Kyoto: Nijo, el palacio del shogun

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Esa mañana los pronósticos de tiempo lucían bastante pesimistas. Anunciaban lluvia durante todo el día y no quisimos aventurarnos a visitar la ciudad vecina de Osaka, al sur de Kyoto. Decidimos quedarnos dentro de Kyoto y visitar el antiguo palacio de los shogunes Tokugawa, el Nijo-jo.

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Vista desde la calle al Castillo Nijo

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Puesto de vigilancia

Como teníamos nuestro Japan Pass tomamos el tren JR de la línea San-in y nos bajamos en la estación de Nijo, que se encontraba a poco más de un kilómetro de la entrada al castillo. Como todo el exterior estaba cubierto de gravilla, decidimos dejar la carreola en un resguardo improvisado cerca de los baños, deseando que nadie se robase nuestra vieja y fiel carreola viajera.

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Kara-mon, la puerta de entrada

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Esplendorosa entrada Kara-mon y un Copito de Nieve

La construcción del castillo fue iniciada en 1603 y completada en 1626 por el tercer shogun Tokugawa, Iemitsu. El castillo es uno de los mejores ejemplos del periodo Edo antiguo (aquel en donde había reinado la paz y la tranquilidad en Japón). La joya en esta construcción es el Palacio Ninomaru con sus bellísimas pinturas en sus cuartos interconectados. En este edificio no se permite tomar fotografías por lo que el lector tendrá que confiar en mis palabras cuando digo que todo ese edifico exudaba sencillez y elegancia. No muchos viajeros se encontraban con nosotros por lo que pudimos leer en detalle las explicaciones de cada uno de los cuartos. En uno de ellos, el Salón Principal, el último shogun reunió a los señores feudales para anunciar el regreso del poder único al Emperador Meiji. En 1939, la familia imperial donó el Castillo a la ciudad de Kyoto y fue renombrado como Nijo-jo.

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Entrando al Palacio Ninomaru

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Detalles de la puerta de Ninomaru

Afuera de este bello edificio se encuentra otra obra humana maravillosa, el jardín Ninomaru. En en centro de su tranquilo estanque se encuentran Horai-jima (Isla de la Eterna Felicidad) flanqueada por Tsuru-jima (Isla de la Garza) y Kame-jima (Isla de la Tortuga). Con mi nulo japonés, todos esos nombres más bien me recordaban a mis animes preferidos de mi niñez, memoria que se hizo más vívida cuando vi a los enormes peces anaranjados en las aguas protectoras del castillo. Copito quedó encantado alimentando a los regordetes peces quienes se arremolinaban para saborear un pedazo de pan o galleta.

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Paseando por los jardines

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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El palacio desde afuera

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El palacio desde afuera

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Jardines de Nijo

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Peces Koi

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Eran grandes y hermosos

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Entretenido viendo peces

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Castillo de Nijo

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El Palacio desde lo alto de una muralla

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Los flores del ciruelo ya habían brotado

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Descansando 

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Toda una fortaleza

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¿Distinguen a Copito?

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A Mr. Viking le tocó cargarlo

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Le dijimos adiós al bello castillo

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Hasta el último momento todo era fotogénico

Caminamos un buen rato por el jardín y sus alrededores hasta que divisamos unas nubes sospechosamente oscuras en el horizonte. Decidimos regresar a la estación central y probar suerte en la Torre de Kyoto y hacer unas últimas compras en Yodobashi Camera Store.

Continuará…

**Gina

Kyoto: El templo de plata Ginkaku-ji

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Antes de empezar la reseña del día, quisiera comentar lo increíblemente fácil que es moverse en transporte público en Japón. Todo está perfectamente señalado, todo es limpio, los pasajeros son respetuosos y hasta los baños de las estaciones parecen salidos de las plazas comerciales de lujo en mi país México. El transporte público es a prueba de idiotas, a menos que el visitante confunda una K con un G. Pero díganme, ¿a poco no se parecen los nombres de Kinkakuji y Ginkakuji?. Después de resolver nuestra confusión en la estación del metro pudimos abordar tranquilamente el autobús que nos llevaría a Ginkakuji, el pabellón plateado.

Este es el templo que nos había recomendado el amigable chef de la pizzería Goichi durante nuestra primera noche en Kyoto. Según él, a pesar de que Kinkakuji recibe toda la atención, Ginkakuji era igualmente de hermoso y con un jardín magnífico. Sus palabras fueron muy ciertas y disfrutamos mucho estar en esa zona de la ciudad y poder ver esta obra maestra de la arquitectura Zen.

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La calle que conducía al Ginkakuji

Antes de entrar al templo, compramos los suministros suficientes en un supermercado local. Te, cocoa, agua, sandwiches, fruta y galletas fueron nuestro combustible por una modesta cantidad de dinero. Sabíamos que nos esperaba un largo día caminando por el Oriente de Kyoto y no queríamos que ningún miembro de la Yucafamily sintiera esa hambre destructora del buen humor.

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Jardín del Ginkakuji

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Estética Zen

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Templo en Ginkakuji

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Estanque en Ginkakuji

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Probando suerte en el estanque

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Jardin Zen

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Vista desde lo alto del cerro en Ginkakuji

El origen de Ginkakuji se sitúa en el año 1482 cuando el shogun Ashikaga Yoshimasa construyó una villa para pasar el resto de sus días, siguiendo el ejemplo de su abuelo Yoshimitsu quien había mandado construir Kinkakuji. Aunque es mejor conocido por el nombre de Ginkakuji, su nombre formal es Higashiyama Jisho-ji. Yoshimasa pasó toda su vida construyendo Ginkakuji y aunque su plan original era cubrir el templo Kannon-den con láminas de plata, esto nunca se llevó a cabo.

La parte más espectacular del templo es sin duda el jardín, en donde la belleza de todas las estaciones es adaptada para brindar al espectador una atmósfera de profunda espiritualidad.

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Mami, despertaré a las deidades

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Ding Dong

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Quería meditar ahí

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Jardin de arena y piedra

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Caminos pacíficos en Ginkakuji

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Templo de Ginkakuji

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Admirando el jardín en Ginakuji. Atrás una representación del Monte Fuji en arena.

Saliendo del templo nos encontramos con muchos señores de la tercera edad haciendo caminata por el famoso “Camino del Filósofo”, una calle que conduce de Ginkakuji a Nanzen-ji, un templo más al sur de Kyoto. Durante la primavera, este camino se inunda de colores rosas provenientes de los árboles de cerezo y por ello muchos visitantes lo recorren siguiendo los pasos del filósofo Nishida Kitaro. Ese día de invierno, el camino lucía más bien seco aunque no por ello menos inspirador a filosofar.

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El Camino del Filósofo

Cuarenta minutos después, llegamos a Nanzenji, un templo del cual no sabíamos nada pero estaba en la ruta hacia el distrito histórico de Higashiyama.

Continuará…

**Gina