Bergen en días comunes y corrientes

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Sería un poco redundante escribir sobre las caminatas diarias que la Yucafamily realizó en Bergen después de nuestro regreso de Ytre Sula y Cracovia. Nuestra meta siempre era la misma: caminar por lo menos 10 kilómetros al centro de la ciudad o bien, de montaña a montaña. En una ocasión llegamos a los 15 kilómetros incluyendo subidas y bajadas de dos montañas de altura moderada aunque he de confesar que nos resultaba muy fácil debido a que eran senderos citadinos de asfalto. Como Copito no podía caminar el mismo número de kilómetros, él fue ayudado por su antigua carreola por trayectos aunque pronto nos daríamos cuenta que este sería el último viaje para este medio de transporte. Pies y energías infantiles han aflorado al máximo en los últimos meses.

Aquí les dejo un collage de fotos de nuestras caminatas por la bella Bergen.

**Gina

 

Bergen en verano: Mt. Floyen

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Según mis registros fotográficos y mi bitácora de viaje, los primeros dos días en la casa de los abuelos en Bergen no hicimos nada más que ser consentidos. Es decir, comimos, bebimos y dormimos todo lo que quisimos. También hicimos cosas cotidianas como ir a centros comerciales y conseguir las réplicas de medio de medios de transporte que tanto le gustan a Copito y que son prácticamente imposibles de conseguir en México. Lo que a continuación les quiero relatar es lo sucedido durante nuestro tercer día en Noruega.

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Soy niño grande y ya alcanzo el booster de mis primos

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Uno de los muchos puentes en los alrededores de Bergen

Habíamos planeado tramitar la renovación del pasaporte noruego de Copito en Knarvik, un poblado cercano debido a que los diarios locales advertían de filas interminables en las oficinas de Bergen. Para nuestra sorpresa y prueba a nuestra cordura y salud mental cuando llegamos a Knarvik la fila parecía INTERMINABLE. Era peor que las filas de los supermercados en Navidad, peor que las de Zara en una rebaja y peor que los tumultos en el metro de la Ciudad de México. Ok, no para tanto pero ya captan la idea. Traté de ser positiva y leí unas cincuenta páginas del libro que había llevado, platiqué con una señora que quería practicar su español, caminé con Copito por los alrededores pero al cabo de un par de horas y viendo que el número de los turnos avanzaba a paso de tortuga perdí las esperanzas. ¡A ese paso, nos atenderían en cinco días!. Decidimos entonces abortar la misión y obtener el pasaporte otro día ya sea en Noruega o en la Embajada de Noruega en la Ciudad de México.

Era una tarde de verano y el sol lo sabía. Brillaba tímidamente en el cielo pero al menos no llovía como lo hace el 90% del año en Bergen. Nadie en su sano juicio quería quedarse en casa o en el interior así que nos dirigimos a la atracción más visitada de la ciudad: Mount Fløyen. Ya habíamos visitado Mt. Floyen en varias ocasiones pero como les relaté la vez anterior, podría visitarlo miles de veces sin aburrirme de las extraordinarias vistas de la ciudad.

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Nos bajamos antes del paradero para decirle hola a Bryggen

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Bryggen, Patrimonio de la Humanidad

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Algunos edificios del centro de Bergen de camino al funicular a Floyen

En esta ocasión nos enfrentamos a otra nueva fila: la del funicular para subir a Mt. Floyen. Esta era la primera vez que subíamos la montaña en temporada de cruceros (junio-septiembre) cuando por lo menos 3,000 personas visitan la ciudad diariamente. Aún así, la fila me pareció bastante organizada y avanzaba con relativa rapidez. En menos de 45 minutos ya nos encontrábamos disfrutando de la gloriosa vista en la cima en compañía de mucha gente mayor proveniente de los barcos.

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oh-oh primera vez que vemos fila en el funicular al Mt. Floyen

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La mayoría eran cruceristas

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Esperando abordar el siguiente funicular

Era la primera vez que visitábamos Floyen en verano con Copito y el ambiente era muy diferente a las veces anteriores. Eran vacaciones y muchos niños se encontraban jugando en parque ubicado detrás del restaurante. Éste también se encontraba abierto aunque no tenía tantos comensales como me lo imaginé en un día tan bello. Supongo que los cruceristas consideran carísimo tomarse una cerveza de 80 coronas por más hermosa que sea la vista y es que para cualquiera que no sea de Escandinavia, los precios de esta región del mundo parecen salidos de una novela de terror.

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Desde el mirador de Mt. Floyen

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Vista de la ciudad de Bergen

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Los vikingos

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Cuando el hambre llega no hay poder ni precio que los detenga

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Yucafamily en Floyen 2016

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Cruceros y más cruceros

Como era de esperarse, el wafle y el jugo que había comido en la cafetería hicieron de las suyas en el torrente sanguíneo de Copito. Rebosaba de energía y, desde luego, insistió en pasar un tiempo en el parque en compañía de muchos niños noruegos y extranjeros. Jugó, jugó y jugó que es lo mejor que sabe hacer. Es realmente hermoso ver como los niños juegan sin ninguna distinción de raza, religión, nivel socioeconómico o nacionalidad. Copito les dirigía algunas palabras en español aunque ninguno lo entendiera pero eso no les impedía perseguirse y hacer turnos en las resbaladillas y en los columpios. Incluso se llamaban para jugar en el sube y baja a pesar de la barrera del idioma.

