Isla Miyajima (Itsukushima)

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Ese día empezamos muy temprano nuestras andanzas por tierras niponas. Tan pronto como abrimos los ojos y nos arreglamos, fuimos a nuestra ya ampliamente conocida estación de trenes en Kyoto. El trayecto duró más de dos doras pues tuvimos que cambiar trenes y medios de transporte de la siguiente manera:

De Kyoto a Hiroshima: Shinkansen Hikari

De Hiroshima a Miyajimaguchi: JR Sanyo line

De Miyajimaguchi a la isla Miyajima: Ferry JR

Los dos trenes y el ferry JR están cubiertos por el JR Pass y aunque pudiera parecerle al lector que hacer todo esto es muy complicado para una excursión de un día, déjeme decirle que tanto Miyajima como Hiroshima valen 100% la pena. Ya para esas alturas del partido, la Yucafamily era experta en tomar trenes japoneses y buscar las rutas más convenientes a través de Hyperdia.com. Easy as pie o como dirían en México, ¡pan comido!.

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En el ferry a Miyajima

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Isla Miyajima

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Región de Hiroshima

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La Gran Puerta Torii hizo su aparición

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Bella e impactante puerta Torii

Desde el ferry hacia la Isla Miyajima pudimos apreciar la belleza de esta isla, considerado uno de los sitios más emblemáticos y postal por excelencia del país del sol naciente. Ahí, a lo lejos, observábamos a la Gran Puerta Torii, de color rojo vibrante flotando en las aguas del mar. Copito, como siempre, estaba más interesado en saludar a las pequeñas embarcaciones de pescadores y a los ferrys que se encontraban regresando a la estación de Miyajimaguchi.

El nombre oficial de la isla es Itsukushima pero le apodan Miyajima, que significa “isla de altares”. Su altar más famoso es justamente el llamado Itsukushima al cual pertenece la Gran Puerta Torii. Ahí nos dirigimos en cuanto descendimos del ferry junto con unas cuantas personas más. Las tiendas aún no habían abierto y los turistas aún no arribaban por lo que todavía reinaba el silencio en la isla.

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Entrando a Itsukushima

Todo el altar Itsukushima está construido sobre el agua por lo que parece que flota durante la marea alta, como la que teníamos esa mañana. El altar fue construido en el periodo Heian (1168 d.C.) por Taira no Kiyomori, uno de los hombres más influyentes de Japón. Cuando llegamos, el altar estaba alegre pues se  estaba celebrando una boda con una familia tremendamente elegante y hermosa. Ahora si que nos sentimos unos wedding crashers, aunque no éramos los únicos pues unas docenas de visitantes también se encontraban ahí admirando el paisaje.

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Gran Puerta Torii

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Altar de Itsukushima

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Itsukushima, un lugar lleno de paz

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Una pagoda a lo lejos

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La marea empieza a bajar y se podía ver el fondo

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Altar Itsukushima

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¡Qué bellos colores!

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La boda en el altar

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Altar Itsukushima

A continuación nos dirigimos a la atracción favorita de Copito: un teleférico que sube hasta el Monte Misen, cuya cima es adorada por la gente desde el siglo VI d.C. Un señor muy amable nos recomendó dejar la carreola en su tienda para que pudiéramos abordar un pequeñísimo autobús hacia la estación del teleférico. A esta estación también se puede llegar caminando unos cuantos kilómetros cuesta arriba pero decidimos aceptar el ofrecimiento del señor, pues no sabíamos la inclinación y las condiciones del camino.

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Calles tranquilas de Miyajima

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Dirigiéndonos al teleférico

El teleférico es una experiencia que ningún visitante debería perderse en Miyajima. Las vistas desde lo alto son magníficas y la sensación de estar volando es todavía mayor en una góndola de piso de vidrio como la que abordamos. Desde la cima del Monte Misen a 535 m.s.n.m. se pueden observar las islas del mar Seto y el frondoso bosque de la Isla Miyajima. Estuvimos caminando un rato hasta que el hambre hizo que Copito exigiera sus sagrados alimentos por lo que tomamos las góndolas de nuevo. Una vez que llegamos a la estación, caminamos cuesta abajo pues no quisimos esperar 15 minutos a que llegara el siguiente mini-mini-mini-autobús. El camino era en un terreno bastante fácil y en menos de 10 minutos ya nos encontrábamos recogiendo la carreola en la tienda de souvenirs del amable japonés.

