Bergen en días comunes y corrientes

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Sería un poco redundante escribir sobre las caminatas diarias que la Yucafamily realizó en Bergen después de nuestro regreso de Ytre Sula y Cracovia. Nuestra meta siempre era la misma: caminar por lo menos 10 kilómetros al centro de la ciudad o bien, de montaña a montaña. En una ocasión llegamos a los 15 kilómetros incluyendo subidas y bajadas de dos montañas de altura moderada aunque he de confesar que nos resultaba muy fácil debido a que eran senderos citadinos de asfalto. Como Copito no podía caminar el mismo número de kilómetros, él fue ayudado por su antigua carreola por trayectos aunque pronto nos daríamos cuenta que este sería el último viaje para este medio de transporte. Pies y energías infantiles han aflorado al máximo en los últimos meses.

Aquí les dejo un collage de fotos de nuestras caminatas por la bella Bergen.

**Gina

 

Bergen en verano: Mt. Floyen

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Según mis registros fotográficos y mi bitácora de viaje, los primeros dos días en la casa de los abuelos en Bergen no hicimos nada más que ser consentidos. Es decir, comimos, bebimos y dormimos todo lo que quisimos. También hicimos cosas cotidianas como ir a centros comerciales y conseguir las réplicas de medio de medios de transporte que tanto le gustan a Copito y que son prácticamente imposibles de conseguir en México. Lo que a continuación les quiero relatar es lo sucedido durante nuestro tercer día en Noruega.

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Soy niño grande y ya alcanzo el booster de mis primos

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Uno de los muchos puentes en los alrededores de Bergen

Habíamos planeado tramitar la renovación del pasaporte noruego de Copito en Knarvik, un poblado cercano debido a que los diarios locales advertían de filas interminables en las oficinas de Bergen. Para nuestra sorpresa y prueba a nuestra cordura y salud mental cuando llegamos a Knarvik la fila parecía INTERMINABLE. Era peor que las filas de los supermercados en Navidad, peor que las de Zara en una rebaja y peor que los tumultos en el metro de la Ciudad de México. Ok, no para tanto pero ya captan la idea. Traté de ser positiva y leí unas cincuenta páginas del libro que había llevado, platiqué con una señora que quería practicar su español, caminé con Copito por los alrededores pero al cabo de un par de horas y viendo que el número de los turnos avanzaba a paso de tortuga perdí las esperanzas. ¡A ese paso, nos atenderían en cinco días!. Decidimos entonces abortar la misión y obtener el pasaporte otro día ya sea en Noruega o en la Embajada de Noruega en la Ciudad de México.

Era una tarde de verano y el sol lo sabía. Brillaba tímidamente en el cielo pero al menos no llovía como lo hace el 90% del año en Bergen. Nadie en su sano juicio quería quedarse en casa o en el interior así que nos dirigimos a la atracción más visitada de la ciudad: Mount Fløyen. Ya habíamos visitado Mt. Floyen en varias ocasiones pero como les relaté la vez anterior, podría visitarlo miles de veces sin aburrirme de las extraordinarias vistas de la ciudad.

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Nos bajamos antes del paradero para decirle hola a Bryggen

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Bryggen, Patrimonio de la Humanidad

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Algunos edificios del centro de Bergen de camino al funicular a Floyen

En esta ocasión nos enfrentamos a otra nueva fila: la del funicular para subir a Mt. Floyen. Esta era la primera vez que subíamos la montaña en temporada de cruceros (junio-septiembre) cuando por lo menos 3,000 personas visitan la ciudad diariamente. Aún así, la fila me pareció bastante organizada y avanzaba con relativa rapidez. En menos de 45 minutos ya nos encontrábamos disfrutando de la gloriosa vista en la cima en compañía de mucha gente mayor proveniente de los barcos.

