La belleza de Niagara Falls

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Eran las 8:00am cuando salimos del hotel para recoger el carro en National Car Rental. Los adultos habíamos tomado café americano en la habitación y Copito su leche con chocolate. El día anterior habíamos ido a un supermercado llamado Longo’s en el cual Abuela Clos había encontrado panes sin azúcar para que ella desayunara y algunas galletas que nos pudieran servir de snack por si algún estómago se impacientaba.

El automóvil estaba en medianas condiciones, unas cuantas ralladuras y abolladuras de rentas pasadas, las cuales les hicimos saber a los amables empleados. Lo que resultó más trabajoso fue la instalación del auto-asiento infantil debido a lo enredados que estaban los cinturones del asiento. Tardamos casi una hora en instalarlo lo mejor posible, con ayuda de otros dos empleados, quienes seguramente no tenían hijos o no dan mucha importancia a la seguridad.

Eran como las 10 de la mañana cuando partimos hacia Niagara Falls. En esta ocasión, Mr. Viking se dejó guiar por el GPS Tom Tom de su teléfono celular. Creímos que manejar en Toronto iba a ser todo un reto pero, viniendo de México, en donde los automovilistas no tienen cultura vial, Mr. Viking pudo navegar sin problemas en las calles y carreteras de la región de Ontario.

El estómago del vikingo mayor empezó a rugir como a las 11:00am. A él no lo engañan los panecitos, galletitas, cafecito ni nada terminado en -ITO. Él quería carne. Nos desviamos en un poblado en donde se indicaba el camino hacia una gran M.

“Toooooooooys!” exclamó Copo de Nieve.

Mr. Viking ordenó una hamburguesa tipo montaña mientras su hijo hacía amistad con todos los niños canadienses que se encontraban en el área de juegos. Como siempre, Copito era el más pequeño pero no le impedía correr detrás de los niños mayores e intentar jugar baloncesto con ellos. Me dio mucha ternura que a esas horas de la mañana eran los abuelitos los que se encontraban con sus nietos en McDonalds. Seguramente, como sucede en Mérida,  los abuelitos son los encargados de cuidar a sus nietos en época de vacaciones, al menos en esos poblados más alejados de Toronto.

Seguimos manejando hacia Niagara Falls a donde llegamos antes del medio día. Había muchos estacionamientos para elegir y no tardamos mucho en estacionar el carro bajo un casino por 5 dólares canadienses. En cuanto salimos al intenso sol sentimos el calor. MUCHO CALOR.

Fallsview Casino

Fallsview Casino

Nos dirigimos hacia los miradores del Queen Victoria Park en donde apreciamos la belleza descomunal de las Niagara Falls. Incluso para Mr. Viking, acostumbrado a los paisajes sin igual de Noruega, Niágara Falls fue espectacular. Ante nuestros ojos estaban las Horseshoe Falls, las American Falls y las Bridal Veil Falls. Blancas, espumosas y refrescantes. Y no es que yo estuviera pensando en un champagne sino que el aire que soplaba desde las cascadas traía consigo el rocío del río Niágara. En esa calurosa tarde las gotitas de agua eran un regalo del paraíso.

Niagara Falls

Niagara Falls y Copito

Niagara Falls

Niagara Falls desde el lado canadiense

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Yucafamily en Niágara Falls

La palabra “Niágara” significa en lengua iroquesa “estruendo de agua” y vaya que cuando nos acercamos a las Horseshoe Falls (la catarata más ancha en forma de herradura), pudimos sentir el poder de la madre tierra. Fue otro de esos momentos en los que agradecí, a quien me esté cuidando arriba, que mis ojitos pudieran ver semejante maravilla.

American Falls

American Falls

Cruceros en el río

Cruceros en el río. En esta foto un Hornblower Cruise de Canadá.