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Pequeño Samurai

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Feliz en el teleférico

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Modelando para mamá

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¡Wow! podemos volar

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La Yucafamily

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En las alturas

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En la segunda estación del teleférico

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En la cima del mundo según Copito

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Una experiencia inolvidable

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Estación final del teleférico

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Bello paisaje de las Islas del mar Seto

Comimos en un restaurante que servía todo un orgasmo gastronómico: ostras asadas acompañadas de deliciosas cervezas. Como ese delicioso platillo no formaba parte de la educación culinaria de Copito, éste tuvo que conformarse con comer unos panes comprados en una tienda de conveniencia. Finalizamos nuestro lunch consintiendo nuestros paladares que clamaban un postre muy original: un helado de té verde (matcha). ¡Riquísimo!.

Antes de partir hacia la ciudad de Hiroshima, gozamos el espectáculo de ver a la Gran Puerta Torii en marea baja. Muchos turistas se arremolinaban bajo de ella, pues se cree que trae suerte a quien la cruza. La Yucamily ya era más que afortunada en estar en tan bello país así que nos conformamos con decirle adiós desde lo lejos. Querida Puerta Torii, ¡te cruzaremos cuando volvamos!

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Continuará…

 

La incomprendida Kyoto Tower

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Me acuerdo que la primera vez que salimos de la estación central de Kyoto y vimos la Kyoto Tower enfrente me pareció bastante fea y ridícula para la ciudad. Parecía sacada de una película de extraterrestres de los 50’s y desentonaba con el aspecto tranquilo de Kyoto. Incluso de noche, cuando la ciudad encendía sus luces de colores, la Kyoto Tower parecía ser la intrusa en la fiesta. Pues bien, la Yucafamily decidió darle una oportunidad a la torre en esa tarde con muchos pronósticos de lluvia. Después de todo no es bueno juzgar a las cosas por su apariencia ¿no?.

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La torre estaba casi vacía ese día y fuimos bienvenidos con la acostumbrada amabilidad japonesa. Fuimos dirigidos al elevador que nos conduciría hasta la plataforma de observación a 100 metros de altura. Ahí se puede gozar de una vista panorámica de 360 grados de la ciudad y hacer uso de los telescopios gratuitos. Copito fue saludado efusivamente por la mascota Tawawa-chan quien a pesar de sus muchos esfuerzos no logró que Copito le perdiera el miedo. Él prefirió cuando le dieron un peluche de Tawawa-chan para que posara junto con sus padres para unas fotos. ¡Ese sí era de su tamaño!.

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Cuando terminamos de observar la ciudad, bajamos hacia el tercer piso en donde había un restaurante con vistas a la estación de trenes. Mientras nos bebíamos unas generosas cervezas pudimos ver a los shinkansen y a los otros trenes ir y venir para el deleite del pequeño Copito. Para mí, la estación de trenes de Kyoto no solo era enorme, moderna y original con sus enormes paneles de vidrio y sus interminables escaleras eléctricas sino que era un paraíso para las compras. La tienda departamental Isetan de siete pisos y una infinidad de tiendas de ropa, souvenirs, comida, cines, etc hace que el visitante nunca se aburra en su espera. Nosotros no fuimos ahí de compras sino a la enorme tienda Yodobashi ubicada a una cuadra más adelante en donde, por primera vez en todos nuestros viajes, tuvimos que comprar una maleta adicional para guardar todo lo adquirido durante esas tres semanas. Para defensa de los adultos de la familia, dos terceras partes de la maleta se ocuparon con juguetes de trenes y todo lo relacionado con ellos (cubiertos, vasos, rompecabezas, etc.) y que, obviamente, no podíamos conseguir en México.

