Kyoto: El popular Templo de Kiyomizu

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En la entrada del templo tuvimos un momento parecido a lo que sufren todos los que vistan el Taj Mahal. Ese momento en el que te das cuenta que como tú, hay miles de personas queriendo tomar una buena foto de ellos mismos ante el monumento al amor, empujándote discretamente para ocupar un buen lugar o sacando esos infernales monopods para selfies. De igual manera, las postales de Kiyomizu siempre reflejan paz y serenidad pero en ese momento distaban mucho de la realidad bulliciosa y concurrida. Eran centenares de personas las que se encontraban con nosotros admirando esa bellísima obra arquitectónica de madera y, para nuestra buena fortuna, la mayoría eran japoneses respetuosos del espacio personal.

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Entrando al templo de Kiyomizu

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Muchos turistas en el templo de Kiyomizu

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El clima no podía ser mejor ese día

Kiyomizu-dera es un templo budista considerado Patrimonio Cultural por la UNESCO y fue finalista del concurso de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.  El templo principal, fundado en 1633, tiene un gran balcón desde el cual se aprecia la ciudad de Kyoto en todo su esplendor. Cuando vi la cantidad de personas que estaban ahí temí que en cualquier momento colapsaría pero después leímos que este balcón fue construido de gran tamaño para poder acoger una gran cantidad de peregrinos.

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Horizonte de Kyoto desde el balcón de Kiyomizu-dera

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Grupos de turistas gozan de las vistas en el templo de Kiyomizu

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¿Quién se atreve a saltar desde lo alto de Kiyomizu?

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Así se ve el templo desde el costado 

Copito dormía una corta siesta posiblemente derivada de haber subido muchísimas escaleras en los otros templos y sus jardines. Se perdía de la gran vista de la ciudad y sus pagodas, bosques y puertas Torii. Según la creencia, le será concedido un deseo a la persona que salte desde el balcón y sobreviva la caída de 13 metros. Según los registros, se han llevado a cabo 234 personas saltaron de los cuales 85% sobrevivieron. Posiblemente el deseo pedido por parte de estas personas era… ¿recuperar la movilidad de sus piernas?. Por supuesto, hoy en día saltar desde Kiyomizu está prohibido.

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Una pequeña pagoda enfrente de Kiyomizu-dera

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Vista desde la pagoda

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Grandes postes sostienen a todo Kiyomizu y sus peregrinos

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Alguien se acababa de despertar de su siesta

Le dijimos adiós a este popular sitio y nos encaminamos, algo cansados, a nuestro hotel. Estábamos a unos 3.5 kilómetros de distancia, los cuales fueron muy agradables en ese clima seco y frío. Pasamos por un altar llamado Toyokuni en donde no había más almas que las de nosotros. Copito se dedicó a jugar con algunos niños en el parque que se encontraba enfrente del altar hasta que nuestros estómagos empezaron a pedir alimentos.

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Entre los niños no hay la barrera del idioma

Había sido un día maravilloso caminando por todo el Este de Kyoto y estábamos orgullos pero agotados de haber caminado tanto. Mr. Viking compró unas cervezas Ahashi y una cocoa para el más pequeño del clan y celebramos en la comodidad de nuestro departamento.

**Gina

 

Kyoto: Templo Nanzen-ji

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Google Maps fue nuestro amigo en esta ocasión. Nos guió a través de las calles y algunas avenidas hacia el templo de Nanzenji, a unos 30 minutos a pie de Ginkakuji. El área que comprende Nanzenji es tan grande que Google Maps nos indicaba varias puertas de acceso con muchos metros de diferencia. Escogimos la que parecía tener menos escalones (no por flojera sino por la carreola) y entramos a este lugar sagrado.

Confieso que no sabíamos mucho de lo que veríamos pues únicamente lo visitamos por estar en la ruta entre Ginkakuji y el distrito histórico de Higashiyama, éste último muy mencionado en las recomendaciones de viaje a Japón. Para Copito nuestra ignorancia era irrelevante y él más bien quería saludar de nuevo a Buda, quien a esas alturas del viaje era ampliamente mencionado en sus conversaciones. Nos dirigimos entonces al que parecía el edificio más alto e imponente del lugar: la gran Puerta Sanmon.

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Sanmon de Nanzenji en Kyoto

La actual puerta Sanmon data de 1628 y fue erigida en honor a los combatientes fallecidos en la Batalla de Osaka. Es considerada una de las tres grandes puertas de Kyoto junto con las de Chion-in y Higashi Hongan-ji. En el segundo piso, al cual se accede subiendo unas empinadas escaleras, está un oratorio y algunos relucientes Budas. Lo mejor de subir, sin embargo, es gozar de las hermosas vistas de los templos secundarios y el paisaje cercano a ellos.