Horseshoe Falls

Horseshoe Falls

Horseshoe Falls

Horseshoe Falls

En el lado canadiense de Niagara Falls hay muchas cosas interesantes para hacer. Mr. Viking quiso hacer el “Journey behind the falls” el cual te lleva a nada más y nada menos que a la parte posterior de la Horseshoe Falls. Nos sorprendió que no hubiese ninguna fila para comprar los boletos y cuando nos acercamos a la taquilla nos dijeron que la próxima entrada era hasta las 4:00pm. Oh well.

Después de comprar los boletos y nos dirigimos hacia la principal atracción del lugar: El “Hornblower Cruise“, el cual es la versión canadiense del famoso “Maid of the Mist” que ahora solo opera desde el americano. Cuando llegamos la fila para comprar los boletos era larguísima y en pleno sol de 2:00pm el calor era insorportable. Copito fue resguardado en la sombra de los árboles del parque junto con Abuela Clos mientras que Mr. Viking y yo aguantábamos al astro rey como buenos yucatecos.  Luego de una media hora de espera, compramos los boletos que podían ser usados ese día mismo día hasta las 7:00pm.

El plan quedó de la siguiente manera: entrar primero al Journey behind the falls (4:00pm) y luego subirnos al Hornblower Cruise. Como todavía teníamos tiempo para la primera atracción, fuimos a rehidratarnos en un pequeño centro centro comercial al aire libre. Un imitador de Elvis le hacía recordar a la Abuela Clos sus épocas de antaño mientras todos disfrutábamos de nuestras refrescantes bebidas.

Cuando llegamos al Visitor’s Center (en donde se entra al Journey behind the falls) eran unos diez minutos antes de la hora. Fue necesario interrumpir la sagrada siesta de Copito ya que no se permite el acceso con carreolas. En punto de las 4:00pm nos dejaron ingresar y Copito mostraba mal humor. “Noooooo!” gritó cuando le intenté poner el impermeable que nos dieron al ingresar. Después del quinto intento de ponérselo lo dejé. Si habría de empaparse pues lo cambiaría de ropa.

Bajamos 45 metros por el elevador y caminamos en túnel hacia el mirador al pie de las cataratas. WOW. El verdadero ESTRUENDO del cual hablaban los iroqueses.

Copito se encontraba feliz. Reía al sentir el agua sobre su cuerpo y trataba de tocar la caída de la cascada (cosa que no se podía por motivos de seguridad). Exploraba de un lado a otro del mirador como preguntándose el origen del sonido. Su mal humor fue apaciguado con agua. No le agradó mucho cuando nos dirigimos a los túneles que conducían a detrás de la cascada. Quizás la oscuridad y la falta de rocío no le parecieron tan interesantes.

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Copito explorando y Abuela Clos cuidándolo

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Journey behind the falls

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Journey behind the falls

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Journey behind the falls

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Vista desde el mirador de Journey behind the Falls

Journey behind the falls

Journey behind the Falls

Después de comprar nuestra foto-souvenir (cosa que siempre hacemos pese al costo), nos dirigimos a tomar el Hornblower Cruise. ¡Ah qué maravilla no encontrar fila!. Pasamos inmediatamente al barco junto con unas cuantas personas quienes ocuparon la cubierta superior al igual que toda la Yucafamily. Copito se negó por segunda ocasión a ponerse el impermeable mientras que los cobardes adultos nos lo poníamos pese al calor.

El paseo duró aproximadamente 30 minutos. Treinta minutos llenos de alegría y risas. Treinta minutos de aquellos que se recuerdan toda la vida.

El barco sale desde los pies de Clifton Hill (la principal calle comercial de Niagara Falls) y se acerca lo más posible a las tres cataratas antes mencionadas. El momento estrella es empaparse del agua que cae de la Horseshoe Falls y ver de cerca los preciosos arcoiris que se forman en las cataratas. Absolutamente todas las personas se carcajeaban incluyendo a un Copito en éxtasis. Él fue el único en el barco que sintió en plenitud el poder del agua sobre su cuerpo. Por supuesto, llevábamos un cambio de ropa para él en la mochila así que cuando nos bajamos del barco, lo cambiamos enseguida y seguimos paseando.

