Tokyo: Una tarde en la isla de Odaiba

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Disfrutamos nuestra última tarde en Japón en la futurista isla de Odaiba, en la capital del país. Habíamos llegado al mediodía procedentes de Kyoto tras escasas dos horas y media en un Shinkansen “suuuuuuuuuuper rápido” como les decía Copito. No me canso de alabar ese medio de transporte a todo aquel que menciona el país del sol naciente. Creo no hay mejor forma de experimentar la modernidad de Japón que ser transportado en esta maravilla de la ingeniería ferroviaria. Esa mañana habíamos recorrido 513 kilómetros en dos horas y media y eso, tomando en cuenta que el Japan Rail Pass no es válido para los trenes de categoría Nozomi. Nosotros los humildes turistas internacionales nos tenemos que “conformar” con los trenes Hikari que hacen más paradas en el trayecto y por tanto, llegan unos 15 minutos más tarde que los Nozomi.

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Feliz de estar en un shinkansen

Como el tren llegó a la estación central de Tokyo estábamos un poco nerviosos por abordar con equipaje el tren Chuo Rapid hacia la estación de Shinjuku. Para nuestra buena fortuna, el tren vino casi vacío a esas horas y pudimos llegar a Shinjuku sin ningún contratiempo. En 15 minutos ya nos encontrábamos otra vez deambulando por la estación más transitada del mundo en búsqueda del hotel Sunroute Plaza.

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Copito siempre comía algo rico

Apenas dejamos las maletas en el hotel nos dispusimos a averiguar cómo llegar hasta Odaiba sin tanto transbordo. Como siempre, Hyperdia nos dio la respuesta y en pocos minutos ya estábamos en el tren Yamamote hacia la estación de Shimbashi, desde el cual tendríamos que abordar el moderno tren Yurikamome hacia la isla. Este último tren no está incluido en el Japan Rail Pass por lo que tuvimos que recargar nuestras tarjetas IC Suica para pagar. Muchos empleados de los trenes Yurikamome estaban listos para apoyar al visitante confundido con las tarifas y tarjetas IC. ¡Esta estación es a prueba de visitantes de los países menos desarrollados que Japón!.

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Tren elevado a Odaiba

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Rainbow Bridge

El trayecto a bordo de este tren fue muy divertido, primero al darnos cuenta que no había conductor de tren. Copito se sentía uno pues abordamos en el primer vagón y podíamos apreciar perfectamente el paisaje a través de sus grandes ventanas frontales. Segundo, porque se trata de un tren cuyas rieles fueron construidas elevadas del suelo lo que brinda aún más vista panorámica a la parte más moderna de Tokyo. Tercero, cruzar el Rainbow Bridge a bordo de este tren fue toda una experiencia para Copito. Ahí estaba en el mismo puente en el que Lightning McQueen compitió en el Gran Prix en la película Cars 2. El sol brillaba con todo su esplendor y estábamos muy contentos por despedirnos de Japón viendo a Copito gozar la experiencia.

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Plaza comercial en el Waterfront

Llegamos a la estación Daiba, justo en medio del Odaiba Waterfront. Ahí estaban congregados muchos japoneses tomando el sol y muchas fotos a la pintoresca vista del Rainbow Bridge y la réplica de la Estatua de la Libertad donada por Francia a Japón en conmemoración de “el Año de Francia en Japón” en 1998. Caminamos bastante tiempo pues el clima era muy agradable y Copito estaba coqueteando, como siempre, con todas las jóvenes japonesas que se relajaban esa tarde en el Waterfront.

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Estatua de la Libertad en Odaiba

Unos cuantos rugidos estomacales nos avisaron que era hora de comer algo sustancioso. Vimos desde lo lejos un restaurante que lucía casual y relajado y en donde podíamos encontrar algo que Copito jamás rechazaría: papas a la francesa. Se trataba de un restaurante con aires hawaianos llamado Kua Aina justo enfrente del Waterfront. Escogimos una mesa con vista al Rainbow Bridge para seguirnos deleitando mientras comíamos nuestras hamburguesas y ensalada.

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¡Me la quiero comer!

A continuación fue hora de caminar y caminar por la isla. Estaba maravillada con la moderna arquitectura del edificio de Fuji TV y algunos hoteles cercanos. También con los grandes centros comerciales como Aquacity y Divercity en donde incluso, había un robot gigantesco!. Toda una experiencia nipona. También hicimos coraje cuando vimos que los elevadores hacia un puente que cruza hacia Palette Town estaban siendo monopolizados por norteamericanos jóvenes algo puruxes (gordos en Maya). Aclaro, los norteamericanos no eran obesos, just fat y se hubiesen beneficiado mucho de subir escaleras. No podía entender porqué no lo hacían como lo hacían los jóvenes japoneses o como nosotros lo habríamos hecho si no lleváramos carreola. A la Yucafamily le fue más fácil plegar ésta última y subir las escaleras  que esperar a que la docena de gordos terminaran de usar el elevador.

