Amsterdam: Paseo por los canales y Museumplein

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Habíamos aterrizado puntualmente a las 18:00 del día anterior algo cansados por las casi 11 horas de vuelo entre la Ciudad de México y Amsterdam. Esa tarde, la peor de las pesadillas de un viajero se volvió realidad cuando el estómago de Mr. Viking sufrió las consecuencias de algún taquito previo al viaje. En estos casos, Imodium ha sido un amigo fiel y Mr. Viking pudo acompañarnos con uno que otro retortijón al paseo del día siguiente.

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Museo de Ciencias NEMO, cerca de la estación central

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Estación Central de Amsterdam

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La Iglesia de San Nicolás, frente a la estación central

El plan original era ir a visitar los molinos de viento de Zaanse Schans, un museo al aire libre ubicado a unos 15 minutos de Amsterdam. Esa mañana sin embargo, los males estomacales del mayor del clan nos obligaron a posponer nuestros planes y abordar uno de los muchos barcos que paseaban por los canales de la capital. Me abrumaron un poco las muchas opciones disponibles. Había tours largos de dos horas, hop on-hop off, paseos con almuerzo o cena, paseos con entretenimiento a bordo, paseos pirata, paseos con queso y vino, con pizza, etc. Escogimos el paseo clásico de 90 minutos con la compañía Canal (www.canal.nl), no por ser la mejor opción sino por ser la primera compañía que vimos frente a la estación central y que contaba con baños limpios para fortuna del entonces desafortunado Mr. Viking.

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Muy cómodo oyendo la grabación durante el paseo por los canales

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Los siete puentes alineados 

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Coloridas casas barco

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La casa barco museo

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Una bella torre

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Colores por doquier

Era la segunda ocasión que yo visitaba Amsterdam aunque habían pasado más de 10 años y mis recuerdos sobre la ciudad eran un poco nebulosos. No recordaba que Amsterdam fuera tan concurrida ni que las bicicletas se lanzaran sobre los peatones en luz roja. Creo que después de conocer Copenhague y su excelente equilibrio de peatones, bicicletas y automóviles, Amsterdam me parecía un poco caótica y ruidosa. Aun así era una maravilla observar las estrechas fachadas de las casas del centro histórico y las flores veraniegas en los balcones de los edificios y los barcos. Los bares y cafeterías en los canales rebosaban de gente riendo y tomando el tímido sol que iluminaba esa mañana. Los anuncios de la cerveza más famosa del mundo, Heineken, hacían que a Mr. Viking se le abrieran sus ojitos azules deseando curarse rápidamente de tan desagradable condición.

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¿De que se reiría Copito?

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Clásicas fachadas de Amsterdam

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Museos y exhibiciones 

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El NEMO desde el río

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La Opera House

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El puente estrecho

El paseo fue muy informativo y entre otras cosas mencionaron algunas peculiaridades de la ciudad. Pasamos a través de estrechos canales así como el río Ij y el Waterfront que divide la parte norte y sur de la ciudad. En uno de los múltiples canales vimos la casa de Ana Frank, la casa Rembrandt, los siete puentes alineados de Reguliersgracht, el Magere Brug (puente estrecho) y las casas relacionadas a las aduanas y el comercio exterior durante el Siglo de Oro (XVII) de la ciudad. También explicaron el comienzo de la ciudad como un pueblo pescador y la construcción del un dique (Dam) sobre el río Amstel en el siglo XII lo cual dio origen a su nombre: Amsteldam.

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Montelbaanstoren, una torre del siglo XVI junto con muchos turistas del XXI

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La estación central y las miles de compañías de tours por los canales

Copito tal vez no entendía ninguno de los datos históricos que a su madre tanto le gusta escuchar pero se divertía saludando a las otras embarcaciones desde su cómoda mesa. Se sorprendió mucho cuando vimos cómo los habitantes de Amsterdam suben hasta el tercer piso sus muebles: ¡utilizando una polea!. Era Física básica en vivo y a todo color.

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Todas las casas tienen estas poleas debido a la estrechez de sus escaleras

Ese día almorzamos pizza en un restaurante por el área de Dam Square, en donde está el Palacio Real, la De Nieuwe Kerk y el museo de cera Madame Tussauds al cual jamás hemos entrado en ningún país por alguna razón que desconozco. La joven hipster que nos atendió era muy seria pero cuando nos vio sacar el mapa de papel (accesorio considerado vintage por los más jóvenes) nos preguntó si nos podía ayudar en algo, un gesto universal de hospitalidad. Más adelante en nuestro viaje por Polonia, me daría cuenta que la seriedad de la gente no es sinónimo de hostilidad sino que simplemente hay culturas más sonrientes que otras. Sobre eso, más adelante en el blog.