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Copito feliz en el Hornblower Cruise

Horseshoe Falls

Horseshoe Falls desde el barco

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Felices y mojados en el Hornblower cruise

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Felicidad pura en el Hornblower cruise

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Cataratas americanas y el velo de novia

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El arcoiris en las cataratas americanas

Estábamos muy felices y contentos mientras caminábamos por Clifton Hill. El crucero Hornblower había sido una de las mejores experiencias de nuestra vida y nos sentíamos muy satisfechos y listos para partir a nuestra “otra casa”.

Clifton Hill es una pequeña Vegas: llena de entretenimiento y gente feliz. Había un museo de cera, una enorme rueda de la fortuna cuyas vistas deben ser espectaculares, boliches, una cervecería, cines, un parque acuático y decenas de restaurantes para satisfacer a los hambrientos. Nosotros habíamos comido hot-dogs y helado (¡cuánta dieta!) antes de dirigirnos al crucero así que preferimos esperar hasta que llegáramos a Toronto.

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Clifton Hill

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¡Es Jack! (el pirata favorito de Copo de Nieve)

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Rueda de la fortuna gigante

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King Kong, novio de Abuela Clos

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Mucho entretenimiento en Clifton Hill

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Torre Skylon

Partimos del lugar alrededor de las 7:30pm. Me encontraba algo cansada pero mi deber de co-piloto es entretener a Mr. Viking quien fungió como nuestro fiel chofer ese día. Copito estaba exento de dicha obligación así que pudo dormir un rato en el auto antes de que entráramos a Toronto. Era casi imposible perderse de vuelta al hotel pues la Torre CN nos dio la bienvenida varios kilómetros antes de entrar a la ciudad.

Estacionamos el coche en un estacionamiento público ubicado a lado del hotel Delta. Su costo, como todo en Ontario y Quebec, fue muy elevado (30 CAD por pernocta) aunque no nos arrepentimos de la flexibilidad que un automóvil nos brinda en países como Estados Unidos y Canadá cuyas distancias son enormes y el transporte público es lento.

Esa noche cerré mis ojos y aún me parecía escuchar el estruendo de las cataratas. Había sido un gran día.

**Gina

Segundo día en Toronto: Visita nocturna al Ripley’s Aquarium

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No es ningún secreto que su servidora es una criatura nocturna. Me gusta trabajar y estudiar de noche y también salir a pasear cuando los rayos del sol ya se han ocultado. Obviamente, en la vida diaria de una mamá-profesora, la alarma suena desde temprano para estar lista antes de que el primer “Buenos días” de Copo se haga escuchar. Cuando viajamos, rara vez podemos dormir hasta que queramos. En estos días sí se aplica el “Al que madruga Dios le ayuda” pues todos los lugares de interés como museos, zoológicos, parques de diversiones, zonas arqueológicas, paseos en barco etc., tienen mucho menos gente cuando abren sus puertas. Muchas de esas atracciones cierran sus puertas entre las 5:00 y 6:00 de la tarde y a los visitantes no nos queda más remedio que irnos al pub más cercano y descansar. En su defecto, se puede ir al supermercado más cercano para comprar cerveza local e ingredientes frescos para saciar el apetito en la comodidad de la habitación. ¡Uffff, qué sufrimiento!.

En Toronto, dos de las principales atracciones, la CN Tower y el Ripley’s Aquarium, abren sus puertas desde temprano (9:00-10:00am) y cierran a las 11:00pm. Como ya les había comentado, el hotel Delta Toronto está ubicado justo enfrente de ellas por lo que se nos facilitó visitarlas a horas inusuales. Como buena criatura de la noche agradecí que estos lugares cierren hasta tarde y poder hacer algo diferente ya comenzada la noche.

