Hiroshima Peace Memorial Park

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Tomamos de vuelta la línea Sanyo para visitar brevemente el Peace Memorial Park en la ciudad de Hiroshima. No fue necesario llegar nuevamente a la estación central de Hiroshima pues desde la estación Yokogawa pudimos abordar un moderno tranvía hacia la estación Gembaku Dome-mae que se encuentra justo enfrente del famoso Domo de la Bomba Atómica.

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El Domo de la Bomba Atómica cruzando un puente hacia el Peace Memorial Park

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En el Peace Memorial Park

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La llama de la paz siempre viva

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El cenotafio del Peace Memorial Park

Quiero ahora comentarles lo mucho que creo en señales divinas o del destino. Desde que comencé a planear el viaje a Japón quise conocer el Museo de la Paz (Peace Memorial Museum) y ver con mis propios ojitos los artefactos sobrevivientes de la bomba atómica. Aunque sabía que se trataba de un museo deprimente y desgarrador, quería adentrarme al evento que cambió el curso de la humanidad para siempre. Sin embargo, el museo no es para niños pequeños. Ya sabía que algunas exposiciones eran muy gráficas como para exponer a Copito a ello así que desde que llegué a Hiroshima sabía que tendríamos que omitir el museo de nuestro itinerario. Pues bien, bajamos en la estación Gembaku Dome-mae y empezamos a caminar por el Peace Memorial Park. El viento era fresco y como símbolo de su nombre, el parque rebozaba de paz y aire puro. Cuando dejamos de escuchar la perorata de Copito (quien siempre está hablando y jugando) supimos que nuestro vástago había ido a visitar el Pais de los Sueños por unas cuantas horas. Él dormía plácidamente en su carreola, soñando seguramente en el tranvía que le había gustado mucho subirse. Entonces, le propuse a Mr. Viking que visitáramos el museo mientras Copito hacía su siesta pues seguramente todos los dioses y semi-dioses de este mundo habían confabulado para que lo visitara.

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El Museo de la Paz

La amabilidad japonesa fue extraordinaria en el Museo. Todos los empleados nos recibieron con una enorme sonrisa y nos guiaron por las diferentes salas de exhibición. Copito ni siquiera se percató de que entró al lugar pues todo era 100% accesible en silla de ruedas o carreola. El Museo cuesta una ínfima cantidad, creo unos 50 yenes si mi memoria no me falla. En sus diferentes salas describe y exhibe el preámbulo de la guerra, la bomba, algunos artefactos sobrevivientes, la ciencia detrás de Little Boy (la bomba que cayó sobre Hiroshima) y la parte más gráfica: los efectos de la bomba sobre el ser humano. Se muestran cortos documentales sobre los sobrevivientes, sobre la ciudad y su reconstrucción. Por supuesto, el propósito del museo no es únicamente recordar este trágico evento de la historia humana sino concientizar a los visitantes sobre los efectos devastadores que las armas atómicas pueden tener sobre el mundo.

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Vista del Memorial Peace Park desde una de las ventanas del Museo

No tomé fotos en el interior del Museo pues considero que para eso está el sitio oficial y miles de páginas de internet sobre el asunto. Además se trató de una visita llena de silencio pues absolutamente NADIE hablaba mientras observaba las exposiciones. ¡Creo que no había ningún norteamericano ruidoso y gritón!. Para nosotros esto era aún más favorecedor pues Copito dormía arrullado por los susurros.

No me acuerdo muy bien qué hora era cuando salimos del Museo pero todavía brillaba el sol. Copito se levantó dispuesto a estirar sus piernitas por lo que corrió por el parque. De pronto, vislumbró una campana a lo lejos. Unos cuantos japoneses la observaban y le tomaban fotos sin atreverse a replicarla. Copito se acercó con ímpetu, tomó la soga y el sonido de la campana se hizo escuchar en el parque. No sabíamos si eso estaba permitido pero las personas a nuestro alrededor tomaron fotos y sonreían. Ningún policía nipón se acercó así que supusimos que nuestro hijo no se había convertido en un criminal.