No fue sino hasta el final del día que la anunciada lluvia cayó cuando nos dirigíamos al departamento. Esta vez ya estábamos preparados para ella con el protector para la carreola y unos impermeables desechables aunque más tardamos en ponérnoslo a que la lluvia pasara. Esa noche nos fuimos temprano a la cama pues sabíamos que nos esperaba una larga jornada en Miyajima e Hiroshima al día siguiente. Pero esa ya es otra historia…

**Gina

Kyoto: Nijo, el palacio del shogun

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Esa mañana los pronósticos de tiempo lucían bastante pesimistas. Anunciaban lluvia durante todo el día y no quisimos aventurarnos a visitar la ciudad vecina de Osaka, al sur de Kyoto. Decidimos quedarnos dentro de Kyoto y visitar el antiguo palacio de los shogunes Tokugawa, el Nijo-jo.

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Vista desde la calle al Castillo Nijo

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Puesto de vigilancia

Como teníamos nuestro Japan Pass tomamos el tren JR de la línea San-in y nos bajamos en la estación de Nijo, que se encontraba a poco más de un kilómetro de la entrada al castillo. Como todo el exterior estaba cubierto de gravilla, decidimos dejar la carreola en un resguardo improvisado cerca de los baños, deseando que nadie se robase nuestra vieja y fiel carreola viajera.

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Kara-mon, la puerta de entrada

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Esplendorosa entrada Kara-mon y un Copito de Nieve

La construcción del castillo fue iniciada en 1603 y completada en 1626 por el tercer shogun Tokugawa, Iemitsu. El castillo es uno de los mejores ejemplos del periodo Edo antiguo (aquel en donde había reinado la paz y la tranquilidad en Japón). La joya en esta construcción es el Palacio Ninomaru con sus bellísimas pinturas en sus cuartos interconectados. En este edificio no se permite tomar fotografías por lo que el lector tendrá que confiar en mis palabras cuando digo que todo ese edifico exudaba sencillez y elegancia. No muchos viajeros se encontraban con nosotros por lo que pudimos leer en detalle las explicaciones de cada uno de los cuartos. En uno de ellos, el Salón Principal, el último shogun reunió a los señores feudales para anunciar el regreso del poder único al Emperador Meiji. En 1939, la familia imperial donó el Castillo a la ciudad de Kyoto y fue renombrado como Nijo-jo.

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Entrando al Palacio Ninomaru

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Detalles de la puerta de Ninomaru

Afuera de este bello edificio se encuentra otra obra humana maravillosa, el jardín Ninomaru. En en centro de su tranquilo estanque se encuentran Horai-jima (Isla de la Eterna Felicidad) flanqueada por Tsuru-jima (Isla de la Garza) y Kame-jima (Isla de la Tortuga). Con mi nulo japonés, todos esos nombres más bien me recordaban a mis animes preferidos de mi niñez, memoria que se hizo más vívida cuando vi a los enormes peces anaranjados en las aguas protectoras del castillo. Copito quedó encantado alimentando a los regordetes peces quienes se arremolinaban para saborear un pedazo de pan o galleta.

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Paseando por los jardines

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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Jardines de Nijo

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El palacio desde afuera

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El palacio desde afuera

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Jardines de Nijo

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Peces Koi

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Eran grandes y hermosos

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Entretenido viendo peces

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Castillo de Nijo

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El Palacio desde lo alto de una muralla

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Los flores del ciruelo ya habían brotado

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Descansando 

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Toda una fortaleza

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¿Distinguen a Copito?

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A Mr. Viking le tocó cargarlo

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Le dijimos adiós al bello castillo

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Hasta el último momento todo era fotogénico

Caminamos un buen rato por el jardín y sus alrededores hasta que divisamos unas nubes sospechosamente oscuras en el horizonte. Decidimos regresar a la estación central y probar suerte en la Torre de Kyoto y hacer unas últimas compras en Yodobashi Camera Store.

