Takayama Jinya y Altar Sakurayama Hachimangu

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Cuando regresamos a Takayama el clima no podía ser más perfecto. El sol brillaba en lo alto y el frío era bastante tolerable. Ese día a Copito le salió su lado más “gringo” y pidió comer unos nuggets de McDonalds. Para nuestra fortuna, la única sucursal del famoso restaurante de comida rápida estaba detrás de la estación y estaba exageradamente promocionada en los postes de luz de la ciudad. (->McCafé: 700m, ->McCafé 500, McCafé: 300m, McCafé: Here!). ¡Imposible perderse en la Cruzada por los Nuggets!.

Caminamos hacia Takayama Jinya, un sitio histórico nacional en donde donde se llevaban a cabo trabajos administrativos durante el periodo Edo (Sogunado Tokugawa). Este edificio es el único en su tipo que ha sobrevivido hasta nuestros tiempos en Japón. Fue la primera vez que entrábamos a una residencia con jardín estilo japonés y nos maravilló su sencillez y estética. Más adelante, entraríamos a impresionantes jardines en los templos de Kyoto y entenderíamos mejor sus distintos elementos.

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Takayama Jinya

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Takayama Jinya fue utilizado para la recaudación de impuestos, financiamiento, juzgado y acción policiaca y manejo de los bosques. Entre sus diferentes cuartos estaban la recepción, las habitaciones, la cocina, el área de interrogación con todo y una jaula para los supuestos criminales y el almacén donde se resguardaba el arroz que se recolectaba de los impuestos. También estaba en exhibición una armadura y casco que había sido heredado de generación en generación en la familia del oficial.

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Takayama Jinya

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Takayama Jinya

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Miniaturas en Takayama Jinya

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La arquitectura en Takayama Jinya

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Cuartos de almacenamiento de arroz (no se permitían fotos adentro)

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Esa misma tarde visitamos otra vez el distrito histórico en donde visitamos una tienda de sake y un pequeño bar/café llamado Kihachiro Kamisannomachi para nuestro tradicional beer break.  ¿Beer, qué?. Creado desde los inicios de nuestras andanzas por el mundo, el beer break es el tiempo que dedicamos a descansar en compañia de una cerveza (o dos).  Afortunadamente, la mayoría de las veces hemos encontrado restaurantes casuales y cafeterías tranquilas en donde podemos entrar con Copito, quien muchas veces duerme su siesta a esa hora. En Japón teníamos que tener especial precaución de revisar el lugar primero pues aún hoy en día se permite fumar en los interiores, algo inimaginable en otros lugares del mundo. Esa tarde, el bar se encontraba completamente vacío y pasamos un rato muy Zen jugando con la miniatura de un jardín karesansui (jardín japonés de arena y rocas) y comiendo por última vez los Hida Beef Buns. Sería la última vez que probaríamos estos deliciosos panecillos y qué mejor compañía que con una fría cerveza.

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La hora zen de Copito y su jardin japonés

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Caminando por Takayama

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Puente tranquilo en Takayama

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Detalles hermosos en las casas particulares

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Mucho sake

Nuestra última parada del día fue el altar Sakurayama Hachimangu, en donde cada año celebran el Festival de Takayama. Este festival es considerado uno de los más hermosos de todo Japón gracias a la majestuosidad de las carrozas que se exhiben durante los días que dura el evento. A lado del templo se encuentra la exhibición permanente de algunas de estas carrozas pero a esas horas de la tarde ya estaba cerrada. Sin embargo, aquí les dejo un ejemplo de una carroza la cual estaba siendo exhibida en la estación shinkansen de Himeji para que puedan darse una idea de lo bello que debe de ser el festival.

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Sakurayama Hachimangu

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Sakurayama Hachimangu

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Carroza en la estación de Himeji

Era hora de regresar al hotel y planear nuestro último día en la región. Nuestros cuerpos pedían descanso, nuestros ojitos pedían sueño y nuestro paladar… sake.

