La incomprendida Kyoto Tower

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Me acuerdo que la primera vez que salimos de la estación central de Kyoto y vimos la Kyoto Tower enfrente me pareció bastante fea y ridícula para la ciudad. Parecía sacada de una película de extraterrestres de los 50’s y desentonaba con el aspecto tranquilo de Kyoto. Incluso de noche, cuando la ciudad encendía sus luces de colores, la Kyoto Tower parecía ser la intrusa en la fiesta. Pues bien, la Yucafamily decidió darle una oportunidad a la torre en esa tarde con muchos pronósticos de lluvia. Después de todo no es bueno juzgar a las cosas por su apariencia ¿no?.

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La torre estaba casi vacía ese día y fuimos bienvenidos con la acostumbrada amabilidad japonesa. Fuimos dirigidos al elevador que nos conduciría hasta la plataforma de observación a 100 metros de altura. Ahí se puede gozar de una vista panorámica de 360 grados de la ciudad y hacer uso de los telescopios gratuitos. Copito fue saludado efusivamente por la mascota Tawawa-chan quien a pesar de sus muchos esfuerzos no logró que Copito le perdiera el miedo. Él prefirió cuando le dieron un peluche de Tawawa-chan para que posara junto con sus padres para unas fotos. ¡Ese sí era de su tamaño!.

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Cuando terminamos de observar la ciudad, bajamos hacia el tercer piso en donde había un restaurante con vistas a la estación de trenes. Mientras nos bebíamos unas generosas cervezas pudimos ver a los shinkansen y a los otros trenes ir y venir para el deleite del pequeño Copito. Para mí, la estación de trenes de Kyoto no solo era enorme, moderna y original con sus enormes paneles de vidrio y sus interminables escaleras eléctricas sino que era un paraíso para las compras. La tienda departamental Isetan de siete pisos y una infinidad de tiendas de ropa, souvenirs, comida, cines, etc hace que el visitante nunca se aburra en su espera. Nosotros no fuimos ahí de compras sino a la enorme tienda Yodobashi ubicada a una cuadra más adelante en donde, por primera vez en todos nuestros viajes, tuvimos que comprar una maleta adicional para guardar todo lo adquirido durante esas tres semanas. Para defensa de los adultos de la familia, dos terceras partes de la maleta se ocuparon con juguetes de trenes y todo lo relacionado con ellos (cubiertos, vasos, rompecabezas, etc.) y que, obviamente, no podíamos conseguir en México.

No fue sino hasta el final del día que la anunciada lluvia cayó cuando nos dirigíamos al departamento. Esta vez ya estábamos preparados para ella con el protector para la carreola y unos impermeables desechables aunque más tardamos en ponérnoslo a que la lluvia pasara. Esa noche nos fuimos temprano a la cama pues sabíamos que nos esperaba una larga jornada en Miyajima e Hiroshima al día siguiente. Pero esa ya es otra historia…

**Gina

Kyoto: Nijo, el palacio del shogun

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Esa mañana los pronósticos de tiempo lucían bastante pesimistas. Anunciaban lluvia durante todo el día y no quisimos aventurarnos a visitar la ciudad vecina de Osaka, al sur de Kyoto. Decidimos quedarnos dentro de Kyoto y visitar el antiguo palacio de los shogunes Tokugawa, el Nijo-jo.

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Vista desde la calle al Castillo Nijo

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Puesto de vigilancia

Como teníamos nuestro Japan Pass tomamos el tren JR de la línea San-in y nos bajamos en la estación de Nijo, que se encontraba a poco más de un kilómetro de la entrada al castillo. Como todo el exterior estaba cubierto de gravilla, decidimos dejar la carreola en un resguardo improvisado cerca de los baños, deseando que nadie se robase nuestra vieja y fiel carreola viajera.

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Kara-mon, la puerta de entrada

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Esplendorosa entrada Kara-mon y un Copito de Nieve

La construcción del castillo fue iniciada en 1603 y completada en 1626 por el tercer shogun Tokugawa, Iemitsu. El castillo es uno de los mejores ejemplos del periodo Edo antiguo (aquel en donde había reinado la paz y la tranquilidad en Japón). La joya en esta construcción es el Palacio Ninomaru con sus bellísimas pinturas en sus cuartos interconectados. En este edificio no se permite tomar fotografías por lo que el lector tendrá que confiar en mis palabras cuando digo que todo ese edifico exudaba sencillez y elegancia. No muchos viajeros se encontraban con nosotros por lo que pudimos leer en detalle las explicaciones de cada uno de los cuartos. En uno de ellos, el Salón Principal, el último shogun reunió a los señores feudales para anunciar el regreso del poder único al Emperador Meiji. En 1939, la familia imperial donó el Castillo a la ciudad de Kyoto y fue renombrado como Nijo-jo.

