Escuchando mis pensamientos en Ytre Sula

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Llegar hasta la isla de Ytre Sula, en donde la hermana menor de Mr.Viking estaba construyendo su nueva casa, fue parte de la aventura de experimentar la tranquila vida rural de Noruega. Desde Bergen, nos fuimos en caravana por casi dos horas hasta el poblado de Rutledal en donde esperamos al ferry de mediano tamaño que nos llevaría a la Isla de Sula. De ahí, cruzamos un puente hasta la Isla de Steinsundøyna y otro más hasta la Isla de Rånøyna en donde finalmente tomamos un pequeño ferry hasta la Isla de Ytre Sula. Todo este recorrido nos tomó más de tres horas, entre carretera, esperas de ferry e interminables curvas cerradas en carriles para un solo vehículo. Mr. Viking demostró una vez más, ser el conductor más experimentado que conozco llevándonos y trayéndonos sanos y salvos como lo ha hecho siempre.

Los paisajes como siempre eran dignos de muchos WOW. O como le dicen los traductores más tradicionales: GUAU. Pasamos parte de la carretera E39, cuyos paisajes me habían hecho suspirar la primera vez que visité Noruega. Mi primera impresión se mantuvo ocho años después y me da la impresión que Noruega es un paraíso en donde la Madre Naturaleza todavía reina sobre nosotros los pequeños humanos. Incluso los caminos de asfalto se rinden hacia la inmensidad de los paisajes y lo que tomaría dos horas en otros países, en Noruega toma cinco pero con muchas recompensas visuales. Un horizonte espléndido se esconde después de cada puente, de cada túnel y de cada curva. Únicamente bastaba mirar hacia todos los puntos para descubrir una nueva razón de asombro: ríos caudalosos, cascadas estruendosas, montañas nubosas y bosques infinitos que sin duda, son la mejor muestra de la armonía entre los noruegos y su naturaleza.

Incluso hubo un momento en el que la acción más cotidiana de este mundo, cargar gasolina, se convirtió en una oportunidad para admirar un tranquilo lago y un poblado sumergido en la profundidad de un valle. Me imaginaba qué se sentiría caminar todos los días gozando tal belleza en lugar de edificios y calles congestionadas de automóviles y peatones.

Los paisajes de Ytre Sula son tan extraños como su nombre. Las formaciones rocosas parecían salidas de alguna mente imaginativa y fantasiosa. En la mía, los cerros de piedra gris no eran sino los antiguos trolls petrificados pues incluso durante mis largas caminatas me parecía ver los perfiles de sus rostros. Tal vez en la noche despertaban para jugar pues me resultaba extraño que hubiera tantas rocas solitarias de gran tamaño en los lugares menos imaginados. ¿Tal vez eran sus pelotas?.

La sencillez de la vida cotidiana se apoderó de la Yucafamily durante los cinco días de estancia en Ytre Sula. Nos hospedamos en una cabaña dando al mar y cada mañana, la familia extendida nos visitaba. Platicamos, bebimos y comimos mucho y no recuerdo haber extrañado el Internet salvo en las mañanas cuando quería leer el periódico online. Copito jugó con sus primas todos los días y se volvió un experto en montar su recién adquirido monopatín. También demostró ser un explorador nato del medio ambiente pues para mi asombro era mil veces mejor que yo subiendo los cerros y encontrando el mejor lugar para pisar. Aún en las pendientes más inclinadas Copito parecía un Legolas lleno de gracia y elegancia mientras que su madre batallaba como un Gimli en las irregularidades del terreno. “¡Tú puedes, mami!” me alentaba cada vez que veía mi dificultad para subir. Sin duda, un momento bochornoso para la Gina adulta pero lleno de orgullo para la Gina mamá.

Dos de las mañanas, Mr. Viking se llevó de pesca a Copito, quien disfrutó mucho esa actividad e inclusive obtuvo una presa. También realizaron una trampa para cangrejos, que fueron nuestra cena poco después. Igualmente, visitamos los pocos núcleos poblacionales de apenas una docena de casas. En Ytre Sula hay aproximadamente 240 habitantes esparcidos en un territorio de 35 kilómetros cuadrados así que lo que más les sobra a la gente es espacio.