**Gina

Un paraíso invernal llamado Shirakawa-go

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Brrrrrr. ¡Qué frío!

Esa mañana salimos del ryokan en punto de las 7:00am para llegar a tiempo a la estación de autobuses Nohi, ubicada a lado de la estación de trenes. Como todo en Japón, el autobús llegó a tiempo para llevarnos a Ogimachi en Shirakawa-go, una aldea histórica declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Con nosotros solo se encontraban unas cinco personas más por lo que Copito pudo ocupar un asiento a pesar de no pagar boleto. (Como nota aparte, en Japón, a diferencia de Canadá y Estados Unidos, los niños menores de seis años no pagan en el transporte público ni la entrada a las atracciones).

Llegamos alrededor de las 8:00am a un Shirakawa-go completamente vacío. Ni un alma solitaria caminaba por las calles ni se asomaba desde las ventanas. Los pocos pasajeros del autobús se esfumaron mientras Copito y sus padres desplegaban la carreola y de pronto nos encontrábamos solos en el paradero de autobús. Un poco desorientados caminamos hacia donde distinguimos a otros seres humanos tomando fotos y después de unos cuantos metros nuestros ojitos se deleitaron con el paisaje. Era digno de muchos WOW y suspiros. La nieve blanca cubría las montañas del pueblo y las casas de dos aguas se veían tremendamente hermosas mientras cruzábamos el largo puente que nos llevaría al otro lado del río.

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Shirakawa-go es un poblado famoso por sus casas típicas tipo Gassho-zukuri, que en español significa “con las palmas de las manos juntas” pues sus techos semejan la posición de las manos en los rezos budistas. Los techos tienen ese grado de inclinación con el fin de soportar la abundante nieve que cada año recibe la región. Algunas de las casas tienen más de 250 años y han sobrevivido incluso los grandes cambios económicos de Japón después de la Segunda Guerra Mundial.

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Caminamos por la calle principal que a esas horas de la mañana se encontraba vacía y mientras los propietarios de las tiendas se preparaban para abrir. Habíamos planeado subir caminando cuesta arriba al mirador Shiroyama pero al llegar al final de la calle el conductor de un pequeño autobús local nos señaló que subiría al mirador. Decidimos ahorrarnos esas calorías, gastar unos cuantos yenes y aprovechar el ofrecimiento. En menos de cinco minutos ya estábamos en la cima del cerro y gozábamos de una vista maravillosa de Shirakawa-go.

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Arriba en el mirador había una tienda de souvenirs, maquinas vendedoras y el típico servicio de fotografía turística. Queríamos bajar el camino a pie pero los letreros indicaban que estaba cerrado porque era época de deshielo y el asfalto estaba muy resbaloso. Incluso unos señores japoneses jugaban a patinar sobre el suelo resbaloso del estacionamiento ante nuestro temor que se rompieran uno de que otro hueso por andar fanfarroneando.

El pequeño autobus bajó totalmente lleno del mirador y cuando llegamos al paradero la fila para abordarlo era larguísima. Era claro que habían llegado los enormes autobuses turísticos a la ciudad. Seguimos caminando con el propósito de entrar a alguna de las casas restauradas pero para nuestra sorpresa ninguna construcción tenía letreros en inglés y no podíamos saber si se encontraban abiertas al público o no. Finalmente vimos una casa que parecía abierta y entramos tímidamente. Se trataba nada más y nada menos del Museo Myozenji, un edificio de 200 años que es considerado el mejor ejemplo de la arquitectura Gassho en Shirakawa-go.

