Hida Takayama: Una ciudad en las montañas japonesas

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Después de sobrevivir en el tren Chuo Rapid de Shinjuku a Tokyo esa mañana sabatina, hicimos las reservaciones pertinentes para llegar a Takayama. Y digo sobrevivir porque el tren venía bastante lleno a pesar de que era fin de semana y muchos japoneses también se dirigían con maletas tamaño frigobar a la estación central. Al parecer las maletas son mucho más comunes en Japón que las mochilas pues incluso en los letreros de las estaciones suplicaban que el pasajero tuviera consideración de no aplastar los pies de otras personas con semejantes equipajes.

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Nuestro shinkansen a Nagoya

Nuestro primer tren fue un shinkansen de la ruta Tokaido. El destino era Nagoya, en donde tendríamos que tomar otro tren hacia Takayama. En el trayecto tuvimos la oportunidad de ver el Monte Fuji, ícono de Japón, desde las amplias ventanas del tren pues el rey sol brillaba en todo su esplendor sobre la región. Es bien sabido que Fuji-san es muy tímido y la mayor parte del tiempo está oculto entre las nubes por lo que consideramos su presencia esa mañana como un regalo de Japón hacia la Yucafamily.

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Monte Fuji

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Fuji-san

Copito mientras tanto hacía amistad con el joven que revisaba los boletos del tren a quien le decía “el policía” cada vez que pasaba por nuestros lugares. “El policía” lo llevó a ver a Fuji-san desde las ventanas de la cabina principal, alzándolo para que viera el paisaje. Eso debió provocar un gran impacto en la mente de Copito pues aún en estos días recuerda aquel momento. Cuando nos bajamos en Nagoya, el joven le dijo “bye bye!” desde su ventana mientras vigilaba que todos los pasajeros estuvieran a bordo. A partir de ese momento, Copito recibió muchos Hi fives, dulces, origamis y calcomanías de los empleados de los diferentes shinkansen pues los saludaba muy efusivamente cuando pasaban a lado de él. ¿Quizás todos ellos le recordaban a su querido “policía” que lo había cargado?.

En Nagoya corrimos hacia el anden del Limited Express Wide View Hida que nos llevaría a Takayama. Sólo teníamos 15 minutos de conexión que cargando maletas y empujando carreola parecen solo cinco y afortunadamente llegamos justo a tiempo para abordar uno de los vagones para pasajeros sin reservación. El tren iba bastante lleno pero no tuvimos ningún problema para encontrar tres asientos juntos. ¡Uff, hasta sudamos por primera vez en Japón!.

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¡Qué sueño!

Yo fui la única que se mantuvo despierta todo el recorrido pues los vikingos se durmieron casi inmediatamente.  Aunque el tren tardó dos horas y media en llegar a nuestro destino jamás sentí aburrimiento pues el tren tenía grandes  ventanas que me permitieron admirar el paisaje. La segunda mitad del trayecto fue particularmente hermosa pues pasábamos pequeños poblados junto a ríos y montañas nevadas.

Eran alrededor de las 2:00pm cuando llegamos a Takayama.Nuestros estómagos crujían a esas horas de la tarde clamando alimento cuando, por obra del destino, encontramos un pequeño puesto de algo digerible que lucía apetitoso. ¡Oh my God! era una de las cosas más deliciosas que hemos probado en toda nuestra mediana vida. Se trataba de un pan al vapor relleno de carne con un sabor e-x-c-e-p-c-i-o-n-a-l. Los tres miembros de la familia lo devoramos sin piedad y aunque nos dijeron su nombre en japonés no lo recordamos. Algunos puestos lo traducían como Hida Beef Bun así que si alguno de ustedes va a Takayama no olviden probar estas delicias.

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Hida Beef Bun

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Comiendo hasta con guantes

Una vez que las panzas se calmaron nos dirigimos al ryokan Hodakaso Yamanoiori (casa de huéspedes tradicional) para dejar nuestras maletas y salir en cuanto antes a caminar.  El clima era nublado y frío y el ambiente era totalmente diferente a Tokio. Takayama se encuentra en la región montañosa de Gifu y ahí habitan menos de 100,000 habitantes. Durante mucho tiempo su altitud y su localización lejana a otras áreas la mantuvieron separada del resto de Japón lo que le permitió desarrollar su propia cultura. La gente de Takayama era diestra en la carpintería, la cerámica y la fabricación de muebles. Gracias a este aislamiento, la ciudad posee un distrito histórico bastante conservado que se ha convertido en el corazón de la zona turística. Dentro de los edificios conservados se encuentran tiendas de artesanías, restaurantes, tiendas de sake y hasta museos. No pudimos salir con las manos vacías de las curiosas tiendas y compramos algunas botellas de sake y un sarubobo, el talismán regional que atrae la felicidad.

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Maneki-neko, el gato de la suerte

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Distrito histórico de Takayama

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Distrito histórico de Takayama

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Distrito histórico de Takayama

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Barriles de sake en el distrito histórico de Takayama

Quizás por el clima, no muchas personas se encontraban en la calle con nosotros. Me pareció que había más visitantes occidentales que en Tokio e incluso vimos a otros valientes padres de familia viajando con sus hijos. Creo que Takayama brinda la oportunidad de conocer el lado más tranquilo de Japón y de su antigua arquitectura rural y eso resulta muy atractivo para las personas que huyen del bullicio de las grandes urbes.

Los pronósticos de clima para el día siguiente lucían favorables así que nos dirigimos a la estación de autobuses Nohi para reservar nuestros asientos para Shirakawa-go. Nos llevamos una sorpresa desagradable cuando nos dijeron que todos los autobuses se encontraban llenos para el día siguiente y únicamente había lugar en el autobús de las 7:20 am. “Oh well, madruguemos” pensamos. Y vaya que el refrán “al que madruga, Dios le ayuda” fue verdad, pues gracias al horario del autobús pudimos tener a Shirakawa-go solo para nosotros.

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Árbol de 1,200 años de antigüedad

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Templo Kokubun-ji

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Templo Kokubun-ji

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“Aprenda, mi hijo, que en Noruega hay mucha nieve”

Terminamos nuestras andanzas en el templo Kokubun-ji en donde una amigable joven japonesa nos mostró muy orgullosa un árbol de 1,200 años de antigüedad. Fue una manera muy pacífica de acabar el día pues salvo nosotros y la joven nadie más se encontraba ante tan longevo árbol. Mientras sus padres admiraban el pasado religioso y ceremonial, Copito estaba más entretenido explorando un moderno artefacto que jamás en su vida de yucateco había visto: ¡un quitanieves!.

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Cenando en nuestra habitación

Terminamos el día comiendo un rico sushi comprado en un supermercado local. Que el lector no piense que la comida de las tiendas de conveniencia y los supermercados eran de baja calidad. Por el contrario, eran preparados con ingredientes frescos y sabían mucho mejor que los hechos en restaurantes en México. Creo que las comidas “rápidas” de Japón eran la mejor manera de comer sanamente sin saquear nuestro piggy bank.

Afuera los termómetros marcaban 7 grados centígrados bajo cero. Adentro de nuestra habitación los tres cochinitos dormían muy calientitos.

**Gina

 

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