Dos de los días caminé solitariamente por la isla. Tomé mi teléfono, mi fiel cámara, mi rompevientos y algo de dinero dispuesta a caminar, por lo menos, 10 kilómetros. Mi meta fue siempre superada con creces pues el clima maravilloso y la peculiaridad del paisaje me hacían olvidar la distancia recorrida. Imaginaba cosas maravillosas, recordaba todas las experiencias únicas que había vivido en los últimos años aunque también aparecieron algunos eventos tristes en mis pensamientos. La soledad durante estas caminatas fue necesaria para escucharme a mí misma aunque esta reflexión incluyera aspectos negativos. Sin embargo, al final no sentía ninguna pesadumbre emocional. Al contrario, me sentía muy satisfecha y feliz de haber llegado a mi objetivo y ser recibida por muchos besos y abrazos de mi familia quienes se mostraban deseosos de conocer mis andanzas por la isla.

Antes de dirigirnos a Bergen, hicimos una breve parada en la isla de Sula en donde caminamos parte del sendero Ramnenipa junto con la tía de Copito. Ella nos comentó que en el barnehage (preescolar) se le da mucha importancia al ejercicio físico y sus hijas menores de cinco años ya habían realizado el recorrido de 5 kilómetros durante una salida escolar. Nosotros no pudimos llegar al final pues teníamos que apresurarnos para llegar al ferry hacia tierra firme. Los estómagos de los vikingos estaban deseosos de recibir los hot-dogs, waffles, hot cakes con brunost y helado que vendían en la cafetería del ferry y que, aunque usted no lo crea, sabían muy delicioso después de un largo día de regreso a casa. Y fue así que le dijimos “hasta luego” a las Islas de Solund.

**Gina

Europa: tres semanas, tres países

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La procrastinación se apoderó de la autora de este blog, pero después de casi mes y medio de haber regresado a este lado del Atlántico, estoy lista para relatarles lo que la pequeña Yucafamily hizo en vacaciones de verano. No fue ciertamente un verano de playa y sol como muchos añoran. Fueron más bien tres semanas descubriendo y redescubriendo tres países europeos fascinantes y totalmente diferentes del uno al otro: Países Bajos, Noruega y Polonia.

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¡Hay tantos lugares por descubrir! (Solund, Noruega)

Nuestra fidelidad a Skyteam ha dado buenos resultados tanto para ellos como para nosotros pues para viajar desde Mérida a Amsterdam escogimos volar en la nueva ruta de Aeromexico (MEX-AMS). Fue un vuelo nocturno a bordo del moderno avión Dreamliner, el cual es muy silencioso y con un sistema de entretenimiento a prueba de noctámbulos. Claro está, el más pequeño del clan yuca-vikingo solo sintió la vibración del despegue y se entregó plácidamente a los brazos de Morfeo por las próximas 10 horas. Si alguno de los lectores piensa viajar con niños pequeños en un vuelo de chorrocientas horas, sugiero que escojan vuelos nocturnos como los de Aeromexico. Hemos probado esta teoría para viajar a París, Amsterdam (con KLM y Aeroméxico), Toronto y Tokyo con muy buenos resultados para nuestra tranquilidad y la de todos los pasajeros de esos vuelos.

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“Papi, pon Cars por millonésima ocasión”

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¿Cena en La Mansión?, ¡Yo como mis galletas!

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Feliz de aterrizar en Amsterdam

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¡Por fin, molinos de viento!

En Amsterdam pasamos cinco días enteros los cuales describiré con más detalle en los siguientes artículos. Nos hospedamos en el Ibis Amsterdam Centre Stopera, a unos quince minutos a pie de la estación central. Los Ibis nunca me han decepcionado. Son baratos, limpios, casi siempre con excelente ubicación a lado de estaciones de tren o metro, un desayuno buffet lleno de cosas engordativas y deliciosas y un bar económico en donde podemos relajarnos después de un largo día de paseo. Sus habitaciones pueden ser minúsculas para los huéspedes que pesan más de 100 kilos, pero para nosotros siempre han sido más que suficientes.

