Kyoto: Nijo, el palacio del shogun

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Esa mañana los pronósticos de tiempo lucían bastante pesimistas. Anunciaban lluvia durante todo el día y no quisimos aventurarnos a visitar la ciudad vecina de Osaka, al sur de Kyoto. Decidimos quedarnos dentro de Kyoto y visitar el antiguo palacio de los shogunes Tokugawa, el Nijo-jo.

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Vista desde la calle al Castillo Nijo

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Puesto de vigilancia

Como teníamos nuestro Japan Pass tomamos el tren JR de la línea San-in y nos bajamos en la estación de Nijo, que se encontraba a poco más de un kilómetro de la entrada al castillo. Como todo el exterior estaba cubierto de gravilla, decidimos dejar la carreola en un resguardo improvisado cerca de los baños, deseando que nadie se robase nuestra vieja y fiel carreola viajera.

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Kara-mon, la puerta de entrada

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Esplendorosa entrada Kara-mon y un Copito de Nieve

La construcción del castillo fue iniciada en 1603 y completada en 1626 por el tercer shogun Tokugawa, Iemitsu. El castillo es uno de los mejores ejemplos del periodo Edo antiguo (aquel en donde había reinado la paz y la tranquilidad en Japón). La joya en esta construcción es el Palacio Ninomaru con sus bellísimas pinturas en sus cuartos interconectados. En este edificio no se permite tomar fotografías por lo que el lector tendrá que confiar en mis palabras cuando digo que todo ese edifico exudaba sencillez y elegancia. No muchos viajeros se encontraban con nosotros por lo que pudimos leer en detalle las explicaciones de cada uno de los cuartos. En uno de ellos, el Salón Principal, el último shogun reunió a los señores feudales para anunciar el regreso del poder único al Emperador Meiji. En 1939, la familia imperial donó el Castillo a la ciudad de Kyoto y fue renombrado como Nijo-jo.

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Entrando al Palacio Ninomaru

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Detalles de la puerta de Ninomaru

Afuera de este bello edificio se encuentra otra obra humana maravillosa, el jardín Ninomaru. En en centro de su tranquilo estanque se encuentran Horai-jima (Isla de la Eterna Felicidad) flanqueada por Tsuru-jima (Isla de la Garza) y Kame-jima (Isla de la Tortuga). Con mi nulo japonés, todos esos nombres más bien me recordaban a mis animes preferidos de mi niñez, memoria que se hizo más vívida cuando vi a los enormes peces anaranjados en las aguas protectoras del castillo. Copito quedó encantado alimentando a los regordetes peces quienes se arremolinaban para saborear un pedazo de pan o galleta.

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Paseando por los jardines

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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El palacio desde afuera

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El palacio desde afuera

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Jardines de Nijo

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Peces Koi

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Eran grandes y hermosos

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Entretenido viendo peces

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Castillo de Nijo

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El Palacio desde lo alto de una muralla

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Los flores del ciruelo ya habían brotado

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Descansando 

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Toda una fortaleza

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¿Distinguen a Copito?

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A Mr. Viking le tocó cargarlo

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Le dijimos adiós al bello castillo

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Hasta el último momento todo era fotogénico

Caminamos un buen rato por el jardín y sus alrededores hasta que divisamos unas nubes sospechosamente oscuras en el horizonte. Decidimos regresar a la estación central y probar suerte en la Torre de Kyoto y hacer unas últimas compras en Yodobashi Camera Store.

Continuará…

**Gina

Kyoto: El popular Templo de Kiyomizu

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En la entrada del templo tuvimos un momento parecido a lo que sufren todos los que vistan el Taj Mahal. Ese momento en el que te das cuenta que como tú, hay miles de personas queriendo tomar una buena foto de ellos mismos ante el monumento al amor, empujándote discretamente para ocupar un buen lugar o sacando esos infernales monopods para selfies. De igual manera, las postales de Kiyomizu siempre reflejan paz y serenidad pero en ese momento distaban mucho de la realidad bulliciosa y concurrida. Eran centenares de personas las que se encontraban con nosotros admirando esa bellísima obra arquitectónica de madera y, para nuestra buena fortuna, la mayoría eran japoneses respetuosos del espacio personal.