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oh-oh primera vez que vemos fila en el funicular al Mt. Floyen

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La mayoría eran cruceristas

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Esperando abordar el siguiente funicular

Era la primera vez que visitábamos Floyen en verano con Copito y el ambiente era muy diferente a las veces anteriores. Eran vacaciones y muchos niños se encontraban jugando en parque ubicado detrás del restaurante. Éste también se encontraba abierto aunque no tenía tantos comensales como me lo imaginé en un día tan bello. Supongo que los cruceristas consideran carísimo tomarse una cerveza de 80 coronas por más hermosa que sea la vista y es que para cualquiera que no sea de Escandinavia, los precios de esta región del mundo parecen salidos de una novela de terror.

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Desde el mirador de Mt. Floyen

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Vista de la ciudad de Bergen

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Los vikingos

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Cuando el hambre llega no hay poder ni precio que los detenga

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Yucafamily en Floyen 2016

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Cruceros y más cruceros

Como era de esperarse, el wafle y el jugo que había comido en la cafetería hicieron de las suyas en el torrente sanguíneo de Copito. Rebosaba de energía y, desde luego, insistió en pasar un tiempo en el parque en compañía de muchos niños noruegos y extranjeros. Jugó, jugó y jugó que es lo mejor que sabe hacer. Es realmente hermoso ver como los niños juegan sin ninguna distinción de raza, religión, nivel socioeconómico o nacionalidad. Copito les dirigía algunas palabras en español aunque ninguno lo entendiera pero eso no les impedía perseguirse y hacer turnos en las resbaladillas y en los columpios. Incluso se llamaban para jugar en el sube y baja a pesar de la barrera del idioma.

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Parque de Floyen

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Era hora de jugar

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Parque en la cima del Monte Floyen

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Practicando para ser un gran escalador

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En los parques no hay distinciones de nacionalidad: ¡todos juegan!

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¡Qué miedo! un troll

Caminamos de vuelta al centro de Bergen para seguir disfrutando del buen clima de la tarde. La primera parte fue un camino pavimentado de muy fácil pendiente en donde muchos noruegos estaban haciendo ejercicio  a esas horas de la tarde (4:00pm). Como siempre, me sorprendió la tenacidad de los habitantes del norte para hacer ejercicio en el exterior llueva, truene o haya mucho viento. Había personas de la tercera edad, monumentales mujeres, vikingos de corazón, mamás con carreolas, niños preescolares, en fin, todos dispuestos a estirar sus piernas y acelerar el corazón.

Paseamos un poco por las calles menos concurridas del centro, en donde solo la gente local se encontraba relajándose después del trabajo. A esa hora, todos los cruceristas ya se habían ido y Bergen adquirió de nuevo ese ambiente provincial que tanto atrae a todos los visitantes.

En alrededor de una hora, ya nos encontrábamos en Bryggen, en el corazón de la ciudad, en donde los adultos nos tomamos una cerveza y Copito fue recompensado con un muffin. Y así fue como concluyó nuestro primer día turístico en la ciudad natal de Mr. Viking.

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Una iglesia antigua en el centro de Bergen

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Típicos edificios del centro de Bergen

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Restaurante mexicano en Bergen

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Noruegos quejándose de Nouega

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Estación central de Bergen

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El parque de la ciudad

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Alguien estaba muy feliz con su muffin

**Gina

Los molinos de viento de Zaanse Schans

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Una vez ya empapados de la vida rural de los Países Bajos, era hora de seguir nuestro recorrido a uno de los lugares más icónicos del país: la población con nombre impronunciable de Zaanse Schans. La guía nos advirtió que debido a la fama que gozan los molinos de viento nos encontraríamos con mucha más gente que en las otras dos poblaciones anteriores. Y no se equivocó pues junto con nuestro autobús estaban estacionados por lo menos otros diez y muchísimos automóviles particulares.

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Entrando a Zaanse Schans

La propuesta de la guía fue que viéramos una demostración de cómo se fabrican los zuecos tradicionales y después visitar uno de los molinos abiertos al público. Al principio no me agradó mucho la idea pues siempre he sentido que esas paradas comerciales que hacen en los tours son fastidiosas y rara vez ofrecen algo que valga la pena comprar. Afortunadamente, el joven que nos dio la explicación de la manufactura de los zuecos fue muy breve y para beneplácito de mis ojitos, muy guapo y carismático por lo que le presté la atención debida.