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Fuji TV y Aquacity

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Aquacity y el tren elevado

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Ferris Wheel en Odaiba

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Gundman de tamaño real

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Foto del recuerdo con el robot

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Hermosamente iluminado

Después de quemar esas calorías, llegamos a Palette Town, un complejo de entretenimiento en donde se encuentra la exhibición de autos Toyota (Toyota MegaWeb), un área de conciertos, un enorme centro comercial y, por supuesto, lo que Copito nos pidió desde que se vislumbró desde el tren a Odaiba: una enorme Rueda de la Fortuna. Solo para que se den una idea de su gigantesco tamaño: su diámetro mide 100 metros y su altura máxima 115 metros. Ya había anochecido y desde arriba disfrutábamos viendo el espectáculo que era el Tokyo nocturno. Desde lejos brillaba la Tokyo Tower y también la Skytree. La Rueda resplandecía de manera colorida al igual que el Rainbow Bridge. Y ni que decir del enorme Gundman, el robot estrella de la isla. Todos nos decían sayonara pues al día siguiente regresaríamos a nuestro caliente país.

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Palette town

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Vista desde la Ferris Wheel de Odaiba

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Bellos colores en Odaiba

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Bellos colores en la Ferris Wheel

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Como siempre muy feliz de subir a cosas nuevas

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Vista desde la Ferris Wheel

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Vista desde la Ferris Wheel

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Tokyo de noche

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Tokyo de noche

Esa última mañana, Tokyo nos despidió con lluvia y frío. Fue muy fácil llegar al aeropuerto pues el Limousine Bus hace parada justo en el hotel Sunroute Plaza Shinjuku. En poco menos de dos horas ya estábamos haciendo check-in en el aeropuerto de Narita.

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Area de juegos en el aeropuerto de Narita Tokyo

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Ayudando con el equipaje

Así había terminado un gran viaje lleno de retos y enseñanzas. Estaba totalmente agradecida con la vida por haber podido cruzar el océano y estar en un tan país mítico como Japón. Han pasado ya varios meses desde que regresamos y Copito no olvida sus aventuras por los templos, los bosques, los monos, los trenes y la juguetería de Yodobashi. Aún me pregunta cuándo regresaremos a Japón, como si se tratara de nuestra vecina Riviera Maya. Algún día seguramente, cuando conozca de distancias y sepa leer un mapa, se dará cuenta que lo que hizo fue colosal para sus escasos tres años. Posiblemente ya lo habrá olvidado pero aquí están las palabras de su madre, escritas en este humilde blog, para recordarle sus aventuras en el país de las puertas Torii, los pacíficos Budas y los shinkansen. Mientras llega ese momento, seguirá pasando las fotos de Japón una y otra vez añorando volver a este bello país.

Nos leemos en nuestra siguiente aventura.

**Gina

The Railway Museum en Saitama

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Ese viernes se lo dedicamos al más pequeño del clan. Siendo un verdadero entusiasta de los diferentes tipos de trenes quisimos llevarlo a un museo dedicado a ellos. Una búsqueda en Google nos arrojó que el Railway Museum de Saitama estaba a menos de una hora en tren desde Shinjuku así que nos dirigimos a la estación después de llenar nuestras venas con café y cocoa.

Tanto la linea Saikyo como la Shonan-Shinjuku paraban la estación de Omiya. Desde ahí tomamos otro tren llamado New Shuttle (el cual no está incluido en el JR Pass) que hace parada justo a lado del museo (Estación Tetsudo Hakubutsukan). Llegar fue mas fácil de lo que parece y todo estaba perfectamente indicado en las estaciones. Además, solo tuvimos que seguir a todos los niños entusiasmados y a sus padres que al igual que nosotros se dirigían a pasar un rato educativo en el museo.

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La entrada al museo costó 1,000 yenes y la adquirimos a través de una máquina expendedora que aceptaba Suica. La exhibición de trenes está dividida cronológicamente desde los inicios de las primeras locomotoras de vapor hasta el nacimiento de los shinkansen o trenes bala. También tiene una sección dedicada a los vagones imperiales de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

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El museo lucía bastante nuevo a pesar de que estaba a punto de cumplir su décimo aniversario. Salvo la información de los panfletos que nos dieron en la entrada nada estaba en inglés pues no se trataba de una atracción turística per-se. De hecho, fuimos los únicos visitantes extranjeros durante todo el tiempo que pasamos ahí. No creo que a Copito le haya importado la falta de explicaciones en inglés pues él estaba muy contento de subir a todos los vagones y trenes que pudo. Fue excepcionalmente feliz viendo los interesantes ejemplares de la serie 0 del Shinkansen que conocía a través de Chuggington, una de sus caricaturas favoritas. “¡Koko, es Koko, mira mamá, es Koko!” gritaba emocionado.

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Series 0 y 200 del shinkansen

En punto de las 12:00pm, uno de los trenes a vapor ubicados en el centro de la sala de exhibición, dio una vuelta en plataforma giratoria y sopló su silbato en múltiples ocasiones  para alegría de Copito. Para los adultos era un momento nostálgico pues fue como volver unos 100 años en el tiempo cuando las locomotoras reinaban en los caminos y sus silbatos avisaban su llegada.

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Plataforma giratoria

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Plataforma giratoria

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Por supuesto, a la salida nos dirigimos a la tienda oficial del museo en donde le compramos a Copito algunos recuerdos de su visita. Pasamos un rato muy agradable en compañía de muchos grupos escolares y otros padres de familia y creo que nos permitió acercarnos al lado cotidiano de las familias japonesas que difícilmente se conoce en un plan meramente turístico. En el museo nos sentimos como una familia más del montón haciendo feliz a nuestro hijo.

