Tokyo: Una tarde en la isla de Odaiba

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Disfrutamos nuestra última tarde en Japón en la futurista isla de Odaiba, en la capital del país. Habíamos llegado al mediodía procedentes de Kyoto tras escasas dos horas y media en un Shinkansen “suuuuuuuuuuper rápido” como les decía Copito. No me canso de alabar ese medio de transporte a todo aquel que menciona el país del sol naciente. Creo no hay mejor forma de experimentar la modernidad de Japón que ser transportado en esta maravilla de la ingeniería ferroviaria. Esa mañana habíamos recorrido 513 kilómetros en dos horas y media y eso, tomando en cuenta que el Japan Rail Pass no es válido para los trenes de categoría Nozomi. Nosotros los humildes turistas internacionales nos tenemos que “conformar” con los trenes Hikari que hacen más paradas en el trayecto y por tanto, llegan unos 15 minutos más tarde que los Nozomi.

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Feliz de estar en un shinkansen

Como el tren llegó a la estación central de Tokyo estábamos un poco nerviosos por abordar con equipaje el tren Chuo Rapid hacia la estación de Shinjuku. Para nuestra buena fortuna, el tren vino casi vacío a esas horas y pudimos llegar a Shinjuku sin ningún contratiempo. En 15 minutos ya nos encontrábamos otra vez deambulando por la estación más transitada del mundo en búsqueda del hotel Sunroute Plaza.

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Copito siempre comía algo rico

Apenas dejamos las maletas en el hotel nos dispusimos a averiguar cómo llegar hasta Odaiba sin tanto transbordo. Como siempre, Hyperdia nos dio la respuesta y en pocos minutos ya estábamos en el tren Yamamote hacia la estación de Shimbashi, desde el cual tendríamos que abordar el moderno tren Yurikamome hacia la isla. Este último tren no está incluido en el Japan Rail Pass por lo que tuvimos que recargar nuestras tarjetas IC Suica para pagar. Muchos empleados de los trenes Yurikamome estaban listos para apoyar al visitante confundido con las tarifas y tarjetas IC. ¡Esta estación es a prueba de visitantes de los países menos desarrollados que Japón!.

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Tren elevado a Odaiba

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Rainbow Bridge

El trayecto a bordo de este tren fue muy divertido, primero al darnos cuenta que no había conductor de tren. Copito se sentía uno pues abordamos en el primer vagón y podíamos apreciar perfectamente el paisaje a través de sus grandes ventanas frontales. Segundo, porque se trata de un tren cuyas rieles fueron construidas elevadas del suelo lo que brinda aún más vista panorámica a la parte más moderna de Tokyo. Tercero, cruzar el Rainbow Bridge a bordo de este tren fue toda una experiencia para Copito. Ahí estaba en el mismo puente en el que Lightning McQueen compitió en el Gran Prix en la película Cars 2. El sol brillaba con todo su esplendor y estábamos muy contentos por despedirnos de Japón viendo a Copito gozar la experiencia.

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Plaza comercial en el Waterfront

Llegamos a la estación Daiba, justo en medio del Odaiba Waterfront. Ahí estaban congregados muchos japoneses tomando el sol y muchas fotos a la pintoresca vista del Rainbow Bridge y la réplica de la Estatua de la Libertad donada por Francia a Japón en conmemoración de “el Año de Francia en Japón” en 1998. Caminamos bastante tiempo pues el clima era muy agradable y Copito estaba coqueteando, como siempre, con todas las jóvenes japonesas que se relajaban esa tarde en el Waterfront.

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Estatua de la Libertad en Odaiba

Unos cuantos rugidos estomacales nos avisaron que era hora de comer algo sustancioso. Vimos desde lo lejos un restaurante que lucía casual y relajado y en donde podíamos encontrar algo que Copito jamás rechazaría: papas a la francesa. Se trataba de un restaurante con aires hawaianos llamado Kua Aina justo enfrente del Waterfront. Escogimos una mesa con vista al Rainbow Bridge para seguirnos deleitando mientras comíamos nuestras hamburguesas y ensalada.