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Entrando al Palacio Ninomaru

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Detalles de la puerta de Ninomaru

Afuera de este bello edificio se encuentra otra obra humana maravillosa, el jardín Ninomaru. En en centro de su tranquilo estanque se encuentran Horai-jima (Isla de la Eterna Felicidad) flanqueada por Tsuru-jima (Isla de la Garza) y Kame-jima (Isla de la Tortuga). Con mi nulo japonés, todos esos nombres más bien me recordaban a mis animes preferidos de mi niñez, memoria que se hizo más vívida cuando vi a los enormes peces anaranjados en las aguas protectoras del castillo. Copito quedó encantado alimentando a los regordetes peces quienes se arremolinaban para saborear un pedazo de pan o galleta.

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Paseando por los jardines

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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El palacio desde afuera

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El palacio desde afuera

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Jardines de Nijo

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Peces Koi

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Eran grandes y hermosos

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Entretenido viendo peces

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Castillo de Nijo

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El Palacio desde lo alto de una muralla

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Los flores del ciruelo ya habían brotado

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Descansando 

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Toda una fortaleza

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¿Distinguen a Copito?

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A Mr. Viking le tocó cargarlo

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Le dijimos adiós al bello castillo

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Hasta el último momento todo era fotogénico

Caminamos un buen rato por el jardín y sus alrededores hasta que divisamos unas nubes sospechosamente oscuras en el horizonte. Decidimos regresar a la estación central y probar suerte en la Torre de Kyoto y hacer unas últimas compras en Yodobashi Camera Store.

Continuará…

**Gina

Kyoto: El popular Templo de Kiyomizu

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En la entrada del templo tuvimos un momento parecido a lo que sufren todos los que vistan el Taj Mahal. Ese momento en el que te das cuenta que como tú, hay miles de personas queriendo tomar una buena foto de ellos mismos ante el monumento al amor, empujándote discretamente para ocupar un buen lugar o sacando esos infernales monopods para selfies. De igual manera, las postales de Kiyomizu siempre reflejan paz y serenidad pero en ese momento distaban mucho de la realidad bulliciosa y concurrida. Eran centenares de personas las que se encontraban con nosotros admirando esa bellísima obra arquitectónica de madera y, para nuestra buena fortuna, la mayoría eran japoneses respetuosos del espacio personal.

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Entrando al templo de Kiyomizu

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Muchos turistas en el templo de Kiyomizu

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El clima no podía ser mejor ese día

Kiyomizu-dera es un templo budista considerado Patrimonio Cultural por la UNESCO y fue finalista del concurso de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.  El templo principal, fundado en 1633, tiene un gran balcón desde el cual se aprecia la ciudad de Kyoto en todo su esplendor. Cuando vi la cantidad de personas que estaban ahí temí que en cualquier momento colapsaría pero después leímos que este balcón fue construido de gran tamaño para poder acoger una gran cantidad de peregrinos.

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Horizonte de Kyoto desde el balcón de Kiyomizu-dera

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Grupos de turistas gozan de las vistas en el templo de Kiyomizu

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¿Quién se atreve a saltar desde lo alto de Kiyomizu?

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Así se ve el templo desde el costado 

Copito dormía una corta siesta posiblemente derivada de haber subido muchísimas escaleras en los otros templos y sus jardines. Se perdía de la gran vista de la ciudad y sus pagodas, bosques y puertas Torii. Según la creencia, le será concedido un deseo a la persona que salte desde el balcón y sobreviva la caída de 13 metros. Según los registros, se han llevado a cabo 234 personas saltaron de los cuales 85% sobrevivieron. Posiblemente el deseo pedido por parte de estas personas era… ¿recuperar la movilidad de sus piernas?. Por supuesto, hoy en día saltar desde Kiyomizu está prohibido.

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Una pequeña pagoda enfrente de Kiyomizu-dera

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Vista desde la pagoda

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Grandes postes sostienen a todo Kiyomizu y sus peregrinos

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Alguien se acababa de despertar de su siesta

Le dijimos adiós a este popular sitio y nos encaminamos, algo cansados, a nuestro hotel. Estábamos a unos 3.5 kilómetros de distancia, los cuales fueron muy agradables en ese clima seco y frío. Pasamos por un altar llamado Toyokuni en donde no había más almas que las de nosotros. Copito se dedicó a jugar con algunos niños en el parque que se encontraba enfrente del altar hasta que nuestros estómagos empezaron a pedir alimentos.

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Entre los niños no hay la barrera del idioma

Había sido un día maravilloso caminando por todo el Este de Kyoto y estábamos orgullos pero agotados de haber caminado tanto. Mr. Viking compró unas cervezas Ahashi y una cocoa para el más pequeño del clan y celebramos en la comodidad de nuestro departamento.

**Gina

 

Kyoto:expectativa vs realidad en Higashiyama

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Bajamos por algunas calles tranquilas hacia el distrito histórico de Higashiyama, considerado una de las zonas mejor conservadas de todo Japón. Según varios sitios de viaje y la secretaria de turismo del país, Higashiyama es el lugar ideal para experimentar el Kyoto antiguo.

Bajo tan hermosa promesa seguimos caminando felices hasta que llegamos a otra de las grandes puertas de Kyoto, la del templo Chion-in. Con sus 24 metros de altura y 50 metros de largo, Chion-in es la puerta de madera más grande de Japón y una de las más antiguas (1600 d.C.)