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Parque de Floyen

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Era hora de jugar

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Parque en la cima del Monte Floyen

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Practicando para ser un gran escalador

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En los parques no hay distinciones de nacionalidad: ¡todos juegan!

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¡Qué miedo! un troll

Caminamos de vuelta al centro de Bergen para seguir disfrutando del buen clima de la tarde. La primera parte fue un camino pavimentado de muy fácil pendiente en donde muchos noruegos estaban haciendo ejercicio  a esas horas de la tarde (4:00pm). Como siempre, me sorprendió la tenacidad de los habitantes del norte para hacer ejercicio en el exterior llueva, truene o haya mucho viento. Había personas de la tercera edad, monumentales mujeres, vikingos de corazón, mamás con carreolas, niños preescolares, en fin, todos dispuestos a estirar sus piernas y acelerar el corazón.

Paseamos un poco por las calles menos concurridas del centro, en donde solo la gente local se encontraba relajándose después del trabajo. A esa hora, todos los cruceristas ya se habían ido y Bergen adquirió de nuevo ese ambiente provincial que tanto atrae a todos los visitantes.

En alrededor de una hora, ya nos encontrábamos en Bryggen, en el corazón de la ciudad, en donde los adultos nos tomamos una cerveza y Copito fue recompensado con un muffin. Y así fue como concluyó nuestro primer día turístico en la ciudad natal de Mr. Viking.

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Una iglesia antigua en el centro de Bergen

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Típicos edificios del centro de Bergen

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Restaurante mexicano en Bergen

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Noruegos quejándose de Nouega

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Estación central de Bergen

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El parque de la ciudad

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Alguien estaba muy feliz con su muffin

**Gina

Bergen en días soleados: Mount Fløyen

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El sol brillaba sobre Bergen cuando regresamos del Norway in a Nutshell por lo que no podíamos desperdiciar esa tarde en casa.

Caminamos unas cuantas cuadras hacia la estación del funicular que sube a la montaña más visitada de Bergen, Mount Fløyen. El funicular cuesta 43 coronas y en tan solo 8 minutos transporta a los visitantes a una altura de 320 metros.

La vista es simplemente fantástica. He visitado Fløyen todas las ocasiones que hemos estado en Bergen y puedo asegurarles que siempre me sorprendo. Me encanta ver a la gente de todas las edades reunidas para disfrutar del paisaje, tomar el sol, platicar con amigos, hacer ejercicio y, en temporada alta, tomar una cerveza en el restaurante ubicado en la cima.

Esta fue la segunda ocasión que Copito visitó Fløyen. La primera fue en enero del 2013 y la temperatura era de 0 grados por lo que no pudimos estar por mucho tiempo en la cima. Esta vez, Copito corrió por doquier y acarició a todos sus amigos perrunos que se encontraban tomando el sol con sus dueños.

Los galanes en sus dominios

Los galanes en sus dominios

Bergen en todo su esplendor

Bergen en todo su esplendor

La ciudad de Bergen desde lo alto de Fløyen

La ciudad de Bergen desde lo alto de Fløyen

Copito y su madre disfrutando del paisaje

Copito y su madre disfrutando del paisaje

La Yucafamily en en la cima de Mount Fløyen

La Yucafamily en en la cima de Mount Fløyen

Decidimos bajar la montaña caminando para hacer un poco de ejercicio y disfrutar del rico clima. No fuimos los únicos que hacían eso pues en el camino encontramos a muchos ciudadanos corriendo y pedaleando como si compitiesen pronto en algunos Juegos Olímpicos. Copito se entretuvo viendo a los varios perros que se ponían en forma también.

Colores de otoño

Colores de otoño

Caminando cuesta abajo

Caminando cuesta abajo

El sol se empieza a ocultar

El sol se empieza a ocultar

Bellos recuerdos en Fløyen

Bellos recuerdos en Fløyen

¡Cuidado con la bruja!

¡No insultes a la bruja!

Habían muchos lugares para apreciar el paisaje y relajarse

Habían muchos lugares para apreciar el paisaje y relajarse

Empezamos a ver civilización a la mitad del camino. Las casas en ese rumbo son muy hermosas y costosas debido a su excelente ubicación. Nuestra carreola viajera aguantaba fielmente el empedrado de las calles aunque ya en este punto empezábamos a notar que no resistiría mucho tiempo más.

Cuando llegamos nuevamente al centro nos pareció que Egon nos llamaba de manera tentadora. No nos resistimos mucho tiempo a sus encantos y a sus ricas cervezas. Después de todo, era hora de consentir al estómago.

**Gina