El día no finalizaba y el sol brillaba en lo alto, así que nos dirigimos a visitar el punto más alto de Tokio: la torre Tokyo Skytree en Sumida.

Continuará…

**Gina

Museo Samurai en Shinjuku

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El Samurai, la personificación del guerrero noble, leal y honorable. Al menos en las versiones románticas del siglo XX. Los samurai fueron nobles militares de la época medieval de Japón que servían a un señor feudal. Seguían una serie de lineamientos éticos y de honor conocidos como Bushido (“el camino del guerrero”) altamente influenciado por el Neo-Confucionismo, el Budismo Zen y el Sintoísmo. Entre otros aspectos del Bushido destacan la frugalidad, la lealtad a los superiores, la maestría en artes marciales y el honor hasta la muerte. El famoso Seppuku, informalmente llamado Harakiri, es un buen ejemplo de este último aspecto pues se esperaba que el guerrero samurai que perdiera en batalla realizara este suicidio ritual cortando su abdomen.

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Los distintivos kabuto (cascos) samurai

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Armaduras samurai

La historia de los samurai se remonta al siglo VII d.C pero no fue hasta el siglo XIII que estos guerreros empezaron a cobrar importancia en el Japón medieval. Una de las razones por las cuales los samurai consolidaron su poder y fama fue su papel en contra de las invasiones chino-mongólicas. En el 1274, la dinastía Yuan de China había enviado a 40,000 soldados y 900 barcos a conquistar el sur de Japón (la isla Kyushu). Japón contaba solamente con 10,000 samurai para enfrentar dicha amenaza. El imperio Yuan contaba con pólvora y bombas para la guerra pero jamás se imaginaron que la naturaleza estaría de lado de los samurai y una tormenta destruyó su flota durante la invasión. Prontamente, los defensores japoneses construyeron una barrera de piedra sabiendo que algún día los invasores regresarían. No se equivocaron, pues en el año 1281, 140,000 mongoles con 5,000 barcos se prepararon para invadir Kyushu mientras que el ejercito nipón se limitaba a 40,000 hombres. Al momento de desembarcar, los guerreros mongoles fueron castigados con el poder del viento y el agua de un tifón, lo que ayudó a los guerreros samurai a repeler nuevamente la invasión. Los poderosos vientos del tifón fueron llamados kami-no-kaze o viento divino y creó la idea de que las islas de Japón estaban protegidas por los dioses.

Los samurai eran expertos en la arquería a caballo y el manejo de la espada. En el siglo XIV, un herrero desarrolló una nueva tecnología para la fabricación de espadas que consistía en una capa de acero duro y otra suave. Esta tecnología mejoró el filo, la duración y la ligereza de las espadas y dio lugar a la creación de las bellísimas katanas, una de las armas de mano más potentes de toda Asia.

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Arco y flecha samurais

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Katanas

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Armas samurai

Durante el Shogunato Tokugawa (siglo XVII-XIX) se vivió en Japón un periodo de paz muy largo y los samurai se convirtieron en burócratas, administradores, financieros y artistas dejando a un lado su lado bélico. Cuando el Emperador Meiji abolió el shogunato  y con él, el derecho de los samurai a ser la única fuerza armada de Japón, se produjo el declive del poder de los samurai. Las reformas del Emperador prohibieron que los samurai pudiesen usar su katana en público y su derecho de ejecutar a cualquier persona que los ofendiera. Algunos samurai se rebelaron ante la perdida de su estatus social siendo la Rebelión Satsuma (1877) el último conflicto samurai. Es decir, El Último Samurai.

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Retratos del último shogun Tokugawa y el Emperador Meiji

La historia de los samurai, las replicas y restauraciones de muchas de sus armaduras así como sus armas y los guías más amigables en todo Japón, pueden ser encontrados en el pequeño pero fabuloso Museo Samurai en Shinjuku.

El museo consta de dos pisos y puede ser visitado fácilmente en una hora. Nosotros tardamos más pues llegamos justo a tiempo para la demostración de un experto en el arte de la espada. Fue una experiencia muy original y didáctica pues el actor y consultor de muchas películas de samurais, contestó todas las preguntas que el emocionado público le realizó. Solo una docena de personas se encontraba en esos momentos y al finalizar el performance nos fue asignado un joven guía que hablaba inglés.

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Performance samurai

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Performance Samurai en el museo

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Armaduras

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Armaduras

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¿Cuánto tiempo les habrá llevado vestirse?

Nuestro guía nos explicó cada una de las salas de exhibición y nos invitó a tomarnos una foto caracterizados de familia samurai. Mientras tanto, Copito dormía muy calientito en su carreola y no abrió los ojos hasta que salimos del museo.

El museo abre de 10:30hasta las 21:00 por lo que es una excelente opción para pasar una tarde cuando las otras atracciones ya han cerrado.

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Una familia samurai occidental

Salimos del museo y nos dimos cuenta que estábamos en la zona roja de Tokio cuando empezamos a ver los insinuantes anuncios coloridos. Kabukicho estaba lleno de atracciones para adultos pero también de restaurantes y comercios que se anunciaban con las famosas luces neon. Copito despertó poco tiempo después y nos dirigimos a satisfacer nuestra pancita con comida tradicional japonesa. “¿De qué me perdí?” habrá pensado.