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¡Me la quiero comer!

A continuación fue hora de caminar y caminar por la isla. Estaba maravillada con la moderna arquitectura del edificio de Fuji TV y algunos hoteles cercanos. También con los grandes centros comerciales como Aquacity y Divercity en donde incluso, había un robot gigantesco!. Toda una experiencia nipona. También hicimos coraje cuando vimos que los elevadores hacia un puente que cruza hacia Palette Town estaban siendo monopolizados por norteamericanos jóvenes algo puruxes (gordos en Maya). Aclaro, los norteamericanos no eran obesos, just fat y se hubiesen beneficiado mucho de subir escaleras. No podía entender porqué no lo hacían como lo hacían los jóvenes japoneses o como nosotros lo habríamos hecho si no lleváramos carreola. A la Yucafamily le fue más fácil plegar ésta última y subir las escaleras  que esperar a que la docena de gordos terminaran de usar el elevador.

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Fuji TV y Aquacity

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Aquacity y el tren elevado

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Ferris Wheel en Odaiba

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Gundman de tamaño real

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Foto del recuerdo con el robot

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Hermosamente iluminado

Después de quemar esas calorías, llegamos a Palette Town, un complejo de entretenimiento en donde se encuentra la exhibición de autos Toyota (Toyota MegaWeb), un área de conciertos, un enorme centro comercial y, por supuesto, lo que Copito nos pidió desde que se vislumbró desde el tren a Odaiba: una enorme Rueda de la Fortuna. Solo para que se den una idea de su gigantesco tamaño: su diámetro mide 100 metros y su altura máxima 115 metros. Ya había anochecido y desde arriba disfrutábamos viendo el espectáculo que era el Tokyo nocturno. Desde lejos brillaba la Tokyo Tower y también la Skytree. La Rueda resplandecía de manera colorida al igual que el Rainbow Bridge. Y ni que decir del enorme Gundman, el robot estrella de la isla. Todos nos decían sayonara pues al día siguiente regresaríamos a nuestro caliente país.

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Palette town

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Vista desde la Ferris Wheel de Odaiba

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Bellos colores en Odaiba

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Bellos colores en la Ferris Wheel

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Como siempre muy feliz de subir a cosas nuevas

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Vista desde la Ferris Wheel

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Vista desde la Ferris Wheel

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Tokyo de noche

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Tokyo de noche

Esa última mañana, Tokyo nos despidió con lluvia y frío. Fue muy fácil llegar al aeropuerto pues el Limousine Bus hace parada justo en el hotel Sunroute Plaza Shinjuku. En poco menos de dos horas ya estábamos haciendo check-in en el aeropuerto de Narita.

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Area de juegos en el aeropuerto de Narita Tokyo

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Ayudando con el equipaje

Así había terminado un gran viaje lleno de retos y enseñanzas. Estaba totalmente agradecida con la vida por haber podido cruzar el océano y estar en un tan país mítico como Japón. Han pasado ya varios meses desde que regresamos y Copito no olvida sus aventuras por los templos, los bosques, los monos, los trenes y la juguetería de Yodobashi. Aún me pregunta cuándo regresaremos a Japón, como si se tratara de nuestra vecina Riviera Maya. Algún día seguramente, cuando conozca de distancias y sepa leer un mapa, se dará cuenta que lo que hizo fue colosal para sus escasos tres años. Posiblemente ya lo habrá olvidado pero aquí están las palabras de su madre, escritas en este humilde blog, para recordarle sus aventuras en el país de las puertas Torii, los pacíficos Budas y los shinkansen. Mientras llega ese momento, seguirá pasando las fotos de Japón una y otra vez añorando volver a este bello país.

Nos leemos en nuestra siguiente aventura.