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Poderosa naturaleza

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Gran puerta Sanmon de Chion-in 

Empezamos a notar un poco más de gente de la acostumbrada cuando llegamos al Altar Yakasa, con sus colores rojos vibrantes que nos recordaron a los de Fushimi Inari Taisha. Muchos japoneses se encontraban conversando y tomando el sol en el adyacente Parque Maruyama repleto de árboles de cerezo en estado de reposo.

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Baberitos  a los Budas

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Gran Puerta Torii de Heian

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Altar Yakasa

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Altar Yakasa

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Músico local

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Parque Maruyama

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Parque Maruyama

Eran un poco antes de las tres de la tarde cuando nos adentramos al famoso Higashiyama. La densidad de los visitantes aumentaba por cada metro que dábamos hacia el templo de Kiyomizu, tanto, que hubo un momento en el que si nos deteníamos seríamos arrastrados por centenares de pequeños japoneses y sus pesadas cámaras fotográficas. Muy acertadamente Mr. Viking decidió utilizar la carta mágica de nuestros viajes y pidió un beer break (descanso cervecero) en el primer bar casual que encontramos. Para nuestra fortuna, el bar también servía los panes al vapor que tanto nos habían gustado en Takayama así que aprovechamos para almorzar por segunda vez como buenos Hobbits que somos.

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Pagoda Yakasa en Higashiyama

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Una de las pocas calles tranquilas

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Todos quieren foto de la Pagoda

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Todas las jóvenes quieren selfies en Higashiyama

En Higashiyama había una infinidad de comercios, desde los meramente turísticos los cuales rebosaban de gente, hasta las artesanías más finas como la joyería y la cerámica. También había fotógrafos especializados en tomar fotos de jóvenes vestidas de geishas pues seguramente con menos gente, Higashiyama ofrece el escenario ideal para sesiones de fotos.

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En Higashiyama

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Higashiyama

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Higashiyama

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Escapamos de la gente por otros caminos menos concurridos

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Justo enfrente de la entrada a Kiyomizu-dera

Finalmente, estábamos ante los pies del templo de Kiyomizu.

Continuará…

**Gina

Kyoto: Templo Nanzen-ji

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Google Maps fue nuestro amigo en esta ocasión. Nos guió a través de las calles y algunas avenidas hacia el templo de Nanzenji, a unos 30 minutos a pie de Ginkakuji. El área que comprende Nanzenji es tan grande que Google Maps nos indicaba varias puertas de acceso con muchos metros de diferencia. Escogimos la que parecía tener menos escalones (no por flojera sino por la carreola) y entramos a este lugar sagrado.

Confieso que no sabíamos mucho de lo que veríamos pues únicamente lo visitamos por estar en la ruta entre Ginkakuji y el distrito histórico de Higashiyama, éste último muy mencionado en las recomendaciones de viaje a Japón. Para Copito nuestra ignorancia era irrelevante y él más bien quería saludar de nuevo a Buda, quien a esas alturas del viaje era ampliamente mencionado en sus conversaciones. Nos dirigimos entonces al que parecía el edificio más alto e imponente del lugar: la gran Puerta Sanmon.

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Sanmon de Nanzenji en Kyoto

La actual puerta Sanmon data de 1628 y fue erigida en honor a los combatientes fallecidos en la Batalla de Osaka. Es considerada una de las tres grandes puertas de Kyoto junto con las de Chion-in y Higashi Hongan-ji. En el segundo piso, al cual se accede subiendo unas empinadas escaleras, está un oratorio y algunos relucientes Budas. Lo mejor de subir, sin embargo, es gozar de las hermosas vistas de los templos secundarios y el paisaje cercano a ellos.

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Subiendo escaleras 

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Templos de Nanzenji

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Les presumo mi autobús, dijo Copito

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Copito y una pareja muy japonesa con celular y cámara en mano

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Gozando en el balcón de Sanmon

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Templos de Nanzenji

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Budas en el altar

Enfrente de Sanmon encontramos el templo Hatto (templo de Dharma) que no estaba abierto al público y del cual solo pudimos admirar sus exquisitas pinturas. Caminamos hacia un acueducto de tipo occidental el cual fue construido en los tiempos de la Restauración Meiji en la segunda mitad del siglo XIX. Algunos visitantes se aventuraban a caminar en lo alto del acueducto para verificar hasta donde llegaba pero nosotros preferimos imaginarlo desde una zona seguro. Copito y las alturas no se mezclan.

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Pinturas en el techo de Hatto

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Copito era el único sin cámara en esos momentos

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Acueducto de Nanzenji

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Acueducto construido durante la Restauración Meiji

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Traia agua desde lejos hasta Kyoto

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Les sigo presumiendo mi autobús, dijo Copito

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Monjes y fieles caminando

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El acueducto desde el bosque cercano

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¡Soy feliz!