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Un guapo explicando la fabricación de zuecos

Los zuecos se han usado en los Países Bajos desde hace más de 700 años. Son fabricados en madera para proteger al usuario de cualquier cosa afilada en el campo y también para mantener seco el pie en las actividades de pesca. La mayoría de los zuecos son hechos a máquina, como las que usó el joven en su presentación, y pintados a mano. Hoy en día la mayor parte de la producción de zuecos es para el turismo y solo una pequeña parte para las actividades relacionadas al campo.

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Zuecos a la venta

Hora de dejar al guapo trabajando y visitar alguno de los molinos de viento.

Aunque Zaanse Schans pueda parecer un museo al aire libre y algunos sitios de internet así lo promocionen, en realidad es un área residencial que alberga el mayor número de molinos de viento todavía en funcionamiento en este país. Los molinos muelen hoy en día especias, madera, aceite y pigmentos, como el que nos tocó visitar. El nombre del molino fue muy acertado para la Yucafamily: De Kat (el gato) y por cuatro euros permitían visitar sus interiores y la cima.

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Muestra de la antigua vida rural holandesa

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Muy pintoresco

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Los molinos abiertos al público

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Algunas casas también estaban abiertas al público

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En el primer molino cortaban madera

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El molino del gato por dentro

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Hermosa vista desde el molino

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Un poco más de cerca

Copito subió como un gran atleta las empinadísimas escaleras aunque mi mayor preocupación nunca ha sido subirlas ¡sino bajarlas!. Por supuesto que en la mente de un niño se resuelve un problema a la vez y en cuanto subió estaba más enfocado en no caerse en el espacio que había entre las maderas del suelo. Afortunadamente, todos llegamos sanos y salvos a la cima para gozar de una vista espectacular de los gigantes de madera. Estos paisajes rurales han sido y serán fuente de paz e inspiración para muchos artistas y pensadores y en esos momentos, para una pequeña familia yucateca en el extranjero.

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Muy empinadas las escaleras del molino

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Desde arriba del molino

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Un niño feliz posando

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¡Quiero ir a todos! dijo Copito

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Copito y su madre le dijeron adiós a los molinos

A la hora acordada, todos las personas del tour nos reagrupamos en el estacionamiento para partir hacia Amsterdam. En tan solo cinco horas habíamos conocido tres poblaciones muy interesantes y estábamos muy felices y satisfechos aunque muriendo de hambre. La guía nos recomendó ir a comer al Red Light District, cuya oferta es mucho más que chicas saludando a través de vidrieras. Escogimos el primer restaurante cuyo host trató amablemente a Copito mientras revisábamos el menú en la entrada. Nuestro lema es que si es amable con los niños es amable con todos los comensales y nunca nos equivocamos.

Esa tarde, seguimos recorriendo a pie el centro de Amsterdam y descubriendo nuevos caminos para llegar al hotel. Nos aventuramos a ir un poco más al Este, hasta un tranquilo parque llamado Oosterpark en donde dejamos que Copito drenara toda su energía restante. Ahora sí, hora de dormir soñando en quesos y molinos de viento que al día siguiente nos esperaba la ciencia y la tecnología del NEMO.

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Caminando por Amsterdam

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Cerca del Jardín Botánico

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De camino al Oosterpark

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Oosterpark

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Dos vikingos en el Oosterpark

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Natura Artis, el zoológico que después visitaríamos

**Gina

El Waterland holandés: Edam

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Seguramente, querido lector, que lo primero que le viene a la mente cuando ve o escucha   la palabra Edam es QUESO. Rico y delicioso queso. Más aún si usted es de las cálidas tierras yucatecas en donde el queso Edam forma parte de nuestra gastronomía (véase, pruébese y saboréese: queso relleno, marquesitas, pasteles ¡y hasta helado!). Pero antes de que sus antojos lo obliguen a dejar de leerme, permítame relatarle la visita de la Yucafamily a las tierras del queso de bola.