**Gina

Hiroshima Peace Memorial Park

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Tomamos de vuelta la línea Sanyo para visitar brevemente el Peace Memorial Park en la ciudad de Hiroshima. No fue necesario llegar nuevamente a la estación central de Hiroshima pues desde la estación Yokogawa pudimos abordar un moderno tranvía hacia la estación Gembaku Dome-mae que se encuentra justo enfrente del famoso Domo de la Bomba Atómica.

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El Domo de la Bomba Atómica cruzando un puente hacia el Peace Memorial Park

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En el Peace Memorial Park

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La llama de la paz siempre viva

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El cenotafio del Peace Memorial Park

Quiero ahora comentarles lo mucho que creo en señales divinas o del destino. Desde que comencé a planear el viaje a Japón quise conocer el Museo de la Paz (Peace Memorial Museum) y ver con mis propios ojitos los artefactos sobrevivientes de la bomba atómica. Aunque sabía que se trataba de un museo deprimente y desgarrador, quería adentrarme al evento que cambió el curso de la humanidad para siempre. Sin embargo, el museo no es para niños pequeños. Ya sabía que algunas exposiciones eran muy gráficas como para exponer a Copito a ello así que desde que llegué a Hiroshima sabía que tendríamos que omitir el museo de nuestro itinerario. Pues bien, bajamos en la estación Gembaku Dome-mae y empezamos a caminar por el Peace Memorial Park. El viento era fresco y como símbolo de su nombre, el parque rebozaba de paz y aire puro. Cuando dejamos de escuchar la perorata de Copito (quien siempre está hablando y jugando) supimos que nuestro vástago había ido a visitar el Pais de los Sueños por unas cuantas horas. Él dormía plácidamente en su carreola, soñando seguramente en el tranvía que le había gustado mucho subirse. Entonces, le propuse a Mr. Viking que visitáramos el museo mientras Copito hacía su siesta pues seguramente todos los dioses y semi-dioses de este mundo habían confabulado para que lo visitara.

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El Museo de la Paz

La amabilidad japonesa fue extraordinaria en el Museo. Todos los empleados nos recibieron con una enorme sonrisa y nos guiaron por las diferentes salas de exhibición. Copito ni siquiera se percató de que entró al lugar pues todo era 100% accesible en silla de ruedas o carreola. El Museo cuesta una ínfima cantidad, creo unos 50 yenes si mi memoria no me falla. En sus diferentes salas describe y exhibe el preámbulo de la guerra, la bomba, algunos artefactos sobrevivientes, la ciencia detrás de Little Boy (la bomba que cayó sobre Hiroshima) y la parte más gráfica: los efectos de la bomba sobre el ser humano. Se muestran cortos documentales sobre los sobrevivientes, sobre la ciudad y su reconstrucción. Por supuesto, el propósito del museo no es únicamente recordar este trágico evento de la historia humana sino concientizar a los visitantes sobre los efectos devastadores que las armas atómicas pueden tener sobre el mundo.

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Vista del Memorial Peace Park desde una de las ventanas del Museo

No tomé fotos en el interior del Museo pues considero que para eso está el sitio oficial y miles de páginas de internet sobre el asunto. Además se trató de una visita llena de silencio pues absolutamente NADIE hablaba mientras observaba las exposiciones. ¡Creo que no había ningún norteamericano ruidoso y gritón!. Para nosotros esto era aún más favorecedor pues Copito dormía arrullado por los susurros.

No me acuerdo muy bien qué hora era cuando salimos del Museo pero todavía brillaba el sol. Copito se levantó dispuesto a estirar sus piernitas por lo que corrió por el parque. De pronto, vislumbró una campana a lo lejos. Unos cuantos japoneses la observaban y le tomaban fotos sin atreverse a replicarla. Copito se acercó con ímpetu, tomó la soga y el sonido de la campana se hizo escuchar en el parque. No sabíamos si eso estaba permitido pero las personas a nuestro alrededor tomaron fotos y sonreían. Ningún policía nipón se acercó así que supusimos que nuestro hijo no se había convertido en un criminal.