En Nanzenji hay muchos templos secundarios con bellísimos jardines que están abiertos al público pero nosotros preferimos seguir nuestro camino hasta Higashiyama y el templo de Kiyomizu. Era ya el medio día y cominos todo lo que compramos en el supermercado enfrente de la salida del templo. Nos esperaba otra larga caminata más al sur y necesitábamos cargarnos de energía suficiente para ello. Los vikingos que me acompañaban se dividieron el rico postre de chocolate y proseguimos nuestro recorrido con nuestro amigo Google.

Continuará..

**Gina

Kyoto: El templo de plata Ginkaku-ji

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Antes de empezar la reseña del día, quisiera comentar lo increíblemente fácil que es moverse en transporte público en Japón. Todo está perfectamente señalado, todo es limpio, los pasajeros son respetuosos y hasta los baños de las estaciones parecen salidos de las plazas comerciales de lujo en mi país México. El transporte público es a prueba de idiotas, a menos que el visitante confunda una K con un G. Pero díganme, ¿a poco no se parecen los nombres de Kinkakuji y Ginkakuji?. Después de resolver nuestra confusión en la estación del metro pudimos abordar tranquilamente el autobús que nos llevaría a Ginkakuji, el pabellón plateado.

Este es el templo que nos había recomendado el amigable chef de la pizzería Goichi durante nuestra primera noche en Kyoto. Según él, a pesar de que Kinkakuji recibe toda la atención, Ginkakuji era igualmente de hermoso y con un jardín magnífico. Sus palabras fueron muy ciertas y disfrutamos mucho estar en esa zona de la ciudad y poder ver esta obra maestra de la arquitectura Zen.

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La calle que conducía al Ginkakuji

Antes de entrar al templo, compramos los suministros suficientes en un supermercado local. Te, cocoa, agua, sandwiches, fruta y galletas fueron nuestro combustible por una modesta cantidad de dinero. Sabíamos que nos esperaba un largo día caminando por el Oriente de Kyoto y no queríamos que ningún miembro de la Yucafamily sintiera esa hambre destructora del buen humor.

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Jardín del Ginkakuji

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Estética Zen

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Templo en Ginkakuji

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Estanque en Ginkakuji

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Probando suerte en el estanque

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Jardin Zen

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Vista desde lo alto del cerro en Ginkakuji

El origen de Ginkakuji se sitúa en el año 1482 cuando el shogun Ashikaga Yoshimasa construyó una villa para pasar el resto de sus días, siguiendo el ejemplo de su abuelo Yoshimitsu quien había mandado construir Kinkakuji. Aunque es mejor conocido por el nombre de Ginkakuji, su nombre formal es Higashiyama Jisho-ji. Yoshimasa pasó toda su vida construyendo Ginkakuji y aunque su plan original era cubrir el templo Kannon-den con láminas de plata, esto nunca se llevó a cabo.

La parte más espectacular del templo es sin duda el jardín, en donde la belleza de todas las estaciones es adaptada para brindar al espectador una atmósfera de profunda espiritualidad.

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Mami, despertaré a las deidades

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Ding Dong

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Quería meditar ahí

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Jardin de arena y piedra

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Caminos pacíficos en Ginkakuji

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Templo de Ginkakuji

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Admirando el jardín en Ginakuji. Atrás una representación del Monte Fuji en arena.

Saliendo del templo nos encontramos con muchos señores de la tercera edad haciendo caminata por el famoso “Camino del Filósofo”, una calle que conduce de Ginkakuji a Nanzen-ji, un templo más al sur de Kyoto. Durante la primavera, este camino se inunda de colores rosas provenientes de los árboles de cerezo y por ello muchos visitantes lo recorren siguiendo los pasos del filósofo Nishida Kitaro. Ese día de invierno, el camino lucía más bien seco aunque no por ello menos inspirador a filosofar.

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El Camino del Filósofo

Cuarenta minutos después, llegamos a Nanzenji, un templo del cual no sabíamos nada pero estaba en la ruta hacia el distrito histórico de Higashiyama.

Continuará…

**Gina

 

Entre ciervos y Budas en Nara, Japón

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O como yo le digo, “el día que Copito le hizo Hi-five a Buda”…

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¡Hi-five Buda! (reproducción de la mano del Gran Buda de Nara)

Partimos de la estación de Kyoto hacia la ciudad de Nara, al sur de Kyoto, a bordo del tren de JR Nara Line Rapid Service. Estos trenes son más parecidos a un metro pues los asientos no se pueden reservar y hay espacio suficiente para ir parado en los extremos de los vagones. El trayecto duró alrededor de 50 minutos, mismos que Copito utilizó para “platicar” con un niño japonés y su abuelita sobre sus trenes de juguete. Como ya les había comentado, en los metros de Japón no es muy común platicar pero Copito ignoró dicha regla de etiqueta en todos los trenes que subió por más “shhhhhh” que su madre le decía. Creo que fue disculpado por los silenciosos japoneses por tratarse de un niño pequeño proveniente de otra cultura pues siempre encontró sonrisas más que miradas desaprobadoras como respuesta a sus conversaciones.