Eran las 7:00pm cuando entramos al fantástico Acuario de Ripley. No había ninguna fila y pudimos comprar sin problema los boletos en una maquina self-service. Copito se encontraba ya bastante descansado después de una larga siesta y todos estábamos listos para perseguirlo por el lugar.

El acuario puede ser fácilmente visitado en unas dos horas. Tal vez un poco más para los amantes de la vida marina. Posee muchísimas especies de las aguas canadienses, del arrecife indo-australiano, y areas de medusas y mantarayas. Lo más interesante para nosotros fue la exhibición de tiburones nadando sobre las cabezas de los visitantes quienes se esforzaban en tomar selfies con ellos. ¡Eran las celebridades del acuario!.

También había un área interactiva en donde se podía tocar cangrejos herradura y observar a peces payaso (mejor conocidos como Nemos). Por supuesto, para los más pequeños había un área de juegos bastante curiosa, simulando un arrecife y submarinos así como un mini-túnel para observar a los pececillos en su hábitat.

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Entrada del acuario

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Discovery zone

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¡Cuántos peces!

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Quiero tocarte pececillo

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Tiburones en la laguna peligrosa

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Admirando

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Súper Baby

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Con papa Mr. Viking

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Area del arrecife

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En el túnel de la Dangerous Lagoon

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Tiburon a la vista

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Area de tiburones

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Area de tiburones

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Area de tiburones

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Tiburones

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Yucafamily en el Ripley’s Aquarium of Canada

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Tratando de tomar la mejor foto

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Túnel para niños

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¡Y no tan niños!

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Area infantil

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Área interactiva con los horseshoe crabs

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Captain Copo

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Viendo Nemos

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Pez Leon

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Smile!

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Medusas, jelly fish

El acuario fue una gran manera de finalizar el día y en punto de las 9:00pm dejamos tan colorido lugar para dirigirnos al hotel (o como Copito le dice, “otra casa”). Ya era bastante tarde para cenar afuera por lo que decidimos probar el servicio a la habitación del hotel (cosa que aunque les parezca raro, NUNCA habíamos hecho anteriormente). No voy a negar que lo que ordenamos estuvo muy delicioso (club sandwiches y cuatro cervezas) pero su costo fue equivalente a una cena en el mejor restaurante de Mérida. Sin embargo, hay que recordar que cuando se viaja a países como Canadá, en donde los salarios y las prestaciones son altos, no queda más que adecuar el presupuesto y ahorrar en las otras comidas (¿desayunando Subways, por ejemplo?).

Ahora sí, estábamos listos para dormir y soñar con tiburones.

**Gina

Segundo día en Toronto: Toronto Islands

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Alrededor del hotel había muchos lugares para desayunar. Algunos lucían muy elegantes, otros más casuales, otros eran cadenas de comida rápida como nuestro fiel Subway. Ahí desayunamos el segundo día por un tercio del precio del desayuno en el hotel.

Con nuestras pancitas satisfechas y nuestro cerebro lleno de café, nos dirigimos a la terminal de ferrys Jack Layton ubicada en la calle Queens Quay a unas cuantas cuadras del hotel. Nuestro objetivo ese día era conocer las Toronto Islands, un paraíso verde en la gran urbe de la GTA (Greater Toronto Area).

Previamente había leído que el primer ferry salía a las 8:00 de la mañana y que, a partir de las 9:30am había una salida cada 30 minutos hasta las 10 de la noche. Cuando llegamos a la terminal la fila para comprar los boletos era bastante larga (¿o es que la Yucafamily nunca viaja en temporada alta y no habíamos sufrido de las largas filas?). Esperamos pacientemente y, para nuestra suerte, los árboles aún daban un poco de sombra a esa hora. Después de una media hora de espera, por fin pudimos subir al ferry hacia la Centre Island.

El cruce hacia las islas es, por sí mismo, una atracción. Estuvimos en la cubierta superior del ferry en donde pudimos admirar el horizonte torontoniano dominado por la omnipresente CN Tower. Con nosotros se encontraban pocos turistas, más bien fueron las familias locales las querían escaparse de la jungla de asfalto y adentrarse a las aguas del Lago Ontario.

