Escuchando mis pensamientos en Ytre Sula

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Llegar hasta la isla de Ytre Sula, en donde la hermana menor de Mr.Viking estaba construyendo su nueva casa, fue parte de la aventura de experimentar la tranquila vida rural de Noruega. Desde Bergen, nos fuimos en caravana por casi dos horas hasta el poblado de Rutledal en donde esperamos al ferry de mediano tamaño que nos llevaría a la Isla de Sula. De ahí, cruzamos un puente hasta la Isla de Steinsundøyna y otro más hasta la Isla de Rånøyna en donde finalmente tomamos un pequeño ferry hasta la Isla de Ytre Sula. Todo este recorrido nos tomó más de tres horas, entre carretera, esperas de ferry e interminables curvas cerradas en carriles para un solo vehículo. Mr. Viking demostró una vez más, ser el conductor más experimentado que conozco llevándonos y trayéndonos sanos y salvos como lo ha hecho siempre.

Los paisajes como siempre eran dignos de muchos WOW. O como le dicen los traductores más tradicionales: GUAU. Pasamos parte de la carretera E39, cuyos paisajes me habían hecho suspirar la primera vez que visité Noruega. Mi primera impresión se mantuvo ocho años después y me da la impresión que Noruega es un paraíso en donde la Madre Naturaleza todavía reina sobre nosotros los pequeños humanos. Incluso los caminos de asfalto se rinden hacia la inmensidad de los paisajes y lo que tomaría dos horas en otros países, en Noruega toma cinco pero con muchas recompensas visuales. Un horizonte espléndido se esconde después de cada puente, de cada túnel y de cada curva. Únicamente bastaba mirar hacia todos los puntos para descubrir una nueva razón de asombro: ríos caudalosos, cascadas estruendosas, montañas nubosas y bosques infinitos que sin duda, son la mejor muestra de la armonía entre los noruegos y su naturaleza.

Incluso hubo un momento en el que la acción más cotidiana de este mundo, cargar gasolina, se convirtió en una oportunidad para admirar un tranquilo lago y un poblado sumergido en la profundidad de un valle. Me imaginaba qué se sentiría caminar todos los días gozando tal belleza en lugar de edificios y calles congestionadas de automóviles y peatones.

Los paisajes de Ytre Sula son tan extraños como su nombre. Las formaciones rocosas parecían salidas de alguna mente imaginativa y fantasiosa. En la mía, los cerros de piedra gris no eran sino los antiguos trolls petrificados pues incluso durante mis largas caminatas me parecía ver los perfiles de sus rostros. Tal vez en la noche despertaban para jugar pues me resultaba extraño que hubiera tantas rocas solitarias de gran tamaño en los lugares menos imaginados. ¿Tal vez eran sus pelotas?.

La sencillez de la vida cotidiana se apoderó de la Yucafamily durante los cinco días de estancia en Ytre Sula. Nos hospedamos en una cabaña dando al mar y cada mañana, la familia extendida nos visitaba. Platicamos, bebimos y comimos mucho y no recuerdo haber extrañado el Internet salvo en las mañanas cuando quería leer el periódico online. Copito jugó con sus primas todos los días y se volvió un experto en montar su recién adquirido monopatín. También demostró ser un explorador nato del medio ambiente pues para mi asombro era mil veces mejor que yo subiendo los cerros y encontrando el mejor lugar para pisar. Aún en las pendientes más inclinadas Copito parecía un Legolas lleno de gracia y elegancia mientras que su madre batallaba como un Gimli en las irregularidades del terreno. “¡Tú puedes, mami!” me alentaba cada vez que veía mi dificultad para subir. Sin duda, un momento bochornoso para la Gina adulta pero lleno de orgullo para la Gina mamá.