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El monumento a los niños 

Cuando nos acercamos a leer la explicación del monumento se me hizo un nudo en la garganta. Se trataba del monumento dedicado a los niños fallecidos en la bomba atómica. La niña que aparece representada en la estatua es Sadako Sasaki, una sobreviviente de la bomba. Sadako creía que si creaba 1,000 figuras de garza en origami le sería concedido un deseo, como lo dice una traición japonesa. Su deseo era curarse de la leucemia causada por la radiación de la bomba pero, tristemente, Sadako murió poco después a consecuencia de esta enfermedad. Los niños de todo el mundo siguen haciendo garzas de origami que son enviadas al monumento para pedir la paz mundial y un mundo libre de armas nucleares. Sadako seguramente habría estado muy feliz de ver a un pequeño niño mexicano jugar y reír en el lugar en donde alguna vez solo hubo destrucción. Que así sea siempre.

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El Domo de la Bomba Atómica

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Atardecer en el Domo

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El Domo estaba en restauración 

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Un sobreviviente de la guerra

Nos despedimos del Peace Memorial Park no sin antes leer un poco sobre el Domo de la Bomba Atómica, Patrimonio de la Humanidad desde 1996. Se trata del único edificio cerca del epicentro de la bomba que quedó parcialmente en pie. Permanece en el mismo estado de destrucción como un símbolo de los horrores de la guerra y en honor a toda la gente que murió a consecuencia de la bomba. Las fotos del Domo que vimos en el museo son impactantes y de vez en cuando aún vienen a mi mente. Un edificio solitario en una ciudad en ruinas y fuego.

Tomamos el tranvía hacia la estación central y tuvimos que esperar una hora y media ahí hasta que vino el Shinkansen a Osaka. Ahí corrimos desesperadamente para tomar otro Shinkansen de 15 minutos hacia Kyoto. ¡Vaya que los trenes venían llenos a esa hora!. Llegamos a Kyoto como a las 9:15pm muy exhaustos pero felices por haber estado en esos lugares tan simbólicos de la historia de Japón.

**Gina

Isla Miyajima (Itsukushima)

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Ese día empezamos muy temprano nuestras andanzas por tierras niponas. Tan pronto como abrimos los ojos y nos arreglamos, fuimos a nuestra ya ampliamente conocida estación de trenes en Kyoto. El trayecto duró más de dos doras pues tuvimos que cambiar trenes y medios de transporte de la siguiente manera:

De Kyoto a Hiroshima: Shinkansen Hikari

De Hiroshima a Miyajimaguchi: JR Sanyo line

De Miyajimaguchi a la isla Miyajima: Ferry JR

Los dos trenes y el ferry JR están cubiertos por el JR Pass y aunque pudiera parecerle al lector que hacer todo esto es muy complicado para una excursión de un día, déjeme decirle que tanto Miyajima como Hiroshima valen 100% la pena. Ya para esas alturas del partido, la Yucafamily era experta en tomar trenes japoneses y buscar las rutas más convenientes a través de Hyperdia.com. Easy as pie o como dirían en México, ¡pan comido!.

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En el ferry a Miyajima

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Isla Miyajima

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Región de Hiroshima

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La Gran Puerta Torii hizo su aparición

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Bella e impactante puerta Torii

Desde el ferry hacia la Isla Miyajima pudimos apreciar la belleza de esta isla, considerado uno de los sitios más emblemáticos y postal por excelencia del país del sol naciente. Ahí, a lo lejos, observábamos a la Gran Puerta Torii, de color rojo vibrante flotando en las aguas del mar. Copito, como siempre, estaba más interesado en saludar a las pequeñas embarcaciones de pescadores y a los ferrys que se encontraban regresando a la estación de Miyajimaguchi.

El nombre oficial de la isla es Itsukushima pero le apodan Miyajima, que significa “isla de altares”. Su altar más famoso es justamente el llamado Itsukushima al cual pertenece la Gran Puerta Torii. Ahí nos dirigimos en cuanto descendimos del ferry junto con unas cuantas personas más. Las tiendas aún no habían abierto y los turistas aún no arribaban por lo que todavía reinaba el silencio en la isla.