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Callecitas clásicas 

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Paraíso de los quesos 

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Era muy divertido perseguir a las palomas en la Dam Square

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La Iglesia Nueva, a lado del Palacio Real

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El Palacio Real

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Museo Madame Tussaud

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Una bella muestra de arquitectura clásica holandesa

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Detalles del Palacio Real

Caminamos alrededor de cinco kilómetros hasta nuestro último destino del día: el Museumplein, en donde se encuentra el Museo Van Goh, el Rijksmuseum, y el Stedelijk Museum. En el camino, pasamos por el Bloemenmarkt (mercado de flores)  para regocijarnos con toda la variedad de flores, semillas y souvenirs que vendían en las decenas de puestos alrededor del canal.

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Mercado de Flores

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Un canal hermoso cerca de la cervecería Heineken

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Rijksmuseum, alberga el arte de Rembrandt y Vermeer, entre otros

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Rijksmuseum,  la mayor colección de arte holandés

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Detalles del Rijksmuseum 

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Fachada desde el Museumplein del Rijksmuseum 

Una vez en el Museumplein se nos cayó la quijada de ver la interminable fila para accesar al Museo de Van Goh a esa hora de la tarde (3:00pm). Sin duda, la mejor opción hubiera sido entrar muy temprano en la mañana por lo que decidimos aplazar nuestra visita al museo. Copito, por supuesto, no estaba decepcionado como su madre por perderse a Van Goh y pronto encontró un área de juegos cerca del Rijksmuseum en donde estuvo un gran rato jugando con muchos niños. Nos encantó el ambiente en este gran parque lleno de arte y viajeros de todas partes del mundo. Nos divertíamos viendo cómo los viajeros más jóvenes luchaban por la selfie perfecta en el gran letrero IAMSTERDAM, ya sea con sus teléfonos o sus GoPro. Otros más artísticos colocaban sus trípodes especiales para GoPro y sonreían estáticos por unos diez segundos hasta que obtuvieran la foto perfecta. La gente mayor, más astutos, menos tímidos y con menos desconfianza hacia los extraños, pedían el favor de un click a otros viajeros.

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Siempre encuentra donde jugar

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We are Amsterdam

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Museo Van Goh y gente tomando el sol

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Bansky is in the house

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IAMSTERDAM

Cuando Copito empezó a cerrar sus ojitos de cansancio empezamos el camino de vuelta a “casa”. Cenamos algo ligero en la cafetería del hotel y nos acostamos cuando todavía el sol de verano europeo aún brillaba y los jóvenes de largas barbas y gafas de goma se disponían a empezar la fiesta. Para los treintañeros de la Yucafamily, una buena noche de descanso lucía mucho más apetecible.

**Gina

Europa: tres semanas, tres países

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La procrastinación se apoderó de la autora de este blog, pero después de casi mes y medio de haber regresado a este lado del Atlántico, estoy lista para relatarles lo que la pequeña Yucafamily hizo en vacaciones de verano. No fue ciertamente un verano de playa y sol como muchos añoran. Fueron más bien tres semanas descubriendo y redescubriendo tres países europeos fascinantes y totalmente diferentes del uno al otro: Países Bajos, Noruega y Polonia.

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¡Hay tantos lugares por descubrir! (Solund, Noruega)

Nuestra fidelidad a Skyteam ha dado buenos resultados tanto para ellos como para nosotros pues para viajar desde Mérida a Amsterdam escogimos volar en la nueva ruta de Aeromexico (MEX-AMS). Fue un vuelo nocturno a bordo del moderno avión Dreamliner, el cual es muy silencioso y con un sistema de entretenimiento a prueba de noctámbulos. Claro está, el más pequeño del clan yuca-vikingo solo sintió la vibración del despegue y se entregó plácidamente a los brazos de Morfeo por las próximas 10 horas. Si alguno de los lectores piensa viajar con niños pequeños en un vuelo de chorrocientas horas, sugiero que escojan vuelos nocturnos como los de Aeromexico. Hemos probado esta teoría para viajar a París, Amsterdam (con KLM y Aeroméxico), Toronto y Tokyo con muy buenos resultados para nuestra tranquilidad y la de todos los pasajeros de esos vuelos.

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“Papi, pon Cars por millonésima ocasión”

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¿Cena en La Mansión?, ¡Yo como mis galletas!

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Feliz de aterrizar en Amsterdam

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¡Por fin, molinos de viento!