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Kabukicho

Escogimos el primero que nos ofreció un menú en inglés aunque ya sentados nos dimos cuenta que el menú era la versión “foreigner friendly”. Muy valientemente, Mr. Viking preguntó si servían “shabu-shabu“. El rostro del mesero fue de extrañeza pero asintió.

Mis queridos lectores se preguntarán cómo sabíamos del shabu shabu. Pues bien, como parte de la preparación de Copito para un viaje de tal magnitud, le compramos un libro llamado “Kids meet Japan” (de Aleister Kelman, Peter Galante y Felipe Kolp). Es un libro fantástico que presenta a los niños una pequeña lección cultural de Japón como los templos, las ciudades, los baños termales, los palillos para comer, frases útiles en japonés y la comida tradicional. Copito disfrutaba “leer” su libro una y otra vez y pronunciar las palabras referentes a la comida: sushi, tempura, mochi, soba y sobre todo…. shabu-shabu. Al parecer decir “shabu shabu” es muy gracioso para un niño de tres años. Sus padres por otro lado queríamos conocer de qué se trataba este platillo, que anteriormente habíamos leído era para compartir.

El mesero nos llevó una pequeña estufa de gas, una cacerola, muchos vegetales, salsa de soya, tofu y cortes finos de res. “¿Saben como prepararlo?” nos dijo con desconfianza. Nuestra respuesta fue negativa así que el joven mesero nos explicó pacientemente que debíamos de hervir los vegetales y el tofu por unos cuantos minutos, remojarlos en la salsa para formar una sopa y después cocinar rápidamente los cortes de res inmediatamente antes de comerlo. Y todo esto con los palillos.

Al estar escribiendo esto un poco de mi baba derrama sobre el teclado. Shabu-shabu superó todas mis expectativas sobre las delicias niponas. No quedó ni un gramo de comida sobre nuestra mesa y ni un mililitro del sake que ordenamos para acompañarlo. Habíamos disfrutado hasta el más ínfimo de los pedazos de tan exquisito platillo.

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Mr. Viking cocinando shabu-shabu

Era hora ya de regresar a nuestro hotel pues nuestro cuerpo pedía descanso. Al día siguiente nos esperaba un día larguísimo visitando a los macacos de las nieves cerca de Nagano y habíamos planeado despertarnos temprano pues sabíamos que el trayecto duraría dos horas. Me fui a la cama con mi panza satisfecha y soñando sobre los honorables samurai defendiendo Japón de la invasión mongólica.

**Gina

Tokio antiguo: Templo Senso-ji

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Desde la estación de Shinjuku tomamos el tren naranja JR Chuo Rapid dirección Tokyo y nos bajamos en Kanda. Ahí cambiamos a la línea de Metro Ginza hacia Asakusa. Como ya les había comentado, en Japón hay muchas compañías de trenes y cada una tiene sus propias estaciones y tarifas según el trayecto recorrido. Pagar de manera individual cada viaje es muy complicado y lleva tiempo descifrar el costo total por lo que comprar una tarjeta de prepago como Suica resultó muy conveniente.

En Asakusa se encuentra Senso-ji, el templo más visitado de Tokio y la torre Tokio Skytree, la torre más alta del mundo (634 metros). No tuvimos ningún problema en encontrar el templo pues centenares de personas se dirigían a él y había muchos letreros indicando el camino.

La Gran Entrada Kaminari (Kaminarimon o Entrada del Trueno) nos dio la bienvenida. Se trata de la primera entrada al Templo Senso-ji y tiene una enorme linterna roja colgando bajo su alto techo y dos estatuas que flanquean ambos lados de ella.

Kaminarimon fue construida en el año 941 d.C en otro lugar, siendo reconstruida en Asakusa hasta el año 1635. La entrada ha sido reconstruida en varias ocasiones después de sufrir los embates de incendios y la Segunda Guerra Mundial. La actual data de 1960 y fue donada por el fundador de Panasonic para conmemorar el 400 aniversario de la fundación de Edo (Tokio).

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La enorme linterna de Kaminarimon

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Nos sentíamos muy iluminados 

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Una de las estatuas de la entrada

Entre Kaminarimon y el templo Senso-ji está la concurrida calle Nakamise (Nakamise-dori) paraíso de aquellos que gustan de las compras y el curioseo. La calle era todo un espectáculo de artículos hermosos y coloridos y de comida y golosinas que gritaban “rompe tu dieta y cómeme”.  Ahí abundaban las tiendas de souvenirs y artesanías por lo que es muy recomendable para los viajeros con poco tiempo que desean conocer el lado más tradicional de Tokio y llevarse un pedacito del país del sol naciente.

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Nakamise-dori

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Me pareció ver un lindo gatito

El comercio en Nakamise-dori surgió cuando los vecinos de la zona empezaron a ofrecer sus productos a los peregrinos que visitaban Senso-ji en el siglo XVIII aunque la historia del templo se remonta a mucho tiempo atrás.

Según la leyenda, dos hermanos pescadores encontraron la estatua de Kannon, Buda de la Compasión, en el Rio Sumida en 626 d.C. El primer templo se erigió en 645 d.C lo que lo convierte en el templo más antiguo de Tokio. Durante la Segundo Guerra Mundial, el templo fue bombardeado y destruido aunque fue reconstruido poco después como símbolo del renacimiento japonés.