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Entrando a Itsukushima

Todo el altar Itsukushima está construido sobre el agua por lo que parece que flota durante la marea alta, como la que teníamos esa mañana. El altar fue construido en el periodo Heian (1168 d.C.) por Taira no Kiyomori, uno de los hombres más influyentes de Japón. Cuando llegamos, el altar estaba alegre pues se  estaba celebrando una boda con una familia tremendamente elegante y hermosa. Ahora si que nos sentimos unos wedding crashers, aunque no éramos los únicos pues unas docenas de visitantes también se encontraban ahí admirando el paisaje.

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Gran Puerta Torii

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Altar de Itsukushima

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Itsukushima, un lugar lleno de paz

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Una pagoda a lo lejos

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La marea empieza a bajar y se podía ver el fondo

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Altar Itsukushima

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¡Qué bellos colores!

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La boda en el altar

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Altar Itsukushima

A continuación nos dirigimos a la atracción favorita de Copito: un teleférico que sube hasta el Monte Misen, cuya cima es adorada por la gente desde el siglo VI d.C. Un señor muy amable nos recomendó dejar la carreola en su tienda para que pudiéramos abordar un pequeñísimo autobús hacia la estación del teleférico. A esta estación también se puede llegar caminando unos cuantos kilómetros cuesta arriba pero decidimos aceptar el ofrecimiento del señor, pues no sabíamos la inclinación y las condiciones del camino.

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Calles tranquilas de Miyajima

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Dirigiéndonos al teleférico

El teleférico es una experiencia que ningún visitante debería perderse en Miyajima. Las vistas desde lo alto son magníficas y la sensación de estar volando es todavía mayor en una góndola de piso de vidrio como la que abordamos. Desde la cima del Monte Misen a 535 m.s.n.m. se pueden observar las islas del mar Seto y el frondoso bosque de la Isla Miyajima. Estuvimos caminando un rato hasta que el hambre hizo que Copito exigiera sus sagrados alimentos por lo que tomamos las góndolas de nuevo. Una vez que llegamos a la estación, caminamos cuesta abajo pues no quisimos esperar 15 minutos a que llegara el siguiente mini-mini-mini-autobús. El camino era en un terreno bastante fácil y en menos de 10 minutos ya nos encontrábamos recogiendo la carreola en la tienda de souvenirs del amable japonés.

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Pequeño Samurai

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Feliz en el teleférico

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Modelando para mamá

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¡Wow! podemos volar

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La Yucafamily

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En las alturas

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En la segunda estación del teleférico

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En la cima del mundo según Copito

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Una experiencia inolvidable

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Estación final del teleférico

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Bello paisaje de las Islas del mar Seto

Comimos en un restaurante que servía todo un orgasmo gastronómico: ostras asadas acompañadas de deliciosas cervezas. Como ese delicioso platillo no formaba parte de la educación culinaria de Copito, éste tuvo que conformarse con comer unos panes comprados en una tienda de conveniencia. Finalizamos nuestro lunch consintiendo nuestros paladares que clamaban un postre muy original: un helado de té verde (matcha). ¡Riquísimo!.

Antes de partir hacia la ciudad de Hiroshima, gozamos el espectáculo de ver a la Gran Puerta Torii en marea baja. Muchos turistas se arremolinaban bajo de ella, pues se cree que trae suerte a quien la cruza. La Yucamily ya era más que afortunada en estar en tan bello país así que nos conformamos con decirle adiós desde lo lejos. Querida Puerta Torii, ¡te cruzaremos cuando volvamos!

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Continuará…

 

La incomprendida Kyoto Tower

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Me acuerdo que la primera vez que salimos de la estación central de Kyoto y vimos la Kyoto Tower enfrente me pareció bastante fea y ridícula para la ciudad. Parecía sacada de una película de extraterrestres de los 50’s y desentonaba con el aspecto tranquilo de Kyoto. Incluso de noche, cuando la ciudad encendía sus luces de colores, la Kyoto Tower parecía ser la intrusa en la fiesta. Pues bien, la Yucafamily decidió darle una oportunidad a la torre en esa tarde con muchos pronósticos de lluvia. Después de todo no es bueno juzgar a las cosas por su apariencia ¿no?.