Dos de las mañanas, Mr. Viking se llevó de pesca a Copito, quien disfrutó mucho esa actividad e inclusive obtuvo una presa. También realizaron una trampa para cangrejos, que fueron nuestra cena poco después. Igualmente, visitamos los pocos núcleos poblacionales de apenas una docena de casas. En Ytre Sula hay aproximadamente 240 habitantes esparcidos en un territorio de 35 kilómetros cuadrados así que lo que más les sobra a la gente es espacio.

Dos de los días caminé solitariamente por la isla. Tomé mi teléfono, mi fiel cámara, mi rompevientos y algo de dinero dispuesta a caminar, por lo menos, 10 kilómetros. Mi meta fue siempre superada con creces pues el clima maravilloso y la peculiaridad del paisaje me hacían olvidar la distancia recorrida. Imaginaba cosas maravillosas, recordaba todas las experiencias únicas que había vivido en los últimos años aunque también aparecieron algunos eventos tristes en mis pensamientos. La soledad durante estas caminatas fue necesaria para escucharme a mí misma aunque esta reflexión incluyera aspectos negativos. Sin embargo, al final no sentía ninguna pesadumbre emocional. Al contrario, me sentía muy satisfecha y feliz de haber llegado a mi objetivo y ser recibida por muchos besos y abrazos de mi familia quienes se mostraban deseosos de conocer mis andanzas por la isla.

Antes de dirigirnos a Bergen, hicimos una breve parada en la isla de Sula en donde caminamos parte del sendero Ramnenipa junto con la tía de Copito. Ella nos comentó que en el barnehage (preescolar) se le da mucha importancia al ejercicio físico y sus hijas menores de cinco años ya habían realizado el recorrido de 5 kilómetros durante una salida escolar. Nosotros no pudimos llegar al final pues teníamos que apresurarnos para llegar al ferry hacia tierra firme. Los estómagos de los vikingos estaban deseosos de recibir los hot-dogs, waffles, hot cakes con brunost y helado que vendían en la cafetería del ferry y que, aunque usted no lo crea, sabían muy delicioso después de un largo día de regreso a casa. Y fue así que le dijimos “hasta luego” a las Islas de Solund.

**Gina

Bergen en verano: Mt.Ulriken

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Cuando no llueve en Bergen la ciudad es un paraíso para explorar. Calles hermosas y tranquilas, siete montañas para caminar, parques en donde hacer picnic, etc. Grandes bosques dividen las zonas de la ciudad así que el color verde abunda por doquier lo que siempre es una fuente de regocijo. Desafortunadamente, la lluvia se apodera de la ciudad casi tres cuartas partes del año por lo que aconsejo a cualquier visitante que siempre vaya prevenido para esas condiciones. Es como si los dioses hubieran dicho que una ciudad no puede tenerlo todo (gente bella, calles limpias, paisajes espectaculares….) y la hayan castigado con tanta precipitación. En fin, los descendientes de los vikingos son gente fuerte y resistente y ninguna lluvia les evita salir a jugar, a hacer ejercicio o a actividades más banales como ir de compras.

Afortunadamente, ese jueves no llovía. El cielo lucía muy gris pero los pronósticos meteorológicos solo amenazaban con llovizna ligera en la tarde. Fuimos entonces a la estación del teleférico del Monte Ulriken, una de las siete montañas de Bergen dispuestos a pasar una mañana en los dominios de los trolls. Nosotros habíamos tomado prestado un automóvil a la familia de Mr. Viking pero los visitantes pueden llegar a la estación tomando un autobús turístico desde la oficina de turismo en el centro. Ignoro si en esta misma oficina se pueden comprar los boletos para el teleférico pero en la estación se pueden adquirir a través de máquinas expendedoras.

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El teleférico (cable car) a Ulriken

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Vistas desde el cable car

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Vistas desde Ulriken

En esta ocasión tuvimos mucha más suerte que la vez anterior y aunque el cielo no era azul ni el sol brillaba, al menos se podía apreciar el horizonte citadino. Tampoco comimos nada en el restaurante que se encuentra en la cima y más bien, nos dedicamos a jugar en las nuevas áreas que construyeron para los niños. Me parece excelente que cada día haya más opciones lúdicas para los más pequeños de la familia y que éstas promuevan el ejercicio y retos físicos más exigentes como el equilibrio y la coordinación.