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Senso-ji

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Incienso purificador

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Limpiando manos y boca

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Un bello ejemplo de un bebedero purificador 

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Leyendo su fortuna… en japonés

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Budas en los jardines del templo y la torre Tokyo Skytree en el fondo

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Conociendo a Buda

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Detalles en Senso-ji

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El Gran Templo de Kannon

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Otra gran linterna en Senso-ji

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Templo Senso-ji

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Pagoda en Senso-ji

Habíamos planeado visitar la torre Tokyo Skytree después de nuestra visita a Senso-ji pero el cielo estaba bastante nublado para gastar 2,800 yens por persona y únicamente ver nubes desde lo alto. Nos dirigimos entonces de regreso a Shinjuku para visitar el Museo Samurai, no sin antes llenar nuestros ya vacíos estómagos con sushi y cerveza de alguna tienda de conveniencia.

Continuara…

**Gina

Tokio moderno: Metropolitan Government Office

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Desayuno en el hotel: 1300 yens por persona.

Desayuno en el Café Veloce enfrente del hotel: 1300 yens para tres personas.

Nuestro botín alimenticio consistía en dos cafés, una cocoa, tres sandwiches y tres panes dulces. Más que suficiente para empezar el día caminando.

Nos levantamos alrededor de las 5:00am no justamente porque hayamos querido madrugar sino por la diferencia de horarios entre México y Japón. Cuando salimos hacia la estación las calles estaban vacías y salvo nuestro fiel Cafe Veloce todos los establecimientos estaban cerrados. Dado que queríamos evitar la hora pico en el metro (7:00-9:30am) nos dirigimos a conocer el área de rascacielos de Shinjuku y subir al mirador de la Metropolitan Government Office.

El mirador es gratis y en la cima también se encuentra una oficina de información turística  así como una tienda de productos provenientes de todas las regiones de Japón.

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Área alrededor de la estación de Shinjuku

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Subimos a una de las torres de la Metropolitan Government Office

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Vista desde lo alto de la Metropolitan Government Office

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¡Qué alto estamos, mami!

Como pueden apreciar en las fotos, el día estaba bastante nublado y el horizonte no se distinguía. Afortunadamente no llovía ni nevaba así que nos dirigimos al templo de Senso-ji en la zona de Asakusa, al este de Tokio.

Continuará…

**Gina

Tokio moderno: Santuario Meiji y Shibuya

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Llegamos al hotel en Shinjuku alrededor de las 10:00am. Habíamos aterrizado aproximadamente a las 6:30am y pasado los filtros de migración y aduana sin ninguna complicación. Hora y media después ya estábamos a bordo del tren Narita Express no sin antes perdernos un poco en el aeropuerto debido pues a la salida no había ninguna indicación hacia dicho tren. A unos cuantos minutos de haber aterrizado aún no sabíamos que el Narita Express (NEX) forma parte de la compañía  JR (Japan Railways) y es necesario bajar hacia los andenes de la estación en el el aeropuerto.

También habíamos recogido en el aeropuerto nuestro WI-FI de bolsillo (pocket wi-fi) rentado previamente a través de esta página: https://www.japan-rail-pass.es. Tener internet durante toda nuestra estancia nos permitió buscar con mayor rapidez las rutas de transporte, horarios de los trenes, información sobre los lugares y, por supuesto, que Copito pudiera ver Netflix versión nipona.

Copito de Nieve era totalmente feliz. Como buen Tetsudou Otaku (fan de los trenes) gozó cada uno de los 90 minutos del recorrido. Sus ¡WOW! no paraban incluso cuando el paisaje en el camino fue aburrido y más bien pasábamos zonas industriales. En algún momento del camino, vislumbramos la gran torre Tokyo Skytree que se erigía dominante en el horizonte urbano. “¡WOW!, quiero subir!” exclamaba. “¡WOW!, otro tren… ¡WOW! mira rieles…¡WOW! qué rápido…”. Así todo el trayecto.

Debido a que la habitación aún no estaba lista, dejamos nuestras mochilas en la consigna de equipaje del hotel y salimos apresuradamente a conocer la urbe más grande del mundo. Había frío pero hasta ahí. Nada que nuestros abrigos no pudieran combatir. Mi inocente mente pensó que esa sería la temperatura durante todo nuestro viaje y no pude ocultar mi satisfacción.

Nuestro primer tren fue la línea Yamanote hacia Harajuku, a unas cuantas estaciones de Shinjuku. La limpieza y orden en las estaciones captaron mi atención desde el primer momento. Para abordar el tren los japoneses hacen fila en los lugares indicados. Nadie empuja, nadie se sale de la fila, nadie habla en los trenes. De hecho, se indica que los celulares se pongan en modo silencio. Ciertos vagones son únicamente para mujeres en la hora pico (7:30-9:30am) así como para menores y sus acompañantes. También había asientos asignados para personas de la tercera edad, con alguna discapacidad, mujeres embarazadas y personas con niños pequeños.

En la estación de Harajuku, Mr. Viking fue envestido con el título de “Señor Todopoderoso del GPS,” y a partir de ese momento tuvo la responsabilidad de guiarnos a través de las calles sin nombre de las ciudades. No voy a mentir y decirles que nunca nos perdimos. Claro que lo hicimos muchas veces pero perderse también forma parte de viajar y de perderle el miedo a preguntar a un extraño.

Nuestra primera parada fue el Santuario Meiji ubicado dentro del bosque Yoyogi, a lado de la estación Harajuku. Una enorme puerta Torii, símbolo sintoísta de la entrada a lo sagrado, le brinda al visitante un impactante recibimiento.