La estación de JR en Nara, se encuentra ubicada a un kilómetro de Kofuku-ji, un templo rodeado de grandes áreas verdes y en el cual tuvimos nuestro primer acercamiento con los venados de Nara. De acuerdo a la leyenda, la deidad Takemikazuchi-no-mikoto se apareció montando un venado blanco en el Monte Mikasa y desde entonces los venados con considerados animales sagrados en la ciudad. Matar a un ciervo fue considerado como un crimen cuyo castigo era la muerte hasta el siglo XVII. Hoy en día son orgullo de la ciudad y son protegidos como Tesoro Nacional, misma denominación que se les da a los edificios más importantes de Japón.

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Kofuku-ji

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Pagoda de Kofoku-ji

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Kofoku-ji

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Alimentando ciervos

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¿Que le dirá Copito al venado?

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Eran amigables pero golosos

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¿No tienes comida?, ¡no nos interesas! dijeron los ciervos

Copito fue muy feliz alimentando a los ciervos con unas galletas especialmente hechas para ellos. Estas galletas se vendían cerca de los templos y costaban unos 150 yenes. Lo complicado era poder dar a un solo ciervo una galleta como lo pudo constatar Mr. Viking. Los golosos animales se acercaban en montones apenas veían que alguien sostenía un paquete de galletas. Además, parecían tener alguna fijación con el papel pues nos robaron y mordisquearon nuestro mapa y otros folletos que sosteníamos. Después de esto, no nos atrevimos a comer nada cuando divisábamos algún venado pues aunque los cervatillos eran pequeños y curiosos, los más grandes me resultaban un poco intimidantes.

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Danos galletita, hombre blanco

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Los venados me robaron mi folleto

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Danos comida, mujer

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Copito descansando con un ciervo

Un señor japonés le enseñó a Copito a hacer que los ciervos hagan una reverencia antes de comer su galleta y le regaló un lindo origami que nos acompañó hasta el final de nuestro viaje.

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Con el señor que nos ayudó a darles de comer

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Feliz con su origami

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¡mmmm qué rico!

Continuamos caminando por el Nara Park, una inmensa area verde en medio de la ciudad en donde más venados se encontraban descansando y paseando por doquier. Nuestro objetivo era conocer al Daibutsu (Gran Buda) del templo de Toda-ji y algunos templos secundarios detrás de él. Para llegar a su gran puerta de entrada tuvimos que esquivar a miles de turistas, venados, vendedores ambulantes y uno que otro gato en el camino. La calle estaba tan concurrida que no nos fijamos que había un acceso con rampa (útil para subir la carreola) hasta después de cruzar la Puerta Nandaimon.

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Nara Park

Naidamon es la puerta al Daibutsuden, el templo principal donde se encuentra el Gran Buda. Este pórtico de madera, así como las estatuas de los guerreros que la flanquean son considerados también Tesoro Nacional de Japón. Los ciervos seguían siendo parte del paisaje y únicamente los dejamos de ver cuando llegamos a la taquilla del Daibutsuden. Al parecer los venados nos son bienvenidos en el patio del Gran Buda para tranquilidad de nuestros panfletos y nuestros boletos de entrada al templo.

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Naidamon

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Naidamon

El Daibutsuden fue construido en el año 752 d.C como sede de los templos budistas de Japón cuando Nara era la antigua capital del imperio. El actual edificio data de 1692 y es una reconstrucción pues el orinal fue consumido por el fuego y los terremotos. El actual es uno de los edificios de madera más grandes del mundo a pesar de que es dos tercios del tamaño del templo original. Su habitante principal, el Daibutsu, es uno de los Grandes Budas de Japón junto con el de Kamakura y Takaoaka, entre otros. Está hecho de bronce, mide 15 metros de altura y pesa 500 toneladas. ¡Impresionante!. Solo para que se den cuenta de las dimensiones del Gran Buda les dejo las siguientes fotografías.

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Daibutsuden

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Copito y el Daibutsuden

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Mami, ya quiero ver a Buda

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Detalles del Daibutsuden

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El Gran Buda

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Hermoso Buda

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Copito diciéndole hola al otro Buda

Daibutsu no se encuentra solo en el templo sino que está acompañado de varios Bodisatvas así como de dos guardianes con apariencia feroz y algunas réplicas de las edificaciones originales. Copito aprendió a venerar a Buda rápidamente aunque estaba más interesado en atravesar el orificio de uno de los pilares del templo. Este orificio mide exactamente lo mismo que la fosa nasal del Gran Buda y se cree que todo aquel que lo logre atravesar será iluminado en su próxima vida. “Challenge accepted” habrá pensado Copo de Nieve, quien con mucha agilidad atravesó sin ningún problema el agujero ante las risas de los turistas.

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Los Budas

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Reproducción del templo Daibutsen original

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Buda dorado

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Haciendo su ofrenda a Buda

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Mirada llena de admiración

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Uno de los guerreros guardianes

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No creo que alguien quiera pelear con ellos

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Obteniendo su iluminación

Nos despedimos del Daibutsu no sin antes comprar el que hasta el día de hoy es uno de los talismanes preferidos de Copito: dos pequeñísimos Budas a los cuales llama tiernamente “Buda y Budita” sus compañeros en sus historias fantásticas sobre trenes y autobuses en Japón.