Continuará…

**Gina

Kyoto: El popular Templo de Kiyomizu

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En la entrada del templo tuvimos un momento parecido a lo que sufren todos los que vistan el Taj Mahal. Ese momento en el que te das cuenta que como tú, hay miles de personas queriendo tomar una buena foto de ellos mismos ante el monumento al amor, empujándote discretamente para ocupar un buen lugar o sacando esos infernales monopods para selfies. De igual manera, las postales de Kiyomizu siempre reflejan paz y serenidad pero en ese momento distaban mucho de la realidad bulliciosa y concurrida. Eran centenares de personas las que se encontraban con nosotros admirando esa bellísima obra arquitectónica de madera y, para nuestra buena fortuna, la mayoría eran japoneses respetuosos del espacio personal.

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Entrando al templo de Kiyomizu

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Muchos turistas en el templo de Kiyomizu

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El clima no podía ser mejor ese día

Kiyomizu-dera es un templo budista considerado Patrimonio Cultural por la UNESCO y fue finalista del concurso de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.  El templo principal, fundado en 1633, tiene un gran balcón desde el cual se aprecia la ciudad de Kyoto en todo su esplendor. Cuando vi la cantidad de personas que estaban ahí temí que en cualquier momento colapsaría pero después leímos que este balcón fue construido de gran tamaño para poder acoger una gran cantidad de peregrinos.

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Horizonte de Kyoto desde el balcón de Kiyomizu-dera

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Grupos de turistas gozan de las vistas en el templo de Kiyomizu

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¿Quién se atreve a saltar desde lo alto de Kiyomizu?

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Así se ve el templo desde el costado 

Copito dormía una corta siesta posiblemente derivada de haber subido muchísimas escaleras en los otros templos y sus jardines. Se perdía de la gran vista de la ciudad y sus pagodas, bosques y puertas Torii. Según la creencia, le será concedido un deseo a la persona que salte desde el balcón y sobreviva la caída de 13 metros. Según los registros, se han llevado a cabo 234 personas saltaron de los cuales 85% sobrevivieron. Posiblemente el deseo pedido por parte de estas personas era… ¿recuperar la movilidad de sus piernas?. Por supuesto, hoy en día saltar desde Kiyomizu está prohibido.

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Una pequeña pagoda enfrente de Kiyomizu-dera

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Vista desde la pagoda

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Grandes postes sostienen a todo Kiyomizu y sus peregrinos

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Alguien se acababa de despertar de su siesta

Le dijimos adiós a este popular sitio y nos encaminamos, algo cansados, a nuestro hotel. Estábamos a unos 3.5 kilómetros de distancia, los cuales fueron muy agradables en ese clima seco y frío. Pasamos por un altar llamado Toyokuni en donde no había más almas que las de nosotros. Copito se dedicó a jugar con algunos niños en el parque que se encontraba enfrente del altar hasta que nuestros estómagos empezaron a pedir alimentos.

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Altar Toyokuni

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Entre los niños no hay la barrera del idioma

Había sido un día maravilloso caminando por todo el Este de Kyoto y estábamos orgullos pero agotados de haber caminado tanto. Mr. Viking compró unas cervezas Ahashi y una cocoa para el más pequeño del clan y celebramos en la comodidad de nuestro departamento.

**Gina

 

Kyoto: El templo de plata Ginkaku-ji

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Antes de empezar la reseña del día, quisiera comentar lo increíblemente fácil que es moverse en transporte público en Japón. Todo está perfectamente señalado, todo es limpio, los pasajeros son respetuosos y hasta los baños de las estaciones parecen salidos de las plazas comerciales de lujo en mi país México. El transporte público es a prueba de idiotas, a menos que el visitante confunda una K con un G. Pero díganme, ¿a poco no se parecen los nombres de Kinkakuji y Ginkakuji?. Después de resolver nuestra confusión en la estación del metro pudimos abordar tranquilamente el autobús que nos llevaría a Ginkakuji, el pabellón plateado.

Este es el templo que nos había recomendado el amigable chef de la pizzería Goichi durante nuestra primera noche en Kyoto. Según él, a pesar de que Kinkakuji recibe toda la atención, Ginkakuji era igualmente de hermoso y con un jardín magnífico. Sus palabras fueron muy ciertas y disfrutamos mucho estar en esa zona de la ciudad y poder ver esta obra maestra de la arquitectura Zen.

