No estaba muerta, estaba de parranda…

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… O en mi caso haciendo un mini-viaje, disfrutando de las vacaciones navideñas y recibiendo el año trabajando.

Los primeros días del 2015 han estado llenos de emociones, enseñanzas, diversión, amor, caras nuevas y noticias de próximas llegadas y salidas. No me puedo quejar. Cada momento del nuevo año lo he disfrutado con intensidad y estoy muy agradecida con las nuevas oportunidades que me han brindado.

Pero primero, lo sucedido en las últimas dos semanas del 2014.

Unos días antes de recoger a Mr. Viking en Cancun, la abuela Clos (progenitora de su servidora), Copito y yo pasamos tres noches en un departamento de Playa del Carmen. Por tercera ocasión utilizamos los servicios de Bric Rentals y como siempre no nos defraudaron. El departamento estaba ubicado en el primer piso (algo que Copito y sus cortas piernas agradecen) y contaba con todo lo necesario para vivir cómodamente por unos cuantos días o incluso unos meses. Nuestro host fue muy amable e incluso nos recibieron con algunos regalitos y unos ricos totopos y salsa para matar el hambre.

La primera noche recorrimos la Quinta Avenida y cenamos en uno de los numerosos restaurantes italianos del lugar. El lugar fue mediocre y no recuerdo su nombre. Abuela Clos no pudo tomarse con gusto su chelada por lo salada que estaba y la pizza estaba demasiado suave para poder levantarla. Lo rescatable, como la mayoría de los restaurantes en México, fue la atención de los meseros quienes trataron a sus paisanas con mucha gracia e igualdad.

Desgraciadamente Copito cayó enfermo esa noche. Ignoro si fue la caminata en la tarde o si había traído el virus desde Mérida pero por más de una semana estuvo con muchas flemas.

Al día siguiente habíamos planeado un full-day en Xcaret pero no pudimos quedarnos en tan bello lugar hasta el anochecer. Únicamente estuvimos hasta las 4pm y aún así nos divertimos lo más que pudimos. Copito disfrutó viendo a sus queridas tortugas, a los peces, monos, caballos, mariposas, el trenecito, la bella hacienda y viendo la belleza de los dominios de Poseidón.

Flamingos

Flamingos

El trenecito directo a Cancun... I wish!

El trenecito directo a Cancun… I wish!

La Hacienda

La Hacienda

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Disfrutando del bello acuario

Disfrutando del bello acuario

¿Arqueólogo en formación?

¿Arqueólogo en formación?

hello horse!

hello horse!

Aprendiendo sobre tortugas

Aprendiendo sobre tortugas

Turtle Gina

Turtle Gina

Mr. Viking llegó al día siguiente para pasar con nosotros las fiestas navideñas. Fuimos muy felices comprando regalitos (Copito fue feliz abriéndolos), conviviendo con amigos, viendo muchas películas y series de TV sin pendiente alguno y celebrando mi cumpleaños el último día del año.

Para celebrar el doble acontecimiento escogimos cenar en el restaurante del hotel Rosas & Xocolate. No me canso de alabar su exquisita comida, su buena selección de bebidas, el ambiente y sobre todo, su atención. Meseros, director general, hostess, bar tender, la suprema Orquesta de Jazz de Mauricio Bonfiglio, etc. dieron un servicio de primera e hicieron de esa noche una de las más felices junto a mi amado Mr. Viking (a quien, por cierto, un octogenario le enseñó a bailar cha-cha-cha en la pista de baile).

¡Abracé a Santa!

¡Abracé a Santa!

Mis deseos de cumpleaños y Año Nuevo fueron muy sencillos: trabajar en algo que disfrute, mucha salud para todos mis seres queridos, la unidad de mi familia, seguir ayudando a todas las personas que pueda y conocer muchos lugares más. Aunque tenía 12 deseos esos fueron suficientes.

En los próximos días escribiré sobre el trabajo que más me ha dado placer en toda mi mediana vida y sobre algunos planes que la Yucafamily tiene para el futuro cercano. Mientras tanto, deseo un muy feliz 2015 a todo aquel que lee mis sencillas sencillas palabras.  Que escriban sus resoluciones de Año Nuevo en un papel, visualícenlos y guarden el papel en un lugar secreto. Aunque pareciera brujería o algo sacado de los libros de metafísica, les aseguro que me ha funcionado en varias ocasiones e incluso también a Señora Clos. No tengo ni idea de por qué, solo se que funciona.

¡Feliz 2015!