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La torre estaba casi vacía ese día y fuimos bienvenidos con la acostumbrada amabilidad japonesa. Fuimos dirigidos al elevador que nos conduciría hasta la plataforma de observación a 100 metros de altura. Ahí se puede gozar de una vista panorámica de 360 grados de la ciudad y hacer uso de los telescopios gratuitos. Copito fue saludado efusivamente por la mascota Tawawa-chan quien a pesar de sus muchos esfuerzos no logró que Copito le perdiera el miedo. Él prefirió cuando le dieron un peluche de Tawawa-chan para que posara junto con sus padres para unas fotos. ¡Ese sí era de su tamaño!.

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Cuando terminamos de observar la ciudad, bajamos hacia el tercer piso en donde había un restaurante con vistas a la estación de trenes. Mientras nos bebíamos unas generosas cervezas pudimos ver a los shinkansen y a los otros trenes ir y venir para el deleite del pequeño Copito. Para mí, la estación de trenes de Kyoto no solo era enorme, moderna y original con sus enormes paneles de vidrio y sus interminables escaleras eléctricas sino que era un paraíso para las compras. La tienda departamental Isetan de siete pisos y una infinidad de tiendas de ropa, souvenirs, comida, cines, etc hace que el visitante nunca se aburra en su espera. Nosotros no fuimos ahí de compras sino a la enorme tienda Yodobashi ubicada a una cuadra más adelante en donde, por primera vez en todos nuestros viajes, tuvimos que comprar una maleta adicional para guardar todo lo adquirido durante esas tres semanas. Para defensa de los adultos de la familia, dos terceras partes de la maleta se ocuparon con juguetes de trenes y todo lo relacionado con ellos (cubiertos, vasos, rompecabezas, etc.) y que, obviamente, no podíamos conseguir en México.

No fue sino hasta el final del día que la anunciada lluvia cayó cuando nos dirigíamos al departamento. Esta vez ya estábamos preparados para ella con el protector para la carreola y unos impermeables desechables aunque más tardamos en ponérnoslo a que la lluvia pasara. Esa noche nos fuimos temprano a la cama pues sabíamos que nos esperaba una larga jornada en Miyajima e Hiroshima al día siguiente. Pero esa ya es otra historia…

**Gina

Kyoto: Nijo, el palacio del shogun

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Esa mañana los pronósticos de tiempo lucían bastante pesimistas. Anunciaban lluvia durante todo el día y no quisimos aventurarnos a visitar la ciudad vecina de Osaka, al sur de Kyoto. Decidimos quedarnos dentro de Kyoto y visitar el antiguo palacio de los shogunes Tokugawa, el Nijo-jo.

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Vista desde la calle al Castillo Nijo

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Puesto de vigilancia

Como teníamos nuestro Japan Pass tomamos el tren JR de la línea San-in y nos bajamos en la estación de Nijo, que se encontraba a poco más de un kilómetro de la entrada al castillo. Como todo el exterior estaba cubierto de gravilla, decidimos dejar la carreola en un resguardo improvisado cerca de los baños, deseando que nadie se robase nuestra vieja y fiel carreola viajera.

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Kara-mon, la puerta de entrada

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Esplendorosa entrada Kara-mon y un Copito de Nieve

La construcción del castillo fue iniciada en 1603 y completada en 1626 por el tercer shogun Tokugawa, Iemitsu. El castillo es uno de los mejores ejemplos del periodo Edo antiguo (aquel en donde había reinado la paz y la tranquilidad en Japón). La joya en esta construcción es el Palacio Ninomaru con sus bellísimas pinturas en sus cuartos interconectados. En este edificio no se permite tomar fotografías por lo que el lector tendrá que confiar en mis palabras cuando digo que todo ese edifico exudaba sencillez y elegancia. No muchos viajeros se encontraban con nosotros por lo que pudimos leer en detalle las explicaciones de cada uno de los cuartos. En uno de ellos, el Salón Principal, el último shogun reunió a los señores feudales para anunciar el regreso del poder único al Emperador Meiji. En 1939, la familia imperial donó el Castillo a la ciudad de Kyoto y fue renombrado como Nijo-jo.