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Pequeño patriota

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Jugando en sogas de equilibrio

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“Ufffff ya me cansé”

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Jugando en plena naturaleza salvaje

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En la cima de Ulriken

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“Esto luce muy divertido” dijo Copito

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“¡Y lo es!”

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Ejercitando sus bracitos

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Felices por una visita más a la montaña

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¡Feliz!

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Ahí se puede comer pero esa mañana había mucho frío

Una vez satisfecha nuestra necesidad de aire puro bajamos de vuelta a la civilización. En nuestra próxima visita a Bergen, Mr. Viking me ha prometido que me acompañará a la caminata Vidden que va del Monte Ulriken al Monte Floyen el cual seguramente debe ser una experiencia llena de vistas memorables y ejercicio garantizado. Mientras tanto, en el 2016 nos esperaba un largo fin de semana con toda la familia en las Islas de Solund y era hora de hacer maletas y comprar lo necesario para la travesía. Pero esa es otra historia…

**Gina

 

Bergen en verano: Mt. Floyen

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Según mis registros fotográficos y mi bitácora de viaje, los primeros dos días en la casa de los abuelos en Bergen no hicimos nada más que ser consentidos. Es decir, comimos, bebimos y dormimos todo lo que quisimos. También hicimos cosas cotidianas como ir a centros comerciales y conseguir las réplicas de medio de medios de transporte que tanto le gustan a Copito y que son prácticamente imposibles de conseguir en México. Lo que a continuación les quiero relatar es lo sucedido durante nuestro tercer día en Noruega.

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Soy niño grande y ya alcanzo el booster de mis primos

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Uno de los muchos puentes en los alrededores de Bergen

Habíamos planeado tramitar la renovación del pasaporte noruego de Copito en Knarvik, un poblado cercano debido a que los diarios locales advertían de filas interminables en las oficinas de Bergen. Para nuestra sorpresa y prueba a nuestra cordura y salud mental cuando llegamos a Knarvik la fila parecía INTERMINABLE. Era peor que las filas de los supermercados en Navidad, peor que las de Zara en una rebaja y peor que los tumultos en el metro de la Ciudad de México. Ok, no para tanto pero ya captan la idea. Traté de ser positiva y leí unas cincuenta páginas del libro que había llevado, platiqué con una señora que quería practicar su español, caminé con Copito por los alrededores pero al cabo de un par de horas y viendo que el número de los turnos avanzaba a paso de tortuga perdí las esperanzas. ¡A ese paso, nos atenderían en cinco días!. Decidimos entonces abortar la misión y obtener el pasaporte otro día ya sea en Noruega o en la Embajada de Noruega en la Ciudad de México.

Era una tarde de verano y el sol lo sabía. Brillaba tímidamente en el cielo pero al menos no llovía como lo hace el 90% del año en Bergen. Nadie en su sano juicio quería quedarse en casa o en el interior así que nos dirigimos a la atracción más visitada de la ciudad: Mount Fløyen. Ya habíamos visitado Mt. Floyen en varias ocasiones pero como les relaté la vez anterior, podría visitarlo miles de veces sin aburrirme de las extraordinarias vistas de la ciudad.

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Nos bajamos antes del paradero para decirle hola a Bryggen

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Bryggen, Patrimonio de la Humanidad

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Algunos edificios del centro de Bergen de camino al funicular a Floyen

En esta ocasión nos enfrentamos a otra nueva fila: la del funicular para subir a Mt. Floyen. Esta era la primera vez que subíamos la montaña en temporada de cruceros (junio-septiembre) cuando por lo menos 3,000 personas visitan la ciudad diariamente. Aún así, la fila me pareció bastante organizada y avanzaba con relativa rapidez. En menos de 45 minutos ya nos encontrábamos disfrutando de la gloriosa vista en la cima en compañía de mucha gente mayor proveniente de los barcos.