En Amsterdam pasamos cinco días enteros los cuales describiré con más detalle en los siguientes artículos. Nos hospedamos en el Ibis Amsterdam Centre Stopera, a unos quince minutos a pie de la estación central. Los Ibis nunca me han decepcionado. Son baratos, limpios, casi siempre con excelente ubicación a lado de estaciones de tren o metro, un desayuno buffet lleno de cosas engordativas y deliciosas y un bar económico en donde podemos relajarnos después de un largo día de paseo. Sus habitaciones pueden ser minúsculas para los huéspedes que pesan más de 100 kilos, pero para nosotros siempre han sido más que suficientes.

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Hotel Ibis Amsterdam Stopera

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Ibis Amsterdam Stopera

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Delicioso chocolate y bollería para chuparse los dedos

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¡Estamos en Países Bajos!

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¿A quien le pertenece cada cosa?

Desde Amsterdam, tomamos un siguiente vuelo con KLM hacia la hermosa ciudad de Bergen, Noruega para visitar a farmor y a farfar (abuelita y abuelito) quienes estaban ansiosos de besuquear las bronceadas mejillas de Copito de Nieve. Fue mi quinta visita al país más bello del mundo y esta belleza nunca es redundante. En esta ocasión visitamos la surrealista isla de Solund, al extremo oeste del país, en donde pasamos un fin de semana largo lleno de naturaleza, largas caminatas y paseos por barco.

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En la terraza del aeropuerto de Schipol, Amsterdam

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Muy consentido por KLM y sus papás

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Regalo de KLM para Copito

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Islas de Solund, un lugar para la reflexión

Después de pasar también unos días en Bergen, decidimos escaparnos a la ciudad de Cracovia, en Polonia por cinco días. Por primera vez, y seguramente no la última, viajamos con Norwegian, la tercera aerolínea de bajo costo en Europa (después de las más conocidas Ryanair y EasyJet). Los precios sí que eran económicos aunque no incluían equipaje documentado y asignación de asientos. Aún así, los tres miembros de la familia pagamos alrededor de 300 USD en total por la ruta directa Bergen-Cracovia-Bergen. Se trataba de una escapada cultural para conocer un nuevo país en el viejo continente y afortunadamente dimos con esta ciudad llena de atractivos y precios amigables para el bolsillo. Nos hospedamos en una habitación triple en el baratísimo Ibis Budget Stare Miasto (44 USD por noche), a lado de la estación central Krakow Glowny. La habitación era muy sencilla, amplia para una familia de tres y muy limpia aunque sin amenidades salvo jabón de tocador. El desayuno buffet incluía pan, jamón, queso, granola, yogurt, cereal y por supuesto, salchichas. Al fin y al cabo, estábamos en Polonia, tierra de las kielbasa (salchicha) y cierto vikingo carnívoro aprobaba esta selección.

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Avión de Norwegian hacia Cracovia

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Un pasajero muy feliz

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Hotel Ibis Budget Stare Miasto

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Regadera y lavabo en el Ibis Budget Stare Miasto

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Un huésped muy feliz

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Copito es el único que lee las instrucciones de seguridad en los aviones

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¡Hasta pronto Cracovia!

Después de tres semanas maravillosas llenas de experiencias nuevas y abrazos familiares era tiempo de decir Ha det bra! a la siempre deslumbrante Europa. Cuando llegamos al aeropuerto de Amsterdam, una amable empleada de Aeromexico nos comunicó que habíamos sido ascendidos a primera clase en el vuelo AMS-MEX. ¿Champagne, selección de quesos y asiento-cama?. Sí, gracias. Sin duda, el mejor vuelo que he tenido en mi mediana vida. Copito se portó muy a la altura de la situación y disfrutó su jugo de naranja en vaso de cristal antes de dormir cómodamente en los asientos-cama del Dreamliner. Sus padres en cambio, aceptaron las múltiples copas de vino que las auxiliares de vuelo ofrecieron durante el vuelo. Diez horas después, ya estábamos en nuestro país, listos para abordar el último vuelo hacia la capital yucateca, en donde Abuela Clos ya esperaba los cachetitos de su querido nieto viajero.

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El vino blanco era mio, ¿eh?