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Entrando al templo de Kiyomizu

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Muchos turistas en el templo de Kiyomizu

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El clima no podía ser mejor ese día

Kiyomizu-dera es un templo budista considerado Patrimonio Cultural por la UNESCO y fue finalista del concurso de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.  El templo principal, fundado en 1633, tiene un gran balcón desde el cual se aprecia la ciudad de Kyoto en todo su esplendor. Cuando vi la cantidad de personas que estaban ahí temí que en cualquier momento colapsaría pero después leímos que este balcón fue construido de gran tamaño para poder acoger una gran cantidad de peregrinos.

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Horizonte de Kyoto desde el balcón de Kiyomizu-dera

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Grupos de turistas gozan de las vistas en el templo de Kiyomizu

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¿Quién se atreve a saltar desde lo alto de Kiyomizu?

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Así se ve el templo desde el costado 

Copito dormía una corta siesta posiblemente derivada de haber subido muchísimas escaleras en los otros templos y sus jardines. Se perdía de la gran vista de la ciudad y sus pagodas, bosques y puertas Torii. Según la creencia, le será concedido un deseo a la persona que salte desde el balcón y sobreviva la caída de 13 metros. Según los registros, se han llevado a cabo 234 personas saltaron de los cuales 85% sobrevivieron. Posiblemente el deseo pedido por parte de estas personas era… ¿recuperar la movilidad de sus piernas?. Por supuesto, hoy en día saltar desde Kiyomizu está prohibido.

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Una pequeña pagoda enfrente de Kiyomizu-dera

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Vista desde la pagoda

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Grandes postes sostienen a todo Kiyomizu y sus peregrinos

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Alguien se acababa de despertar de su siesta

Le dijimos adiós a este popular sitio y nos encaminamos, algo cansados, a nuestro hotel. Estábamos a unos 3.5 kilómetros de distancia, los cuales fueron muy agradables en ese clima seco y frío. Pasamos por un altar llamado Toyokuni en donde no había más almas que las de nosotros. Copito se dedicó a jugar con algunos niños en el parque que se encontraba enfrente del altar hasta que nuestros estómagos empezaron a pedir alimentos.

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Entre los niños no hay la barrera del idioma

Había sido un día maravilloso caminando por todo el Este de Kyoto y estábamos orgullos pero agotados de haber caminado tanto. Mr. Viking compró unas cervezas Ahashi y una cocoa para el más pequeño del clan y celebramos en la comodidad de nuestro departamento.

**Gina

 

Kyoto:expectativa vs realidad en Higashiyama

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Bajamos por algunas calles tranquilas hacia el distrito histórico de Higashiyama, considerado una de las zonas mejor conservadas de todo Japón. Según varios sitios de viaje y la secretaria de turismo del país, Higashiyama es el lugar ideal para experimentar el Kyoto antiguo.

Bajo tan hermosa promesa seguimos caminando felices hasta que llegamos a otra de las grandes puertas de Kyoto, la del templo Chion-in. Con sus 24 metros de altura y 50 metros de largo, Chion-in es la puerta de madera más grande de Japón y una de las más antiguas (1600 d.C.)

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Poderosa naturaleza

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Gran puerta Sanmon de Chion-in 

Empezamos a notar un poco más de gente de la acostumbrada cuando llegamos al Altar Yakasa, con sus colores rojos vibrantes que nos recordaron a los de Fushimi Inari Taisha. Muchos japoneses se encontraban conversando y tomando el sol en el adyacente Parque Maruyama repleto de árboles de cerezo en estado de reposo.