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Cat lover in the making

**Gina

Escapada Arqueológica. Episodio 3. Zona Arqueológica Ek-Balam

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Partimos de la Hacienda Chichén alrededor de las 9:00am después de un check-out amigable pero desordenado. Nos dieron muchas notas del restaurante, mini-bar, bar y spa lo cual alargó innecesariamente el proceso de salida.
Tomamos la carretera libre en dirección a Valladolid para luego tomar la desviación a Tizimín (la zona arqueológica de Ek-Balam se encuentra entre Valladolid y Tizimín).
Copito durmió durante todo el trayecto a pesar de que no era hora de su siesta por lo que pensamos que en Ek-Balam tendríamos a nuestro hijo corriendo entre templos y juegos de pelota muy al estilo Apocalypto. No fue así. En cuanto nos bajamos de la camioneta pudimos sentir el tremendo bochorno que nos esperaba más adelante.
Uff. Enough said.
Caminamos junto con Copito a la entrada. Pagamos. Recordé que para llegar a las principales estructuras tendríamos que caminar por un sendero de aproximadamente 500 metros. ¿Qué son unos cuantos metros cuando se han caminado kilómetros por Europa y Estados Unidos?. Pues son los 500 metros más calurosos que he caminado en toda mi vida.
En el trayecto vimos a los tricicleteros que transportaban por una módica cuota a los turistas que deseaban visitar el Cenote Xcanche. Deseé que nos pudiesen transportar a nosotros también al sitio arqueológico pero no era posible. “Damn INAH” pensé.
El Arco de entrada nos dio la bienvenida. Llegamos sudorosos pero llegamos. Admiramos su bella arquitectura, dejamos pasar a los turistas que deseaban tomar la foto perfecta que seguramente presumirán en Facebook. Copito caminó por el arco junto a su papá, bajó con seguridad las paredes inclinadas y nos dirigimos a la Acropolis.
Arco de entrada

Arco de entrada

Caminando por Juego de Pelota

Caminando por Juego de Pelota

Juego de Pelota

Juego de Pelota

Le había prometido a Mr. Viking que en Ek-Balam todavía podía subir a las estructuras. Y así lo hizo. Con todo y su vástago en brazos subió como si nada los pequeños escalones de la alta estructura. Esos noruegos sí que saben escalar. Claro, ellos tienen montañas y los yucatecos solo tenemos el Puuc.
Acrópolis de Ek-Balam

Acrópolis de Ek-Balam

Copito y su padre admiraron las fauces del monstruo jaguar y la belleza del Arte Maya en relieve. Un verdadero agasajo para los ojos. Imaginábamos qué bellas debieron haber sido las antiguas ciudades mayas cuando sus estructuras estaban cubiertas con estuco y color.
Arte Maya

Arte Maya

Mr. Viking decidió subir hasta la cúspide del edificio mientras Copito y yo nos refugiábamos del sol bajo el techo construido para proteger el estuco del “Trono”. El custodio del edificio al ver que estábamos inmoviles en la sombra nos comentó “no me quiero mover tampoco por el calor”. Ya somos tres.
Admirando las fauces del jaguar

Admirando las fauces del jaguar

Bajamos ya que el mayor de la familia hubo saciado su necesidad de altura y le dijimos “hasta luego” a Ek Balam. Nos dimos cuenta que nuestro pequeño apocalypto  estaba realmente agotado cuando ya no quiso caminar más y quiso ser cargado cual Chaac Mool hacia la salida. Un vaso de lechita, un litro de agua y dos frías… coca-light nos reanimaron de inmediato. Partimos hacia nuestra ciudad esperando tener muchas más escapadas pronto.
**Gina

Escapada arqueológica. Episodio 2. Chichen Itzá, Maravilla del Mundo.

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Imponente.
Monumental.
Majestuoso.
Así es el sitio arqueológico de Chichen Itzá. Patrimonio del Mundo, según la UNESCO y una de las 7 nuevas Maravillas del Mundo según los votantes de una encuesta llevada a cabo en el 2007.
Todos los yucatecos hemos ido por lo menos una vez a Chichén (como le decimos para abreviar). Ya sea en una excursión escolar, con la familia, o llevando a nuestros amigos foráneos, los yucatecos estamos acostumbrados a admirar el Arte Maya monumental desde pequeños. Los más suertudos hemos visto bajar a Kukulkan, la serpiente emplumada, durante algún equinoccio y haber tenido la oportunidad de subir los escalones del Castillo cuando aún era posible. Sí, así de oldie soy.
La noche anterior a nuestra visita pagamos nuestras entradas al manager del hotel, quien enviaría a las 8:00am a un empleado para comprar las entradas en las taquillas.
Ese día nos levantamos temprano, nos cargamos de energía con un rico desayuno y esperamos nuestras entradas. La espera no fue tan corta como hubiese querido. Alrededor de las 8:40am el joven empleado apareció y nos guió a través de los jardines del hotel para mostrarnos la entrada privada al sitio arqueológico.
Mr. Viking colocó a Copito en su back-pack especial para trekking y entramos.
Estar en Chichén Itzá sin las hordas de turistas provenientes de Cancún y la Riviera Maya es toda una delicia. Salvo un pequeño grupo con guía de turistas, Chichén era todo nuestro. Por ahora.
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Chichen itzá
Eran las 9:00am cuando llegamos al Castillo y ya sudábamos como cochinos. Dejamos correr a Copito un rato en la explanada central mientras admirábamos la obra arquitectónica. Después de descansar un rato, tomarse unas cuantas fotos y escuchar los aplausos con los cuales los guías demuestran el eco de la gran plataforma decidimos seguir nuestro recorrido.
 