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oh-oh primera vez que vemos fila en el funicular al Mt. Floyen

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La mayoría eran cruceristas

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Esperando abordar el siguiente funicular

Era la primera vez que visitábamos Floyen en verano con Copito y el ambiente era muy diferente a las veces anteriores. Eran vacaciones y muchos niños se encontraban jugando en parque ubicado detrás del restaurante. Éste también se encontraba abierto aunque no tenía tantos comensales como me lo imaginé en un día tan bello. Supongo que los cruceristas consideran carísimo tomarse una cerveza de 80 coronas por más hermosa que sea la vista y es que para cualquiera que no sea de Escandinavia, los precios de esta región del mundo parecen salidos de una novela de terror.

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Desde el mirador de Mt. Floyen

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Vista de la ciudad de Bergen

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Los vikingos

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Cuando el hambre llega no hay poder ni precio que los detenga

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Yucafamily en Floyen 2016

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Cruceros y más cruceros

Como era de esperarse, el wafle y el jugo que había comido en la cafetería hicieron de las suyas en el torrente sanguíneo de Copito. Rebosaba de energía y, desde luego, insistió en pasar un tiempo en el parque en compañía de muchos niños noruegos y extranjeros. Jugó, jugó y jugó que es lo mejor que sabe hacer. Es realmente hermoso ver como los niños juegan sin ninguna distinción de raza, religión, nivel socioeconómico o nacionalidad. Copito les dirigía algunas palabras en español aunque ninguno lo entendiera pero eso no les impedía perseguirse y hacer turnos en las resbaladillas y en los columpios. Incluso se llamaban para jugar en el sube y baja a pesar de la barrera del idioma.

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Parque de Floyen

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Era hora de jugar

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Parque en la cima del Monte Floyen

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Practicando para ser un gran escalador

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En los parques no hay distinciones de nacionalidad: ¡todos juegan!

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¡Qué miedo! un troll

Caminamos de vuelta al centro de Bergen para seguir disfrutando del buen clima de la tarde. La primera parte fue un camino pavimentado de muy fácil pendiente en donde muchos noruegos estaban haciendo ejercicio  a esas horas de la tarde (4:00pm). Como siempre, me sorprendió la tenacidad de los habitantes del norte para hacer ejercicio en el exterior llueva, truene o haya mucho viento. Había personas de la tercera edad, monumentales mujeres, vikingos de corazón, mamás con carreolas, niños preescolares, en fin, todos dispuestos a estirar sus piernas y acelerar el corazón.

Paseamos un poco por las calles menos concurridas del centro, en donde solo la gente local se encontraba relajándose después del trabajo. A esa hora, todos los cruceristas ya se habían ido y Bergen adquirió de nuevo ese ambiente provincial que tanto atrae a todos los visitantes.

En alrededor de una hora, ya nos encontrábamos en Bryggen, en el corazón de la ciudad, en donde los adultos nos tomamos una cerveza y Copito fue recompensado con un muffin. Y así fue como concluyó nuestro primer día turístico en la ciudad natal de Mr. Viking.

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Una iglesia antigua en el centro de Bergen

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Típicos edificios del centro de Bergen

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Restaurante mexicano en Bergen

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Noruegos quejándose de Nouega

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Estación central de Bergen

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El parque de la ciudad

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Alguien estaba muy feliz con su muffin

**Gina

Amsterdam: NEMO science museum

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Al día siguiente del paseo a los molinos de viento, fue turno de consentir al científico que todos llevamos dentro. Habíamos visto el enorme edificio del museo NEMO desde el primer día. Era imposible no fijarse en él, con su brillante color esmeralda y su terraza lleno de gente tomando el sol a todas horas. Ese edificio exudaba modernidad desde lo lejos lo cual no era para nada chocante con las edificaciones mucho más antiguas del resto de Amsterdam. Era una construcción innovadora para los más jóvenes de la familia: pensado y dedicado a ellos y a su aprendizaje en forma lúdica y experimental.