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Baberitos  a los Budas

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Gran Puerta Torii de Heian

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Altar Yakasa

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Altar Yakasa

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Músico local

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Parque Maruyama

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Parque Maruyama

Eran un poco antes de las tres de la tarde cuando nos adentramos al famoso Higashiyama. La densidad de los visitantes aumentaba por cada metro que dábamos hacia el templo de Kiyomizu, tanto, que hubo un momento en el que si nos deteníamos seríamos arrastrados por centenares de pequeños japoneses y sus pesadas cámaras fotográficas. Muy acertadamente Mr. Viking decidió utilizar la carta mágica de nuestros viajes y pidió un beer break (descanso cervecero) en el primer bar casual que encontramos. Para nuestra fortuna, el bar también servía los panes al vapor que tanto nos habían gustado en Takayama así que aprovechamos para almorzar por segunda vez como buenos Hobbits que somos.

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Pagoda Yakasa en Higashiyama

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Una de las pocas calles tranquilas

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Todos quieren foto de la Pagoda

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Todas las jóvenes quieren selfies en Higashiyama

En Higashiyama había una infinidad de comercios, desde los meramente turísticos los cuales rebosaban de gente, hasta las artesanías más finas como la joyería y la cerámica. También había fotógrafos especializados en tomar fotos de jóvenes vestidas de geishas pues seguramente con menos gente, Higashiyama ofrece el escenario ideal para sesiones de fotos.

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En Higashiyama

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Higashiyama

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Higashiyama

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Escapamos de la gente por otros caminos menos concurridos

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Justo enfrente de la entrada a Kiyomizu-dera

Finalmente, estábamos ante los pies del templo de Kiyomizu.

Continuará…

**Gina

Kyoto: Templo Nanzen-ji

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Google Maps fue nuestro amigo en esta ocasión. Nos guió a través de las calles y algunas avenidas hacia el templo de Nanzenji, a unos 30 minutos a pie de Ginkakuji. El área que comprende Nanzenji es tan grande que Google Maps nos indicaba varias puertas de acceso con muchos metros de diferencia. Escogimos la que parecía tener menos escalones (no por flojera sino por la carreola) y entramos a este lugar sagrado.

Confieso que no sabíamos mucho de lo que veríamos pues únicamente lo visitamos por estar en la ruta entre Ginkakuji y el distrito histórico de Higashiyama, éste último muy mencionado en las recomendaciones de viaje a Japón. Para Copito nuestra ignorancia era irrelevante y él más bien quería saludar de nuevo a Buda, quien a esas alturas del viaje era ampliamente mencionado en sus conversaciones. Nos dirigimos entonces al que parecía el edificio más alto e imponente del lugar: la gran Puerta Sanmon.

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Sanmon de Nanzenji en Kyoto

La actual puerta Sanmon data de 1628 y fue erigida en honor a los combatientes fallecidos en la Batalla de Osaka. Es considerada una de las tres grandes puertas de Kyoto junto con las de Chion-in y Higashi Hongan-ji. En el segundo piso, al cual se accede subiendo unas empinadas escaleras, está un oratorio y algunos relucientes Budas. Lo mejor de subir, sin embargo, es gozar de las hermosas vistas de los templos secundarios y el paisaje cercano a ellos.

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Subiendo escaleras 

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Templos de Nanzenji

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Les presumo mi autobús, dijo Copito

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Copito y una pareja muy japonesa con celular y cámara en mano

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Gozando en el balcón de Sanmon

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Templos de Nanzenji

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Budas en el altar

Enfrente de Sanmon encontramos el templo Hatto (templo de Dharma) que no estaba abierto al público y del cual solo pudimos admirar sus exquisitas pinturas. Caminamos hacia un acueducto de tipo occidental el cual fue construido en los tiempos de la Restauración Meiji en la segunda mitad del siglo XIX. Algunos visitantes se aventuraban a caminar en lo alto del acueducto para verificar hasta donde llegaba pero nosotros preferimos imaginarlo desde una zona seguro. Copito y las alturas no se mezclan.