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El pequeño consentido de Aeromexico

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Poco antes de dormir, un poco de caricaturas

Continuara…

**Gina

 

Tokyo: Una tarde en la isla de Odaiba

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Disfrutamos nuestra última tarde en Japón en la futurista isla de Odaiba, en la capital del país. Habíamos llegado al mediodía procedentes de Kyoto tras escasas dos horas y media en un Shinkansen “suuuuuuuuuuper rápido” como les decía Copito. No me canso de alabar ese medio de transporte a todo aquel que menciona el país del sol naciente. Creo no hay mejor forma de experimentar la modernidad de Japón que ser transportado en esta maravilla de la ingeniería ferroviaria. Esa mañana habíamos recorrido 513 kilómetros en dos horas y media y eso, tomando en cuenta que el Japan Rail Pass no es válido para los trenes de categoría Nozomi. Nosotros los humildes turistas internacionales nos tenemos que “conformar” con los trenes Hikari que hacen más paradas en el trayecto y por tanto, llegan unos 15 minutos más tarde que los Nozomi.

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Feliz de estar en un shinkansen

Como el tren llegó a la estación central de Tokyo estábamos un poco nerviosos por abordar con equipaje el tren Chuo Rapid hacia la estación de Shinjuku. Para nuestra buena fortuna, el tren vino casi vacío a esas horas y pudimos llegar a Shinjuku sin ningún contratiempo. En 15 minutos ya nos encontrábamos otra vez deambulando por la estación más transitada del mundo en búsqueda del hotel Sunroute Plaza.

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Copito siempre comía algo rico

Apenas dejamos las maletas en el hotel nos dispusimos a averiguar cómo llegar hasta Odaiba sin tanto transbordo. Como siempre, Hyperdia nos dio la respuesta y en pocos minutos ya estábamos en el tren Yamamote hacia la estación de Shimbashi, desde el cual tendríamos que abordar el moderno tren Yurikamome hacia la isla. Este último tren no está incluido en el Japan Rail Pass por lo que tuvimos que recargar nuestras tarjetas IC Suica para pagar. Muchos empleados de los trenes Yurikamome estaban listos para apoyar al visitante confundido con las tarifas y tarjetas IC. ¡Esta estación es a prueba de visitantes de los países menos desarrollados que Japón!.

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Tren elevado a Odaiba

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Rainbow Bridge

El trayecto a bordo de este tren fue muy divertido, primero al darnos cuenta que no había conductor de tren. Copito se sentía uno pues abordamos en el primer vagón y podíamos apreciar perfectamente el paisaje a través de sus grandes ventanas frontales. Segundo, porque se trata de un tren cuyas rieles fueron construidas elevadas del suelo lo que brinda aún más vista panorámica a la parte más moderna de Tokyo. Tercero, cruzar el Rainbow Bridge a bordo de este tren fue toda una experiencia para Copito. Ahí estaba en el mismo puente en el que Lightning McQueen compitió en el Gran Prix en la película Cars 2. El sol brillaba con todo su esplendor y estábamos muy contentos por despedirnos de Japón viendo a Copito gozar la experiencia.

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Plaza comercial en el Waterfront

Llegamos a la estación Daiba, justo en medio del Odaiba Waterfront. Ahí estaban congregados muchos japoneses tomando el sol y muchas fotos a la pintoresca vista del Rainbow Bridge y la réplica de la Estatua de la Libertad donada por Francia a Japón en conmemoración de “el Año de Francia en Japón” en 1998. Caminamos bastante tiempo pues el clima era muy agradable y Copito estaba coqueteando, como siempre, con todas las jóvenes japonesas que se relajaban esa tarde en el Waterfront.

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Estatua de la Libertad en Odaiba

Unos cuantos rugidos estomacales nos avisaron que era hora de comer algo sustancioso. Vimos desde lo lejos un restaurante que lucía casual y relajado y en donde podíamos encontrar algo que Copito jamás rechazaría: papas a la francesa. Se trataba de un restaurante con aires hawaianos llamado Kua Aina justo enfrente del Waterfront. Escogimos una mesa con vista al Rainbow Bridge para seguirnos deleitando mientras comíamos nuestras hamburguesas y ensalada.

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¡Me la quiero comer!

A continuación fue hora de caminar y caminar por la isla. Estaba maravillada con la moderna arquitectura del edificio de Fuji TV y algunos hoteles cercanos. También con los grandes centros comerciales como Aquacity y Divercity en donde incluso, había un robot gigantesco!. Toda una experiencia nipona. También hicimos coraje cuando vimos que los elevadores hacia un puente que cruza hacia Palette Town estaban siendo monopolizados por norteamericanos jóvenes algo puruxes (gordos en Maya). Aclaro, los norteamericanos no eran obesos, just fat y se hubiesen beneficiado mucho de subir escaleras. No podía entender porqué no lo hacían como lo hacían los jóvenes japoneses o como nosotros lo habríamos hecho si no lleváramos carreola. A la Yucafamily le fue más fácil plegar ésta última y subir las escaleras  que esperar a que la docena de gordos terminaran de usar el elevador.