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¿Es un barco o un sueco?

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Escenas de la fábrica de quesos

No tardamos mucho en llegar a una fábrica de queso con la cual la compañía de tours Grayline tiene convenio. La guía preguntó si al grupo le gustaba el queso a lo cual un entusiasta Copito gritó “Síiiiiiiii”. Para él, ir a una presentación de quesos era tan emocionante como estar en Disneyworld, más aún si podía probarlos después de tanta verborrea de los adultos.

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Esta señora nos explicó con detalle la elaboración de los quesos

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¡En inglés y en español!

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La degustación de quesos, la parte favorita de cierto pequeñín

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Posando alegremente con la conductora del autobús

Después de unos 30 minutos en la fábrica de quesos, seguimos hacia Edam, una pequeña población muy encantadora y tranquila cuyas calles aún conservan sus empedrados y fachadas de siglos pasados. Pasamos por casitas habitadas por personas de la tercera edad que incluso parecían posar para las fotos y mostraban el lado más bonito de sus casas llenas de coloridas flores.

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Escenas pacíficas en Edam

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Canales de Edam

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Todo respiraba paz en Edam

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Casas antiguas de Edam

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¿Nos aguantará a todos ese puente?

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Edam, Países Bajos

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¿Distinguen al minino?

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¿Será que nos protejan de la lluvia?

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Una calle llena de color

La guía nos explicó que durante los sábados del verano se coloca un mercado de quesos como el que había en tiempos pasados, claro que ahora, el objetivo es atraer turistas más que vender quesos duros. Y aunque pueda resultar lleno de cliché, la población parecía estar orgullosa de su pasado quesero pues por doquier podíamos ver algo referente a este alimento: en las tiendas de souvenirs, en el pequeño museo, en la antigua Casa de Pesas etc. A esas horas de la media mañana estas referencias solo nos abrían el apetito aunque sabíamos que todavía nos faltaba por visitar uno de los lugares más emblemáticos de los Países Bajos:  los molinos de viento de Zaanse Schans.

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A tomar el sol, estilo holandés

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Una bella casita

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En la Casa de Pesas, en donde pesaban los quesos

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Antigua Casa de Pesas

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¿Qué creen que pesaban? ¡Quesos por supuesto!

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Bellos reflejos

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Iglesia en Edam

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Un gordito promocionando el museo

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Nuestra Señora de Edam 

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Canales de Edam 

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Ayuntamiento de Edam

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Museo de Edam

Continuará…

**Gina

 

El Waterland holandés: Volendam

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El día anterior, antes de empezar nuestro paseo por los canales, habíamos reservado un tour hacia los molinos de viento de Zaanse Schans, el pueblo pescador de Volendam, y el pueblo de Edam, famoso por supuesto por el delicioso queso que ahí producen. La compañía operadora fue Grayline y aunque no somos adeptos a seguir un itinerario junto con otras 30 personas, tuvimos una buena experiencia con las dos magníficas mujeres encargadas del tour.

Nos habían citado a las 9:00 am, enfrente del Hotel Victoria, cerca de la estación central y esperamos ahí más de 15 minutos junto con una veintena de personas que nos acompañarían esa mañana. Al parecer, faltaba una familia de España quienes después me contaron habían puesto incorrectamente la dirección del hotel en su GPS. Justo cuando la conductora del autobús había arrancado y se disponía a dejar el lugar, la familia apareció corriendo al otro lado de la calle. Justo a tiempo y salvados por el semáforo.

En nuestro autobús, muy estrecho por cierto, había gente de muchas nacionalidades. Había gente de los mismos Países Bajos, gente de habla inglesa y por supuesto, gente de Latinoamérica y España. Había gente joven, adultos mayores y hasta un señor con discapacidad motriz quien le siguió el paso a todos los del grupo sin ningún problema. Sin duda, un gran viajero que sabe que cuando uno quiere, puede.

