Kyoto: Fushimi Inari-Taisha

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Ese color vibrante de las puertas Torii sobresale entre mis miles de recuerdos de este viaje. Cierro los ojos y pareciera que fue ayer cuando llegamos a Kyoto y la nieve caía del cielo. Mr. Viking, revisaba una y otra vez los pronósticos que indicaban un cielo soleado y un clima agradable. ¡No podía ser! ¿Weather Channel equivocado? ¿Acaso habíamos atraído a la nieve desde Takayama?.

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Altar principal

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Puertas Torii y sus dedicatorias

Ni la nieve, ni el cielo grisáceo pudieron apagar los colores rojizos de los altares del Monte Inari y de sus grandes puertas torii. Según las creencias sintoístas, este color aleja a los espíritus malvados y a sus poderes mágicos malignos y expresa el gran poder de Inari Okami, deidad del arroz y la prosperidad.

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Altar a los pies del Monte Inari

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Bellas japonesas

Llegar a este complejo de altares es muy sencillo y rápido. Desde la estación central (Kyoto), basta con tomar el tren local JR Nara Line y bajarse en la estación JR Inari, justo enfrente de la entrada al altar. Según los grandes letreros que indicaban el camino, Fushimi Inari Taisha es el lugar más visitado en Kyoto por los turistas extranjeros y con justa razón. Es un lugar único e impresionante ante los ojos de aquellos que desconocen el Sintoísmo, una religión tan antigua como el mismo Japón. Miles de puertas Torii de color rojizo conforman el camino hacia la cúspide del Monte Inari y en cada una de ellas, se pueden leer la dedicatoria de la compañía que la donó al altar. Querido lector, si usted desea pedir por su negocio usted también puede levantar una por tan solo ¡1’300,000 yenes (11,000 USD)!.

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Dedicatorias

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Usted también puede levantar una puerta torii

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Un pequeño samurai

La historia de Fushimi Inari se remonta al siglo VIII d.C cuando la familia Hata levantó el altar en honor a la deidad del arroz y el sake. Con el tiempo, Inari se convirtió en la deidad de la prosperidad de los negocios, razón por la cual las compañías levantan en su honor las puertas Torii.

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Puertas torii

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Camino a la paz

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Toriis de bambú

En los altares también se encuentran estatuas de zorros por doquier. El zorro es el mensajero de la diosa Inari y frecuentemente se les llama Inari también. En su hocico llevan una llave, la cual abre el granero de arroz simbólicamente.

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Zorros Inari

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Zorros Inari

La repentina nieve dejo de caer justo cuando empezamos a caminar cuesta arriba junto con centenares de personas. Eran alrededor de las 3:00pm y todas esas personas trababan inútilmente de tomarse fotos artísticas calidad Instagram bajo las puertas Torii. Queridos lectores, eso es prácticamente imposible cuando hay cientos de personas enfrente y detrás de ti con el mismo objetivo y el camino tiene el ancho de dos personas japonesas. Seguramente arruinamos las fotos de muchos turistas apareciendo por detrás de ellos en sus fotos “artísticas” tomadas con sus selfie stocks pero, por más que queríamos, nos era imposible detenernos en el río de gente.

Las fotos que aparecen en este blog fueron tomadas más adelante en el camino, cuando la mayoría de los turistas había desistido de llegar a la cima. Nosotros decidimos avanzar todo lo que las piernitas de Copito pudieron y para nuestra fortuna, llegaron más lejos que lo que nos imaginamos. Pudimos llegar a un mirador en donde Copito hizo amistad con una joven de Malasia quien lo entretuvo con sus amenas preguntas sobre Japón y sobre él.