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Puerta Torii

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Una larga y pacífica caminata en el parque para llegar al santuario

El santuario Meiji fue erigido en honor a los espíritus del emperador Meiji y su esposa, la emperatriz Shoken. El emperador Meiji reinó de 1867 hasta su muerte en 1912 y es el antecesor de Akihito, actual emperador de Japón. La subida al poder del emperador Meiji marcó el final del Japón feudal y el inicio de la revolución industrial nipona. Entre otras cosas, el Emperador Meiji trasladó la capital de Kyoto a Tokyo (antes llamada Edo), y puso fin al gobierno de los Shogun (Shogunato) restaurando así el poder imperial.  Hollywood retrató de manera dramatizada y romántica el periodo de rebeldía de algunos caballeros Samurai en la película The Last Samurai (2004). En realidad, los samurai, que habían estado al servicio de los shogunes por siglos, se oponían a los cambios del Emperador pues deseaban conservar su alta posición social. Otros caballeros samurai apoyaron las reformas del Emperador Meiji y se integraron a su nuevo gobierno. Es decir, nadie fue ni tan honorable, ni tan villano en la historia como lo retrata el Hollywood épico.

En el camino al santuario encontramos los barriles de sake que los productores donan cada año al precinto. Enfrente de ellos se encuentran los barriles de vino de la Borgoña donados en honor al Emperador Meiji, quien estrechó los vínculos de Japón con Francia. De hecho, al Emperador le gustaban la ropa y comida occidentales y, en particular, el delicioso vino francés con el que disfrutaba su cena y sus momentos de soledad.

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Barriles de sake

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Barriles de sake

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Barriles de vino de la Borgoña

Llegamos al santuario y Copito se acercó sigilosamente a un bebedero en cuanto vio a la gente reunirse alrededor del elemento vital. Era nuestro segundo acercamiento a un elemento del Sintoísmo, la segunda religión con mayor número de fieles en Japón. Leímos en el letrero que el bebedero sirve para purificar las manos y la boca antes de ingresar al santuario principal. Copito observó a las demás personas verter agua sobre sus manos y tomar un poco de ella en la boca para después escupirla en el canal. “Quiero yo también” dijo mientras tomaba uno de los vasitos vertedores. A partir de esa experiencia, siempre buscó los bebederos para limpiar sus manitas y su boca y al final de nuestro viaje se había convertido en un experto en la purificación, los inciensos y los Budas.

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Bebedero

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Bebedero en la entrada al santuario principal

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Santuario principal

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Santuario principal

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Entrada al santuario principal

Salimos de la inmensa área verde que protege al santuario y nos dirigimos a recorrer Harajuku, la famosa zona de cosplay. Pero ¡oh decepción!, al parecer los cosplayers se encontraban a esa hora en el colegio pues no distinguimos a ninguno cuando caminamos por los alrededores. Antes de tomar de nuevo la línea Yamanote hacia Shibuya recorrimos la avenida Omotesando, el Champ Elysees de Tokyo. Como era de esperarse, las marcas más lujosas como Dior, Gucci y Louis Vuitton se encuentran a lo largo de la avenida aunque también pudimos ver Zara, H&M y Gap las cuales son más amigables con nuestra billetera. Un gran letrero colorido que decía KIDDYLAND nos invitó a entrar. Se trataba de una juguetería de seis pisos que causó una descarga de adrenalina en Copito cuando vio la cantidad de trenes de juguetes que se vendían.

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El paraíso de Copito

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¡Oh no, el paraíso cuesta!

Con una bolsa llena de trenes de juguetes nos dirigimos a Shibuya, lugar en donde se encuentran la famosa intersección en donde cruzan centenares de personas al mismo tiempo. Yo estaba más interesada en visitar la estatua en honor a Hachiko, el perro que esperó a su amo fielmente en la estación de Shibuya incluso cuando éste falleció. Muchos turistas también estaban tomando fotos de Hachiko o más bien, fotos de ellos mismos con Hachiko por lo que tomar una foto únicamente de Hachiko fue casi una odisea.

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Estatua de Hachiko en la estación de Shibuya

Esa tarde caminamos mucho alrededor de Shibuya sin rumbo específico. El jet-lag por fin hizo su primera aparición y Copito se encontraba durmiendo plácidamente en la carreola viajera. Mientras tanto sus padres se detenían a observar cada uno de los detalles. En ese momento todo era nuevo para nosotros: las maquinas expendedoras de toda clase de bebidas, los letreros luminosos, las réplicas de plástico de comida afuera en los restaurantes, las tiendas de conveniencia en donde vendían comida deliciosa y todo lo kawaii (bonito y tierno) de sus personajes.

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En sus marcas, listos…

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…¡Fuera!

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Lost in translation

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Personaje kawaii de una librería

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Una de las miles de máquinas expendedoras. Mmmm ¿Qué podemos beber?

Regresamos a nuestro hotel cerca de las 5:00pm. Teníamos muchísimo sueño pues los vuelos nocturnos nunca nos han brindado ningún descanso y nuestro cuerpo sabía que en México eran las 2:00am. Antes, Copito necesitaba tomar su vasito de leche así que mandamos al más alto de la familia por un cartón al Family Mart enfrente del hotel. Dice Mr. Viking que la tecnología fue su mejor amiga cuando, al estar bastante confundido por la infinidad de cartones disponibles, mostró en su celular la traducción de Google Translate para la palabra “Leche”. A partir de eso momento, continuaríamos haciéndolo de esta manera el resto del viaje al comprar ciertos artículos en las enormes tiendas departamentales y de conveniencia. No más lost in translation.