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El NEMO science museum desde el mar

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Vista de camino al museo

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Decidimos hacer ejercicio y subir todos los escalones

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Maravillándonos con los barcos del Museo Marítimo

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¡Viva! ya casi en la entrada, nomás nos faltan otros 50 escalones

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Era un bello día para estar en la azotea del NEMO

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ENERGETICA, la azotea gratuita del NEMO

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Copito generando energía al girar esos artefactos

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Ahora sí, a descansar un segundo

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Jugando en la azotea del NEMO

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¿Me puedo bañar aquí?

El NEMO science museum vale con creces los 15 euros de la entrada. Es un museo de primer mundo con cinco pisos llenos de actividades para niños y niños de corazón. Copito disfrutó en particular los primeros dos, dedicados a la física y la química general. Los otros dos pisos trataban sobre el cuerpo y mente humana, temas que todavía no despertaban tanto interés en él. El último piso, la azotea del museo, se llama ENERGETICA y el el paraíso de los pequeños curiosos que gustan de cansarse subiendo y bajando los miles de escalones y creando energía con el movimiento de sus cuerpos, del aire y del agua. Toda una experiencia a lo Big Bang Theory.

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Jalando con todas sus fuerzas

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Jugando y aprendiendo con imanes

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Generando energía

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Yo también quise probar mi fuerza

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Y el niñote también…

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Prestando atención

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¿Qué planeta conquistar?

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Energía

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La pelota es sostenida por el aire

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¡Era difícil!

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Cómo llegar al razonamiento científico

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Desde pequeños pueden aprender

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Sus amigos los números

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El globo terráqueo de la verdad

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Para que los pasajeros no se quejen de hacer curvas en las rutas aéreas

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Un museo lleno de color

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Simulador de automóviles

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Una selfie de la Yucafamily

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Mucha luz

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Auto eléctrico

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Una actividad muy simple y adictiva: pegar triángulos en el tablero

Después de nuestra visita de aproximadamente tres horas visitamos la fabulosa tienda del museo en donde deseé entender holandés pues había muchos libros para despertar la curiosidad científica en los niños. También había muchos juguetes educativos de los cuales escogimos un cohete hecho de metal e imanes con el que Copito se entretuvo todo el resto del viaje.

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Museo marítimo enfrente del NEMO

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Un bello barco réplica del Museo Marítimo

Había terminado la primera parte de nuestra visita a los Países Bajos. En Noruega ya nos esperaban farmor y farfar con todos sus manjares, cerveza Hansa y lechita de chocolate. Pero antes, nos faltaba una última espera en el aeropuerto de Schipol que afortunadamente ha entendido que áreas de juego significa niños contentos y padres relajados. Unas horas más tarde le dijimos hallo a nuestra querida familia noruega.

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¡Es un avión de juguete, papá!

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¿Qué habrá adentro?

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Vista desde la terraza del aeropuerto de Schipol

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¡Eso había dentro del avión de juguete!

**Gina

Una tarde en Arashiyama

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Confieso que al llegar a Arashiyama, al oeste de Kyoto, no teníamos muchas intenciones de visitar más templos. Nuestro deseo era conocer el famoso bosque de bambú que tanto aparece en las postales del país del sol naciente y caminar sin rumbo fijo en este Sitio de Belleza Escénica, según el gobierno de Japón. Como era de esperarse para esas horas de la tarde, nos acompañaban un considerable número de turistas pero, siendo la mayoría japoneses, la cordialidad se imponía en las aglomeradas calles.

Todos los lugares de interés en Arashiyama se encuentran a una corta distancia de la estación del tren eléctrico excepto el Iwatayama Monkey Park, el cual está al otro lado del río Oi. El bosque de bambú y algunos templos se encuentran a unos metros de la estación así como el largo puente Togetsukyo desde el cual gozamos de hermosas vistas a las montañas cercanas al poblado.