El ferry decorado con motivo de los Juegos Panamericanos

El ferry decorado con motivo de los Juegos Panamericanos

Skyline de Toronto desde el ferry a las Islas de Toronto

Skyline de Toronto desde el ferry a las Islas de Toronto

Las Islas de Toronto albergan diversas playas (incluyendo una nudista), varios club de yates, canchas de tenis, y Centreville, un parque de diversiones para niños pequeños. Nos dirigirnos a esta última atracción para complacer al miembro más pequeño de la Yucafamily y también a los adultos… y a la más longeva.

La multitud dirigiéndose a las playas y a Centreville

La gente dirigiéndose a las playas y a Centreville

Centreville es un parque de diversiones con aire vintage cuyos juegos son dirigidos a niños pequeños. La gran mayoría de los juegos eran para preescolares y niños menores a 1.20 de estatura. No tenía muchas atracciones para los adultos pero nosotros fuimos felices viendo a Copito subirse (dos veces) al tren y a los carros antiguos. La entrada al parque es gratuita pero para subirse a los juegos es necesario comprar ya sea boletos individuales o brazaletes válidos para todo el día.

¡A toda máquina!

¡A toda máquina!

Antique cars

Antique cars

Haunted barrel works

Haunted barrel works

Haunted barrel works

Haunted barrel works

Ferrys wheel

Ferrys wheel

En la cima del Ferris Wheel

En la cima del Ferris Wheel

El trenecito

El trenecito

Rocking ferry

Rocking ferry

Leaping lily pad

Leaping lily pad

Mine coaster

Mine coaster

Yucafamily en el trenecito

Yucafamily en el trenecito

Antique cars en Centreville Amusement Park

Antique cars en Centreville Amusement Park

Paseando por Centreville

Paseando por Centreville

Ahí viene el trenecito

Ahí viene el trenecito

Tea cups

Tea cups

A lado de Centreville se encuentra la granja Far Enough que también es gratuita de visitar. Únicamente nos pidieron una colaboración para su mantenimiento en caso de que quisiéramos acariciar a los hermosísimos ponis. Claro está, las manitas de Copito ya estaban sobre los animalitos así que fue imposible ser tacaño ante tan bella imagen. La granja también alberga caballos, vacas, burros, cerditos, alpacas, conejos, entre otras 40 especies.

Ponys en la granja Far Enough

Ponys en la granja Far Enough

Far enough farm

Far enough farm

Caballos en la Far Enough Farm

Caballos en la Far Enough Farm

Far enough farm

Far enough farm

Tocando animalitos en la granja Far Enough

Tocando animalitos en la granja Far Enough

Tras visitar el parque de diversiones y la granja Far Enough, saciamos nuestra hambre en el Carousel Café ubicado entre la playa y Centreville. Disfrutamos de nuestra comida acompañada por dos refrescantes Steam Whistle pues ese día había muchísimo calor, incluso para nosotros que estamos acostumbrados al clima yucateco.

Ya saciadas todas las pancitas y algunas panzotas, fuimos a conocer el resto de la isla central. Muchas familias se encontraban pedaleando toda clase de bicicletas y triciclos, remando barcos y caminando bajo el intenso sol. Muchas más se encontraban remojadas en la playa mitigando el calor. Eran alrededor de las 5:00pm cuando nos encaminamos al muelle para tomar el ferry de vuelta a Toronto.

¿ A dónde ir ahora?

¿ A dónde iremos proximamente?

Central beach

Central beach

Paisajes de las Islas de Toronto

Paisajes de las Islas de Toronto

Paisajes de las Islas de Toronto

Paisajes de las Islas de Toronto

Paisajes de las Islas de Toronto

Paisajes de las Islas de Toronto

El calor y la digestión hicieron de las suyas y en cuanto Copito y Mr. Viking sintieron el arrullador vaivén del barco sus ojos se cerraron. El afortunado Copito pudo continuar su siesta en su carreola por las calles de Toronto mientras que un somnoliento Mr. Viking tuvo que esperar hasta llegar al hotel.