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Entrando al Palacio Ninomaru

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Detalles de la puerta de Ninomaru

Afuera de este bello edificio se encuentra otra obra humana maravillosa, el jardín Ninomaru. En en centro de su tranquilo estanque se encuentran Horai-jima (Isla de la Eterna Felicidad) flanqueada por Tsuru-jima (Isla de la Garza) y Kame-jima (Isla de la Tortuga). Con mi nulo japonés, todos esos nombres más bien me recordaban a mis animes preferidos de mi niñez, memoria que se hizo más vívida cuando vi a los enormes peces anaranjados en las aguas protectoras del castillo. Copito quedó encantado alimentando a los regordetes peces quienes se arremolinaban para saborear un pedazo de pan o galleta.

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Paseando por los jardines

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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El palacio desde afuera

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El palacio desde afuera

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Jardines de Nijo

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Peces Koi

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Eran grandes y hermosos

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Entretenido viendo peces

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Castillo de Nijo

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El Palacio desde lo alto de una muralla

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Los flores del ciruelo ya habían brotado

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Descansando 

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Toda una fortaleza

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¿Distinguen a Copito?

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A Mr. Viking le tocó cargarlo

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Le dijimos adiós al bello castillo

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Hasta el último momento todo era fotogénico

Caminamos un buen rato por el jardín y sus alrededores hasta que divisamos unas nubes sospechosamente oscuras en el horizonte. Decidimos regresar a la estación central y probar suerte en la Torre de Kyoto y hacer unas últimas compras en Yodobashi Camera Store.

Continuará…

**Gina

Kyoto: El popular Templo de Kiyomizu

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En la entrada del templo tuvimos un momento parecido a lo que sufren todos los que vistan el Taj Mahal. Ese momento en el que te das cuenta que como tú, hay miles de personas queriendo tomar una buena foto de ellos mismos ante el monumento al amor, empujándote discretamente para ocupar un buen lugar o sacando esos infernales monopods para selfies. De igual manera, las postales de Kiyomizu siempre reflejan paz y serenidad pero en ese momento distaban mucho de la realidad bulliciosa y concurrida. Eran centenares de personas las que se encontraban con nosotros admirando esa bellísima obra arquitectónica de madera y, para nuestra buena fortuna, la mayoría eran japoneses respetuosos del espacio personal.

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Entrando al templo de Kiyomizu

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Muchos turistas en el templo de Kiyomizu

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El clima no podía ser mejor ese día

Kiyomizu-dera es un templo budista considerado Patrimonio Cultural por la UNESCO y fue finalista del concurso de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.  El templo principal, fundado en 1633, tiene un gran balcón desde el cual se aprecia la ciudad de Kyoto en todo su esplendor. Cuando vi la cantidad de personas que estaban ahí temí que en cualquier momento colapsaría pero después leímos que este balcón fue construido de gran tamaño para poder acoger una gran cantidad de peregrinos.

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Horizonte de Kyoto desde el balcón de Kiyomizu-dera

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Grupos de turistas gozan de las vistas en el templo de Kiyomizu

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¿Quién se atreve a saltar desde lo alto de Kiyomizu?

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Así se ve el templo desde el costado 

Copito dormía una corta siesta posiblemente derivada de haber subido muchísimas escaleras en los otros templos y sus jardines. Se perdía de la gran vista de la ciudad y sus pagodas, bosques y puertas Torii. Según la creencia, le será concedido un deseo a la persona que salte desde el balcón y sobreviva la caída de 13 metros. Según los registros, se han llevado a cabo 234 personas saltaron de los cuales 85% sobrevivieron. Posiblemente el deseo pedido por parte de estas personas era… ¿recuperar la movilidad de sus piernas?. Por supuesto, hoy en día saltar desde Kiyomizu está prohibido.