Seguimos nuestro recorrido cuesta arriba en la montaña hasta llegar a Nigatsu-do y otros templos. Dado que no había venados a la vista pudimos comer unos sandwiches en el bosque con tranquilidad. Solo nos observaban unos cuantos Budas perdidos por los caminos a quienes los monjes les habían colocado agua para beber. Los Budas sin duda son muy sanos pues seguramente a las deidades de mi país les hubiesen colocado una que otra bebida etílica para mejorar su ánimo.

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Nigatsu-do

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Despertando deidades con el resonar de las campanas

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Bajando el cerro detrás de Toda-ji

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Una puerta sintoísta

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Descansado en Hooke-do

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Buda y su vaso de agua

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Otro Buda en el bosque

Era hora ya de regresar a la estación de Nara y Copito le dijo adiós a cuanto venadito vio. Esa noche volvimos a cenar en un restaurante de Yodobashi pues su precio nos había parecido muy accesibles para la inmensa cantidad de comida servida. Mientras su padre engullía un enorme steak, Copito era feliz viendo su comida servida de una manera muy original: en un carro de juguete. El apetito le surgió por sus ojos pues se acabó prontamente la mayor parte de ese platillo tan curioso.

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¡Qué rica y divertida comida!

Había llegado la hora de descansar y soñar con con el Gran Buda abordando un shinkansen.  Imágenes que solo pueden originarse en la imaginación de un niño.

**Gina

Una tarde en Arashiyama

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Confieso que al llegar a Arashiyama, al oeste de Kyoto, no teníamos muchas intenciones de visitar más templos. Nuestro deseo era conocer el famoso bosque de bambú que tanto aparece en las postales del país del sol naciente y caminar sin rumbo fijo en este Sitio de Belleza Escénica, según el gobierno de Japón. Como era de esperarse para esas horas de la tarde, nos acompañaban un considerable número de turistas pero, siendo la mayoría japoneses, la cordialidad se imponía en las aglomeradas calles.

Todos los lugares de interés en Arashiyama se encuentran a una corta distancia de la estación del tren eléctrico excepto el Iwatayama Monkey Park, el cual está al otro lado del río Oi. El bosque de bambú y algunos templos se encuentran a unos metros de la estación así como el largo puente Togetsukyo desde el cual gozamos de hermosas vistas a las montañas cercanas al poblado.

El bosque de bambú es la atracción más conocida de Arashiyama. Es lo bastante grande como para que cualquier turista encuentre algún lugar semi-vacío para sentir la paz del sonido de estos altos arboles cuando se mueven con el viento. Los rickshaws también pasaban entre la gente dándole a todo el paseo un aire tradicional y divertido.

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Bosque de bambú

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¡Qué altos!

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El sol se esconde

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No podía faltar la foto del recuerdo

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Bambú

El murmullo del bambú y la gente hizo que Copito durmiera su siesta a esa hora. Nos dirigimos entonces a un mirador que  según algunos letreros en inglés estaba ubicado a 700 metros cuesta arriba. La recompensa a nuestro gasto calórico fue disfrutar de esta hermosa vista al río y las montañas.

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El río Oi

Nuestro estómago comenzaban a rugir y era hora de encontrar algún lugar para calmar a las bestias estomacales. Cruzamos el puente en dirección al Monte Arashi y comenzamos a explorar los restaurantes de la zona. Todos parecían muy tradicionales como para entrar con un Copito durmiendo o un Copito furioso por haber sido despertado de su siesta. No queríamos perder mucho el tiempo decidiendo así que compramos unos bento boxes enfrente de una estación de tren e hicimos un improvisado picnic en un parque cercano.

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Colores en invierno

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Colores en invierno

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Colores en invierno

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Cruzando el río Oi

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Antes de llegar al Monkey Park

Copito despertó hambriento y goloso, seguramente debido al olor del pan de chocolate que Mr. Viking estaba a punto de ingerir. El mayor de los vikingos tuvo que compartir su postre y una vez que todos estuvimos satisfechos nos dirigimos al Iwatayama Monkey Park.

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Precio y horarios del Iwatayama Monkey Park

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¿Escaleras al cielo?

Eran alrededor de las 4:00o pm cuando empezamos a subir la montaña. En la entrada nos advirtieron que tardaríamos alrededor de 20 minutos hasta donde se encontraban los monos. Esos 20 minutos se traducen a 40 al paso de un niño pequeño así que empezamos prontamente la caminata. Otros viajeros nos pasaban velozmente y otros que bajaban le daban ánimos a Copito diciéndole que ya faltaba poco para que viera a los monos.

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¡Tú puedes, Copito!