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Pinturas en el techo de Hatto

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Copito era el único sin cámara en esos momentos

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Acueducto de Nanzenji

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Acueducto construido durante la Restauración Meiji

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Traia agua desde lejos hasta Kyoto

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Les sigo presumiendo mi autobús, dijo Copito

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Monjes y fieles caminando

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El acueducto desde el bosque cercano

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¡Soy feliz!

En Nanzenji hay muchos templos secundarios con bellísimos jardines que están abiertos al público pero nosotros preferimos seguir nuestro camino hasta Higashiyama y el templo de Kiyomizu. Era ya el medio día y cominos todo lo que compramos en el supermercado enfrente de la salida del templo. Nos esperaba otra larga caminata más al sur y necesitábamos cargarnos de energía suficiente para ello. Los vikingos que me acompañaban se dividieron el rico postre de chocolate y proseguimos nuestro recorrido con nuestro amigo Google.

Continuará..

**Gina

Kyoto: El templo de plata Ginkaku-ji

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Antes de empezar la reseña del día, quisiera comentar lo increíblemente fácil que es moverse en transporte público en Japón. Todo está perfectamente señalado, todo es limpio, los pasajeros son respetuosos y hasta los baños de las estaciones parecen salidos de las plazas comerciales de lujo en mi país México. El transporte público es a prueba de idiotas, a menos que el visitante confunda una K con un G. Pero díganme, ¿a poco no se parecen los nombres de Kinkakuji y Ginkakuji?. Después de resolver nuestra confusión en la estación del metro pudimos abordar tranquilamente el autobús que nos llevaría a Ginkakuji, el pabellón plateado.

Este es el templo que nos había recomendado el amigable chef de la pizzería Goichi durante nuestra primera noche en Kyoto. Según él, a pesar de que Kinkakuji recibe toda la atención, Ginkakuji era igualmente de hermoso y con un jardín magnífico. Sus palabras fueron muy ciertas y disfrutamos mucho estar en esa zona de la ciudad y poder ver esta obra maestra de la arquitectura Zen.

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La calle que conducía al Ginkakuji

Antes de entrar al templo, compramos los suministros suficientes en un supermercado local. Te, cocoa, agua, sandwiches, fruta y galletas fueron nuestro combustible por una modesta cantidad de dinero. Sabíamos que nos esperaba un largo día caminando por el Oriente de Kyoto y no queríamos que ningún miembro de la Yucafamily sintiera esa hambre destructora del buen humor.

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Jardín del Ginkakuji

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Estética Zen

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Templo en Ginkakuji

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Estanque en Ginkakuji

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Probando suerte en el estanque

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Jardin Zen

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Vista desde lo alto del cerro en Ginkakuji

El origen de Ginkakuji se sitúa en el año 1482 cuando el shogun Ashikaga Yoshimasa construyó una villa para pasar el resto de sus días, siguiendo el ejemplo de su abuelo Yoshimitsu quien había mandado construir Kinkakuji. Aunque es mejor conocido por el nombre de Ginkakuji, su nombre formal es Higashiyama Jisho-ji. Yoshimasa pasó toda su vida construyendo Ginkakuji y aunque su plan original era cubrir el templo Kannon-den con láminas de plata, esto nunca se llevó a cabo.

La parte más espectacular del templo es sin duda el jardín, en donde la belleza de todas las estaciones es adaptada para brindar al espectador una atmósfera de profunda espiritualidad.

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Mami, despertaré a las deidades

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Ding Dong

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Quería meditar ahí

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Jardin de arena y piedra

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Caminos pacíficos en Ginkakuji

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Templo de Ginkakuji

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Admirando el jardín en Ginakuji. Atrás una representación del Monte Fuji en arena.