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La calle que conducía al Ginkakuji

Antes de entrar al templo, compramos los suministros suficientes en un supermercado local. Te, cocoa, agua, sandwiches, fruta y galletas fueron nuestro combustible por una modesta cantidad de dinero. Sabíamos que nos esperaba un largo día caminando por el Oriente de Kyoto y no queríamos que ningún miembro de la Yucafamily sintiera esa hambre destructora del buen humor.

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Jardín del Ginkakuji

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Estética Zen

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Templo en Ginkakuji

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Estanque en Ginkakuji

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Probando suerte en el estanque

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Jardin Zen

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Vista desde lo alto del cerro en Ginkakuji

El origen de Ginkakuji se sitúa en el año 1482 cuando el shogun Ashikaga Yoshimasa construyó una villa para pasar el resto de sus días, siguiendo el ejemplo de su abuelo Yoshimitsu quien había mandado construir Kinkakuji. Aunque es mejor conocido por el nombre de Ginkakuji, su nombre formal es Higashiyama Jisho-ji. Yoshimasa pasó toda su vida construyendo Ginkakuji y aunque su plan original era cubrir el templo Kannon-den con láminas de plata, esto nunca se llevó a cabo.

La parte más espectacular del templo es sin duda el jardín, en donde la belleza de todas las estaciones es adaptada para brindar al espectador una atmósfera de profunda espiritualidad.

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Mami, despertaré a las deidades

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Ding Dong

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Quería meditar ahí

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Jardin de arena y piedra

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Caminos pacíficos en Ginkakuji

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Templo de Ginkakuji

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Admirando el jardín en Ginakuji. Atrás una representación del Monte Fuji en arena.

Saliendo del templo nos encontramos con muchos señores de la tercera edad haciendo caminata por el famoso “Camino del Filósofo”, una calle que conduce de Ginkakuji a Nanzen-ji, un templo más al sur de Kyoto. Durante la primavera, este camino se inunda de colores rosas provenientes de los árboles de cerezo y por ello muchos visitantes lo recorren siguiendo los pasos del filósofo Nishida Kitaro. Ese día de invierno, el camino lucía más bien seco aunque no por ello menos inspirador a filosofar.

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El Camino del Filósofo

Cuarenta minutos después, llegamos a Nanzenji, un templo del cual no sabíamos nada pero estaba en la ruta hacia el distrito histórico de Higashiyama.

Continuará…

**Gina

 

Castillo de Himeji

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Dicen en mi país “al que madruga, Dios le ayuda” y en los viajes esto no puede ser más cierto. Eran apenas las 8:00 am cuando todos los miembros de la Yucafamily se encontraban listos en la estación central de Kyoto para abordar un shinkansen con destino a Himeji. No crean, mis queridos lectores, que madrugar forma parte de mis deseos cotidianos. Al contrario, como madre de familia, todos los días anhelo poder despertar una hora más tarde pero al parecer, madrugar forma parte de la naturaleza de cierto individuo de un metro de estatura. En todo nuestro viaje, el pequeño Copo de Nieve, se levantó aproximadamente a las 7:00am por lo que teníamos tiempo suficiente para hacer un breve desayuno y alistarnos para la aventura del día.

En menos de una hora ya nos encontrábamos en la ciudad de Himeji, poseedora de uno de los castillos más espectaculares de todo Japón. No hubo necesidad de preguntar el camino al castillo pues saliendo de la estación lo vimos resplandeciente al final de la avenida Otemae-dori. Tardamos unos 20 minutos en llegar a la entrada de la fortificación y de ahí se atravesaba una gran explanada en donde algunos grupos de turistas japoneses se encontraban posando para las fotos del recuerdo. Como era de esperarse, nos indicaron que teníamos que dejar la carreola en resguardo y utilizamos uno de los lockers para guardar nuestra mochila. Cuando nos disponíamos a entrar a la fortificación, un amable guardia de seguridad nos ofreció tomarnos unas fotos de recuerdo lo que por supuesto aceptamos gustosamente.