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Hotel Ibis Amsterdam Stopera

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Ibis Amsterdam Stopera

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Delicioso chocolate y bollería para chuparse los dedos

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¡Estamos en Países Bajos!

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¿A quien le pertenece cada cosa?

Desde Amsterdam, tomamos un siguiente vuelo con KLM hacia la hermosa ciudad de Bergen, Noruega para visitar a farmor y a farfar (abuelita y abuelito) quienes estaban ansiosos de besuquear las bronceadas mejillas de Copito de Nieve. Fue mi quinta visita al país más bello del mundo y esta belleza nunca es redundante. En esta ocasión visitamos la surrealista isla de Solund, al extremo oeste del país, en donde pasamos un fin de semana largo lleno de naturaleza, largas caminatas y paseos por barco.

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En la terraza del aeropuerto de Schipol, Amsterdam

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Muy consentido por KLM y sus papás

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Regalo de KLM para Copito

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Islas de Solund, un lugar para la reflexión

Después de pasar también unos días en Bergen, decidimos escaparnos a la ciudad de Cracovia, en Polonia por cinco días. Por primera vez, y seguramente no la última, viajamos con Norwegian, la tercera aerolínea de bajo costo en Europa (después de las más conocidas Ryanair y EasyJet). Los precios sí que eran económicos aunque no incluían equipaje documentado y asignación de asientos. Aún así, los tres miembros de la familia pagamos alrededor de 300 USD en total por la ruta directa Bergen-Cracovia-Bergen. Se trataba de una escapada cultural para conocer un nuevo país en el viejo continente y afortunadamente dimos con esta ciudad llena de atractivos y precios amigables para el bolsillo. Nos hospedamos en una habitación triple en el baratísimo Ibis Budget Stare Miasto (44 USD por noche), a lado de la estación central Krakow Glowny. La habitación era muy sencilla, amplia para una familia de tres y muy limpia aunque sin amenidades salvo jabón de tocador. El desayuno buffet incluía pan, jamón, queso, granola, yogurt, cereal y por supuesto, salchichas. Al fin y al cabo, estábamos en Polonia, tierra de las kielbasa (salchicha) y cierto vikingo carnívoro aprobaba esta selección.

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Avión de Norwegian hacia Cracovia

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Un pasajero muy feliz

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Hotel Ibis Budget Stare Miasto

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Regadera y lavabo en el Ibis Budget Stare Miasto

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Un huésped muy feliz

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Copito es el único que lee las instrucciones de seguridad en los aviones

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¡Hasta pronto Cracovia!

Después de tres semanas maravillosas llenas de experiencias nuevas y abrazos familiares era tiempo de decir Ha det bra! a la siempre deslumbrante Europa. Cuando llegamos al aeropuerto de Amsterdam, una amable empleada de Aeromexico nos comunicó que habíamos sido ascendidos a primera clase en el vuelo AMS-MEX. ¿Champagne, selección de quesos y asiento-cama?. Sí, gracias. Sin duda, el mejor vuelo que he tenido en mi mediana vida. Copito se portó muy a la altura de la situación y disfrutó su jugo de naranja en vaso de cristal antes de dormir cómodamente en los asientos-cama del Dreamliner. Sus padres en cambio, aceptaron las múltiples copas de vino que las auxiliares de vuelo ofrecieron durante el vuelo. Diez horas después, ya estábamos en nuestro país, listos para abordar el último vuelo hacia la capital yucateca, en donde Abuela Clos ya esperaba los cachetitos de su querido nieto viajero.

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El vino blanco era mio, ¿eh?

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El pequeño consentido de Aeromexico

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Poco antes de dormir, un poco de caricaturas

Continuara…

**Gina