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Fuji TV y Aquacity

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Aquacity y el tren elevado

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Ferris Wheel en Odaiba

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Gundman de tamaño real

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Foto del recuerdo con el robot

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Hermosamente iluminado

Después de quemar esas calorías, llegamos a Palette Town, un complejo de entretenimiento en donde se encuentra la exhibición de autos Toyota (Toyota MegaWeb), un área de conciertos, un enorme centro comercial y, por supuesto, lo que Copito nos pidió desde que se vislumbró desde el tren a Odaiba: una enorme Rueda de la Fortuna. Solo para que se den una idea de su gigantesco tamaño: su diámetro mide 100 metros y su altura máxima 115 metros. Ya había anochecido y desde arriba disfrutábamos viendo el espectáculo que era el Tokyo nocturno. Desde lejos brillaba la Tokyo Tower y también la Skytree. La Rueda resplandecía de manera colorida al igual que el Rainbow Bridge. Y ni que decir del enorme Gundman, el robot estrella de la isla. Todos nos decían sayonara pues al día siguiente regresaríamos a nuestro caliente país.

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Palette town

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Vista desde la Ferris Wheel de Odaiba

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Bellos colores en Odaiba

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Bellos colores en la Ferris Wheel

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Como siempre muy feliz de subir a cosas nuevas

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Vista desde la Ferris Wheel

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Vista desde la Ferris Wheel

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Tokyo de noche

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Tokyo de noche

Esa última mañana, Tokyo nos despidió con lluvia y frío. Fue muy fácil llegar al aeropuerto pues el Limousine Bus hace parada justo en el hotel Sunroute Plaza Shinjuku. En poco menos de dos horas ya estábamos haciendo check-in en el aeropuerto de Narita.

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Area de juegos en el aeropuerto de Narita Tokyo

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Ayudando con el equipaje

Así había terminado un gran viaje lleno de retos y enseñanzas. Estaba totalmente agradecida con la vida por haber podido cruzar el océano y estar en un tan país mítico como Japón. Han pasado ya varios meses desde que regresamos y Copito no olvida sus aventuras por los templos, los bosques, los monos, los trenes y la juguetería de Yodobashi. Aún me pregunta cuándo regresaremos a Japón, como si se tratara de nuestra vecina Riviera Maya. Algún día seguramente, cuando conozca de distancias y sepa leer un mapa, se dará cuenta que lo que hizo fue colosal para sus escasos tres años. Posiblemente ya lo habrá olvidado pero aquí están las palabras de su madre, escritas en este humilde blog, para recordarle sus aventuras en el país de las puertas Torii, los pacíficos Budas y los shinkansen. Mientras llega ese momento, seguirá pasando las fotos de Japón una y otra vez añorando volver a este bello país.

Nos leemos en nuestra siguiente aventura.

**Gina

Hiroshima Peace Memorial Park

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Tomamos de vuelta la línea Sanyo para visitar brevemente el Peace Memorial Park en la ciudad de Hiroshima. No fue necesario llegar nuevamente a la estación central de Hiroshima pues desde la estación Yokogawa pudimos abordar un moderno tranvía hacia la estación Gembaku Dome-mae que se encuentra justo enfrente del famoso Domo de la Bomba Atómica.

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El Domo de la Bomba Atómica cruzando un puente hacia el Peace Memorial Park

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En el Peace Memorial Park

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La llama de la paz siempre viva

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El cenotafio del Peace Memorial Park

Quiero ahora comentarles lo mucho que creo en señales divinas o del destino. Desde que comencé a planear el viaje a Japón quise conocer el Museo de la Paz (Peace Memorial Museum) y ver con mis propios ojitos los artefactos sobrevivientes de la bomba atómica. Aunque sabía que se trataba de un museo deprimente y desgarrador, quería adentrarme al evento que cambió el curso de la humanidad para siempre. Sin embargo, el museo no es para niños pequeños. Ya sabía que algunas exposiciones eran muy gráficas como para exponer a Copito a ello así que desde que llegué a Hiroshima sabía que tendríamos que omitir el museo de nuestro itinerario. Pues bien, bajamos en la estación Gembaku Dome-mae y empezamos a caminar por el Peace Memorial Park. El viento era fresco y como símbolo de su nombre, el parque rebozaba de paz y aire puro. Cuando dejamos de escuchar la perorata de Copito (quien siempre está hablando y jugando) supimos que nuestro vástago había ido a visitar el Pais de los Sueños por unas cuantas horas. Él dormía plácidamente en su carreola, soñando seguramente en el tranvía que le había gustado mucho subirse. Entonces, le propuse a Mr. Viking que visitáramos el museo mientras Copito hacía su siesta pues seguramente todos los dioses y semi-dioses de este mundo habían confabulado para que lo visitara.