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Gran explanada ante el castillo

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Jardines 

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Recorriendo los interiores de la fortaleza

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Foto tomada por el guardia

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El guardia era todo un fotógrafo

El castillo de Himeji es apodado “la garza blanca” debido al bello color blanco que lo recubre. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993 y es uno de los tres castillos más famosos de Japón junto con el de Matsumoto y el de Kumamoto. Su fama tiene una justa razón pues se trata de una construcción original, es decir, que nunca ha sido destruido por guerras, terremotos o incendios.

Su origen se remonta a 1346 cuando se construyó una fortificación en la zona. Con el paso de los años se construyeron las torres menores y la espectacular torre mayor, perfectamente bien protegidas por un sistema de laberintos, pasadizos, una infinidad de puertas, cuartos secretos y saeteras. Para nuestra fortuna, el camino a la torre mayor estaba perfectamente bien señalada y el único que acechaba curiosamente por las ventanas saeteras era Copito de Nieve. Aunque pareciera increíble de leer, el castillo estuvo a punto de ser demolido durante los inicios de la Restauración Meiji como muchos otros castillos del Japón feudal. Posteriormente fue considerado un campamento ideal para los militares y después se promovió su restauración por parte de los ciudadanos de Himeji. Durante la Segunda Guerra Mundial, varias bombas cayeron sobre la ciudad destruyendo gran parte de ella. Una de ellas incluso cayó sobre la torre principal pero misteriosamente ésta no llegó a explotar causando regocijo entre los habitantes de la ciudad.

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Acechando en las ventanas defensivas

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Una de las muchas puertas de acceso

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Otra puerta 

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Base de piedra del castillo

Aunque por fuera la torre mayor pareciera tener cinco pisos, por dentro, los visitantes suben seis pisos por medio de estrechas escaleras. Desde la cúspide se puede gozar de una hermosa vista de la ciudad de Himeji a través de sus ventanas. Copito nos comprobó que se había vuelto un experto subiendo escaleras tamaño pie japonés pues, a diferencia de todos los que ahí nos encontrábamos, le resultó fácil escalarlas a pesar de estar bastante empinadas. Un grupo de niños en visita escolar se dedicaron a hacerle fiesta por cada konichiwa que les decía en su incipiente japonés lo que hizo nuestro recorrido muy ameno y menos formal que nuestras visitas anteriores a templos.

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La construcción del castillo

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Pez con cabeza de tigre

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Interiores de la torre principal

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Una de las escaleras

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Pez talismán que protege contra los incendios. ¡Muy efectivo! 

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Interiores de la torre principal

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Detalle del pez talisman 

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Copito descansando y tomando el sol

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Las torres en todo su esplendor

Le dijimos sayonara al magnífico castillo alrededor de las 11:00am. Nuestro siguiente objetivo era el menos concurrido Monte Shosha, ubicado en las afueras de la ciudad de Himeji. Sabíamos que era un lugar de difícil acceso así que apresuramos el paso hacia el paradero del autobús.

Continuará…

**Gina

Una tarde en Arashiyama

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Confieso que al llegar a Arashiyama, al oeste de Kyoto, no teníamos muchas intenciones de visitar más templos. Nuestro deseo era conocer el famoso bosque de bambú que tanto aparece en las postales del país del sol naciente y caminar sin rumbo fijo en este Sitio de Belleza Escénica, según el gobierno de Japón. Como era de esperarse para esas horas de la tarde, nos acompañaban un considerable número de turistas pero, siendo la mayoría japoneses, la cordialidad se imponía en las aglomeradas calles.

Todos los lugares de interés en Arashiyama se encuentran a una corta distancia de la estación del tren eléctrico excepto el Iwatayama Monkey Park, el cual está al otro lado del río Oi. El bosque de bambú y algunos templos se encuentran a unos metros de la estación así como el largo puente Togetsukyo desde el cual gozamos de hermosas vistas a las montañas cercanas al poblado.

El bosque de bambú es la atracción más conocida de Arashiyama. Es lo bastante grande como para que cualquier turista encuentre algún lugar semi-vacío para sentir la paz del sonido de estos altos arboles cuando se mueven con el viento. Los rickshaws también pasaban entre la gente dándole a todo el paseo un aire tradicional y divertido.