El día aun no acababa y después de la siesta salimos a conocer otra atracción.

Continuará…

Mr. Viking y Copito fumigados por el calor

Mr. Viking y Copito fumigados por el calor

**Gina

Primer día en Toronto: Paseando por la ciudad

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Llegamos al hotel alrededor de las nueve de la mañana. Había sido un vuelo nocturno sin contratiempos y aunque no habíamos dormido muy bien, la adrenalina nos mantenía despiertos y listos para recorrer la metrópolis. Las habitaciones ya estaban listas a esa hora (algo que agradecimos al hotel), y después de desayunar en el restaurante del hotel (SOCO kitchen and bar) salimos a caminar en los alrededores del hotel. Esta fue la primera ocasión en la que nos dimos cuenta de las grandes proporciones de los alimentos en Canadá. Los waffles de Copito eran del tamaño del mantel y mi muffin parecía más un pastel que un pan dulce. El único integrante que pudo acabarse su porción fue Mr. Viking, cuyo estómago, acostumbrado a alces, renos y tacos mexicanos, puede digerir cualquier desayuno del continente americano de manera eficaz y en un tiempo récord.

La CN Tower se imponía ante los demás edificios de la zona. Salimos y ahí estaba: tan alta que mareaba verla por mucho tiempo. Cruzamos la calle hacia el Olympic Park y la observamos más de cerca. Había un río de gente en las inmediaciones debido a que a lado de la torre también se encuentra el Ripley’s Aquarium. Muchos niños y sus padres también se encontraban en el Railway Museum, ubicado enfrente de las dos mencionadas atracciones. En fin, era un día bullicioso y alegre en el Entertainment District de Toronto.

El vocabulario de Copito en inglés se divide de la siguiente forma: 90% son modos de transporte y animales y un 10% en necesidades básicas del ser humano. “Double-decker bus!” exclamó al ver el primer autobús de dos pisos. “School bus!” dijo mientras sus manitas jalaban a su padre hacia dicho autobús. “Train!” dijo al distinguir a los trenes de la explanada del Railway Museum. Era un momento especial para Copo de Nieve.

El Ripley's Aquarium y al fondo el hotel Delta Toronto

El Ripley’s Aquarium y al fondo el hotel Delta Toronto

¡School bus!

¡School bus!

Fuente enfrente de la CN Tower

Fuente enfrente de la CN Tower

Decidimos tomar el autobus de doble piso para conocer en breve la ciudad. Estuvimos en la parte de arriba del autobús gran parte de las dos horas de recorrido aunque el calor era realmente insoportable. Según los registros, ese día hizo 33 grados y sin una nube en el horizonte nuestras cabezas ya estaban muy calientes después de hora y media. Copito aguantó despierto hasta que llegamos por la Casa Loma (un castillo construido por un magnate de la electricidad), pero sucumbió a los brazos de Morfeo poco tiempo después. Habiendo llegado al final del paseo se acomodó tiernamente en los hombros de su padre hasta que fue colocado en la cómoda cama del hotel.

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El autobús frente al Harbour Front

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Disfrutando el soleado recorrido

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La fila para tomar el autobús

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Yonge and Dundas square, algo así como el Times square de Toronto

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Yonge and Dundas square

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Una estación de bomberos muy curiosa

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Double decker bus

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Viva el hemp!

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Copito fumigado

También los adultos tomamos una siesta para recuperar nuestras energías y cuando Copito despertó estábamos listos para seguir paseando. Eran alrededor de las 5:00pm y fuimos a caminar por el distrito financiero y comercial. Nuestro objetivo era la plaza comercial Eaton Centre y elegir ahí el regalo de cumpleaños de Copito, quien cumpliría tres en los próximos días.