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Subiendo escaleras 

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Templos de Nanzenji

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Les presumo mi autobús, dijo Copito

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Copito y una pareja muy japonesa con celular y cámara en mano

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Gozando en el balcón de Sanmon

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Templos de Nanzenji

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Budas en el altar

Enfrente de Sanmon encontramos el templo Hatto (templo de Dharma) que no estaba abierto al público y del cual solo pudimos admirar sus exquisitas pinturas. Caminamos hacia un acueducto de tipo occidental el cual fue construido en los tiempos de la Restauración Meiji en la segunda mitad del siglo XIX. Algunos visitantes se aventuraban a caminar en lo alto del acueducto para verificar hasta donde llegaba pero nosotros preferimos imaginarlo desde una zona seguro. Copito y las alturas no se mezclan.

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Pinturas en el techo de Hatto

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Copito era el único sin cámara en esos momentos

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Acueducto de Nanzenji

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Acueducto construido durante la Restauración Meiji

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Traia agua desde lejos hasta Kyoto

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Les sigo presumiendo mi autobús, dijo Copito

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Monjes y fieles caminando

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El acueducto desde el bosque cercano

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¡Soy feliz!

En Nanzenji hay muchos templos secundarios con bellísimos jardines que están abiertos al público pero nosotros preferimos seguir nuestro camino hasta Higashiyama y el templo de Kiyomizu. Era ya el medio día y cominos todo lo que compramos en el supermercado enfrente de la salida del templo. Nos esperaba otra larga caminata más al sur y necesitábamos cargarnos de energía suficiente para ello. Los vikingos que me acompañaban se dividieron el rico postre de chocolate y proseguimos nuestro recorrido con nuestro amigo Google.

Continuará..

**Gina

Kyoto: El templo de plata Ginkaku-ji

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Antes de empezar la reseña del día, quisiera comentar lo increíblemente fácil que es moverse en transporte público en Japón. Todo está perfectamente señalado, todo es limpio, los pasajeros son respetuosos y hasta los baños de las estaciones parecen salidos de las plazas comerciales de lujo en mi país México. El transporte público es a prueba de idiotas, a menos que el visitante confunda una K con un G. Pero díganme, ¿a poco no se parecen los nombres de Kinkakuji y Ginkakuji?. Después de resolver nuestra confusión en la estación del metro pudimos abordar tranquilamente el autobús que nos llevaría a Ginkakuji, el pabellón plateado.

Este es el templo que nos había recomendado el amigable chef de la pizzería Goichi durante nuestra primera noche en Kyoto. Según él, a pesar de que Kinkakuji recibe toda la atención, Ginkakuji era igualmente de hermoso y con un jardín magnífico. Sus palabras fueron muy ciertas y disfrutamos mucho estar en esa zona de la ciudad y poder ver esta obra maestra de la arquitectura Zen.

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La calle que conducía al Ginkakuji

Antes de entrar al templo, compramos los suministros suficientes en un supermercado local. Te, cocoa, agua, sandwiches, fruta y galletas fueron nuestro combustible por una modesta cantidad de dinero. Sabíamos que nos esperaba un largo día caminando por el Oriente de Kyoto y no queríamos que ningún miembro de la Yucafamily sintiera esa hambre destructora del buen humor.

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Jardín del Ginkakuji

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Estética Zen

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Templo en Ginkakuji

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Estanque en Ginkakuji

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Probando suerte en el estanque

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Jardin Zen

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Vista desde lo alto del cerro en Ginkakuji

El origen de Ginkakuji se sitúa en el año 1482 cuando el shogun Ashikaga Yoshimasa construyó una villa para pasar el resto de sus días, siguiendo el ejemplo de su abuelo Yoshimitsu quien había mandado construir Kinkakuji. Aunque es mejor conocido por el nombre de Ginkakuji, su nombre formal es Higashiyama Jisho-ji. Yoshimasa pasó toda su vida construyendo Ginkakuji y aunque su plan original era cubrir el templo Kannon-den con láminas de plata, esto nunca se llevó a cabo.

La parte más espectacular del templo es sin duda el jardín, en donde la belleza de todas las estaciones es adaptada para brindar al espectador una atmósfera de profunda espiritualidad.

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Mami, despertaré a las deidades

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Ding Dong

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Quería meditar ahí

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Jardin de arena y piedra

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Caminos pacíficos en Ginkakuji

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Templo de Ginkakuji

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Admirando el jardín en Ginakuji. Atrás una representación del Monte Fuji en arena.

Saliendo del templo nos encontramos con muchos señores de la tercera edad haciendo caminata por el famoso “Camino del Filósofo”, una calle que conduce de Ginkakuji a Nanzen-ji, un templo más al sur de Kyoto. Durante la primavera, este camino se inunda de colores rosas provenientes de los árboles de cerezo y por ello muchos visitantes lo recorren siguiendo los pasos del filósofo Nishida Kitaro. Ese día de invierno, el camino lucía más bien seco aunque no por ello menos inspirador a filosofar.

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El Camino del Filósofo

Cuarenta minutos después, llegamos a Nanzenji, un templo del cual no sabíamos nada pero estaba en la ruta hacia el distrito histórico de Higashiyama.

Continuará…

**Gina