Saliendo del templo nos encontramos con muchos señores de la tercera edad haciendo caminata por el famoso “Camino del Filósofo”, una calle que conduce de Ginkakuji a Nanzen-ji, un templo más al sur de Kyoto. Durante la primavera, este camino se inunda de colores rosas provenientes de los árboles de cerezo y por ello muchos visitantes lo recorren siguiendo los pasos del filósofo Nishida Kitaro. Ese día de invierno, el camino lucía más bien seco aunque no por ello menos inspirador a filosofar.

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El Camino del Filósofo

Cuarenta minutos después, llegamos a Nanzenji, un templo del cual no sabíamos nada pero estaba en la ruta hacia el distrito histórico de Higashiyama.

Continuará…

**Gina

 

Entre ciervos y Budas en Nara, Japón

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O como yo le digo, “el día que Copito le hizo Hi-five a Buda”…

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¡Hi-five Buda! (reproducción de la mano del Gran Buda de Nara)

Partimos de la estación de Kyoto hacia la ciudad de Nara, al sur de Kyoto, a bordo del tren de JR Nara Line Rapid Service. Estos trenes son más parecidos a un metro pues los asientos no se pueden reservar y hay espacio suficiente para ir parado en los extremos de los vagones. El trayecto duró alrededor de 50 minutos, mismos que Copito utilizó para “platicar” con un niño japonés y su abuelita sobre sus trenes de juguete. Como ya les había comentado, en los metros de Japón no es muy común platicar pero Copito ignoró dicha regla de etiqueta en todos los trenes que subió por más “shhhhhh” que su madre le decía. Creo que fue disculpado por los silenciosos japoneses por tratarse de un niño pequeño proveniente de otra cultura pues siempre encontró sonrisas más que miradas desaprobadoras como respuesta a sus conversaciones.

La estación de JR en Nara, se encuentra ubicada a un kilómetro de Kofuku-ji, un templo rodeado de grandes áreas verdes y en el cual tuvimos nuestro primer acercamiento con los venados de Nara. De acuerdo a la leyenda, la deidad Takemikazuchi-no-mikoto se apareció montando un venado blanco en el Monte Mikasa y desde entonces los venados con considerados animales sagrados en la ciudad. Matar a un ciervo fue considerado como un crimen cuyo castigo era la muerte hasta el siglo XVII. Hoy en día son orgullo de la ciudad y son protegidos como Tesoro Nacional, misma denominación que se les da a los edificios más importantes de Japón.

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Kofuku-ji

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Pagoda de Kofoku-ji

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Kofoku-ji

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Alimentando ciervos

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¿Que le dirá Copito al venado?

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Eran amigables pero golosos

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¿No tienes comida?, ¡no nos interesas! dijeron los ciervos

Copito fue muy feliz alimentando a los ciervos con unas galletas especialmente hechas para ellos. Estas galletas se vendían cerca de los templos y costaban unos 150 yenes. Lo complicado era poder dar a un solo ciervo una galleta como lo pudo constatar Mr. Viking. Los golosos animales se acercaban en montones apenas veían que alguien sostenía un paquete de galletas. Además, parecían tener alguna fijación con el papel pues nos robaron y mordisquearon nuestro mapa y otros folletos que sosteníamos. Después de esto, no nos atrevimos a comer nada cuando divisábamos algún venado pues aunque los cervatillos eran pequeños y curiosos, los más grandes me resultaban un poco intimidantes.

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Danos galletita, hombre blanco

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Los venados me robaron mi folleto

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Danos comida, mujer

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Copito descansando con un ciervo

Un señor japonés le enseñó a Copito a hacer que los ciervos hagan una reverencia antes de comer su galleta y le regaló un lindo origami que nos acompañó hasta el final de nuestro viaje.

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Con el señor que nos ayudó a darles de comer

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Feliz con su origami

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¡mmmm qué rico!

Continuamos caminando por el Nara Park, una inmensa area verde en medio de la ciudad en donde más venados se encontraban descansando y paseando por doquier. Nuestro objetivo era conocer al Daibutsu (Gran Buda) del templo de Toda-ji y algunos templos secundarios detrás de él. Para llegar a su gran puerta de entrada tuvimos que esquivar a miles de turistas, venados, vendedores ambulantes y uno que otro gato en el camino. La calle estaba tan concurrida que no nos fijamos que había un acceso con rampa (útil para subir la carreola) hasta después de cruzar la Puerta Nandaimon.