Les mentiría, queridos lectores, si les dijera que presté mucha atención a las explicaciones de nuestra guía. No fue porque fueran aburridas ni largas sino más bien me resultaba algo incómodo escuchar por mucho tiempo junto con muchas personas a mi alrededor. Sentía muchas ganas de alejarme del grupo y tomar fotos aunque de esta manera, ya no lograba escuchar a la guía. Seré pues, breve en mis explicaciones sobre estos pueblos y excesiva en las fotos que espero le hagan honor a tanta preciosidad.

Nuestra primera parada fue el antiguo pueblo pescador de Volendam, a unos 20 minutos de la capital. Era la segunda vez que visitaba este pueblo tan adorable, lleno de casitas pintorescas y que según la guía, tenían precios exhorbitantes debido al boom turístico de la ciudad y a su fuerte industria pesquera. La primera vez que visité Volendam fue en octubre de 2005 y recuerdo que me congelaba cada vez que el viento helado soplaba en el puerto. Esta vez, se trataba de una mañana de junio y el clima era templado y muy favorecedor para la caminata. Tampoco había mucha gente, pues los comercios apenas abrían sus puertas cuando llegamos a esas horas de la mañana y salvo otros dos autobuses de turistas chinos, éramos los únicos que paseaban por el De Dijk y el Het Doolhof, las calles históricas del pueblo. La guía nos advirtió que de haber invertido el itinerario (primero los molinos, de último Volendam) nos hubiésemos encontrado con ríos de gente inundando las calles de la pequeña población y no hubiésemos disfrutado de la misma tranquilidad.

Volendam, con su pacífica vista al lago IJsselmeer y sus auténticas casas holandesas, atrajo a numerosos pintores, entre ellos Picasso y Renoir, quienes pasaron largas temporadas en el puerto. Para muestra de su belleza, basta un botón:

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Museo Volendam

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Todos escuchando a la guía

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Bellas y carísimas casas holandesas

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¿Alguien tiene hambre?

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Entre canales y diques en Volendam

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Divertido de ver cosas nuevas

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Todo era paz a esas horas de la mañana

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En la calle principal

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No había muchos turistas

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Podías encontrar tiendas de todo tipo

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El puerto se construyó en lo alto para no sufrir inundaciones

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Veo la de México pero no la de Noruega

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El lindo puerto de Volendam

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Mami, ¿está fría el agua?

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Las calles eran solo para nosotros

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¿Cómo no habría de inspirar a los grandes pintores?

Continuará..

**Gina

Amsterdam: Paseo por los canales y Museumplein

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Habíamos aterrizado puntualmente a las 18:00 del día anterior algo cansados por las casi 11 horas de vuelo entre la Ciudad de México y Amsterdam. Esa tarde, la peor de las pesadillas de un viajero se volvió realidad cuando el estómago de Mr. Viking sufrió las consecuencias de algún taquito previo al viaje. En estos casos, Imodium ha sido un amigo fiel y Mr. Viking pudo acompañarnos con uno que otro retortijón al paseo del día siguiente.

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Museo de Ciencias NEMO, cerca de la estación central

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Estación Central de Amsterdam

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La Iglesia de San Nicolás, frente a la estación central

El plan original era ir a visitar los molinos de viento de Zaanse Schans, un museo al aire libre ubicado a unos 15 minutos de Amsterdam. Esa mañana sin embargo, los males estomacales del mayor del clan nos obligaron a posponer nuestros planes y abordar uno de los muchos barcos que paseaban por los canales de la capital. Me abrumaron un poco las muchas opciones disponibles. Había tours largos de dos horas, hop on-hop off, paseos con almuerzo o cena, paseos con entretenimiento a bordo, paseos pirata, paseos con queso y vino, con pizza, etc. Escogimos el paseo clásico de 90 minutos con la compañía Canal (www.canal.nl), no por ser la mejor opción sino por ser la primera compañía que vimos frente a la estación central y que contaba con baños limpios para fortuna del entonces desafortunado Mr. Viking.