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El sol se oculta

Finalmente llegamos a la cima del Monte Arashiyama. Los macacos japoneses jugaban por doquier y sus cuidadores vigilaban que ninguno de ellos atacara alguna de las gigantescas cámaras SRL con las que los visitantes tomaban centenares de fotos. Las advertencias eran claras: debíamos de guardar una distancia de tres metros con los macacos, no mirarlos a los ojos o agacharnos a su nivel. Todas las advertencias fueron explicadas a Copito aunque aún así uno de los monos se acercó peligrosamente hacia él, creemos por su estatura poco intimidante. En la cima también está un refugio totalmente cerrado desde el cual se puede alimentar a los macacos con cacahuates y frutas y comprar alimentos y bebidas para los agotados Homo sapiens. 

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Copito orgulloso de haber llegado a la cima

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Macacos traviesos

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Espulgándose

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Muy pensativo

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Kyoto desde lo alto del Monte Arashiyama

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¡Dame cacahuates, Homo sapiens!

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Monos golosos

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Alimentado macacos

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¡Dame!

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Su mirada lo dice todo

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Alimentado un bebé macaco

Antes de bajar la montaña y dirigirnos a la estación de tren, Copito y un puñado de jóvenes que trataban de emular sus hazañas, jugaron en una enorme resbaladilla. Muy felices bajamos tranquilamente los casi tres kilómetros los cuales se nos hicieron considerablemente menos pesados que los caminados cuesta arriba.

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weeeeee

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Copito el valiente

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Un parquecito tranquilo

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Fue más fácil bajar

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Últimas escaleras

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Cruzando el puente hacia la estación de trenes

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Feliz, como siempre

Para regresar a nuestro departamento, tomamos el tren línea San-in en la estación de JR Saga-Arashiyama. En 15 minutos ya estábamos nuevamente en el centro de Kyoto listos para comprar algo delicioso para la cena.

Al día siguiente nos esperaba uno de los castillos más hermosos de todo Japón, pero esa es otra historia…

**Gina

Kyoto: Ninna-ji, un templo de herencia imperial

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Llegamos hasta el monumental Ninnaji unos 45 minutos después de haber salido de Kinkakuji. Nos sentíamos unos verdaderos enanos al cruzar la gran puerta llamada Niomon, flanqueada por dos guardianes con cara enojada y que, tan solo de verlos, evitaron que cierto niño de tres años hiciera sus travesuras en presencia de Buda.

Como siempre, dejamos la carreola en el lugar designado por los empleados y nos adentramos a este espacio sagrado. La entrada al templo fue gratuita y únicamente pagamos 500 yenes por cada adulto para conocer el Goten, descrito más adelante.

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Puerta Nomon

En los siglos VIII y IX muchos nobles imperiales construyeron sus villas veraniegas en las colinas al oeste de Kyoto. Estos nobles eran seguidores del Budismo Amida y posteriormente muchas de sus villas fueron convertidas en templos. Durante este periodo, el Emperador Koko ordenó  la construcción de un templo en honor al Buda Amida en el Monte Ouchiyama pero murió antes de ver terminar su legado. Su hijo, el Emperador Uda, completó esta obra y, al cumplir 31 años, abdicó para convertirse en el sacerdote principal de este templo. A partir de entonces, fue tradición que uno de los hijos del Emperador fungiría como abad en Ninnaji lo que lo convirtió en uno de los templos más prestigiados de todo Japón.

Hoy en día, Ninnaji es la sede de la escuela Omuro de la secta Shingon del Budismo.

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Pagoda de cinco pisos

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Puerta Niomon desde la puerta Chumon

En el siglo XV un gran incendio durante un guerra destruyó gran parte del templo. Las estructuras actuales datan del siglo XVII cuando el príncipe Kakushin, con patrocinio del Shogunado, reconstruyó el templo. Desde 1994, Ninnaji es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto con otros dieciocho lugares más.

La estrella de Ninnaji es el Goten, la residencia del sacerdote principal, construido al más puro estilo imperial. No recuerdo cuantos suspiros realicé durante nuestra visita pero todo el complejo era uno de los edificios más bellos que había visto en mi vida. Todo destilaba elegancia, desde sus hermosos pasillos de madera, su altar reluciente, sus puertas corredizas decoradas y sobre todo, su espléndido jardín con estanque y área seca.

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Bellas pinturas en el interior del Goten

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Pinturas en las puertas corredizas

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Quiero un recibidor así

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Pintura en las paredes

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Altar a Buda

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Pequeño Buda

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Jardin de roca

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Caminar ahí nos brindaba paz

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Hermosos pasillos cubiertos

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En donde mirase había belleza

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Estanque

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Un edificio del complejo

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Las puertas de acceso

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Explorando las habitaciones

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¿En qué pensaba Copito?

Todo era bello. Todo. Pero era hora de partir a nuestro siguiente destino: el distrito de Arashiyama. Le dijimos adiós al pacífico templo y caminamos tres cuadras hasta la estación de Omuro-Ninnaji (línea Dentetsu-Kitano) para abordar el pequeño tren eléctrico que nos llevaría hasta la estación de Katabiranotsuji. De ahí abordaríamos otro tren eléctrico más corto (línea Dentetsu-Arashiyama) hasta la estación de Arashiyama. La ruta es mucho más fácil que pronunciar los nombres de la estaciones y todo está perfectamente indicado en inglés o a algún amable japonés podrá indicarle el anden correcto.