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Nara Park

Naidamon es la puerta al Daibutsuden, el templo principal donde se encuentra el Gran Buda. Este pórtico de madera, así como las estatuas de los guerreros que la flanquean son considerados también Tesoro Nacional de Japón. Los ciervos seguían siendo parte del paisaje y únicamente los dejamos de ver cuando llegamos a la taquilla del Daibutsuden. Al parecer los venados nos son bienvenidos en el patio del Gran Buda para tranquilidad de nuestros panfletos y nuestros boletos de entrada al templo.

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Naidamon

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Naidamon

El Daibutsuden fue construido en el año 752 d.C como sede de los templos budistas de Japón cuando Nara era la antigua capital del imperio. El actual edificio data de 1692 y es una reconstrucción pues el orinal fue consumido por el fuego y los terremotos. El actual es uno de los edificios de madera más grandes del mundo a pesar de que es dos tercios del tamaño del templo original. Su habitante principal, el Daibutsu, es uno de los Grandes Budas de Japón junto con el de Kamakura y Takaoaka, entre otros. Está hecho de bronce, mide 15 metros de altura y pesa 500 toneladas. ¡Impresionante!. Solo para que se den cuenta de las dimensiones del Gran Buda les dejo las siguientes fotografías.

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Daibutsuden

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Copito y el Daibutsuden

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Mami, ya quiero ver a Buda

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Detalles del Daibutsuden

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El Gran Buda

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Hermoso Buda

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Copito diciéndole hola al otro Buda

Daibutsu no se encuentra solo en el templo sino que está acompañado de varios Bodisatvas así como de dos guardianes con apariencia feroz y algunas réplicas de las edificaciones originales. Copito aprendió a venerar a Buda rápidamente aunque estaba más interesado en atravesar el orificio de uno de los pilares del templo. Este orificio mide exactamente lo mismo que la fosa nasal del Gran Buda y se cree que todo aquel que lo logre atravesar será iluminado en su próxima vida. “Challenge accepted” habrá pensado Copo de Nieve, quien con mucha agilidad atravesó sin ningún problema el agujero ante las risas de los turistas.

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Los Budas

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Reproducción del templo Daibutsen original

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Buda dorado

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Haciendo su ofrenda a Buda

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Mirada llena de admiración

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Uno de los guerreros guardianes

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No creo que alguien quiera pelear con ellos

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Obteniendo su iluminación

Nos despedimos del Daibutsu no sin antes comprar el que hasta el día de hoy es uno de los talismanes preferidos de Copito: dos pequeñísimos Budas a los cuales llama tiernamente “Buda y Budita” sus compañeros en sus historias fantásticas sobre trenes y autobuses en Japón.

Seguimos nuestro recorrido cuesta arriba en la montaña hasta llegar a Nigatsu-do y otros templos. Dado que no había venados a la vista pudimos comer unos sandwiches en el bosque con tranquilidad. Solo nos observaban unos cuantos Budas perdidos por los caminos a quienes los monjes les habían colocado agua para beber. Los Budas sin duda son muy sanos pues seguramente a las deidades de mi país les hubiesen colocado una que otra bebida etílica para mejorar su ánimo.

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Nigatsu-do

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Despertando deidades con el resonar de las campanas

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Bajando el cerro detrás de Toda-ji

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Una puerta sintoísta

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Descansado en Hooke-do

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Buda y su vaso de agua

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Otro Buda en el bosque

Era hora ya de regresar a la estación de Nara y Copito le dijo adiós a cuanto venadito vio. Esa noche volvimos a cenar en un restaurante de Yodobashi pues su precio nos había parecido muy accesibles para la inmensa cantidad de comida servida. Mientras su padre engullía un enorme steak, Copito era feliz viendo su comida servida de una manera muy original: en un carro de juguete. El apetito le surgió por sus ojos pues se acabó prontamente la mayor parte de ese platillo tan curioso.