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El Museo de la Paz

La amabilidad japonesa fue extraordinaria en el Museo. Todos los empleados nos recibieron con una enorme sonrisa y nos guiaron por las diferentes salas de exhibición. Copito ni siquiera se percató de que entró al lugar pues todo era 100% accesible en silla de ruedas o carreola. El Museo cuesta una ínfima cantidad, creo unos 50 yenes si mi memoria no me falla. En sus diferentes salas describe y exhibe el preámbulo de la guerra, la bomba, algunos artefactos sobrevivientes, la ciencia detrás de Little Boy (la bomba que cayó sobre Hiroshima) y la parte más gráfica: los efectos de la bomba sobre el ser humano. Se muestran cortos documentales sobre los sobrevivientes, sobre la ciudad y su reconstrucción. Por supuesto, el propósito del museo no es únicamente recordar este trágico evento de la historia humana sino concientizar a los visitantes sobre los efectos devastadores que las armas atómicas pueden tener sobre el mundo.

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Vista del Memorial Peace Park desde una de las ventanas del Museo

No tomé fotos en el interior del Museo pues considero que para eso está el sitio oficial y miles de páginas de internet sobre el asunto. Además se trató de una visita llena de silencio pues absolutamente NADIE hablaba mientras observaba las exposiciones. ¡Creo que no había ningún norteamericano ruidoso y gritón!. Para nosotros esto era aún más favorecedor pues Copito dormía arrullado por los susurros.

No me acuerdo muy bien qué hora era cuando salimos del Museo pero todavía brillaba el sol. Copito se levantó dispuesto a estirar sus piernitas por lo que corrió por el parque. De pronto, vislumbró una campana a lo lejos. Unos cuantos japoneses la observaban y le tomaban fotos sin atreverse a replicarla. Copito se acercó con ímpetu, tomó la soga y el sonido de la campana se hizo escuchar en el parque. No sabíamos si eso estaba permitido pero las personas a nuestro alrededor tomaron fotos y sonreían. Ningún policía nipón se acercó así que supusimos que nuestro hijo no se había convertido en un criminal.

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El monumento a los niños 

Cuando nos acercamos a leer la explicación del monumento se me hizo un nudo en la garganta. Se trataba del monumento dedicado a los niños fallecidos en la bomba atómica. La niña que aparece representada en la estatua es Sadako Sasaki, una sobreviviente de la bomba. Sadako creía que si creaba 1,000 figuras de garza en origami le sería concedido un deseo, como lo dice una traición japonesa. Su deseo era curarse de la leucemia causada por la radiación de la bomba pero, tristemente, Sadako murió poco después a consecuencia de esta enfermedad. Los niños de todo el mundo siguen haciendo garzas de origami que son enviadas al monumento para pedir la paz mundial y un mundo libre de armas nucleares. Sadako seguramente habría estado muy feliz de ver a un pequeño niño mexicano jugar y reír en el lugar en donde alguna vez solo hubo destrucción. Que así sea siempre.

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El Domo de la Bomba Atómica

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Atardecer en el Domo

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El Domo estaba en restauración 

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Un sobreviviente de la guerra

Nos despedimos del Peace Memorial Park no sin antes leer un poco sobre el Domo de la Bomba Atómica, Patrimonio de la Humanidad desde 1996. Se trata del único edificio cerca del epicentro de la bomba que quedó parcialmente en pie. Permanece en el mismo estado de destrucción como un símbolo de los horrores de la guerra y en honor a toda la gente que murió a consecuencia de la bomba. Las fotos del Domo que vimos en el museo son impactantes y de vez en cuando aún vienen a mi mente. Un edificio solitario en una ciudad en ruinas y fuego.

Tomamos el tranvía hacia la estación central y tuvimos que esperar una hora y media ahí hasta que vino el Shinkansen a Osaka. Ahí corrimos desesperadamente para tomar otro Shinkansen de 15 minutos hacia Kyoto. ¡Vaya que los trenes venían llenos a esa hora!. Llegamos a Kyoto como a las 9:15pm muy exhaustos pero felices por haber estado en esos lugares tan simbólicos de la historia de Japón.

**Gina

La incomprendida Kyoto Tower

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Me acuerdo que la primera vez que salimos de la estación central de Kyoto y vimos la Kyoto Tower enfrente me pareció bastante fea y ridícula para la ciudad. Parecía sacada de una película de extraterrestres de los 50’s y desentonaba con el aspecto tranquilo de Kyoto. Incluso de noche, cuando la ciudad encendía sus luces de colores, la Kyoto Tower parecía ser la intrusa en la fiesta. Pues bien, la Yucafamily decidió darle una oportunidad a la torre en esa tarde con muchos pronósticos de lluvia. Después de todo no es bueno juzgar a las cosas por su apariencia ¿no?.