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Brrrrr ¡qué frío!

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Trenes eléctricos Randen (Dentetsu)

Ahora sí, hora de explorar uno de los paisajes más emblemáticos de Japón.

Continuará…

**Gina

Kyoto: El templo dorado Kinkaku-ji

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Los días que nos hospedamos en la casa de huéspedes Villa Court  Karasuma Nanajo, desayunamos en nuestro departamento pues su cocina estaba bien equipada con todo para preparar café y platillos simples. Este es nuestro tipo preferido de hospedaje para viajar en familia pues no solo es mucho más económico cocinar el desayuno y las cenas sino también es más espacioso que una habitación de hotel. Otro factor importante es que los departamentos muchas veces están equipados con lavadora/secadora lo que nos permite viajar lo más ligero posible. Generalmente, viajamos con dos mochilas medianas con suficiente ropa para una semana para los tres miembros de la familia y dos equipajes de mano pequeños con lo más básico para sobrevivir en caso de que la aerolínea pierda nuestros equipajes. Esta ligereza nos permite tomar el transporte público del aeropuerto o estación de trenes al hotel sin sentir que uno carga la casa encima.

Pero basta de generalidades y vayamos a la reseña de nuestro segundo día en Kyoto.

Llegamos a la estación de autobuses que se encuentra enfrente de la estación central y nos enfrentamos a la cruel realidad de Japón: a los japoneses les gusta viajar tanto como a nosotros y las filas para el autobús que se dirigía a Kinkaku-ji o Pabellón Dorado, eran bastante largas. Además el autobús tardaría 45 minutos en llegar hasta el noroeste de la ciudad y tendríamos que plegar la carreola y sostenerla todo ese tiempo. Enseguida, encontramos una forma alternativa en Hyperdia.com que involucraba tomar el metro (línea Karasuma) hasta la estación Kitaoji al norte de la ciudad y de ahí, tomar un autobús hasta Kinkakuji. En total, el trayecto duraría menos que el autobús desde la estación central pero costaría unos 150 yenes más. Cabe señalar que ninguno de estos medios de transporte están incluidos en la JR Rail Pass pues no forman parte de la compañía Japan Railways.

Llegar fue muy fácil y todo estaba perfectamente indicado en los letreros de las estaciones. En Kitaoji, seguimos los letreros hacia el paradero de autobuses y esperamos el correspondiente al templo dorado. En el autobús, pagamos con la tarjeta ICOCA, previamente comprada en una maquina expendedora en la estación central. ¡Voila! en menos de 40 minutos ya estábamos en la puerta del templo.

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Kinkaku-ji en todo su esplendor

Kinkaku-ji, cuyo nombre verdadero es Rokuon-ji (Templo del ciervo) es un templo budista Zen famoso por estar cubierto por un brillante oro laminado. Según las creencias budistas, el color dorado repele los sentimientos y pensamientos negativos hacia la muerte y refleja de manera extraordinaria la luz solar. Nosotros pudimos constatar este último aspecto pues incluso esa mañana nublada, el templo sobresalía como un gran tesoro en el horizonte.

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Al igual que en otros templos y castillos repletos de escaleras, los guardias de seguridad nos sugirieron dejar la carreola en la entrada. Afortunadamente Copito puede ya caminar distancias considerables y subir cuanta escalera se le ponga enfrente así que no tuvimos ningún problema durante todo nuestro viaje.

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A esas horas de la mañana, no muchos visitantes se encontraban con nosotros. Tomamos muy tranquilamente las fotos y caminamos cuanto quisimos en el jardín. El folleto que nos dieron en la entrada no tenía mucha información sobre el templo y adentro no había indicación alguna de la ruta pero los guardias señalaban muy atentamente hacia donde debíamos continuar.

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El edificio actual data de 1955 pues en 1950 el bellísimo templo fue quemado accidentalmente por un joven monje. La reconstrucción trató de ser idéntica al original aunque existen dudas sobre el excesivo uso de láminas de oro en la versión original. Kinkaku-ji consta de tres pisos y mide aproximadamente 12.5 metros de altura.

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El jardín sigue un estilo Shakkhei, que integra el exterior con el interior, es decir, que crea una extensión del mundo que rodea al templo y lo conecta con él. El pabellón también tiene un tranquilo estanque que refleja el templo dorado. La construcción del jardín y sus alrededores se construyeron tratando de ilustrar una harmonía entre el paraíso y la tierra, como lo describe el Budismo Amida y es un perfecto ejemplo del periodo clásico de los jardines japoneses.

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¿Quién le atina al jarrón?

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Los vikingos tratando de atinar

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Prendiendo velas en honor a Buda

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Bye bye Kinkaku-ji

Era turno para visitar el siguiente templo y para llegar a él teníamos que caminar unos tres kilómetros cuesta abajo. Era un día soleado y la caminata fue muy amena viendo a los estudiantes de una escuela cercana practicar artes marciales y viendo desde lo lejos las pagodas de otros templos. Unos 45 minutos después llegamos a nuestro destino.

Continuará…

**Gina