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¡Qué rica y divertida comida!

Había llegado la hora de descansar y soñar con con el Gran Buda abordando un shinkansen.  Imágenes que solo pueden originarse en la imaginación de un niño.

**Gina

Monte Shosha y el Templo Engyoji

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Tuvimos un momento Lost in Translation al salir del castillo buscando el paradero del autobús que nos llevaría a nuestro siguiente destino. Primero, no encontrábamos algún lugar en donde vendieran algo salado para merendar ni siquiera en las tiendas que se encontraban afuera del castillo. Había helados, galletas de helado, caramelos, miles de dulces y miles de máquinas de refresco y café pero NADA salado. Sin nuestros antojos saciados y nuestros estómagos tristes nos dirigimos al que pensamos que era el paradero del autobús hacia la estación del teleférico del Monte Shosha. Después de 15 minutos de espera sabíamos que algo andaba mal. Consultamos los tableros con los horarios y oh-oh, nos habíamos equivocado de paradero. Para nuestra fortuna, una señora japonesa nos indicó el paradero adecuado y pronto, ya nos encontrábamos en el autobús. Fue un trayecto algo largo, alrededor de 40 minutos hacia el final de la ruta. Copito era feliz viendo a la gente timbrar, pagar, subir y bajar, dormirse etc. Se sentía como en la canción Wheel on the bus en vivo y a todo color. Su madre mientras tanto dormía una siesta involuntaria causada por las pastillas que se había tomado contra su recién adquirido resfriado.

Mt. Shosha es la montaña más alta de Himeji y alberga el complejo de templos de Engyoji. Para llegar a este lugar sagrado es necesario tomar un teleférico que en escasos cuatro minutos sube a 210 metros de altura. En esos minutos por los aires se puede apreciar una hermosa vista de la ciudad de Himeji que provocó uno que otro suspiro en la Yucafamily. A bordo del teleférico solo se encontraban unas cuatro personas más quienes al desembarcar desaparecieron en el bosque más rápido que lo que nosotros encontrábamos los sanitarios.

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Listos para subir al Monte Shosha

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El teleférico que sube al Monte Shosha

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Todo es kawaii en Japón, incluyendo los teleféricos

De la estación del teleférico a la entrada al complejo de templos caminamos unos 20 minutos en el bosque cuesta arriba y con la carreola. El camino era un poco inclinado por lo que a pesar de ser invierno y estar a unos 8 grados centígrados empezamos a acalorarnos con nuestros abrigos. En algún momento del camino nos perdimos por la falta de señalización pero afortunadamente unos trabajadores nos indicaron el camino al templo principal llamado Maniden. En el Monte Shosha no hay acceso a vehículos motorizados salvo a los de proveedores y monjes. Esto le daba un ambiente muy pacífico y espiritual sobre todo cuando el viento soplaba y solo podíamos escuchar a los árboles y a nosotros mismos (pensando, por supuesto, lo que íbamos a comer más tarde).

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En el camino al templo

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Bajando y subiendo en el camino al Maniden

El complejo de templos Engyoji fue fundado en el año 966 d.C por un sacerdote budista llamado Shoku quien recibió una iluminación espiritual por parte de Monju, la deidad de la Sabiduría y el Intelecto. Monju le dijo al sacerdote que todo aquel que subiera al Monte Shosha sería purificado en cuerpo y en espíritu. Con semejante promesa, la Yucafamily estaba dispuesta a sudar la gota gorda y alcanzar su purificación, o por lo menos, quemar las calorías suficientes de una gran cena en algún restaurante de Kyoto.