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Visitamos el Gran Juego de Pelota, el Cenote Sagrado y su saché tapizado, ya para esa hora, de decenas de vendedores de baratijas. Cuando estábamos por continuar hacia el Templo de las mil Columnas, Mr. Viking pidió un merecido descanso. Fuimos por algo más refrescante al parador turístico. Como cualquier lugar turístico, todo mil veces más caro que lo normal. Un smoothie de fresa, $75. Hot Cakes para Copito, $110. Que aún no sea hora de vender cerveza en Yucatán… no tiene maaaaaa….! Oh, well, agua será.
Entramos de vuelta al sitio y exploramos los demás edificios importantes. El Mercado, El Osario, La Casa del Venado, el Caracol, Monjas y Akab Dzib ya en camino a nuestro hotel. Eran como las 12:00pm cuando regresamos con un Copito EXHAUSTO. Jamás lo había visto dormir en su back-pack y sobre todo, sentado. El calor y el vaivén de ser cargado de esa manera fue una combinación somnífera. Creo que esperaré a que lleguen los meses más templados en Yucatán (diciembre-febrero) para volver a visitar un sitio arqueológico de ese tamaño.
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Después de atacar el mini-bar de nuestra habitación nos dirigimos a la piscina. Ahora sí, Copito hizo lo que mejor sabe hacer: jugar.
**Gina

Escapada arqueológica. Episodio 1. Hotel Hacienda Chichen and Yaxkin Spa

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Una mañana de agosto le propuse a Mr. Viking escaparnos al día siguiente a Chichen Itzá. Sabía que para disfrutar mejor el sitio necesitaríamos visitarlo muy temprano por lo que decidimos escoger un hotel en la zona. Abrí mi sitio favorito de reservas online y empezamos a revisión de hoteles.
“Mayaland, 90 dólares. Villas Arqueológicas 70 dólares. Ox Can, 200 dólares” le decía a Mr. Viking mientras tomaba una de sus múltiples tazas de café. En nuestros viajes yo soy siempre la que escoge y reserva el hotel, en base a la ubicación, precio y reseñas. Esta vez sin embargo, Mr. Eide se entusiasmó al escuchar el nombre del siguiente hotel: “Hacienda Chichen & Yaxkin Spa, 94 dólares”.
“¡Ese!… es una Hacienda”. Ese sería entonces. La oportunidad de quedarse en una de las haciendas más antiguas de la región es algo que un extranjero muy yucateco no podía dejar pasar.
Revisé su sitio de internet: piscina para refrescarse durante las tardes de 40 grados, restaurante, bar, spa, jardín orgánico. Todo lo necesario para que Copito y sus padres pasaran dos noches alejados del bullicio y calor de Mérida.
Empacamos la ropa suficiente, bloqueador, repelente, muchos pañales, carreola jogger y el cargador back pack para que Copito no tuviese que caminar por largo tiempo en el sitio arqueológico.
Al día siguiente salimos alrededor de las 11.30am desde Mérida. Llegar a Chichen Itzá es muy cómodo y fácil. Se toma la carretera a Cancun y a la altura de Katunil se decide continuar en la autopista (de cuota) o en la libre. Esta vez tomamos la libre porque queríamos que Copito durmiera su siesta en el trayecto y porque parar a comprar nuestras acostumbradas coca-light, jícamas, botanas, galletas etc. en las tiendas locales es toda una tradición. Afortunadamente nuestro enérgico hijo sucumbió a las arrulladoras vibraciones del automóvil y despertó ya casi llegando a Pisté (población ubicada a 5 km del sitio arqueológico).
Llegamos al hotel cerca de 1:30pm. Un joven nos ayudó con nuestro poco equipaje y fuimos recibimos por el manager en turno. El check-in fue rápido y amigable. Mientras yo llenaba los formularios en entrada, Mr. Viking perseguía a un Copito lleno de energia y listo para descubrir un nuevo ambiente. Nos dieron tres cocteles de bienvenida (sin alcohol) y aunque Copito probó el suyo, yo acabé tomándolo de sorbito a sorbito (“bad mamma”).
Nuestra habitación fue la Pollock 9. Compartíamos una pequeña terraza con la habitación 10 la cual durante la primera noche estuvo desocupada. La habitación tenía dos camas dobles por lo cual sabíamos que Copito tendría que dormir en una cama mayor que lo acostumbrado. Corrimos prontamente la cama a la pared y exploramos brevemente la habitación. Oh-oh, no hay tina. Otro reto más con Copito, quien tiene una aversión hacia la regadera. No problem, es solo por dos días. Como leí una vez por ahí, si quieres las mismas comodidades de tu casa cuando viajas entonces mejor quédate en tu casa.
Historical building