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El monumento a los niños 

Cuando nos acercamos a leer la explicación del monumento se me hizo un nudo en la garganta. Se trataba del monumento dedicado a los niños fallecidos en la bomba atómica. La niña que aparece representada en la estatua es Sadako Sasaki, una sobreviviente de la bomba. Sadako creía que si creaba 1,000 figuras de garza en origami le sería concedido un deseo, como lo dice una traición japonesa. Su deseo era curarse de la leucemia causada por la radiación de la bomba pero, tristemente, Sadako murió poco después a consecuencia de esta enfermedad. Los niños de todo el mundo siguen haciendo garzas de origami que son enviadas al monumento para pedir la paz mundial y un mundo libre de armas nucleares. Sadako seguramente habría estado muy feliz de ver a un pequeño niño mexicano jugar y reír en el lugar en donde alguna vez solo hubo destrucción. Que así sea siempre.

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El Domo de la Bomba Atómica

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Atardecer en el Domo

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El Domo estaba en restauración 

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Un sobreviviente de la guerra

Nos despedimos del Peace Memorial Park no sin antes leer un poco sobre el Domo de la Bomba Atómica, Patrimonio de la Humanidad desde 1996. Se trata del único edificio cerca del epicentro de la bomba que quedó parcialmente en pie. Permanece en el mismo estado de destrucción como un símbolo de los horrores de la guerra y en honor a toda la gente que murió a consecuencia de la bomba. Las fotos del Domo que vimos en el museo son impactantes y de vez en cuando aún vienen a mi mente. Un edificio solitario en una ciudad en ruinas y fuego.

Tomamos el tranvía hacia la estación central y tuvimos que esperar una hora y media ahí hasta que vino el Shinkansen a Osaka. Ahí corrimos desesperadamente para tomar otro Shinkansen de 15 minutos hacia Kyoto. ¡Vaya que los trenes venían llenos a esa hora!. Llegamos a Kyoto como a las 9:15pm muy exhaustos pero felices por haber estado en esos lugares tan simbólicos de la historia de Japón.

**Gina

Isla Miyajima (Itsukushima)

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Ese día empezamos muy temprano nuestras andanzas por tierras niponas. Tan pronto como abrimos los ojos y nos arreglamos, fuimos a nuestra ya ampliamente conocida estación de trenes en Kyoto. El trayecto duró más de dos doras pues tuvimos que cambiar trenes y medios de transporte de la siguiente manera:

De Kyoto a Hiroshima: Shinkansen Hikari

De Hiroshima a Miyajimaguchi: JR Sanyo line

De Miyajimaguchi a la isla Miyajima: Ferry JR

Los dos trenes y el ferry JR están cubiertos por el JR Pass y aunque pudiera parecerle al lector que hacer todo esto es muy complicado para una excursión de un día, déjeme decirle que tanto Miyajima como Hiroshima valen 100% la pena. Ya para esas alturas del partido, la Yucafamily era experta en tomar trenes japoneses y buscar las rutas más convenientes a través de Hyperdia.com. Easy as pie o como dirían en México, ¡pan comido!.

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En el ferry a Miyajima

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Isla Miyajima

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Región de Hiroshima

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La Gran Puerta Torii hizo su aparición

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Bella e impactante puerta Torii

Desde el ferry hacia la Isla Miyajima pudimos apreciar la belleza de esta isla, considerado uno de los sitios más emblemáticos y postal por excelencia del país del sol naciente. Ahí, a lo lejos, observábamos a la Gran Puerta Torii, de color rojo vibrante flotando en las aguas del mar. Copito, como siempre, estaba más interesado en saludar a las pequeñas embarcaciones de pescadores y a los ferrys que se encontraban regresando a la estación de Miyajimaguchi.