Nuestras tripas crujían cuando llegamos finalmente al templo Maniden. Un enorme helado y algunas maquinas de refresco era la señal universal de que había una pequeña tienda en donde comprar algo digerible. Mientras los adultos nos acercamos tímidamente hacia los estantes, Copito ya se había adueñado de un paquete de galletas de harina de arroz que sabían a… NADA. Creo que las empleadas habrán visto nuestras fauces babear ante sus sartenes pues nos ofrecieron disfrutar unos mochis recién preparados y de te verde en su establecimiento. Los mochi, unos pastelitos hechos de arroz y rellenos de jalea, nos supieron a comida de dioses y nos llenaron de energía suficiente para subir las docenas de escaleras en el templo Maniden.

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Mmmm Helado

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A subir las escaleras

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Copito era más rápido que yo

La historia de Maniden, el templo principal del Monte Shosha, se remonta al año 970 d.C. Está dedicado a la diosa de la misericordia después de que el monje Shoku vislumbró una ninfa celestial adorando un árbol de cerezo. Desafortunadamente, en 1921 el templo se incendió. El actual edificio se terminó en 1932 y es uno de los 33 templos de peregrinación en el Japón occidental. Este fue quizás el lugar más sagrado y solemne que visitamos en todo Japón pues cuando estábamos admirando su bellísima arquitectura, los monjes y algunos fieles empezaron las oraciones de la tarde.

Maniden se construyó con una arquitectura similar al templo de Kiyomizu en Kyoto, aunque como ya les relataré más adelante, la diferencia era el abrumador número de visitantes en éste último. Por el contrario, solo un puñado de peregrinos japoneses estaban con nosotros respirando aire divino y puro en Maniden.

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Maniden, en Engyoji

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Impresionante Maniden

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Un dragón

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Escultura de un Buda famélico

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Interiores de Maniden

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Detrás del altar mayor

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Guardianes del templo

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Buda

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El techo bellamente decorado

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El balcón del templo Maniden

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Campana e incienso

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Símbolos budistas

Otra de las razones por la cual son famosos los templos Engyoji, es la película protagonizada por Tom Cruise,  The Last Samurai (2003), que fue parcialmente filmada en el templo Daikodo, más arriba en la montaña. Desgraciadamente, nosotros no pudimos llegar a este lugar pues las piernitas de Copito ya no pudieron caminar ningún kilómetro adicional a los ya recorridos.

Eran un poco más de las 5:00pm cuando regresamos a la estación del teleférico. Sabíamos que nos esperaba un largo regreso a Kyoto (teleférico, autobús y shinkansen) pero no pudimos resistir descansar con unos merecidos refrescos en una terraza arriba de la estación. Ahí le dijimos adiós a la montaña sagrada y a sus nobles Budas.

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Vista de Himeji desde el techo de la estación del teleférico

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El horizonte de Himeji

Esa noche cenamos en la maravillosa tienda Yodobashi ubicada frente a la estación central de Kyoto. Primero que nada déjenme explicar la razón de mi enamoramiento con la tienda Yodobashi en Kyoto. Contrario a su versión en Tokyo, la tienda de Kyoto estaba mucho menos concurrida y era posible recorrer cómodamente sus pasillos en búsqueda de todo aquello que se puedan imaginar. Todo para cámaras digitales, SRLs, electrodomésticos, televisores, computadoras, ropa, juguetes, artículos deportivos, de viaje, souvenirs, etc. Ahí compramos la última noche algunos juguetes para Copito y su padre, una maleta adicional y algunas cosas para nuestro humilde hogar.  En el último de los 8 pisos se ubican tanto restaurantes de comida japonesa como occidental. Ahí cenamos tres de nuestras siete noches en Kyoto debido a que la mayoría de los restaurantes eran de tipo familiar y ofrecían un amplio menú apetecible para niños. Si hay algo que extrañe de Japón, a parte de su gente respetuosa, es sin duda Yodobashi.

Pancitas llenas y corazones emocionados, nos fuimos a dormir al departamento, listos para nuestro siguiente destino: Nara.

**Gina