Los molinos de viento de Zaanse Schans

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Una vez ya empapados de la vida rural de los Países Bajos, era hora de seguir nuestro recorrido a uno de los lugares más icónicos del país: la población con nombre impronunciable de Zaanse Schans. La guía nos advirtió que debido a la fama que gozan los molinos de viento nos encontraríamos con mucha más gente que en las otras dos poblaciones anteriores. Y no se equivocó pues junto con nuestro autobús estaban estacionados por lo menos otros diez y muchísimos automóviles particulares.

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Entrando a Zaanse Schans

La propuesta de la guía fue que viéramos una demostración de cómo se fabrican los zuecos tradicionales y después visitar uno de los molinos abiertos al público. Al principio no me agradó mucho la idea pues siempre he sentido que esas paradas comerciales que hacen en los tours son fastidiosas y rara vez ofrecen algo que valga la pena comprar. Afortunadamente, el joven que nos dio la explicación de la manufactura de los zuecos fue muy breve y para beneplácito de mis ojitos, muy guapo y carismático por lo que le presté la atención debida.

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Un guapo explicando la fabricación de zuecos

Los zuecos se han usado en los Países Bajos desde hace más de 700 años. Son fabricados en madera para proteger al usuario de cualquier cosa afilada en el campo y también para mantener seco el pie en las actividades de pesca. La mayoría de los zuecos son hechos a máquina, como las que usó el joven en su presentación, y pintados a mano. Hoy en día la mayor parte de la producción de zuecos es para el turismo y solo una pequeña parte para las actividades relacionadas al campo.

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Zuecos a la venta

Hora de dejar al guapo trabajando y visitar alguno de los molinos de viento.

Aunque Zaanse Schans pueda parecer un museo al aire libre y algunos sitios de internet así lo promocionen, en realidad es un área residencial que alberga el mayor número de molinos de viento todavía en funcionamiento en este país. Los molinos muelen hoy en día especias, madera, aceite y pigmentos, como el que nos tocó visitar. El nombre del molino fue muy acertado para la Yucafamily: De Kat (el gato) y por cuatro euros permitían visitar sus interiores y la cima.

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Muestra de la antigua vida rural holandesa

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Muy pintoresco

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Los molinos abiertos al público

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Algunas casas también estaban abiertas al público

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En el primer molino cortaban madera

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El molino del gato por dentro

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Hermosa vista desde el molino

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Un poco más de cerca

Copito subió como un gran atleta las empinadísimas escaleras aunque mi mayor preocupación nunca ha sido subirlas ¡sino bajarlas!. Por supuesto que en la mente de un niño se resuelve un problema a la vez y en cuanto subió estaba más enfocado en no caerse en el espacio que había entre las maderas del suelo. Afortunadamente, todos llegamos sanos y salvos a la cima para gozar de una vista espectacular de los gigantes de madera. Estos paisajes rurales han sido y serán fuente de paz e inspiración para muchos artistas y pensadores y en esos momentos, para una pequeña familia yucateca en el extranjero.

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Muy empinadas las escaleras del molino

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Desde arriba del molino

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Un niño feliz posando

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¡Quiero ir a todos! dijo Copito

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Copito y su madre le dijeron adiós a los molinos

A la hora acordada, todos las personas del tour nos reagrupamos en el estacionamiento para partir hacia Amsterdam. En tan solo cinco horas habíamos conocido tres poblaciones muy interesantes y estábamos muy felices y satisfechos aunque muriendo de hambre. La guía nos recomendó ir a comer al Red Light District, cuya oferta es mucho más que chicas saludando a través de vidrieras. Escogimos el primer restaurante cuyo host trató amablemente a Copito mientras revisábamos el menú en la entrada. Nuestro lema es que si es amable con los niños es amable con todos los comensales y nunca nos equivocamos.

Esa tarde, seguimos recorriendo a pie el centro de Amsterdam y descubriendo nuevos caminos para llegar al hotel. Nos aventuramos a ir un poco más al Este, hasta un tranquilo parque llamado Oosterpark en donde dejamos que Copito drenara toda su energía restante. Ahora sí, hora de dormir soñando en quesos y molinos de viento que al día siguiente nos esperaba la ciencia y la tecnología del NEMO.

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Caminando por Amsterdam

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Cerca del Jardín Botánico

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De camino al Oosterpark

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Oosterpark

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Dos vikingos en el Oosterpark

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Natura Artis, el zoológico que después visitaríamos

**Gina

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