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Entrada al templo museo

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Puerta de entrada

Nos quitamos los zapatos (como lo hicimos en todas las casas, templos y castillos de Japón) y conocimos sus interiores con mucho asombro mientras leíamos el panfleto en inglés. La construcción era bellísima, oscura y con cierto aire fantasmal. Olía mucho a humo pues el fuego de la chimenea de la recepción siempre se mantiene prendido para calentar los cinco pisos de la casa. Este mismo humo le daba el brillo a la madera de ciprés y zelkova (olmo japonés) con las cuales estaba construida. Otro dato sorprendente es que en este tipo de arquitectura no se utilizan los clavos y las abrazaderas sino que se utiliza una técnica especial con cuñas y cuerdas para amarrar la construcción.

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Irori (chimenea) siempre vivo

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Conociendo una casa gassho

En el pasado, los techos se cambiaban cada 40 o 50 años pero ahora ha sido necesario hacerlo mas seguido debido a que ha disminuido el uso de las chimeneas y al tipo de paja disponible hoy en día. El trabajo de mantenimiento de los techos es llevado a cabo mediante un sistema de ayuda mutua llamado Yui, en el cual los casi 200 habitantes del poblado cooperan para finalizar el trabajo en un día.

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En el pasado, la cría de gusanos de seda fue parte importante de la economía de Shirawaka-go. El amplio ático formado por la gradiente de 60 grados era dividido hasta en cuatro pisos con el fin de maximizar los espacios para el cultivo del gusano.

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La última parte que recorrimos fue su templo el cual estaba bellamente decorado con pinturas del artista japonés Taisuke Hamada. Este es el único templo en el mundo construido con la peculiar arquitectura gassho.

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Nuestro autobus de regreso Takayama salió en punto de las 12:10pm. Estábamos muy satisfechos de haber conocido un lugar tan pintoresco y original como Shirakawa-go. Para los viajeros independientes como nosotros, recomendaríamos visitar el lugar temprano en la mañana para poder respirar ese aire tradicional y pacífico que caracteriza a la región o bien, pernoctar en alguna casa de huéspedes de estilo gassho, lo cual debe ser una experiencia increíble.

Finalizo esta entrada con una foto que provoca que se me haga agua la boca solo verla: el Hida Beef Bun que nos comimos mientras caminábamos por Shirakawa-go. Hida Beef Bun, ¡te extrañamos en México!.

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**Gina

 

Hida Takayama: Una ciudad en las montañas japonesas

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Después de sobrevivir en el tren Chuo Rapid de Shinjuku a Tokyo esa mañana sabatina, hicimos las reservaciones pertinentes para llegar a Takayama. Y digo sobrevivir porque el tren venía bastante lleno a pesar de que era fin de semana y muchos japoneses también se dirigían con maletas tamaño frigobar a la estación central. Al parecer las maletas son mucho más comunes en Japón que las mochilas pues incluso en los letreros de las estaciones suplicaban que el pasajero tuviera consideración de no aplastar los pies de otras personas con semejantes equipajes.

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Nuestro shinkansen a Nagoya

Nuestro primer tren fue un shinkansen de la ruta Tokaido. El destino era Nagoya, en donde tendríamos que tomar otro tren hacia Takayama. En el trayecto tuvimos la oportunidad de ver el Monte Fuji, ícono de Japón, desde las amplias ventanas del tren pues el rey sol brillaba en todo su esplendor sobre la región. Es bien sabido que Fuji-san es muy tímido y la mayor parte del tiempo está oculto entre las nubes por lo que consideramos su presencia esa mañana como un regalo de Japón hacia la Yucafamily.

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Monte Fuji

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Fuji-san

Copito mientras tanto hacía amistad con el joven que revisaba los boletos del tren a quien le decía “el policía” cada vez que pasaba por nuestros lugares. “El policía” lo llevó a ver a Fuji-san desde las ventanas de la cabina principal, alzándolo para que viera el paisaje. Eso debió provocar un gran impacto en la mente de Copito pues aún en estos días recuerda aquel momento. Cuando nos bajamos en Nagoya, el joven le dijo “bye bye!” desde su ventana mientras vigilaba que todos los pasajeros estuvieran a bordo. A partir de ese momento, Copito recibió muchos Hi fives, dulces, origamis y calcomanías de los empleados de los diferentes shinkansen pues los saludaba muy efusivamente cuando pasaban a lado de él. ¿Quizás todos ellos le recordaban a su querido “policía” que lo había cargado?.

