Una tarde en Arashiyama

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Confieso que al llegar a Arashiyama, al oeste de Kyoto, no teníamos muchas intenciones de visitar más templos. Nuestro deseo era conocer el famoso bosque de bambú que tanto aparece en las postales del país del sol naciente y caminar sin rumbo fijo en este Sitio de Belleza Escénica, según el gobierno de Japón. Como era de esperarse para esas horas de la tarde, nos acompañaban un considerable número de turistas pero, siendo la mayoría japoneses, la cordialidad se imponía en las aglomeradas calles.

Todos los lugares de interés en Arashiyama se encuentran a una corta distancia de la estación del tren eléctrico excepto el Iwatayama Monkey Park, el cual está al otro lado del río Oi. El bosque de bambú y algunos templos se encuentran a unos metros de la estación así como el largo puente Togetsukyo desde el cual gozamos de hermosas vistas a las montañas cercanas al poblado.

El bosque de bambú es la atracción más conocida de Arashiyama. Es lo bastante grande como para que cualquier turista encuentre algún lugar semi-vacío para sentir la paz del sonido de estos altos arboles cuando se mueven con el viento. Los rickshaws también pasaban entre la gente dándole a todo el paseo un aire tradicional y divertido.

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Bosque de bambú

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¡Qué altos!

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El sol se esconde

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No podía faltar la foto del recuerdo

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Bambú

El murmullo del bambú y la gente hizo que Copito durmiera su siesta a esa hora. Nos dirigimos entonces a un mirador que  según algunos letreros en inglés estaba ubicado a 700 metros cuesta arriba. La recompensa a nuestro gasto calórico fue disfrutar de esta hermosa vista al río y las montañas.

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El río Oi

Nuestro estómago comenzaban a rugir y era hora de encontrar algún lugar para calmar a las bestias estomacales. Cruzamos el puente en dirección al Monte Arashi y comenzamos a explorar los restaurantes de la zona. Todos parecían muy tradicionales como para entrar con un Copito durmiendo o un Copito furioso por haber sido despertado de su siesta. No queríamos perder mucho el tiempo decidiendo así que compramos unos bento boxes enfrente de una estación de tren e hicimos un improvisado picnic en un parque cercano.

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Colores en invierno

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Colores en invierno

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Colores en invierno

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Cruzando el río Oi

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Antes de llegar al Monkey Park

Copito despertó hambriento y goloso, seguramente debido al olor del pan de chocolate que Mr. Viking estaba a punto de ingerir. El mayor de los vikingos tuvo que compartir su postre y una vez que todos estuvimos satisfechos nos dirigimos al Iwatayama Monkey Park.

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Precio y horarios del Iwatayama Monkey Park

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¿Escaleras al cielo?

Eran alrededor de las 4:00o pm cuando empezamos a subir la montaña. En la entrada nos advirtieron que tardaríamos alrededor de 20 minutos hasta donde se encontraban los monos. Esos 20 minutos se traducen a 40 al paso de un niño pequeño así que empezamos prontamente la caminata. Otros viajeros nos pasaban velozmente y otros que bajaban le daban ánimos a Copito diciéndole que ya faltaba poco para que viera a los monos.

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¡Tú puedes, Copito!

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El sol se oculta

Finalmente llegamos a la cima del Monte Arashiyama. Los macacos japoneses jugaban por doquier y sus cuidadores vigilaban que ninguno de ellos atacara alguna de las gigantescas cámaras SRL con las que los visitantes tomaban centenares de fotos. Las advertencias eran claras: debíamos de guardar una distancia de tres metros con los macacos, no mirarlos a los ojos o agacharnos a su nivel. Todas las advertencias fueron explicadas a Copito aunque aún así uno de los monos se acercó peligrosamente hacia él, creemos por su estatura poco intimidante. En la cima también está un refugio totalmente cerrado desde el cual se puede alimentar a los macacos con cacahuates y frutas y comprar alimentos y bebidas para los agotados Homo sapiens. 

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Copito orgulloso de haber llegado a la cima

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Macacos traviesos

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Espulgándose

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Muy pensativo

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Kyoto desde lo alto del Monte Arashiyama

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¡Dame cacahuates, Homo sapiens!

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Monos golosos

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Alimentado macacos

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¡Dame!

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Su mirada lo dice todo

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Alimentado un bebé macaco

Antes de bajar la montaña y dirigirnos a la estación de tren, Copito y un puñado de jóvenes que trataban de emular sus hazañas, jugaron en una enorme resbaladilla. Muy felices bajamos tranquilamente los casi tres kilómetros los cuales se nos hicieron considerablemente menos pesados que los caminados cuesta arriba.

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weeeeee

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Copito el valiente

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Un parquecito tranquilo

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Fue más fácil bajar

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Últimas escaleras

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Cruzando el puente hacia la estación de trenes

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Feliz, como siempre

Para regresar a nuestro departamento, tomamos el tren línea San-in en la estación de JR Saga-Arashiyama. En 15 minutos ya estábamos nuevamente en el centro de Kyoto listos para comprar algo delicioso para la cena.

Al día siguiente nos esperaba uno de los castillos más hermosos de todo Japón, pero esa es otra historia…

**Gina

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