Los altos edificios daban mucha sombra y fue una caminata agradable. Me gustó mucho ver la facilidad con la cual las personas con discapacidad se movían por la ciudad, la inclusión de los ciclistas, la limpieza de sus calles y sobre todo la paciencia de los conductores al tratar de dar vuelta a la izquierda en las transitadas intersecciones. Agradecí en mi mente que yo no fuera la responsable de manejar en los siguientes días por la ciudad.

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El antiguo hotel Fairmont, frente a la Union Station

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Cafés a lado de la Union Station

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Modernos y altos edificios

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Two random visitors

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Uffff me duele el cuello

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Toronto City Hall o ayuntamiento

Llegamos al inmenso Eaton Centre y nos dirigimos a la única juguetería del lugar. Desgraciadamente no encontramos lo que teníamos en mente y decidimos probar suerte en nuestro siguiente destino, Montreal. En el Eaton Centre hay cientos de tiendas para pasar todo un día comprando pero para los visitantes como nosotros a quienes no les apasionan las compras una breve visita es más que suficiente. Preferimos regresar al Entertainment District y visitar el Harbour Front donde cientos de personas disfrutaban del sol, la música callejera y una rica cena.

Antes hicimos una breve parada en el Railway Museum para que Copito conociera a los grandes trenes de la exhibición. Él fue muy feliz con sus adorados trenes y nosotros lo fuimos más al probar la riquísima cerveza torontoniana Steam Whistle poco después. Había sido un gran primer día de exploración coronado con una excelente y bien merecida cena.

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Railway Museum Toronto

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Vagón de pasajeros

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Rogers Centre

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Harbour Front

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Caminando por el Harbourfront

**Gina

Un viaje con sabor a maple

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La belleza de Niagara Falls

La belleza de Niagara Falls

A la Yucafamily le gusta conocer lugares que estén dentro de nuestras posibilidades de tiempo y dinero. También tomamos en cuenta nuestra paciencia y energías para viajar con nuestro pequeño kisin, alias el Copito de Nieve. Por supuesto, nuestros deseos de experimentar este hermoso mundo son más grandes que todos los retos a los que uno se afrenta cuando se viaja con un niño pequeño y fue así que decidimos embarcarnos en una nueva aventura.

El país destino: Canadá.

Copito estuvo bastante involucrado en la planeación del viaje. Desde el momento que compramos los boletos de avión me encargué de prepararlo para su siguiente andanza. Continuamente le mencionaba cosas relacionadas con los viajes, los medios de transporte, los sabores y las bellezas naturales de Canadá y también sobre lo que experimentaría en los aeropuertos y en los aviones. Quise que Copito fuera partícipe en todas las etapas del viaje y que como tal, asumiera también su única obligación: comportarse lo mejor posible. Mamá Gina, papá Mr. Viking y Abuela Clos se encargarían del resto.

La preparación rindió frutos y Copito colaboró lo mejor que pudo. Saludó cortésmente a todos los empleados que veía, ayudó con su pequeño equipaje de mano, alargó su paciencia en las filas del aeropuerto y de las atracciones y comió, más o menos, sus cenas. Ciertamente, notamos una notable diferencia entre viajar con un Copito de dos años (como en Noruega y Dinamarca) y uno de casi tres. Ahora, Copito nos comunica con palabras y con actitudes lo que le gusta, lo que le molesta y lo que le aburre. Es un integrante más activo en nuestras aventuras y, como tal, tomamos muy en cuenta su opinión.

¡Vamos mamá! tenemos que tomar otro vuelo

¡Vamos mamá! tenemos que tomar otro vuelo

Aproximadamente dos meses antes del viaje, la abuela Clos y yo tuvimos que tramitar nuestras visas de turismo. No quisimos contratar los servicios de ninguna agencia para el trámite pues consideré que yo misma podía escanear los documentos que nos fueron solicitados. Afortunadamente, el trámite fue muy fácil y únicamente enviamos digitalmente nuestras visas estadounidenses, nuestros pasaportes y fotos. En menos de tres días nuestra solicitud fue aprobada y enviamos nuestros pasaportes por mensajería para que les estamparan la visa. ¡Vaya que eso es eficiencia del primer mundo!.