En Nagoya corrimos hacia el anden del Limited Express Wide View Hida que nos llevaría a Takayama. Sólo teníamos 15 minutos de conexión que cargando maletas y empujando carreola parecen solo cinco y afortunadamente llegamos justo a tiempo para abordar uno de los vagones para pasajeros sin reservación. El tren iba bastante lleno pero no tuvimos ningún problema para encontrar tres asientos juntos. ¡Uff, hasta sudamos por primera vez en Japón!.

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¡Qué sueño!

Yo fui la única que se mantuvo despierta todo el recorrido pues los vikingos se durmieron casi inmediatamente.  Aunque el tren tardó dos horas y media en llegar a nuestro destino jamás sentí aburrimiento pues el tren tenía grandes  ventanas que me permitieron admirar el paisaje. La segunda mitad del trayecto fue particularmente hermosa pues pasábamos pequeños poblados junto a ríos y montañas nevadas.

Eran alrededor de las 2:00pm cuando llegamos a Takayama.Nuestros estómagos crujían a esas horas de la tarde clamando alimento cuando, por obra del destino, encontramos un pequeño puesto de algo digerible que lucía apetitoso. ¡Oh my God! era una de las cosas más deliciosas que hemos probado en toda nuestra mediana vida. Se trataba de un pan al vapor relleno de carne con un sabor e-x-c-e-p-c-i-o-n-a-l. Los tres miembros de la familia lo devoramos sin piedad y aunque nos dijeron su nombre en japonés no lo recordamos. Algunos puestos lo traducían como Hida Beef Bun así que si alguno de ustedes va a Takayama no olviden probar estas delicias.

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Hida Beef Bun

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Comiendo hasta con guantes

Una vez que las panzas se calmaron nos dirigimos al ryokan Hodakaso Yamanoiori (casa de huéspedes tradicional) para dejar nuestras maletas y salir en cuanto antes a caminar.  El clima era nublado y frío y el ambiente era totalmente diferente a Tokio. Takayama se encuentra en la región montañosa de Gifu y ahí habitan menos de 100,000 habitantes. Durante mucho tiempo su altitud y su localización lejana a otras áreas la mantuvieron separada del resto de Japón lo que le permitió desarrollar su propia cultura. La gente de Takayama era diestra en la carpintería, la cerámica y la fabricación de muebles. Gracias a este aislamiento, la ciudad posee un distrito histórico bastante conservado que se ha convertido en el corazón de la zona turística. Dentro de los edificios conservados se encuentran tiendas de artesanías, restaurantes, tiendas de sake y hasta museos. No pudimos salir con las manos vacías de las curiosas tiendas y compramos algunas botellas de sake y un sarubobo, el talismán regional que atrae la felicidad.

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Maneki-neko, el gato de la suerte

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Distrito histórico de Takayama

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Distrito histórico de Takayama

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Distrito histórico de Takayama

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Barriles de sake en el distrito histórico de Takayama

Quizás por el clima, no muchas personas se encontraban en la calle con nosotros. Me pareció que había más visitantes occidentales que en Tokio e incluso vimos a otros valientes padres de familia viajando con sus hijos. Creo que Takayama brinda la oportunidad de conocer el lado más tranquilo de Japón y de su antigua arquitectura rural y eso resulta muy atractivo para las personas que huyen del bullicio de las grandes urbes.

Los pronósticos de clima para el día siguiente lucían favorables así que nos dirigimos a la estación de autobuses Nohi para reservar nuestros asientos para Shirakawa-go. Nos llevamos una sorpresa desagradable cuando nos dijeron que todos los autobuses se encontraban llenos para el día siguiente y únicamente había lugar en el autobús de las 7:20 am. “Oh well, madruguemos” pensamos. Y vaya que el refrán “al que madruga, Dios le ayuda” fue verdad, pues gracias al horario del autobús pudimos tener a Shirakawa-go solo para nosotros.