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La torre estaba casi vacía ese día y fuimos bienvenidos con la acostumbrada amabilidad japonesa. Fuimos dirigidos al elevador que nos conduciría hasta la plataforma de observación a 100 metros de altura. Ahí se puede gozar de una vista panorámica de 360 grados de la ciudad y hacer uso de los telescopios gratuitos. Copito fue saludado efusivamente por la mascota Tawawa-chan quien a pesar de sus muchos esfuerzos no logró que Copito le perdiera el miedo. Él prefirió cuando le dieron un peluche de Tawawa-chan para que posara junto con sus padres para unas fotos. ¡Ese sí era de su tamaño!.

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Cuando terminamos de observar la ciudad, bajamos hacia el tercer piso en donde había un restaurante con vistas a la estación de trenes. Mientras nos bebíamos unas generosas cervezas pudimos ver a los shinkansen y a los otros trenes ir y venir para el deleite del pequeño Copito. Para mí, la estación de trenes de Kyoto no solo era enorme, moderna y original con sus enormes paneles de vidrio y sus interminables escaleras eléctricas sino que era un paraíso para las compras. La tienda departamental Isetan de siete pisos y una infinidad de tiendas de ropa, souvenirs, comida, cines, etc hace que el visitante nunca se aburra en su espera. Nosotros no fuimos ahí de compras sino a la enorme tienda Yodobashi ubicada a una cuadra más adelante en donde, por primera vez en todos nuestros viajes, tuvimos que comprar una maleta adicional para guardar todo lo adquirido durante esas tres semanas. Para defensa de los adultos de la familia, dos terceras partes de la maleta se ocuparon con juguetes de trenes y todo lo relacionado con ellos (cubiertos, vasos, rompecabezas, etc.) y que, obviamente, no podíamos conseguir en México.

No fue sino hasta el final del día que la anunciada lluvia cayó cuando nos dirigíamos al departamento. Esta vez ya estábamos preparados para ella con el protector para la carreola y unos impermeables desechables aunque más tardamos en ponérnoslo a que la lluvia pasara. Esa noche nos fuimos temprano a la cama pues sabíamos que nos esperaba una larga jornada en Miyajima e Hiroshima al día siguiente. Pero esa ya es otra historia…

**Gina

Kyoto: Nijo, el palacio del shogun

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Esa mañana los pronósticos de tiempo lucían bastante pesimistas. Anunciaban lluvia durante todo el día y no quisimos aventurarnos a visitar la ciudad vecina de Osaka, al sur de Kyoto. Decidimos quedarnos dentro de Kyoto y visitar el antiguo palacio de los shogunes Tokugawa, el Nijo-jo.

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Vista desde la calle al Castillo Nijo

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Puesto de vigilancia

Como teníamos nuestro Japan Pass tomamos el tren JR de la línea San-in y nos bajamos en la estación de Nijo, que se encontraba a poco más de un kilómetro de la entrada al castillo. Como todo el exterior estaba cubierto de gravilla, decidimos dejar la carreola en un resguardo improvisado cerca de los baños, deseando que nadie se robase nuestra vieja y fiel carreola viajera.

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Kara-mon, la puerta de entrada

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Esplendorosa entrada Kara-mon y un Copito de Nieve

La construcción del castillo fue iniciada en 1603 y completada en 1626 por el tercer shogun Tokugawa, Iemitsu. El castillo es uno de los mejores ejemplos del periodo Edo antiguo (aquel en donde había reinado la paz y la tranquilidad en Japón). La joya en esta construcción es el Palacio Ninomaru con sus bellísimas pinturas en sus cuartos interconectados. En este edificio no se permite tomar fotografías por lo que el lector tendrá que confiar en mis palabras cuando digo que todo ese edifico exudaba sencillez y elegancia. No muchos viajeros se encontraban con nosotros por lo que pudimos leer en detalle las explicaciones de cada uno de los cuartos. En uno de ellos, el Salón Principal, el último shogun reunió a los señores feudales para anunciar el regreso del poder único al Emperador Meiji. En 1939, la familia imperial donó el Castillo a la ciudad de Kyoto y fue renombrado como Nijo-jo.