El nombre oficial de la isla es Itsukushima pero le apodan Miyajima, que significa “isla de altares”. Su altar más famoso es justamente el llamado Itsukushima al cual pertenece la Gran Puerta Torii. Ahí nos dirigimos en cuanto descendimos del ferry junto con unas cuantas personas más. Las tiendas aún no habían abierto y los turistas aún no arribaban por lo que todavía reinaba el silencio en la isla.

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Entrando a Itsukushima

Todo el altar Itsukushima está construido sobre el agua por lo que parece que flota durante la marea alta, como la que teníamos esa mañana. El altar fue construido en el periodo Heian (1168 d.C.) por Taira no Kiyomori, uno de los hombres más influyentes de Japón. Cuando llegamos, el altar estaba alegre pues se  estaba celebrando una boda con una familia tremendamente elegante y hermosa. Ahora si que nos sentimos unos wedding crashers, aunque no éramos los únicos pues unas docenas de visitantes también se encontraban ahí admirando el paisaje.

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Gran Puerta Torii

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Altar de Itsukushima

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Itsukushima, un lugar lleno de paz

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Una pagoda a lo lejos

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La marea empieza a bajar y se podía ver el fondo

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Altar Itsukushima

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¡Qué bellos colores!

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La boda en el altar

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Altar Itsukushima

A continuación nos dirigimos a la atracción favorita de Copito: un teleférico que sube hasta el Monte Misen, cuya cima es adorada por la gente desde el siglo VI d.C. Un señor muy amable nos recomendó dejar la carreola en su tienda para que pudiéramos abordar un pequeñísimo autobús hacia la estación del teleférico. A esta estación también se puede llegar caminando unos cuantos kilómetros cuesta arriba pero decidimos aceptar el ofrecimiento del señor, pues no sabíamos la inclinación y las condiciones del camino.

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Calles tranquilas de Miyajima

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Dirigiéndonos al teleférico

El teleférico es una experiencia que ningún visitante debería perderse en Miyajima. Las vistas desde lo alto son magníficas y la sensación de estar volando es todavía mayor en una góndola de piso de vidrio como la que abordamos. Desde la cima del Monte Misen a 535 m.s.n.m. se pueden observar las islas del mar Seto y el frondoso bosque de la Isla Miyajima. Estuvimos caminando un rato hasta que el hambre hizo que Copito exigiera sus sagrados alimentos por lo que tomamos las góndolas de nuevo. Una vez que llegamos a la estación, caminamos cuesta abajo pues no quisimos esperar 15 minutos a que llegara el siguiente mini-mini-mini-autobús. El camino era en un terreno bastante fácil y en menos de 10 minutos ya nos encontrábamos recogiendo la carreola en la tienda de souvenirs del amable japonés.

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Pequeño Samurai

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Feliz en el teleférico

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Modelando para mamá

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¡Wow! podemos volar

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La Yucafamily

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En las alturas

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En la segunda estación del teleférico

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En la cima del mundo según Copito

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Una experiencia inolvidable

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Estación final del teleférico

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Bello paisaje de las Islas del mar Seto

Comimos en un restaurante que servía todo un orgasmo gastronómico: ostras asadas acompañadas de deliciosas cervezas. Como ese delicioso platillo no formaba parte de la educación culinaria de Copito, éste tuvo que conformarse con comer unos panes comprados en una tienda de conveniencia. Finalizamos nuestro lunch consintiendo nuestros paladares que clamaban un postre muy original: un helado de té verde (matcha). ¡Riquísimo!.

Antes de partir hacia la ciudad de Hiroshima, gozamos el espectáculo de ver a la Gran Puerta Torii en marea baja. Muchos turistas se arremolinaban bajo de ella, pues se cree que trae suerte a quien la cruza. La Yucamily ya era más que afortunada en estar en tan bello país así que nos conformamos con decirle adiós desde lo lejos. Querida Puerta Torii, ¡te cruzaremos cuando volvamos!

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Continuará…