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Árbol de 1,200 años de antigüedad

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Templo Kokubun-ji

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Templo Kokubun-ji

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“Aprenda, mi hijo, que en Noruega hay mucha nieve”

Terminamos nuestras andanzas en el templo Kokubun-ji en donde una amigable joven japonesa nos mostró muy orgullosa un árbol de 1,200 años de antigüedad. Fue una manera muy pacífica de acabar el día pues salvo nosotros y la joven nadie más se encontraba ante tan longevo árbol. Mientras sus padres admiraban el pasado religioso y ceremonial, Copito estaba más entretenido explorando un moderno artefacto que jamás en su vida de yucateco había visto: ¡un quitanieves!.

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Cenando en nuestra habitación

Terminamos el día comiendo un rico sushi comprado en un supermercado local. Que el lector no piense que la comida de las tiendas de conveniencia y los supermercados eran de baja calidad. Por el contrario, eran preparados con ingredientes frescos y sabían mucho mejor que los hechos en restaurantes en México. Creo que las comidas “rápidas” de Japón eran la mejor manera de comer sanamente sin saquear nuestro piggy bank.

Afuera los termómetros marcaban 7 grados centígrados bajo cero. Adentro de nuestra habitación los tres cochinitos dormían muy calientitos.

**Gina

 

En el país del sol naciente

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Japón. Nippon. Nihon. Japan.

Tierra de las luces neón, el sushi, el shinkansen, el manga, el anime, las flores de cerezo, bellos templos y míticas montañas. Lugar en donde toda clase de dicotomías (pasado y futuro, silencio y ruido, religión y ateísmo) se toman de la mano y dan lugar a un país con la población más ordenada, limpia, respetuosa y puntual que nos haya tocado conocer.

El trato japonés siempre fue amable más no amigable. Siempre hubo muchas sonrisas y muestras de cariño, en particular hacia el pequeño Copo de Nieve, pero ninguna conversación, salvo con mi querida amiga japonesa quien habla perfectamente español. La barrera del idioma en su máxima expresión.

Nuestro japonés se limitaba a unas cuantas frases útiles y, a por lo menos, doce platillos típicos. Copo de Nieve aprendió también algunas palabras aunque con una fungió como un digno embajador de México y Noruega: ¡KONICHIWA! (hola). Esta palabra derritió unos cuantos corazones y nos abrió las puertas a un lado que quizás no hubiésemos logrado conocer sin él: el lado familiar, cariñoso y tierno que los japoneses tienen hacia los niños. Copito jugó con todo niño japonés que conocía y se acercó a todos los bebés hablándoles en su no tan perfecto español. Unas cuantas señoras lo abrazaron y algunos señores le tocaron sus mejillas y su cabecita. Las muchachas eran más osadas y le tomaban fotos. A Copo no le importaba, a él le gusta ser amado.

Viajamos en la segunda mitad de febrero y tenemos cero arrepentimiento de la fecha escogida. Viajar en la época más frío del año tiene sus ventajas:

1) Los boletos de avión que pagamos (uno de ellos fue pagado con millas de Aeromexico) fueron más económicos que cualquier vuelo a Europa debido a que era temporada baja tanto en México como en Japón.

2) El horario de salida fue a las 00:30am por lo cual Copito durmió 11 de las 14 horas del vuelo. No hay mejor regalo para todos los pasajeros que un niño pequeño durmiendo en un avión.

3) La temporada baja se traduce en hoteles baratos y con buena disponibilidad.