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Bosque de bambú

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¡Qué altos!

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El sol se esconde

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No podía faltar la foto del recuerdo

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Bambú

El murmullo del bambú y la gente hizo que Copito durmiera su siesta a esa hora. Nos dirigimos entonces a un mirador que  según algunos letreros en inglés estaba ubicado a 700 metros cuesta arriba. La recompensa a nuestro gasto calórico fue disfrutar de esta hermosa vista al río y las montañas.

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El río Oi

Nuestro estómago comenzaban a rugir y era hora de encontrar algún lugar para calmar a las bestias estomacales. Cruzamos el puente en dirección al Monte Arashi y comenzamos a explorar los restaurantes de la zona. Todos parecían muy tradicionales como para entrar con un Copito durmiendo o un Copito furioso por haber sido despertado de su siesta. No queríamos perder mucho el tiempo decidiendo así que compramos unos bento boxes enfrente de una estación de tren e hicimos un improvisado picnic en un parque cercano.

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Colores en invierno

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Colores en invierno

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Colores en invierno

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Cruzando el río Oi

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Antes de llegar al Monkey Park

Copito despertó hambriento y goloso, seguramente debido al olor del pan de chocolate que Mr. Viking estaba a punto de ingerir. El mayor de los vikingos tuvo que compartir su postre y una vez que todos estuvimos satisfechos nos dirigimos al Iwatayama Monkey Park.

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Precio y horarios del Iwatayama Monkey Park

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¿Escaleras al cielo?

Eran alrededor de las 4:00o pm cuando empezamos a subir la montaña. En la entrada nos advirtieron que tardaríamos alrededor de 20 minutos hasta donde se encontraban los monos. Esos 20 minutos se traducen a 40 al paso de un niño pequeño así que empezamos prontamente la caminata. Otros viajeros nos pasaban velozmente y otros que bajaban le daban ánimos a Copito diciéndole que ya faltaba poco para que viera a los monos.

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¡Tú puedes, Copito!

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El sol se oculta

Finalmente llegamos a la cima del Monte Arashiyama. Los macacos japoneses jugaban por doquier y sus cuidadores vigilaban que ninguno de ellos atacara alguna de las gigantescas cámaras SRL con las que los visitantes tomaban centenares de fotos. Las advertencias eran claras: debíamos de guardar una distancia de tres metros con los macacos, no mirarlos a los ojos o agacharnos a su nivel. Todas las advertencias fueron explicadas a Copito aunque aún así uno de los monos se acercó peligrosamente hacia él, creemos por su estatura poco intimidante. En la cima también está un refugio totalmente cerrado desde el cual se puede alimentar a los macacos con cacahuates y frutas y comprar alimentos y bebidas para los agotados Homo sapiens. 

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Copito orgulloso de haber llegado a la cima

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Macacos traviesos

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Espulgándose

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Muy pensativo

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Kyoto desde lo alto del Monte Arashiyama

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¡Dame cacahuates, Homo sapiens!

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Monos golosos

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Alimentado macacos

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¡Dame!

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Su mirada lo dice todo

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Alimentado un bebé macaco

Antes de bajar la montaña y dirigirnos a la estación de tren, Copito y un puñado de jóvenes que trataban de emular sus hazañas, jugaron en una enorme resbaladilla. Muy felices bajamos tranquilamente los casi tres kilómetros los cuales se nos hicieron considerablemente menos pesados que los caminados cuesta arriba.

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weeeeee

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Copito el valiente

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Un parquecito tranquilo

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Fue más fácil bajar

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Últimas escaleras

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Cruzando el puente hacia la estación de trenes

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Feliz, como siempre

Para regresar a nuestro departamento, tomamos el tren línea San-in en la estación de JR Saga-Arashiyama. En 15 minutos ya estábamos nuevamente en el centro de Kyoto listos para comprar algo delicioso para la cena.

Al día siguiente nos esperaba uno de los castillos más hermosos de todo Japón, pero esa es otra historia…

**Gina