Al día siguiente continuaríamos nuestra exploración de la capital, ahora en la parte antigua de la antigua Edo: el templo de Senso-ji en Asakusa. Por el momento, era hora de dormir. Habíamos terminado nuestro primer día muy cansados pero llenos de nuevas sensaciones.

**Gina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el país del sol naciente

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Japón. Nippon. Nihon. Japan.

Tierra de las luces neón, el sushi, el shinkansen, el manga, el anime, las flores de cerezo, bellos templos y míticas montañas. Lugar en donde toda clase de dicotomías (pasado y futuro, silencio y ruido, religión y ateísmo) se toman de la mano y dan lugar a un país con la población más ordenada, limpia, respetuosa y puntual que nos haya tocado conocer.

El trato japonés siempre fue amable más no amigable. Siempre hubo muchas sonrisas y muestras de cariño, en particular hacia el pequeño Copo de Nieve, pero ninguna conversación, salvo con mi querida amiga japonesa quien habla perfectamente español. La barrera del idioma en su máxima expresión.

Nuestro japonés se limitaba a unas cuantas frases útiles y, a por lo menos, doce platillos típicos. Copo de Nieve aprendió también algunas palabras aunque con una fungió como un digno embajador de México y Noruega: ¡KONICHIWA! (hola). Esta palabra derritió unos cuantos corazones y nos abrió las puertas a un lado que quizás no hubiésemos logrado conocer sin él: el lado familiar, cariñoso y tierno que los japoneses tienen hacia los niños. Copito jugó con todo niño japonés que conocía y se acercó a todos los bebés hablándoles en su no tan perfecto español. Unas cuantas señoras lo abrazaron y algunos señores le tocaron sus mejillas y su cabecita. Las muchachas eran más osadas y le tomaban fotos. A Copo no le importaba, a él le gusta ser amado.

Viajamos en la segunda mitad de febrero y tenemos cero arrepentimiento de la fecha escogida. Viajar en la época más frío del año tiene sus ventajas:

1) Los boletos de avión que pagamos (uno de ellos fue pagado con millas de Aeromexico) fueron más económicos que cualquier vuelo a Europa debido a que era temporada baja tanto en México como en Japón.

2) El horario de salida fue a las 00:30am por lo cual Copito durmió 11 de las 14 horas del vuelo. No hay mejor regalo para todos los pasajeros que un niño pequeño durmiendo en un avión.

3) La temporada baja se traduce en hoteles baratos y con buena disponibilidad.

4) Las atracciones y el transporte no estaban rebozando de gente (excepto durante la hora pico en los trenes de Tokyo, la cual evitamos a toda costa y exhortamos a todos los viajeros que no sean osados y la eviten). Durante la temporada de sakura (flores de cerezo) los lugares se inundan con hordas de turistas y los hoteles son reservados por los operadores de tours con un año de antelación. Ni qué decir del Golden Week japonés en mayo cuando incluso los trenes balas (shinkansen) se saturan de viajeros.

5) En Febrero hay mucho frío. Sí, pero no más que NYC o Bergen en las misma épocas. Además  el invierno en Japón es seco y únicamente nos tocó un día de lluvia durante todo nuestro viaje.

6) Su servidora no es mujer de shorts y playeras. Me gusta la ropa invernal aún cuando mi parka pese y tenga que llevar ropa interior térmica para todos los miembros de la familia. Creo que mi odio hacia el calor y la precipitación fueron decisivas para decidir la fecha de viaje.

El hotel en Tokyo fue cuidadosamente seleccionado por su servidora. Sabíamos que aterrizaríamos en el Aeropuerto de Narita, el cual está alejado del centro de la ciudad o mejor dicho, está en otra ciudad. Para llegar a Tokyo existen muchas opciones como trenes, un autobús y taxis aunque este último medio es excesivamente caro. Originalmente queríamos hospedarnos cerca de la estación de trenes de Tokyo pues el tren Narita Express hace parada ahí y sabíamos que realizaríamos viajes fuera de la ciudad durante las cinco noches de hospedaje en Tokyo.

Cuando empecé a ver el costo de los hoteles de esa zona sufrí de un pequeño infarto: ¡ninguna habitación doble costaba menos de 300 USD!. Cambié la zona de búsqueda a Shinjuku, la estación de trenes más concurrida del mundo, en donde también hace parada el Narita Express. Ahí abundaban las opciones: desde hoteles cápsula hasta hoteles rascacielos pertenecientes a las grandes cadenas hoteleras. Los precios variaban mucho pero al menos  había hoteles más económicos. Finalmente elegí el hotel más cercano a la estación: Hotel Sunroute Plaza Shinjuku, ubicado a dos cuadras de la entrada de la estación JR (Japan Railways).

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Habitación con piso de tatami en Hotel Sunroute Plaza Shinjuku

En Shinjuku convergen varias lineas de metro, trenes de diferentes compañías, autobuses y comercios de todo tipo: restaurantes, tiendas departamentales, de conveniencia, souvenirs, electrónicos etc. Ríos de gente inundaban las calles aledañas aunque nunca de manera caótica. El orden y el respeto hasta en las calles más llenas.