4) Las atracciones y el transporte no estaban rebozando de gente (excepto durante la hora pico en los trenes de Tokyo, la cual evitamos a toda costa y exhortamos a todos los viajeros que no sean osados y la eviten). Durante la temporada de sakura (flores de cerezo) los lugares se inundan con hordas de turistas y los hoteles son reservados por los operadores de tours con un año de antelación. Ni qué decir del Golden Week japonés en mayo cuando incluso los trenes balas (shinkansen) se saturan de viajeros.

5) En Febrero hay mucho frío. Sí, pero no más que NYC o Bergen en las misma épocas. Además  el invierno en Japón es seco y únicamente nos tocó un día de lluvia durante todo nuestro viaje.

6) Su servidora no es mujer de shorts y playeras. Me gusta la ropa invernal aún cuando mi parka pese y tenga que llevar ropa interior térmica para todos los miembros de la familia. Creo que mi odio hacia el calor y la precipitación fueron decisivas para decidir la fecha de viaje.

El hotel en Tokyo fue cuidadosamente seleccionado por su servidora. Sabíamos que aterrizaríamos en el Aeropuerto de Narita, el cual está alejado del centro de la ciudad o mejor dicho, está en otra ciudad. Para llegar a Tokyo existen muchas opciones como trenes, un autobús y taxis aunque este último medio es excesivamente caro. Originalmente queríamos hospedarnos cerca de la estación de trenes de Tokyo pues el tren Narita Express hace parada ahí y sabíamos que realizaríamos viajes fuera de la ciudad durante las cinco noches de hospedaje en Tokyo.

Cuando empecé a ver el costo de los hoteles de esa zona sufrí de un pequeño infarto: ¡ninguna habitación doble costaba menos de 300 USD!. Cambié la zona de búsqueda a Shinjuku, la estación de trenes más concurrida del mundo, en donde también hace parada el Narita Express. Ahí abundaban las opciones: desde hoteles cápsula hasta hoteles rascacielos pertenecientes a las grandes cadenas hoteleras. Los precios variaban mucho pero al menos  había hoteles más económicos. Finalmente elegí el hotel más cercano a la estación: Hotel Sunroute Plaza Shinjuku, ubicado a dos cuadras de la entrada de la estación JR (Japan Railways).

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Habitación con piso de tatami en Hotel Sunroute Plaza Shinjuku

En Shinjuku convergen varias lineas de metro, trenes de diferentes compañías, autobuses y comercios de todo tipo: restaurantes, tiendas departamentales, de conveniencia, souvenirs, electrónicos etc. Ríos de gente inundaban las calles aledañas aunque nunca de manera caótica. El orden y el respeto hasta en las calles más llenas.

La ubicación del hotel fue excelente para la exploración de la ciudad y más allá de ella. Desde la estación de JR se podía accesar a la linea Yamamote que conecta en un círculo las principales estaciones de Tokyo incluyendo Harajuku, Shibuya, Shinagawa y la estación de Tokyo. Para llegar a la estación central (Tokyo) era más conveniente la línea JR anaranjada llamada Chuo Rapid que conecta en 15 minutos a la estación de Shinjuku con Tokyo. Y desde la estación central se conecta…. ¡todo Japón!.

La segunda ciudad que visitamos fue Takayama, en los Alpes Japoneses, en donde nos quedamos tres noches. Elegimos hospedarnos en un ryokan o casa de huéspedes tradicional japonés llamado Hodakaso Yamanoiori. Una experiencia inigualable para cualquier visitante de Japón. Este tipo de establecimiento se distingue por sus pulcros pisos de tatami, comida tradicional para el desayuno y la cena, puertas corredizas, camas tipo futon, un jardín y aguas termales de uso compartido llamados Onsen.

El ryokan se encontraba a unas tres cuadras de la estación de trenes y autobuses de Takayama y a un kilómetro de la calle más turística de la ciudad. Una ubicación perfecta para conocer la ciudad y sus alrededores.

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Habitación en el ryokan

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Desayuno tradicional japonés. ¡Qué delicia!

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Kanpai!

