertido en un experto en la purificación, los inciensos y los Budas.

DSC_1576

Bebedero

DSC_1580

Bebedero en la entrada al santuario principal

DSC_1577

Santuario principal

DSC_1591

Santuario principal

DSC_1592

Entrada al santuario principal

Salimos de la inmensa área verde que protege al santuario y nos dirigimos a recorrer Harajuku, la famosa zona de cosplay. Pero ¡oh decepción!, al parecer los cosplayers se encontraban a esa hora en el colegio pues no distinguimos a ninguno cuando caminamos por los alrededores. Antes de tomar de nuevo la línea Yamanote hacia Shibuya recorrimos la avenida Omotesando, el Champ Elysees de Tokyo. Como era de esperarse, las marcas más lujosas como Dior, Gucci y Louis Vuitton se encuentran a lo largo de la avenida aunque también pudimos ver Zara, H&M y Gap las cuales son más amigables con nuestra billetera. Un gran letrero colorido que decía KIDDYLAND nos invitó a entrar. Se trataba de una juguetería de seis pisos que causó una descarga de adrenalina en Copito cuando vio la cantidad de trenes de juguetes que se vendían.

IMG_3479

El paraíso de Copito

IMG_3483

¡Oh no, el paraíso cuesta!

Con una bolsa llena de trenes de juguetes nos dirigimos a Shibuya, lugar en donde se encuentran la famosa intersección en donde cruzan centenares de personas al mismo tiempo. Yo estaba más interesada en visitar la estatua en honor a Hachiko, el perro que esperó a su amo fielmente en la estación de Shibuya incluso cuando éste falleció. Muchos turistas también estaban tomando fotos de Hachiko o más bien, fotos de ellos mismos con Hachiko por lo que tomar una foto únicamente de Hachiko fue casi una odisea.

IMG_3489

Estatua de Hachiko en la estación de Shibuya

Esa tarde caminamos mucho alrededor de Shibuya sin rumbo específico. El jet-lag por fin hizo su primera aparición y Copito se encontraba durmiendo plácidamente en la carreola viajera. Mientras tanto sus padres se detenían a observar cada uno de los detalles. En ese momento todo era nuevo para nosotros: las maquinas expendedoras de toda clase de bebidas, los letreros luminosos, las réplicas de plástico de comida afuera en los restaurantes, las tiendas de conveniencia en donde vendían comida deliciosa y todo lo kawaii (bonito y tierno) de sus personajes.

DSC_1596

En sus marcas, listos…

DSC_1602

…¡Fuera!

DSC_1606

Lost in translation

DSC_1611

Personaje kawaii de una librería

DSC_1612

Una de las miles de máquinas expendedoras. Mmmm ¿Qué podemos beber?

Regresamos a nuestro hotel cerca de las 5:00pm. Teníamos muchísimo sueño pues los vuelos nocturnos nunca nos han brindado ningún descanso y nuestro cuerpo sabía que en México eran las 2:00am. Antes, Copito necesitaba tomar su vasito de leche así que mandamos al más alto de la familia por un cartón al Family Mart enfrente del hotel. Dice Mr. Viking que la tecnología fue su mejor amiga cuando, al estar bastante confundido por la infinidad de cartones disponibles, mostró en su celular la traducción de Google Translate para la palabra “Leche”. A partir de eso momento, continuaríamos haciéndolo de esta manera el resto del viaje al comprar ciertos artículos en las enormes tiendas departamentales y de conveniencia. No más lost in translation.

Al día siguiente continuaríamos nuestra exploración de la capital, ahora en la parte antigua de la antigua Edo: el templo de Senso-ji en Asakusa. Por el momento, era hora de dormir. Habíamos terminado nuestro primer día muy cansados pero llenos de nuevas sensaciones.

**Gina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s