El bosque de bambú es la atracción más conocida de Arashiyama. Es lo bastante grande como para que cualquier turista encuentre algún lugar semi-vacío para sentir la paz del sonido de estos altos arboles cuando se mueven con el viento. Los rickshaws también pasaban entre la gente dándole a todo el paseo un aire tradicional y divertido.

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Bosque de bambú

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¡Qué altos!

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El sol se esconde

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No podía faltar la foto del recuerdo

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Bambú

El murmullo del bambú y la gente hizo que Copito durmiera su siesta a esa hora. Nos dirigimos entonces a un mirador que  según algunos letreros en inglés estaba ubicado a 700 metros cuesta arriba. La recompensa a nuestro gasto calórico fue disfrutar de esta hermosa vista al río y las montañas.

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El río Oi

Nuestro estómago comenzaban a rugir y era hora de encontrar algún lugar para calmar a las bestias estomacales. Cruzamos el puente en dirección al Monte Arashi y comenzamos a explorar los restaurantes de la zona. Todos parecían muy tradicionales como para entrar con un Copito durmiendo o un Copito furioso por haber sido despertado de su siesta. No queríamos perder mucho el tiempo decidiendo así que compramos unos bento boxes enfrente de una estación de tren e hicimos un improvisado picnic en un parque cercano.

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Colores en invierno

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Colores en invierno

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Colores en invierno

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Cruzando el río Oi

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Antes de llegar al Monkey Park

Copito despertó hambriento y goloso, seguramente debido al olor del pan de chocolate que Mr. Viking estaba a punto de ingerir. El mayor de los vikingos tuvo que compartir su postre y una vez que todos estuvimos satisfechos nos dirigimos al Iwatayama Monkey Park.

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Precio y horarios del Iwatayama Monkey Park

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¿Escaleras al cielo?

Eran alrededor de las 4:00o pm cuando empezamos a subir la montaña. En la entrada nos advirtieron que tardaríamos alrededor de 20 minutos hasta donde se encontraban los monos. Esos 20 minutos se traducen a 40 al paso de un niño pequeño así que empezamos prontamente la caminata. Otros viajeros nos pasaban velozmente y otros que bajaban le daban ánimos a Copito diciéndole que ya faltaba poco para que viera a los monos.

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¡Tú puedes, Copito!

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El sol se oculta

Finalmente llegamos a la cima del Monte Arashiyama. Los macacos japoneses jugaban por doquier y sus cuidadores vigilaban que ninguno de ellos atacara alguna de las gigantescas cámaras SRL con las que los visitantes tomaban centenares de fotos. Las advertencias eran claras: debíamos de guardar una distancia de tres metros con los macacos, no mirarlos a los ojos o agacharnos a su nivel. Todas las advertencias fueron explicadas a Copito aunque aún así uno de los monos se acercó peligrosamente hacia él, creemos por su estatura poco intimidante. En la cima también está un refugio totalmente cerrado desde el cual se puede alimentar a los macacos con cacahuates y frutas y comprar alimentos y bebidas para los agotados Homo sapiens. 

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Copito orgulloso de haber llegado a la cima

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Macacos traviesos

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Espulgándose

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Muy pensativo

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Kyoto desde lo alto del Monte Arashiyama

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¡Dame cacahuates, Homo sapiens!

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Monos golosos

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Alimentado macacos

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¡Dame!

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Su mirada lo dice todo

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Alimentado un bebé macaco

Antes de bajar la montaña y dirigirnos a la estación de tren, Copito y un puñado de jóvenes que trataban de emular sus hazañas, jugaron en una enorme resbaladilla. Muy felices bajamos tranquilamente los casi tres kilómetros los cuales se nos hicieron considerablemente menos pesados que los caminados cuesta arriba.

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weeeeee

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Copito el valiente

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Un parquecito tranquilo

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Fue más fácil bajar

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Últimas escaleras

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Cruzando el puente hacia la estación de trenes

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Feliz, como siempre

Para regresar a nuestro departamento, tomamos el tren línea San-in en la estación de JR Saga-Arashiyama. En 15 minutos ya estábamos nuevamente en el centro de Kyoto listos para comprar algo delicioso para la cena.