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Muy cómodo oyendo la grabación durante el paseo por los canales

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Los siete puentes alineados 

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Coloridas casas barco

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La casa barco museo

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Una bella torre

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Colores por doquier

Era la segunda ocasión que yo visitaba Amsterdam aunque habían pasado más de 10 años y mis recuerdos sobre la ciudad eran un poco nebulosos. No recordaba que Amsterdam fuera tan concurrida ni que las bicicletas se lanzaran sobre los peatones en luz roja. Creo que después de conocer Copenhague y su excelente equilibrio de peatones, bicicletas y automóviles, Amsterdam me parecía un poco caótica y ruidosa. Aun así era una maravilla observar las estrechas fachadas de las casas del centro histórico y las flores veraniegas en los balcones de los edificios y los barcos. Los bares y cafeterías en los canales rebosaban de gente riendo y tomando el tímido sol que iluminaba esa mañana. Los anuncios de la cerveza más famosa del mundo, Heineken, hacían que a Mr. Viking se le abrieran sus ojitos azules deseando curarse rápidamente de tan desagradable condición.

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¿De que se reiría Copito?

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Clásicas fachadas de Amsterdam

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Museos y exhibiciones 

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El NEMO desde el río

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La Opera House

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El puente estrecho

El paseo fue muy informativo y entre otras cosas mencionaron algunas peculiaridades de la ciudad. Pasamos a través de estrechos canales así como el río Ij y el Waterfront que divide la parte norte y sur de la ciudad. En uno de los múltiples canales vimos la casa de Ana Frank, la casa Rembrandt, los siete puentes alineados de Reguliersgracht, el Magere Brug (puente estrecho) y las casas relacionadas a las aduanas y el comercio exterior durante el Siglo de Oro (XVII) de la ciudad. También explicaron el comienzo de la ciudad como un pueblo pescador y la construcción del un dique (Dam) sobre el río Amstel en el siglo XII lo cual dio origen a su nombre: Amsteldam.

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Montelbaanstoren, una torre del siglo XVI junto con muchos turistas del XXI

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La estación central y las miles de compañías de tours por los canales

Copito tal vez no entendía ninguno de los datos históricos que a su madre tanto le gusta escuchar pero se divertía saludando a las otras embarcaciones desde su cómoda mesa. Se sorprendió mucho cuando vimos cómo los habitantes de Amsterdam suben hasta el tercer piso sus muebles: ¡utilizando una polea!. Era Física básica en vivo y a todo color.

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Todas las casas tienen estas poleas debido a la estrechez de sus escaleras

Ese día almorzamos pizza en un restaurante por el área de Dam Square, en donde está el Palacio Real, la De Nieuwe Kerk y el museo de cera Madame Tussauds al cual jamás hemos entrado en ningún país por alguna razón que desconozco. La joven hipster que nos atendió era muy seria pero cuando nos vio sacar el mapa de papel (accesorio considerado vintage por los más jóvenes) nos preguntó si nos podía ayudar en algo, un gesto universal de hospitalidad. Más adelante en nuestro viaje por Polonia, me daría cuenta que la seriedad de la gente no es sinónimo de hostilidad sino que simplemente hay culturas más sonrientes que otras. Sobre eso, más adelante en el blog.

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Callecitas clásicas 

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Paraíso de los quesos 

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Era muy divertido perseguir a las palomas en la Dam Square

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La Iglesia Nueva, a lado del Palacio Real

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El Palacio Real

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Museo Madame Tussaud

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Una bella muestra de arquitectura clásica holandesa

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Detalles del Palacio Real

Caminamos alrededor de cinco kilómetros hasta nuestro último destino del día: el Museumplein, en donde se encuentra el Museo Van Goh, el Rijksmuseum, y el Stedelijk Museum. En el camino, pasamos por el Bloemenmarkt (mercado de flores)  para regocijarnos con toda la variedad de flores, semillas y souvenirs que vendían en las decenas de puestos alrededor del canal.