Finalmente, en Kyoto nos quedamos siete noches. Originalmente queríamos dividir nuestro tiempo entre Osaka y Kyoto pero viendo la facilidad con la que era transportase desde Kyoto a diferentes ciudades optamos por rentar un estudio en una casa de huéspedes  llamada Villa Court Karasuma Nanajo. Como siempre, la ubicación cerca de la estación fue clave en nuestra elección al igual que su precio módico. El estudio tenía cocina equipada, sala y comedor y una habitación enorme con tres camas. Además contaba con lavadora/secadora algo muy importante para quienes nos gusta viajar lo más ligero posible.

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Habitación en el guest house Villa Court Karasuma Nanajo

Un mes antes de nuestra partida compramos en línea nuestros pases de tren de Japan Railway (Japan Rail Pass). El sitio de internet que utilizamos fue http://www.jrpass.com pero hay muchas más opciones de compra. La agencia nos envió en tan solo cuatro días nuestros pases los cuales fueron la mejor inversión de nuestro viaje.

El Japan Rail Pass es un pase de tren que permite tomar todos los trenes y autobuses pertenecientes a la compañía nacional (Japan Railways o JR) incluyendo los famosos trenes bala o shinkansen. Unicamente dos categorías del shinkansen no están incluidas en el pase: los trenes Nozomi y los Mizuho aunque para beneplácito del viajero la diferencia entre un Nozomi y un Hikari (que esta incluido en el JR pass) es mínima. El Nozomi realiza menos paradas entre los trayectos y es por ello que el tiempo de viaje es menor.

El Japan Rail Pass nos permitió realizar muchos viajes fuera de las ciudades en donde nos hospedábamos utilizando los trenes normales y shinkansen. Desde Tokyo pudimos visitar Nagano en tan solo dos horas y Saitama en una hora. Desde Kyoto visitamos Himeji,  Nara e Hiroshima.

Optamos por comprar un pase de 14 días para los tres miembros de la familia aun cuando los niños menores de seis años viajan gratis en las piernas de un adulto. ¡Sabíamos que a Copito no le gustaría estar en nuestros brazos durante esos trayectos!. Como él mismo dice, él ya es “niño grande” y quiere un asiento solo para él.

El pase lo activamos después de visitar la ciudad de Tokyo pues para moverse en ella bastaba con pagar individualmente los metros y trenes. El costo del trayecto oscilaba entre 140 a 180 yenes, salvo el tren que comunica la isla de Odaiba con el resto de Tokyo que costó 230 yenes. No queríamos complicarnos con las diferentes tarifas y compañías de trenes y metros así que desde el primer día compramos un tarjeta IC recargable llamada Suica con 4,000 yenes para los adultos (Copito viajaba gratis). Al ingresar al metro se coloca esta tarjeta en el lector hasta escuchar un sonido y se repite el procedimiento al salir. ¡Voila! La tarifa se descuenta de la tarjeta.

La tarjeta Suica es aceptada no solamente en los trenes sino en las maravillosas tiendas de conveniencia como Family Mart y Lawson, por lo que sabíamos que en caso de no gastar los 4,000 yenes depositados podríamos gastarlos ahí o pedir un reembolso en cualquier estación de JR. Algunas maquinas expendedoras y museos también aceptaban el pago por medio de Suica así no tuvimos problema en gastar esa cantidad. En Kyoto, compramos en la estación la tarjeta ICOCA que era lo mismo que Suica para la región occidental de Japón. Esta nos sirvió para movernos en autobuses y metros no pertenecientes a JR una vez ya activado el Japan Rail Pass.

En los siguientes días escribiré con más detalle sobre lo que hicimos durante los 19 días que pasamos en el país del sol naciente. Mientras tanto les dejo una foto que tomamos de un macaco de las nieves con más sueño que Gina con jet-lag.

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¡Cuánto sueño! (Jigokudani Monkey Park)

**Gina