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Entrando al Palacio Ninomaru

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Detalles de la puerta de Ninomaru

Afuera de este bello edificio se encuentra otra obra humana maravillosa, el jardín Ninomaru. En en centro de su tranquilo estanque se encuentran Horai-jima (Isla de la Eterna Felicidad) flanqueada por Tsuru-jima (Isla de la Garza) y Kame-jima (Isla de la Tortuga). Con mi nulo japonés, todos esos nombres más bien me recordaban a mis animes preferidos de mi niñez, memoria que se hizo más vívida cuando vi a los enormes peces anaranjados en las aguas protectoras del castillo. Copito quedó encantado alimentando a los regordetes peces quienes se arremolinaban para saborear un pedazo de pan o galleta.

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Paseando por los jardines

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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El palacio desde afuera

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El palacio desde afuera

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Jardines de Nijo

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Peces Koi

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Eran grandes y hermosos

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Entretenido viendo peces

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Castillo de Nijo

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El Palacio desde lo alto de una muralla

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Los flores del ciruelo ya habían brotado

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Descansando 

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Toda una fortaleza

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¿Distinguen a Copito?

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A Mr. Viking le tocó cargarlo

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Le dijimos adiós al bello castillo

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Hasta el último momento todo era fotogénico

Caminamos un buen rato por el jardín y sus alrededores hasta que divisamos unas nubes sospechosamente oscuras en el horizonte. Decidimos regresar a la estación central y probar suerte en la Torre de Kyoto y hacer unas últimas compras en Yodobashi Camera Store.

Continuará…

**Gina

Kyoto: El popular Templo de Kiyomizu

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En la entrada del templo tuvimos un momento parecido a lo que sufren todos los que vistan el Taj Mahal. Ese momento en el que te das cuenta que como tú, hay miles de personas queriendo tomar una buena foto de ellos mismos ante el monumento al amor, empujándote discretamente para ocupar un buen lugar o sacando esos infernales monopods para selfies. De igual manera, las postales de Kiyomizu siempre reflejan paz y serenidad pero en ese momento distaban mucho de la realidad bulliciosa y concurrida. Eran centenares de personas las que se encontraban con nosotros admirando esa bellísima obra arquitectónica de madera y, para nuestra buena fortuna, la mayoría eran japoneses respetuosos del espacio personal.

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Entrando al templo de Kiyomizu

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Muchos turistas en el templo de Kiyomizu

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El clima no podía ser mejor ese día

Kiyomizu-dera es un templo budista considerado Patrimonio Cultural por la UNESCO y fue finalista del concurso de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.  El templo principal, fundado en 1633, tiene un gran balcón desde el cual se aprecia la ciudad de Kyoto en todo su esplendor. Cuando vi la cantidad de personas que estaban ahí temí que en cualquier momento colapsaría pero después leímos que este balcón fue construido de gran tamaño para poder acoger una gran cantidad de peregrinos.

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Horizonte de Kyoto desde el balcón de Kiyomizu-dera

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Grupos de turistas gozan de las vistas en el templo de Kiyomizu

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¿Quién se atreve a saltar desde lo alto de Kiyomizu?

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Así se ve el templo desde el costado 

Copito dormía una corta siesta posiblemente derivada de haber subido muchísimas escaleras en los otros templos y sus jardines. Se perdía de la gran vista de la ciudad y sus pagodas, bosques y puertas Torii. Según la creencia, le será concedido un deseo a la persona que salte desde el balcón y sobreviva la caída de 13 metros. Según los registros, se han llevado a cabo 234 personas saltaron de los cuales 85% sobrevivieron. Posiblemente el deseo pedido por parte de estas personas era… ¿recuperar la movilidad de sus piernas?. Por supuesto, hoy en día saltar desde Kiyomizu está prohibido.

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Una pequeña pagoda enfrente de Kiyomizu-dera

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Vista desde la pagoda

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Grandes postes sostienen a todo Kiyomizu y sus peregrinos

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Alguien se acababa de despertar de su siesta

Le dijimos adiós a este popular sitio y nos encaminamos, algo cansados, a nuestro hotel. Estábamos a unos 3.5 kilómetros de distancia, los cuales fueron muy agradables en ese clima seco y frío. Pasamos por un altar llamado Toyokuni en donde no había más almas que las de nosotros. Copito se dedicó a jugar con algunos niños en el parque que se encontraba enfrente del altar hasta que nuestros estómagos empezaron a pedir alimentos.

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Entre los niños no hay la barrera del idioma

Había sido un día maravilloso caminando por todo el Este de Kyoto y estábamos orgullos pero agotados de haber caminado tanto. Mr. Viking compró unas cervezas Ahashi y una cocoa para el más pequeño del clan y celebramos en la comodidad de nuestro departamento.

**Gina