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Sol, bello sol

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Copito come en donde sea

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En el mirador

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Kyoto desde lo alto de Inari

El camino cuesta abajo fue incluso mas hermoso que el anterior. La mayor parte de la gente ya se había ido y por fin pudimos sentir la paz del santuario. Unos cuantos metros más abajo, nos desviamos hacia una calle aledaña que conducía al altar principal. Ahí se encontraban pequeños negocios de comida, muchas maquinas vendedoras de refresco y algunas tiendas pequeñas de souvenirs, en donde compramos, a falta de 1’300,000 yenes, una pequeña puerta Torii de 20cm por 1,000 yenes.

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Ahora sí, a bajar

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Hermoso color

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Yo también quería mi foto

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Copito ejercitándose

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Altares secundarios

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Puertas Torii

Llegamos nuevamente al altar principal cuando el sol brillaba poderosamente sobre los colores rojos de las construcciones. Seguramente con semejante brillo ningún espíritu maligno se atrevería a pasar por este lugar sagrado y mucho menos con un pequeño Copo de Nieve despertando a todas las deidades sintoístas con el tañido de las campanas doradas del templo.

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Buda nos proteja siempre

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El altar por fin tranquilo

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El sol y los colores rojizos

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Copito descubriendo las campanas

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¡Levántense deidades!

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Adios Fushimi Inari

Tomamos unas cuantas fotos más y nos dirigimos a la estación, no sin antes hacer una parada técnica en los sanitarios. Fue ahí donde nos topamos con el lado más tradicional de Kyoto: ¡no había inodoros occidentales!. Con otro tipo de ropa y menos capas de vestimenta, probablemente hubiese podido utilizarlos pero tuve que desistir nomás de imaginar el desastre de mojar alguna de mis ropas. Afortunadamente, en la estación JR Inari había inodoros a los cuales mis posaderas estaban acostumbradas y no sufrí mucho tiempo debido a la falta de adaptación cultural.

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Mami ¡¿dónde está el inodoro?!

De camino a la casa de huéspedes, nos topamos con el enorme templo Higashi Hongaji que a esas horas de la tarde se encontraba cerrado. No quisimos dejar la oportunidad de tener un recuerdo de su grandeza y le tomamos algunas fotos, prometiendo visitarlo cuando regresáramos algún día a Kyoto.

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Higashi Hongaji

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Higashi Hongaji

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Kyoto tower a lo lejos

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Puerta a Higashi Hongaji

A esas horas de la tarde, Copito empezó su labor de convencimiento para que sus padres lo llevaran a cenar pizza. Sí, pizza en el primer día en la antigua capital imperial de Japón. Cuando se viaja en familia, tenemos que asentir a los antojos de todos los miembros y esa noche fueros los de Copito.

Utilizando Google Maps y otras aplicaciones dimos con una pizzería altamente recomendada en TripAdvisor llamada Goichi Pizza que se encontraba a unos 20 minutos a pie. El viento, la oscuridad y el tambaleo de la carreola hicieron que Copito se acurrucara en los brazos de Morfeo y cuando llegamos al restaurante no hubo poder alguno que lo despertara. Los jóvenes meseros se reían de nuestros intentos por abrirle sus ojos y que viera las suculentas pizzas que nos habían servido pero todo fue en vano. Copito estaba exhausto por haber subido el Monte Inari.

¡Goichi Pizza fue fabuloso!. Todos sus jóvenes empleados no solo eran guapos sino extremadamente amigables e incluso uno de ellos hablaba español. El chef principal nos compartió algunas de sus anécdotas de viaje por México que le habían inspirado crear su pizza mexicana. Definitivamente, su pasión por los viajes se le notaba en su rostro sonriente y en su trato afable al comensal de otros países. En resumen, una gran cena.

Copito despertó cuando nos retirábamos del lugar. Los jóvenes nos habían envuelto una de las pizzas para llevar a la casa de huéspedes así que el más pequeño de los vikingos pudo cenar su antojada pizza. Había sido un excelente primer en Kyoto y estábamos ansiosos de recorrer más de esta histórica ciudad. Por el momento, era hora de descansar.

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Copito exhausto en Goichi Pizza

**Gina

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