Al día siguiente nos esperaba uno de los castillos más hermosos de todo Japón, pero esa es otra historia…

**Gina

Kyoto: Ninna-ji, un templo de herencia imperial

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Llegamos hasta el monumental Ninnaji unos 45 minutos después de haber salido de Kinkakuji. Nos sentíamos unos verdaderos enanos al cruzar la gran puerta llamada Niomon, flanqueada por dos guardianes con cara enojada y que, tan solo de verlos, evitaron que cierto niño de tres años hiciera sus travesuras en presencia de Buda.

Como siempre, dejamos la carreola en el lugar designado por los empleados y nos adentramos a este espacio sagrado. La entrada al templo fue gratuita y únicamente pagamos 500 yenes por cada adulto para conocer el Goten, descrito más adelante.

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Puerta Nomon

En los siglos VIII y IX muchos nobles imperiales construyeron sus villas veraniegas en las colinas al oeste de Kyoto. Estos nobles eran seguidores del Budismo Amida y posteriormente muchas de sus villas fueron convertidas en templos. Durante este periodo, el Emperador Koko ordenó  la construcción de un templo en honor al Buda Amida en el Monte Ouchiyama pero murió antes de ver terminar su legado. Su hijo, el Emperador Uda, completó esta obra y, al cumplir 31 años, abdicó para convertirse en el sacerdote principal de este templo. A partir de entonces, fue tradición que uno de los hijos del Emperador fungiría como abad en Ninnaji lo que lo convirtió en uno de los templos más prestigiados de todo Japón.

Hoy en día, Ninnaji es la sede de la escuela Omuro de la secta Shingon del Budismo.

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Pagoda de cinco pisos

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Puerta Niomon desde la puerta Chumon

En el siglo XV un gran incendio durante un guerra destruyó gran parte del templo. Las estructuras actuales datan del siglo XVII cuando el príncipe Kakushin, con patrocinio del Shogunado, reconstruyó el templo. Desde 1994, Ninnaji es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto con otros dieciocho lugares más.

La estrella de Ninnaji es el Goten, la residencia del sacerdote principal, construido al más puro estilo imperial. No recuerdo cuantos suspiros realicé durante nuestra visita pero todo el complejo era uno de los edificios más bellos que había visto en mi vida. Todo destilaba elegancia, desde sus hermosos pasillos de madera, su altar reluciente, sus puertas corredizas decoradas y sobre todo, su espléndido jardín con estanque y área seca.

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Bellas pinturas en el interior del Goten

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Pinturas en las puertas corredizas

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Quiero un recibidor así

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Pintura en las paredes

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Altar a Buda

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Pequeño Buda

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Jardin de roca

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Caminar ahí nos brindaba paz

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Hermosos pasillos cubiertos

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En donde mirase había belleza

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Estanque

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Un edificio del complejo

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Las puertas de acceso

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Explorando las habitaciones

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¿En qué pensaba Copito?

Todo era bello. Todo. Pero era hora de partir a nuestro siguiente destino: el distrito de Arashiyama. Le dijimos adiós al pacífico templo y caminamos tres cuadras hasta la estación de Omuro-Ninnaji (línea Dentetsu-Kitano) para abordar el pequeño tren eléctrico que nos llevaría hasta la estación de Katabiranotsuji. De ahí abordaríamos otro tren eléctrico más corto (línea Dentetsu-Arashiyama) hasta la estación de Arashiyama. La ruta es mucho más fácil que pronunciar los nombres de la estaciones y todo está perfectamente indicado en inglés o a algún amable japonés podrá indicarle el anden correcto.

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Brrrrr ¡qué frío!

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Trenes eléctricos Randen (Dentetsu)

Ahora sí, hora de explorar uno de los paisajes más emblemáticos de Japón.

Continuará…

**Gina