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Mercado de Flores

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Un canal hermoso cerca de la cervecería Heineken

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Rijksmuseum, alberga el arte de Rembrandt y Vermeer, entre otros

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Rijksmuseum,  la mayor colección de arte holandés

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Detalles del Rijksmuseum 

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Fachada desde el Museumplein del Rijksmuseum 

Una vez en el Museumplein se nos cayó la quijada de ver la interminable fila para accesar al Museo de Van Goh a esa hora de la tarde (3:00pm). Sin duda, la mejor opción hubiera sido entrar muy temprano en la mañana por lo que decidimos aplazar nuestra visita al museo. Copito, por supuesto, no estaba decepcionado como su madre por perderse a Van Goh y pronto encontró un área de juegos cerca del Rijksmuseum en donde estuvo un gran rato jugando con muchos niños. Nos encantó el ambiente en este gran parque lleno de arte y viajeros de todas partes del mundo. Nos divertíamos viendo cómo los viajeros más jóvenes luchaban por la selfie perfecta en el gran letrero IAMSTERDAM, ya sea con sus teléfonos o sus GoPro. Otros más artísticos colocaban sus trípodes especiales para GoPro y sonreían estáticos por unos diez segundos hasta que obtuvieran la foto perfecta. La gente mayor, más astutos, menos tímidos y con menos desconfianza hacia los extraños, pedían el favor de un click a otros viajeros.

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Siempre encuentra donde jugar

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We are Amsterdam

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Museo Van Goh y gente tomando el sol

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Bansky is in the house

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IAMSTERDAM

Cuando Copito empezó a cerrar sus ojitos de cansancio empezamos el camino de vuelta a “casa”. Cenamos algo ligero en la cafetería del hotel y nos acostamos cuando todavía el sol de verano europeo aún brillaba y los jóvenes de largas barbas y gafas de goma se disponían a empezar la fiesta. Para los treintañeros de la Yucafamily, una buena noche de descanso lucía mucho más apetecible.

**Gina

Europa: tres semanas, tres países

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La procrastinación se apoderó de la autora de este blog, pero después de casi mes y medio de haber regresado a este lado del Atlántico, estoy lista para relatarles lo que la pequeña Yucafamily hizo en vacaciones de verano. No fue ciertamente un verano de playa y sol como muchos añoran. Fueron más bien tres semanas descubriendo y redescubriendo tres países europeos fascinantes y totalmente diferentes del uno al otro: Países Bajos, Noruega y Polonia.

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¡Hay tantos lugares por descubrir! (Solund, Noruega)

Nuestra fidelidad a Skyteam ha dado buenos resultados tanto para ellos como para nosotros pues para viajar desde Mérida a Amsterdam escogimos volar en la nueva ruta de Aeromexico (MEX-AMS). Fue un vuelo nocturno a bordo del moderno avión Dreamliner, el cual es muy silencioso y con un sistema de entretenimiento a prueba de noctámbulos. Claro está, el más pequeño del clan yuca-vikingo solo sintió la vibración del despegue y se entregó plácidamente a los brazos de Morfeo por las próximas 10 horas. Si alguno de los lectores piensa viajar con niños pequeños en un vuelo de chorrocientas horas, sugiero que escojan vuelos nocturnos como los de Aeromexico. Hemos probado esta teoría para viajar a París, Amsterdam (con KLM y Aeroméxico), Toronto y Tokyo con muy buenos resultados para nuestra tranquilidad y la de todos los pasajeros de esos vuelos.

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“Papi, pon Cars por millonésima ocasión”

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¿Cena en La Mansión?, ¡Yo como mis galletas!

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Feliz de aterrizar en Amsterdam

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¡Por fin, molinos de viento!

En Amsterdam pasamos cinco días enteros los cuales describiré con más detalle en los siguientes artículos. Nos hospedamos en el Ibis Amsterdam Centre Stopera, a unos quince minutos a pie de la estación central. Los Ibis nunca me han decepcionado. Son baratos, limpios, casi siempre con excelente ubicación a lado de estaciones de tren o metro, un desayuno buffet lleno de cosas engordativas y deliciosas y un bar económico en donde podemos relajarnos después de un largo día de paseo. Sus habitaciones pueden ser minúsculas para los huéspedes que pesan más de 100 kilos, pero para nosotros siempre han sido más que suficientes.