Ahora sí, la planeación de nuestra estancia.

Como siempre, su servidora fue la encargada de elegir lugares y hoteles. A pesar de tener un amor-odio con Aeromexico debido a pasadas experiencias, esta vez el amor y la fidelidad ganaron y reservamos con esta aerolínea los vuelos MID-MEX-YYZ (Toronto) y  YUL (Montreal)-MEX-MID. Contrario a lo sucedido en otras ocasiones, los vuelos salieron a tiempo y las maletas llegaron sanas y salvas a nuestros destinos.

En Toronto pasaríamos cinco días enteros y en Montreal cuatro. El hotel seleccionado para la primera parte del viaje fue el magnífico Delta Toronto, ubicado a lado de la CN Tower y muy cerca de todo lo que el visitante puede desear: museos, restaurantes, transporte público, atracciones como la mencionada torre, el acuario de Ripley, tiendas de todo tipo, el Harbour Front, etc. Los empleados del hotel, y en general las personas de Toronto, fueron excepcionalmente amables y sonrientes. Las habitaciones son amplias y muy modernas y sus cómodas camas ofrecieron un gran descanso después de las larguísimas caminatas que realizábamos todos los días. Abuela Clos tuvo su propia habitación con una cama King mientras que Copito, Mr. Viking y yo nos quedamos en otra.

En Montreal optamos por quedarnos todos juntos en una suite en el hotel La Tour Belvedere en el corazón de la ciudad. La suite contaba con sala, comedor, una pequeña cocina equipada, baño  y una habitación separada de las áreas comunes. La suite fue más que suficiente para todos los miembros de la familia y ahí disfrutamos de los alimentos comprados en el supermercado cercano y por supuesto, de las bebidas compradas en el SAQ (Société des alcools du Québec).

Para trasladarnos de Toronto a Montreal teníamos dos opciones: tomar un vuelo corto desde cualquiera de los dos aeropuertos de Toronto  o tomar el tren de cinco horas desde el Union Station de Toronto a la Gare Centrale de Montreal. Me decidí por la segunda opción después de consultar mucho con mi almohada y con TripAdvisor.

Las ventajas del tren eran que el hotel Delta está ubicado a lado de la Union Station, no teníamos que documentar equipaje ni pasar por los fastidiosos filtros de seguridad, el tren es más económico que cualquiera de los vuelos y no teníamos que pagar casi 50 dólares por un taxi al aeropuerto. Además, a Copito le gustan los trenes. Está bien, lo confieso. Esta fue la única razón. Copito está obsesionado con los trenes, tanto que lloró cuando nos bajamos después de cinco horas atravesando el paisaje canadiense. Para él, subirse al tren fue la experiencia más memorable del viaje. Eso y ver los trenes históricos en el Railway Museum de Toronto. Y también ver a los trenes que llegaban al Union Station desde la ventana de la habitación, subirse al trenecito del parque de diversiones Centreville  y también al del Toronto Zoo. Bueno, ya captan la idea.

Railway Museum en Toronto

Railway Museum en Toronto

Zoomobile en el Toronto Zoo

Zoomobile en el Toronto Zoo

Al igual que en viajes pasados, contratamos un servicio de transportación privada del aeropuerto al hotel. La compañía elegida fue Pearson Airport Limousine (http://pearsonairportlimousine.com) la cual tiene disponible autoasientos para niños. Copito fue cómodo y seguro en todo el trayecto al igual que toda la yucafamily versión extendida.

En los siguientes días les contaré más a detalle lo que hicimos cada día. Mientras tanto, les dejo una foto del skyline de Toronto  tomada desde el barco hacia las Toronto Islands.

¡Nos leemos pronto!

El skyline de Toronto

El skyline de Toronto

**Gina