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Una pequeña pagoda enfrente de Kiyomizu-dera

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Vista desde la pagoda

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Grandes postes sostienen a todo Kiyomizu y sus peregrinos

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Alguien se acababa de despertar de su siesta

Le dijimos adiós a este popular sitio y nos encaminamos, algo cansados, a nuestro hotel. Estábamos a unos 3.5 kilómetros de distancia, los cuales fueron muy agradables en ese clima seco y frío. Pasamos por un altar llamado Toyokuni en donde no había más almas que las de nosotros. Copito se dedicó a jugar con algunos niños en el parque que se encontraba enfrente del altar hasta que nuestros estómagos empezaron a pedir alimentos.

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Entre los niños no hay la barrera del idioma

Había sido un día maravilloso caminando por todo el Este de Kyoto y estábamos orgullos pero agotados de haber caminado tanto. Mr. Viking compró unas cervezas Ahashi y una cocoa para el más pequeño del clan y celebramos en la comodidad de nuestro departamento.

**Gina

 

Kyoto:expectativa vs realidad en Higashiyama

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Bajamos por algunas calles tranquilas hacia el distrito histórico de Higashiyama, considerado una de las zonas mejor conservadas de todo Japón. Según varios sitios de viaje y la secretaria de turismo del país, Higashiyama es el lugar ideal para experimentar el Kyoto antiguo.

Bajo tan hermosa promesa seguimos caminando felices hasta que llegamos a otra de las grandes puertas de Kyoto, la del templo Chion-in. Con sus 24 metros de altura y 50 metros de largo, Chion-in es la puerta de madera más grande de Japón y una de las más antiguas (1600 d.C.)

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Poderosa naturaleza

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Gran puerta Sanmon de Chion-in 

Empezamos a notar un poco más de gente de la acostumbrada cuando llegamos al Altar Yakasa, con sus colores rojos vibrantes que nos recordaron a los de Fushimi Inari Taisha. Muchos japoneses se encontraban conversando y tomando el sol en el adyacente Parque Maruyama repleto de árboles de cerezo en estado de reposo.

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Baberitos  a los Budas

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Gran Puerta Torii de Heian

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Altar Yakasa

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Altar Yakasa

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Músico local

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Parque Maruyama

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Parque Maruyama

Eran un poco antes de las tres de la tarde cuando nos adentramos al famoso Higashiyama. La densidad de los visitantes aumentaba por cada metro que dábamos hacia el templo de Kiyomizu, tanto, que hubo un momento en el que si nos deteníamos seríamos arrastrados por centenares de pequeños japoneses y sus pesadas cámaras fotográficas. Muy acertadamente Mr. Viking decidió utilizar la carta mágica de nuestros viajes y pidió un beer break (descanso cervecero) en el primer bar casual que encontramos. Para nuestra fortuna, el bar también servía los panes al vapor que tanto nos habían gustado en Takayama así que aprovechamos para almorzar por segunda vez como buenos Hobbits que somos.

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Pagoda Yakasa en Higashiyama

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Una de las pocas calles tranquilas

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Todos quieren foto de la Pagoda

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Todas las jóvenes quieren selfies en Higashiyama

En Higashiyama había una infinidad de comercios, desde los meramente turísticos los cuales rebosaban de gente, hasta las artesanías más finas como la joyería y la cerámica. También había fotógrafos especializados en tomar fotos de jóvenes vestidas de geishas pues seguramente con menos gente, Higashiyama ofrece el escenario ideal para sesiones de fotos.

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En Higashiyama

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Higashiyama

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Higashiyama

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Escapamos de la gente por otros caminos menos concurridos

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Justo enfrente de la entrada a Kiyomizu-dera

Finalmente, estábamos ante los pies del templo de Kiyomizu.

Continuará…

**Gina