Edificio histórico

El calor estaba en su cúspide y nuestros cuerpos pedían ir a la piscina, sin embargo, el estómago de Mr. Viking (a quien no lo engañas con papitas y galletas) pedía primero un buen plato de comida yucateca. Nos apresuramos a ir al restaurante ubicado en el edificio histórico de la hacienda y mientras almorzábamos nos deleitábamos la vista con los hermosos jardines del lugar.
Jardines de la hacienda

Jardines de la hacienda

El restaurante no es económico. Los precios variaban de entre 80 a 350 pesos mexicanos por platillo. La cerveza alrededor de 40 pesos. El tequila reposado 100 pesos. La atención de los meseros fue un poco fría para lo que estamos acostumbrados y un poco lenta para tomar la orden incluso de bebidas. Esos pequeños detalles no mermaban la exquisitez de la comida y la belleza del entorno. Disfrutamos de una sopa de lima y un plato de cochinita pibil y nos dirigimos a la alberca.
Solito en la piscina

Solito en la piscina

Copito disfrutó, jugó, saltó, en fin, lo que todo niño hace en el agua. Nos sentimos inmensamente feliz tan solo de verlo tan juguetón y sonriente. Esa tarde únicamente nos acompañaba una pareja de adultos mayores a quienes Copito les decía hola con las manos cada vez que le dirigían la palabra. Como ya era de esperarse, nuestro retoño refunfuñó y pataleó cuando lo sacamos de la piscina. Él no entendía que ya era hora de bañarse y ponerse guapos para la cena. Él solo quería su adorada piscina.
El menú de la cena era similar a la de la tarde, salvo que ahora incluían una selección de platillos fusión. Durante las dos cenas probé dos diferentes ensaladas que contenían pollo y fueron de mi total agrado. Tenían una excelente presentación y un sabor delicioso. Al día siguiente un trío yucateco amenizó la noche ante la mirada atónita de un Copito quien jamás había visto en vivo una guitarra. El trío le llamó el “pequeño príncipe maya”.
Cena en restaurante

Cena en restaurante

La hacienda de noche

La hacienda de noche

Ricas Leon negra

Ricas Leon Negra

Al día siguiente, después de la visita a Chichen Itzá (de la cual escribiré más adelante), caminamos por toda la hacienda y sus jardines. Vimos a los empleados retirar las hojas caídas en los pasillos así como de mantener impecable las áreas comunes. Sin duda su trabajo se notaba.

Visitamos la antigua capilla y sus anexos, los cuales sinceramente no creo que hayan estado abiertos al público. Las vigas de madera lucian bastante dobladas y habían grietas peligrosas por doquier. Mr. Viking estaba regocijándose pues es amante de lo spooky mientras que yo sólo recordaba las últimas casonas que habían colapsado recientemente en el centro de Mérida. Ni tarda ni perezosa salí del lugar no sin antes preguntarle a Mr. Viking si había tomado buenas fotos del lugar.
Area para el relax

Area para el relax

Pasamos una tarde llena de tranquilidad

Pasamos una tarde llena de tranquilidad

Copito creyendo que todo es para trepar

Copito creyendo que todo es para trepar

Más de los bellos jardines

Más de los bellos jardines

Antigua entrada

Antigua entrada

Capilla

Capilla

Capilla

Capilla

Caminos solitarios

Caminos solitarios

Jardines impecables

Jardines impecables

También visitamos el área de agricultura ecológica el cual consistía en frutas, vegetales y hierbas utilizadas en la cocina y en el Spa, el área de sartenejas (agujeros en las rocas que eran utilizadas para el aprovisionamiento de agua) y los senderos entre la selva los cuales habían sido abiertos con el fin de que los huéspedes observen la flora y fauna de la región. Disfrutamos mucho caminar por tan verdes caminos y escuchar los misteriosos sonidos que solo la naturaleza puede brindar.
Uno de los senderos para apreciar la flora y fauna

Uno de los senderos para apreciar la flora y fauna

Una belleza de árbol

Una belleza de árbol

Entre chayas

Entre chayas

Un K´anché

Un K´anché

Agricultura ecológica

Agricultura ecológica

Por último quisera agregar que el único que probó el Spa fue Mr. Viking cuyo cuerpo fue amasado y consentido por dos señoras mayas después de cargar los 14 kilos de su primogénito por Chichén Itzá. Le dio el visto bueno.
**Gina