La ubicación del hotel fue excelente para la exploración de la ciudad y más allá de ella. Desde la estación de JR se podía accesar a la linea Yamamote que conecta en un círculo las principales estaciones de Tokyo incluyendo Harajuku, Shibuya, Shinagawa y la estación de Tokyo. Para llegar a la estación central (Tokyo) era más conveniente la línea JR anaranjada llamada Chuo Rapid que conecta en 15 minutos a la estación de Shinjuku con Tokyo. Y desde la estación central se conecta…. ¡todo Japón!.

La segunda ciudad que visitamos fue Takayama, en los Alpes Japoneses, en donde nos quedamos tres noches. Elegimos hospedarnos en un ryokan o casa de huéspedes tradicional japonés llamado Hodakaso Yamanoiori. Una experiencia inigualable para cualquier visitante de Japón. Este tipo de establecimiento se distingue por sus pulcros pisos de tatami, comida tradicional para el desayuno y la cena, puertas corredizas, camas tipo futon, un jardín y aguas termales de uso compartido llamados Onsen.

El ryokan se encontraba a unas tres cuadras de la estación de trenes y autobuses de Takayama y a un kilómetro de la calle más turística de la ciudad. Una ubicación perfecta para conocer la ciudad y sus alrededores.

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Habitación en el ryokan

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Desayuno tradicional japonés. ¡Qué delicia!

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Kanpai!

Finalmente, en Kyoto nos quedamos siete noches. Originalmente queríamos dividir nuestro tiempo entre Osaka y Kyoto pero viendo la facilidad con la que era transportase desde Kyoto a diferentes ciudades optamos por rentar un estudio en una casa de huéspedes  llamada Villa Court Karasuma Nanajo. Como siempre, la ubicación cerca de la estación fue clave en nuestra elección al igual que su precio módico. El estudio tenía cocina equipada, sala y comedor y una habitación enorme con tres camas. Además contaba con lavadora/secadora algo muy importante para quienes nos gusta viajar lo más ligero posible.

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Habitación en el guest house Villa Court Karasuma Nanajo

Un mes antes de nuestra partida compramos en línea nuestros pases de tren de Japan Railway (Japan Rail Pass). El sitio de internet que utilizamos fue http://www.jrpass.com pero hay muchas más opciones de compra. La agencia nos envió en tan solo cuatro días nuestros pases los cuales fueron la mejor inversión de nuestro viaje.

El Japan Rail Pass es un pase de tren que permite tomar todos los trenes y autobuses pertenecientes a la compañía nacional (Japan Railways o JR) incluyendo los famosos trenes bala o shinkansen. Unicamente dos categorías del shinkansen no están incluidas en el pase: los trenes Nozomi y los Mizuho aunque para beneplácito del viajero la diferencia entre un Nozomi y un Hikari (que esta incluido en el JR pass) es mínima. El Nozomi realiza menos paradas entre los trayectos y es por ello que el tiempo de viaje es menor.

El Japan Rail Pass nos permitió realizar muchos viajes fuera de las ciudades en donde nos hospedábamos utilizando los trenes normales y shinkansen. Desde Tokyo pudimos visitar Nagano en tan solo dos horas y Saitama en una hora. Desde Kyoto visitamos Himeji,  Nara e Hiroshima.

Optamos por comprar un pase de 14 días para los tres miembros de la familia aun cuando los niños menores de seis años viajan gratis en las piernas de un adulto. ¡Sabíamos que a Copito no le gustaría estar en nuestros brazos durante esos trayectos!. Como él mismo dice, él ya es “niño grande” y quiere un asiento solo para él.

El pase lo activamos después de visitar la ciudad de Tokyo pues para moverse en ella bastaba con pagar individualmente los metros y trenes. El costo del trayecto oscilaba entre 140 a 180 yenes, salvo el tren que comunica la isla de Odaiba con el resto de Tokyo que costó 230 yenes. No queríamos complicarnos con las diferentes tarifas y compañías de trenes y metros así que desde el primer día compramos un tarjeta IC recargable llamada Suica con 4,000 yenes para los adultos (Copito viajaba gratis). Al ingresar al metro se coloca esta tarjeta en el lector hasta escuchar un sonido y se repite el procedimiento al salir. ¡Voila! La tarifa se descuenta de la tarjeta.

La tarjeta Suica es aceptada no solamente en los trenes sino en las maravillosas tiendas de conveniencia como Family Mart y Lawson, por lo que sabíamos que en caso de no gastar los 4,000 yenes depositados podríamos gastarlos ahí o pedir un reembolso en cualquier estación de JR. Algunas maquinas expendedoras y museos también aceptaban el pago por medio de Suica así no tuvimos problema en gastar esa cantidad. En Kyoto, compramos en la estación la tarjeta ICOCA que era lo mismo que Suica para la región occidental de Japón. Esta nos sirvió para movernos en autobuses y metros no pertenecientes a JR una vez ya activado el Japan Rail Pass.

En los siguientes días escribiré con más detalle sobre lo que hicimos durante los 19 días que pasamos en el país del sol naciente. Mientras tanto les dejo una foto que tomamos de un macaco de las nieves con más sueño que Gina con jet-lag.

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¡Cuánto sueño! (Jigokudani Monkey Park)

**Gina