Bergen en verano: Mt. Floyen

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Según mis registros fotográficos y mi bitácora de viaje, los primeros dos días en la casa de los abuelos en Bergen no hicimos nada más que ser consentidos. Es decir, comimos, bebimos y dormimos todo lo que quisimos. También hicimos cosas cotidianas como ir a centros comerciales y conseguir las réplicas de medio de medios de transporte que tanto le gustan a Copito y que son prácticamente imposibles de conseguir en México. Lo que a continuación les quiero relatar es lo sucedido durante nuestro tercer día en Noruega.

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Soy niño grande y ya alcanzo el booster de mis primos

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Uno de los muchos puentes en los alrededores de Bergen

Habíamos planeado tramitar la renovación del pasaporte noruego de Copito en Knarvik, un poblado cercano debido a que los diarios locales advertían de filas interminables en las oficinas de Bergen. Para nuestra sorpresa y prueba a nuestra cordura y salud mental cuando llegamos a Knarvik la fila parecía INTERMINABLE. Era peor que las filas de los supermercados en Navidad, peor que las de Zara en una rebaja y peor que los tumultos en el metro de la Ciudad de México. Ok, no para tanto pero ya captan la idea. Traté de ser positiva y leí unas cincuenta páginas del libro que había llevado, platiqué con una señora que quería practicar su español, caminé con Copito por los alrededores pero al cabo de un par de horas y viendo que el número de los turnos avanzaba a paso de tortuga perdí las esperanzas. ¡A ese paso, nos atenderían en cinco días!. Decidimos entonces abortar la misión y obtener el pasaporte otro día ya sea en Noruega o en la Embajada de Noruega en la Ciudad de México.

Era una tarde de verano y el sol lo sabía. Brillaba tímidamente en el cielo pero al menos no llovía como lo hace el 90% del año en Bergen. Nadie en su sano juicio quería quedarse en casa o en el interior así que nos dirigimos a la atracción más visitada de la ciudad: Mount Fløyen. Ya habíamos visitado Mt. Floyen en varias ocasiones pero como les relaté la vez anterior, podría visitarlo miles de veces sin aburrirme de las extraordinarias vistas de la ciudad.

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Nos bajamos antes del paradero para decirle hola a Bryggen

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Bryggen, Patrimonio de la Humanidad

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Algunos edificios del centro de Bergen de camino al funicular a Floyen

En esta ocasión nos enfrentamos a otra nueva fila: la del funicular para subir a Mt. Floyen. Esta era la primera vez que subíamos la montaña en temporada de cruceros (junio-septiembre) cuando por lo menos 3,000 personas visitan la ciudad diariamente. Aún así, la fila me pareció bastante organizada y avanzaba con relativa rapidez. En menos de 45 minutos ya nos encontrábamos disfrutando de la gloriosa vista en la cima en compañía de mucha gente mayor proveniente de los barcos.

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oh-oh primera vez que vemos fila en el funicular al Mt. Floyen

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La mayoría eran cruceristas

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Esperando abordar el siguiente funicular

Era la primera vez que visitábamos Floyen en verano con Copito y el ambiente era muy diferente a las veces anteriores. Eran vacaciones y muchos niños se encontraban jugando en parque ubicado detrás del restaurante. Éste también se encontraba abierto aunque no tenía tantos comensales como me lo imaginé en un día tan bello. Supongo que los cruceristas consideran carísimo tomarse una cerveza de 80 coronas por más hermosa que sea la vista y es que para cualquiera que no sea de Escandinavia, los precios de esta región del mundo parecen salidos de una novela de terror.

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Desde el mirador de Mt. Floyen

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Vista de la ciudad de Bergen

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Los vikingos

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Cuando el hambre llega no hay poder ni precio que los detenga

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Yucafamily en Floyen 2016

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Cruceros y más cruceros

Como era de esperarse, el wafle y el jugo que había comido en la cafetería hicieron de las suyas en el torrente sanguíneo de Copito. Rebosaba de energía y, desde luego, insistió en pasar un tiempo en el parque en compañía de muchos niños noruegos y extranjeros. Jugó, jugó y jugó que es lo mejor que sabe hacer. Es realmente hermoso ver como los niños juegan sin ninguna distinción de raza, religión, nivel socioeconómico o nacionalidad. Copito les dirigía algunas palabras en español aunque ninguno lo entendiera pero eso no les impedía perseguirse y hacer turnos en las resbaladillas y en los columpios. Incluso se llamaban para jugar en el sube y baja a pesar de la barrera del idioma.

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Parque de Floyen

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Era hora de jugar

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Parque en la cima del Monte Floyen

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Practicando para ser un gran escalador

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En los parques no hay distinciones de nacionalidad: ¡todos juegan!

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¡Qué miedo! un troll

Caminamos de vuelta al centro de Bergen para seguir disfrutando del buen clima de la tarde. La primera parte fue un camino pavimentado de muy fácil pendiente en donde muchos noruegos estaban haciendo ejercicio  a esas horas de la tarde (4:00pm). Como siempre, me sorprendió la tenacidad de los habitantes del norte para hacer ejercicio en el exterior llueva, truene o haya mucho viento. Había personas de la tercera edad, monumentales mujeres, vikingos de corazón, mamás con carreolas, niños preescolares, en fin, todos dispuestos a estirar sus piernas y acelerar el corazón.

Paseamos un poco por las calles menos concurridas del centro, en donde solo la gente local se encontraba relajándose después del trabajo. A esa hora, todos los cruceristas ya se habían ido y Bergen adquirió de nuevo ese ambiente provincial que tanto atrae a todos los visitantes.

En alrededor de una hora, ya nos encontrábamos en Bryggen, en el corazón de la ciudad, en donde los adultos nos tomamos una cerveza y Copito fue recompensado con un muffin. Y así fue como concluyó nuestro primer día turístico en la ciudad natal de Mr. Viking.

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Una iglesia antigua en el centro de Bergen

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Típicos edificios del centro de Bergen

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Restaurante mexicano en Bergen

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Noruegos quejándose de Nouega

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Estación central de Bergen

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El parque de la ciudad

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Alguien estaba muy feliz con su muffin

**Gina