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Hotel Ibis Amsterdam Stopera

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Ibis Amsterdam Stopera

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Delicioso chocolate y bollería para chuparse los dedos

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¡Estamos en Países Bajos!

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¿A quien le pertenece cada cosa?

Desde Amsterdam, tomamos un siguiente vuelo con KLM hacia la hermosa ciudad de Bergen, Noruega para visitar a farmor y a farfar (abuelita y abuelito) quienes estaban ansiosos de besuquear las bronceadas mejillas de Copito de Nieve. Fue mi quinta visita al país más bello del mundo y esta belleza nunca es redundante. En esta ocasión visitamos la surrealista isla de Solund, al extremo oeste del país, en donde pasamos un fin de semana largo lleno de naturaleza, largas caminatas y paseos por barco.

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En la terraza del aeropuerto de Schipol, Amsterdam

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Muy consentido por KLM y sus papás

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Regalo de KLM para Copito

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Islas de Solund, un lugar para la reflexión

Después de pasar también unos días en Bergen, decidimos escaparnos a la ciudad de Cracovia, en Polonia por cinco días. Por primera vez, y seguramente no la última, viajamos con Norwegian, la tercera aerolínea de bajo costo en Europa (después de las más conocidas Ryanair y EasyJet). Los precios sí que eran económicos aunque no incluían equipaje documentado y asignación de asientos. Aún así, los tres miembros de la familia pagamos alrededor de 300 USD en total por la ruta directa Bergen-Cracovia-Bergen. Se trataba de una escapada cultural para conocer un nuevo país en el viejo continente y afortunadamente dimos con esta ciudad llena de atractivos y precios amigables para el bolsillo. Nos hospedamos en una habitación triple en el baratísimo Ibis Budget Stare Miasto (44 USD por noche), a lado de la estación central Krakow Glowny. La habitación era muy sencilla, amplia para una familia de tres y muy limpia aunque sin amenidades salvo jabón de tocador. El desayuno buffet incluía pan, jamón, queso, granola, yogurt, cereal y por supuesto, salchichas. Al fin y al cabo, estábamos en Polonia, tierra de las kielbasa (salchicha) y cierto vikingo carnívoro aprobaba esta selección.

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Avión de Norwegian hacia Cracovia

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Un pasajero muy feliz

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Hotel Ibis Budget Stare Miasto

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Regadera y lavabo en el Ibis Budget Stare Miasto

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Un huésped muy feliz

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Copito es el único que lee las instrucciones de seguridad en los aviones

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¡Hasta pronto Cracovia!

Después de tres semanas maravillosas llenas de experiencias nuevas y abrazos familiares era tiempo de decir Ha det bra! a la siempre deslumbrante Europa. Cuando llegamos al aeropuerto de Amsterdam, una amable empleada de Aeromexico nos comunicó que habíamos sido ascendidos a primera clase en el vuelo AMS-MEX. ¿Champagne, selección de quesos y asiento-cama?. Sí, gracias. Sin duda, el mejor vuelo que he tenido en mi mediana vida. Copito se portó muy a la altura de la situación y disfrutó su jugo de naranja en vaso de cristal antes de dormir cómodamente en los asientos-cama del Dreamliner. Sus padres en cambio, aceptaron las múltiples copas de vino que las auxiliares de vuelo ofrecieron durante el vuelo. Diez horas después, ya estábamos en nuestro país, listos para abordar el último vuelo hacia la capital yucateca, en donde Abuela Clos ya esperaba los cachetitos de su querido nieto viajero.

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El vino blanco era mio, ¿eh?

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El pequeño consentido de Aeromexico

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Poco antes de dormir, un poco de caricaturas

Continuara…

**Gina